{"id":41046,"date":"2016-10-06T15:19:14","date_gmt":"2016-10-06T20:19:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-junio-de-2012-celebracion-eucaristica-en-el-parque-de-bresso\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:14","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:14","slug":"3-de-junio-de-2012-celebracion-eucaristica-en-el-parque-de-bresso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-junio-de-2012-celebracion-eucaristica-en-el-parque-de-bresso\/","title":{"rendered":"3 de junio de 2012: Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en el Parque de Bresso"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2012\/index_milano.html\">VISITA PASTORAL A LA ARCHIDI&Oacute;CESIS DE MIL&Aacute;N <br \/> Y VII ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS <br \/> (1-3 DE JUNIO DE 2012)<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <\/font><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Parque de Bresso <br \/> Domingo 3 de junio de 2012<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <strong>[<\/strong><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_CT45M8YG\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><strong>]<\/strong><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados hermanos,<br \/> Ilustres autoridades,<br \/> Queridos hermanos y hermanas<\/i><\/p>\n<p>Es un gran momento de alegr&iacute;a y comuni&oacute;n el que vivimos esta ma&ntilde;ana, con la celebraci&oacute;n del sacrificio eucar&iacute;stico. Una gran asamblea, reunida con el Sucesor de Pedro, formada por fieles de muchas naciones. Es una imagen expresiva de la Iglesia, una y universal, fundada por Cristo y fruto de aquella misi&oacute;n que, como hemos escuchado en el evangelio, Jes&uacute;s confi&oacute; a sus ap&oacute;stoles: Ir y hacer disc&iacute;pulos a todos los pueblos, &laquo;bautiz&aacute;ndolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (<i>Mt<\/i> 28, 18-19). Saludo con afecto y reconocimiento al Cardenal Angelo Scola, Arzobispo de Mil&aacute;n, y al Cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, art&iacute;fices principales de este VII Encuentro Mundial de las Familias, as&iacute; como a sus colaboradores, a los obispos auxiliares de Mil&aacute;n y a todos los dem&aacute;s obispos. Saludo con alegr&iacute;a a todas las autoridades presentes. Mi abrazo cordial va dirigido sobre todo a vosotras, queridas familias. Gracias por vuestra participaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En la segunda lectura, el ap&oacute;stol Pablo nos ha recordado que en el bautismo hemos recibido el Esp&iacute;ritu Santo, que nos une a Cristo como hermanos y como hijos nos relaciona con el Padre, de tal manera que podemos gritar: &laquo;&iexcl;<i>Abba<\/i>, Padre!&raquo; (cf. <i>Rm<\/i> 8, 15.17). En aquel momento se nos dio un germen de vida nueva, divina, que hay que desarrollar hasta su cumplimiento definitivo en la gloria celestial; hemos sido hechos miembros de la Iglesia, la familia de Dios, &laquo;<i>sacrarium Trinitatis<\/i>&raquo;, seg&uacute;n la define san Ambrosio, pueblo que, como dice el Concilio Vaticano II, aparece &laquo;unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (Const. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 4). La solemnidad lit&uacute;rgica de la Sant&iacute;sima Trinidad, que celebramos hoy, nos invita a contemplar ese misterio, pero nos impulsa tambi&eacute;n al compromiso de vivir la comuni&oacute;n con Dios y entre nosotros seg&uacute;n el modelo de la Trinidad. Estamos llamados a acoger y transmitir de modo concorde las verdades de la fe; a vivir el amor rec&iacute;proco y hacia todos, compartiendo gozos y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perd&oacute;n, valorando los diferentes carismas bajo la gu&iacute;a de los pastores. En una palabra, se nos ha confiado la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez m&aacute;s una familia, capaces de reflejar la belleza de la Trinidad y de evangelizar no s&oacute;lo con la palabra. M&aacute;s bien dir&iacute;a por &laquo;irradiaci&oacute;n&raquo;, con la fuerza del amor vivido.<\/p>\n<p>La familia, fundada sobre el matrimonio entre el hombre y la mujer, est&aacute; tambi&eacute;n llamada al igual que la Iglesia a ser imagen del Dios &Uacute;nico en Tres Personas. Al principio, en efecto, &laquo;cre&oacute; Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo cre&oacute;; hombre y mujer los cre&oacute;. Y los bendijo Dios, y les dijo: \u201cCreced, multiplicaos\u201d&raquo; (<i>Gn<\/i> 1, 27-28). Dios cre&oacute; el ser humano hombre y mujer, con la misma dignidad, pero tambi&eacute;n con caracter&iacute;sticas propias y complementarias, para que los dos fueran un don el uno para el otro, se valoraran rec&iacute;procamente y realizaran una comunidad de amor y de vida. El amor es lo que hace de la persona humana la aut&eacute;ntica imagen de la Trinidad, imagen de Dios. Queridos esposos, viviendo el matrimonio no os dais cualquier cosa o actividad, sino la vida entera. Y vuestro amor es fecundo, en primer lugar, para vosotros mismos, porque dese&aacute;is y realiz&aacute;is el bien el uno al otro, experimentando la alegr&iacute;a del recibir y del dar. Es fecundo tambi&eacute;n en la procreaci&oacute;n, generosa y responsable, de los hijos, en el cuidado esmerado de ellos y en la educaci&oacute;n met&oacute;dica y sabia. Es fecundo, en fin, para la sociedad, porque la vida familiar es la primera e insustituible escuela de virtudes sociales, como el respeto de las personas, la gratuidad, la confianza, la responsabilidad, la solidaridad, la cooperaci&oacute;n. Queridos esposos, cuidad a vuestros hijos y, en un mundo dominado por la t&eacute;cnica, transmitidles, con serenidad y confianza, razones para vivir, la fuerza de la fe, plante&aacute;ndoles metas altas y sosteni&eacute;ndolos en la debilidad. Pero tambi&eacute;n vosotros, hijos, procurad mantener siempre una relaci&oacute;n de afecto profundo y de cuidado diligente hacia vuestros padres, y tambi&eacute;n que las relaciones entre hermanos y hermanas sean una oportunidad para crecer en el amor.<\/p>\n<p>El proyecto de Dios sobre la pareja humana encuentra su plenitud en Jesucristo, que elev&oacute; el matrimonio a sacramento. Queridos esposos, Cristo, con un don especial del Esp&iacute;ritu Santo, os hace part&iacute;cipes de su amor esponsal, haci&eacute;ndoos signo de su amor por la Iglesia: un amor fiel y total. Si, con la fuerza que viene de la gracia del sacramento, sab&eacute;is acoger este don, renovando cada d&iacute;a, con fe, vuestro &laquo;s&iacute;&raquo;, tambi&eacute;n vuestra familia vivir&aacute; del amor de Dios, seg&uacute;n el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret. Queridas familias, pedid con frecuencia en la oraci&oacute;n la ayuda de la Virgen Mar&iacute;a y de san Jos&eacute;, para que os ense&ntilde;en a acoger el amor de Dios como ellos lo acogieron. Vuestra vocaci&oacute;n no es f&aacute;cil de vivir, especialmente hoy, pero el amor es una realidad maravillosa, es la &uacute;nica fuerza que puede verdaderamente transformar el cosmos, el mundo. Ante vosotros est&aacute; el testimonio de tantas familias, que se&ntilde;alan los caminos para crecer en el amor: mantener una relaci&oacute;n constante con Dios y participar en la vida eclesial, cultivar el di&aacute;logo, respetar el punto de vista del otro, estar dispuestos a servir, tener paciencia con los defectos de los dem&aacute;s, saber perdonar y pedir perd&oacute;n, superar con inteligencia y humildad los posibles conflictos, acordar las orientaciones educativas, estar abiertos a las dem&aacute;s familias, atentos con los pobres, responsables en la sociedad civil. Todos estos elementos construyen la familia. Vividlos con valent&iacute;a, con la seguridad de que en la medida en que viv&aacute;is el amor rec&iacute;proco y hacia todos, con la ayuda de la gracia divina, os convertir&eacute;is en evangelio vivo, una verdadera Iglesia dom&eacute;stica (cf. Exh. ap. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 49). Quisiera dirigir unas palabras tambi&eacute;n a los fieles que, aun compartiendo las ense&ntilde;anzas de la Iglesia sobre la familia, est&aacute;n marcados por las experiencias dolorosas del fracaso y la separaci&oacute;n. Sabed que el Papa y la Iglesia os sostienen en vuestra dificultad. Os animo a permanecer unidos a vuestras comunidades, al mismo tiempo que espero que las di&oacute;cesis pongan en marcha adecuadas iniciativas de acogida y cercan&iacute;a.<\/p>\n<p>En el libro del G&eacute;nesis, Dios conf&iacute;a su creaci&oacute;n a la pareja humana, para que la guarde, la cultive, la encamine seg&uacute;n su proyecto (cf. 1,27-28; 2,15). En esta indicaci&oacute;n de la Sagrada Escritura podemos comprender la tarea del hombre y la mujer como colaboradores de Dios para transformar el mundo, a trav&eacute;s del trabajo, la ciencia y la t&eacute;cnica. El hombre y la mujer son imagen de Dios tambi&eacute;n en esta obra preciosa, que han de cumplir con el mismo amor del Creador. Vemos que, en las modernas teor&iacute;as econ&oacute;micas, prevalece con frecuencia una concepci&oacute;n utilitarista del trabajo, la producci&oacute;n y el mercado. El proyecto de Dios y la experiencia misma muestran, sin embargo, que no es la l&oacute;gica unilateral del provecho propio y del m&aacute;ximo beneficio lo que contribuye a un desarrollo arm&oacute;nico, al bien de la familia y a edificar una sociedad justa, ya que supone una competencia exasperada, fuertes desigualdades, degradaci&oacute;n del medio ambiente, carrera consumista, pobreza en las familias. Es m&aacute;s, la mentalidad utilitarista tiende a extenderse tambi&eacute;n a las relaciones interpersonales y familiares, reduci&eacute;ndolas a simples convergencias precarias de intereses individuales y minando la solidez del tejido social.<\/p>\n<p>Un &uacute;ltimo elemento. El hombre, en cuanto imagen de Dios, est&aacute; tambi&eacute;n llamado al descanso y a la fiesta. El relato de la creaci&oacute;n concluye con estas palabras: &laquo;Y habiendo concluido el d&iacute;a s&eacute;ptimo la obra que hab&iacute;a hecho, descans&oacute; el d&iacute;a s&eacute;ptimo de toda la obra que hab&iacute;a hecho. Y bendijo Dios el d&iacute;a s&eacute;ptimo y lo consagr&oacute;&raquo; (<i>Gn<\/i> 2,2-3). Para nosotros, cristianos, el d&iacute;a de fiesta es el domingo, d&iacute;a del Se&ntilde;or, pascua semanal. Es el d&iacute;a de la Iglesia, asamblea convocada por el Se&ntilde;or alrededor de la mesa de la palabra y del sacrificio eucar&iacute;stico, como estamos haciendo hoy, para alimentarnos de &eacute;l, entrar en su amor y vivir de su amor. Es el d&iacute;a del hombre y de sus valores: convivialidad, amistad, solidaridad, cultura, contacto con la naturaleza, juego, deporte. Es el d&iacute;a de la familia, en el que se vive juntos el sentido de la fiesta, del encuentro, del compartir, tambi&eacute;n en la participaci&oacute;n de la santa Misa. Queridas familias, a pesar del ritmo fren&eacute;tico de nuestra &eacute;poca, no perd&aacute;is el sentido del d&iacute;a del Se&ntilde;or. Es como el oasis en el que detenerse para saborear la alegr&iacute;a del encuentro y calmar nuestra sed de Dios.<\/p>\n<p>Familia, trabajo, fiesta: tres dones de Dios, tres dimensiones de nuestra existencia que han de encontrar un equilibrio arm&oacute;nico. Armonizar el tiempo del trabajo y las exigencias de la familia, la profesi&oacute;n y la paternidad y la maternidad, el trabajo y la fiesta, es importante para construir una sociedad de rostro humano. A este respecto, privilegiad siempre la l&oacute;gica del ser respecto a la del tener: la primera construye, la segunda termina por destruir. Es necesario aprender, antes de nada en familia, a creer en el amor aut&eacute;ntico, el que viene de Dios y nos une a &eacute;l y precisamente por eso &laquo;nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea \u201ctodo para todos\u201d (<i>1 Co <\/i>15,28)&raquo; (Enc. <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html\">Deus caritas est<\/a><\/i>, 18). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA ARCHIDI&Oacute;CESIS DE MIL&Aacute;N Y VII ENCUENTRO MUNDIAL DE LAS FAMILIAS (1-3 DE JUNIO DE 2012) CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Parque de Bresso Domingo 3 de junio de 2012 [V&iacute;deo] &nbsp; Venerados hermanos, Ilustres autoridades, Queridos hermanos y hermanas Es un gran momento de alegr&iacute;a y comuni&oacute;n el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-junio-de-2012-celebracion-eucaristica-en-el-parque-de-bresso\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab3 de junio de 2012: Celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en el Parque de Bresso\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41046","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41046","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41046"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41046\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41046"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41046"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41046"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}