{"id":41047,"date":"2016-10-06T15:19:16","date_gmt":"2016-10-06T20:19:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-mayo-de-2012-solemnidad-de-pentecostes\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:16","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:16","slug":"27-de-mayo-de-2012-solemnidad-de-pentecostes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-mayo-de-2012-solemnidad-de-pentecostes\/","title":{"rendered":"27 de mayo de 2012: Solemnidad de Pentecost\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20120527.pdf\"> CAPILLA PAPAL<\/a> EN LA <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/pentecost\/2012\/index_pentecoste_sp.htm\"> SOLEMNIDAD DE PENTECOST&Eacute;S<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Domingo 27 de mayo de 2012<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <strong>[<\/strong><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_Z9WH5QJT\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><strong>]<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p>Me alegra celebrar con vosotros esta santa misa, animada hoy tambi&eacute;n por el coro de la Academia de Santa Cecilia y por la orquesta juvenil \u2014a la que doy las gracias\u2014 en la s<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/pentecost\/2012\/index_pentecoste_sp.htm\">olemnidad de Pentecost&eacute;s<\/a>. Este misterio constituye el bautismo de la Iglesia; es un acontecimiento que le dio, por decirlo as&iacute;, la forma inicial y el impulso para su misi&oacute;n. Y esta &laquo;forma&raquo; y este &laquo;impulso&raquo; siempre son v&aacute;lidos, siempre son actuales, y se renuevan de modo especial mediante las acciones lit&uacute;rgicas. Esta ma&ntilde;ana quiero reflexionar sobre un aspecto esencial del misterio de Pentecost&eacute;s, que en nuestros d&iacute;as conserva toda su importancia. Pentecost&eacute;s es la fiesta de la uni&oacute;n, de la comprensi&oacute;n y de la comuni&oacute;n humana. Todos podemos constatar c&oacute;mo en nuestro mundo, aunque estemos cada vez m&aacute;s cercanos los unos a los otros gracias al desarrollo de los medios de comunicaci&oacute;n, y las distancias geogr&aacute;ficas parecen desaparecer, la comprensi&oacute;n y la comuni&oacute;n entre las personas a menudo es superficial y dif&iacute;cil. Persisten desequilibrios que con frecuencia llevan a conflictos; el di&aacute;logo entre las generaciones es cada vez m&aacute;s complicado y a veces prevalece la contraposici&oacute;n; asistimos a sucesos diarios en los que nos parece que los hombres se est&aacute;n volviendo m&aacute;s agresivos y hura&ntilde;os; comprenderse parece demasiado arduo y se prefiere buscar el propio yo, los propios intereses. En esta situaci&oacute;n, &iquest;podemos verdaderamente encontrar y vivir la unidad que tanto necesitamos?<\/p>\n<p>La narraci&oacute;n de Pentecost&eacute;s en los Hechos de los Ap&oacute;stoles, que hemos escuchado en la primera lectura (cf. <i>Hch<\/i> 2, 1-11), contiene en el fondo uno de los grandes cuadros que encontramos al inicio del Antiguo Testamento: la antigua historia de la construcci&oacute;n de la torre de Babel (cf. <i>Gn <\/i>11, 1-9). Pero, &iquest;qu&eacute; es Babel? Es la descripci&oacute;n de un reino en el que los hombres alcanzaron tanto poder que pensaron que ya no necesitaban hacer referencia a un Dios lejano, y que eran tan fuertes que pod&iacute;an construir por s&iacute; mismos un camino que llevara al cielo para abrir sus puertas y ocupar el lugar de Dios. Pero precisamente en esta situaci&oacute;n sucede algo extra&ntilde;o y singular. Mientras los hombres estaban trabajando juntos para construir la torre, improvisamente se dieron cuenta de que estaban construyendo unos contra otros. Mientras intentaban ser como Dios, corr&iacute;an el peligro de ya no ser ni siquiera hombres, porque hab&iacute;an perdido un elemento fundamental de las personas humanas: la capacidad de ponerse de acuerdo, de entenderse y de actuar juntos. <\/p>\n<p>Este relato b&iacute;blico contiene una verdad perenne; lo podemos ver a lo largo de la historia, y tambi&eacute;n en nuestro mundo. Con el progreso de la ciencia y de la t&eacute;cnica hemos alcanzado el poder de dominar las fuerzas de la naturaleza, de manipular los elementos, de fabricar seres vivos, llegando casi al ser humano mismo. En esta situaci&oacute;n, orar a Dios parece algo superado, in&uacute;til, porque nosotros mismos podemos construir y realizar todo lo que queremos. Pero no caemos en la cuenta de que estamos reviviendo la misma experiencia de Babel. Es verdad que hemos multiplicado las posibilidades de comunicar, de tener informaciones, de transmitir noticias, pero &iquest;podemos decir que ha crecido la capacidad de entendernos o quiz&aacute;, parad&oacute;jicamente, cada vez nos entendemos menos? &iquest;No parece insinuarse entre los hombres un sentido de desconfianza, de sospecha, de temor rec&iacute;proco, hasta llegar a ser peligrosos los unos para los otros? Volvemos, por tanto, a la pregunta inicial: &iquest;puede haber verdaderamente unidad, concordia? Y &iquest;c&oacute;mo?<\/p>\n<p>Encontramos la respuesta en la Sagrada Escritura: s&oacute;lo puede existir la unidad con el don del Esp&iacute;ritu de Dios, el cual nos dar&aacute; un coraz&oacute;n nuevo y una lengua nueva, una capacidad nueva de comunicar. Esto es lo que sucedi&oacute; en Pentecost&eacute;s. Esa ma&ntilde;ana, cincuenta d&iacute;as despu&eacute;s de la Pascua, un viento impetuoso sopl&oacute; sobre Jerusal&eacute;n y la llama del Esp&iacute;ritu Santo baj&oacute; sobre los disc&iacute;pulos reunidos, se pos&oacute; sobre cada uno y encendi&oacute; en ellos el fuego divino, un fuego de amor, capaz de transformar. El miedo desapareci&oacute;, el coraz&oacute;n sinti&oacute; una fuerza nueva, las lenguas se soltaron y comenzaron a hablar con franqueza, de modo que todos pudieran entender el anuncio de Jesucristo muerto y resucitado. En Pentecost&eacute;s, donde hab&iacute;a divisi&oacute;n e indiferencia, nacieron unidad y comprensi&oacute;n. <\/p>\n<p>Pero veamos el Evangelio de hoy, en el que Jes&uacute;s afirma: &laquo;Cuando venga &eacute;l, el Esp&iacute;ritu de la verdad, os guiar&aacute; hasta la verdad plena&raquo; (<i>Jn<\/i> 16, 13). Aqu&iacute; Jes&uacute;s, hablando del Esp&iacute;ritu Santo, nos explica qu&eacute; es la Iglesia y c&oacute;mo debe vivir para ser lo que debe ser, para ser el lugar de la unidad y de la comuni&oacute;n en la Verdad; nos dice que actuar como cristianos significa no estar encerrados en el propio &laquo;yo&raquo;, sino orientarse hacia el todo; significa acoger en nosotros mismos a toda la Iglesia o, mejor dicho, dejar interiormente que ella nos acoja. Entonces, cuando yo hablo, pienso y act&uacute;o como cristiano, no lo hago encerr&aacute;ndome en mi yo, sino que lo hago siempre en el todo y a partir del todo: as&iacute; el Esp&iacute;ritu Santo, Esp&iacute;ritu de unidad y de verdad, puede seguir resonando en el coraz&oacute;n y en la mente de los hombres, impuls&aacute;ndolos a encontrarse y a aceptarse mutuamente. El Esp&iacute;ritu, precisamente por el hecho de que act&uacute;a as&iacute;, nos introduce en toda la verdad, que es Jes&uacute;s; nos gu&iacute;a a profundizar en ella, a comprenderla: nosotros no crecemos en el conocimiento encerr&aacute;ndonos en nuestro yo, sino s&oacute;lo volvi&eacute;ndonos capaces de escuchar y de compartir, s&oacute;lo en el &laquo;nosotros&raquo; de la Iglesia, con una actitud de profunda humildad interior. As&iacute; resulta m&aacute;s claro por qu&eacute; Babel es Babel y Pentecost&eacute;s es Pentecost&eacute;s. Donde los hombres quieren ocupar el lugar de Dios, s&oacute;lo pueden ponerse los unos contra los otros. En cambio, donde se sit&uacute;an en la verdad del Se&ntilde;or, se abren a la acci&oacute;n de su Esp&iacute;ritu, que los sostiene y los une. <\/p>\n<p>La contraposici&oacute;n entre Babel y Pentecost&eacute;s aparece tambi&eacute;n en la segunda lectura, donde el Ap&oacute;stol dice: &laquo;Caminad seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu y no realizar&eacute;is los deseos de la carne&raquo; (<i>Ga <\/i>5, 16). San Pablo nos explica que nuestra vida personal est&aacute; marcada por un conflicto interior, por una divisi&oacute;n, entre los impulsos que provienen de la carne y los que proceden del Esp&iacute;ritu; y nosotros no podemos seguirlos todos. Efectivamente, no podemos ser al mismo tiempo ego&iacute;stas y generosos, seguir la tendencia a dominar sobre los dem&aacute;s y experimentar la alegr&iacute;a del servicio desinteresado. Siempre debemos elegir cu&aacute;l impulso seguir y s&oacute;lo lo podemos hacer de modo aut&eacute;ntico con la ayuda del Esp&iacute;ritu de Cristo. San Pablo \u2014como hemos escuchado\u2014 enumera las obras de la carne: son los pecados de ego&iacute;smo y de violencia, como enemistad, discordia, celos, disensiones; son pensamientos y acciones que no permiten vivir de modo verdaderamente humano y cristiano, en el amor. Es una direcci&oacute;n que lleva a perder la propia vida. En cambio, el Esp&iacute;ritu Santo nos gu&iacute;a hacia las alturas de Dios, para que podamos vivir ya en esta tierra el germen de una vida divina que est&aacute; en nosotros. De hecho, san Pablo afirma: &laquo;El fruto del Esp&iacute;ritu es: amor, alegr&iacute;a, paz&raquo; (<i>Ga<\/i> 5, 22). Notemos c&oacute;mo el Ap&oacute;stol usa el plural para describir las obras de la carne, que provocan la dispersi&oacute;n del ser humano, mientras que usa el singular para definir la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu; habla de &laquo;fruto&raquo;, precisamente como a la dispersi&oacute;n de Babel se opone la unidad de Pentecost&eacute;s. <\/p>\n<p>Queridos amigos, debemos vivir seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu de unidad y de verdad, y por esto debemos pedir al Esp&iacute;ritu que nos ilumine y nos gu&iacute;e a vencer la fascinaci&oacute;n de seguir nuestras verdades, y a acoger la verdad de Cristo transmitida en la Iglesia. El relato de Pentecost&eacute;s en el Evangelio de san Lucas nos dice que Jes&uacute;s, antes de subir al cielo, pidi&oacute; a los Ap&oacute;stoles que permanecieran juntos para prepararse a recibir el don del Esp&iacute;ritu Santo. Y ellos se reunieron en oraci&oacute;n con Mar&iacute;a en el Cen&aacute;culo a la espera del acontecimiento prometido (cf. <i>Hch<\/i> 1, 14). Reunida con Mar&iacute;a, como en su nacimiento, la Iglesia tambi&eacute;n hoy reza: &laquo;<i>Veni Sancte Spiritus<\/i>!&raquo;, &laquo;&iexcl;Ven Esp&iacute;ritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!&raquo;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp; &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPILLA PAPAL EN LA SOLEMNIDAD DE PENTECOST&Eacute;S HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Domingo 27 de mayo de 2012 [V&iacute;deo] &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Me alegra celebrar con vosotros esta santa misa, animada hoy tambi&eacute;n por el coro de la Academia de Santa Cecilia y por la orquesta juvenil \u2014a la que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-mayo-de-2012-solemnidad-de-pentecostes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab27 de mayo de 2012: Solemnidad de Pentecost\u00e9s\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41047","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41047","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41047"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41047\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41047"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41047"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41047"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}