{"id":41049,"date":"2016-10-06T15:19:21","date_gmt":"2016-10-06T20:19:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-abril-de-2012-santa-misa-de-ordenacion-sacerdotal\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:21","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:21","slug":"29-de-abril-de-2012-santa-misa-de-ordenacion-sacerdotal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-abril-de-2012-santa-misa-de-ordenacion-sacerdotal\/","title":{"rendered":"29 de abril de 2012: Santa Misa de ordenaci\u00f3n sacerdotal"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20120429.pdf\">SANTA MISA DE ORDENACI&Oacute;N SACERDOTAL<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Jornada mundial de oraci&oacute;n por las vocaciones<br \/> IV Domingo de Pascua, 29 de abril de 2012<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20120429\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/i><\/b><br \/> [<b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_PHKJQQNG\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b>]<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p><i>Venerados hermanos, <br \/> queridos ordenandos, <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>La tradici&oacute;n romana de celebrar las ordenaciones sacerdotales en este IV domingo de Pascua, el domingo &laquo;del Buen Pastor&raquo;, contiene una gran riqueza de significado, ligada a la convergencia entre la Palabra de Dios, el rito lit&uacute;rgico y el tiempo pascual en que se sit&uacute;a. En particular, la figura del pastor, tan relevante en la Sagrada Escritura y naturalmente muy importante para la definici&oacute;n del sacerdote, adquiere su plena verdad y claridad en el rostro de Cristo, en la luz del misterio de su muerte y resurrecci&oacute;n. De esta riqueza tambi&eacute;n vosotros, queridos ordenandos, pod&eacute;is siempre beber, cada d&iacute;a de vuestra vida, y as&iacute; vuestro sacerdocio se renovar&aacute; continuamente. <\/p>\n<p>Este a&ntilde;o el pasaje evang&eacute;lico es el central del cap&iacute;tulo 10 de san Juan y comienza precisamente con la afirmaci&oacute;n de Jes&uacute;s: &laquo;Yo soy el buen pastor&raquo;, a la que sigue enseguida la primera caracter&iacute;stica fundamental: &laquo;El buen pastor da su vida por las ovejas&raquo; (<i>Jn <\/i>10, 11). He ah&iacute; que se nos conduce inmediatamente al centro, al culmen de la revelaci&oacute;n de Dios como pastor de su pueblo; este centro y culmen es Jes&uacute;s, precisamente Jes&uacute;s que muere en la cruz y resucita del sepulcro al tercer d&iacute;a, resucita con toda su humanidad, y de este modo nos involucra, a cada hombre, en su paso de la muerte a la vida. Este acontecimiento \u2014la Pascua de Cristo\u2014, en el que se realiza plena y definitivamente la obra pastoral de Dios, es un acontecimiento sacrificial: por ello el Buen Pastor y el Sumo Sacerdote coinciden en la persona de Jes&uacute;s que ha dado la vida por nosotros. <\/p>\n<p>Pero observemos brevemente tambi&eacute;n las primeras dos lecturas y el salmo responsorial (<i>Sal <\/i>118). El pasaje de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i> (4, 8-12) nos presenta el testimonio de san Pedro ante los jefes del pueblo y los ancianos de Jerusal&eacute;n, despu&eacute;s de la prodigiosa curaci&oacute;n del paral&iacute;tico. Pedro afirma con gran franqueza: &laquo;Jes&uacute;s es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular&raquo;; y a&ntilde;ade: &laquo;No hay salvaci&oacute;n en ning&uacute;n otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos&raquo; (vv. 11-12). <\/p>\n<p>El Ap&oacute;stol interpreta despu&eacute;s, a la luz del misterio pascual de Cristo, el <i> Salmo <\/i>118, en el que el orante da gracias a Dios que ha respondido a su grito de auxilio y lo ha puesto a salvo. Dice este Salmo: &laquo;La piedra que desecharon los arquitectos \/ es ahora la piedra angular. \/ Es el Se&ntilde;or quien lo ha hecho, \/ ha sido un milagro patente&raquo; (<i>Sal <\/i>118, 22-23). Jes&uacute;s vivi&oacute; precisamente esta experiencia de ser desechado por los jefes de su pueblo y rehabilitado por Dios, puesto como fundamento de un nuevo templo, de un nuevo pueblo que alabar&aacute; al Se&ntilde;or con frutos de justicia (cfr. <i>Mt <\/i>21, 42-43). Por lo tanto la primera lectura y el salmo responsorial, que es el mismo Salmo 118, aluden fuertemente al contexto pascual, y con esta imagen de la piedra desechada y restablecida atraen nuestra mirada hacia Jes&uacute;s muerto y resucitado. <\/p>\n<p>La segunda lectura, tomada de la <i>Primera Carta de Juan<\/i> (3,1-2), nos habla en cambio del fruto de la Pascua de Cristo: el hecho de habernos convertido en hijos de Dios. En las palabras de san Juan se oye de nuevo todo el estupor por este don: no s&oacute;lo somos llamados hijos de Dios, sino que &laquo;lo somos realmente&raquo; (v. 1). En efecto, la condici&oacute;n filial del hombre es fruto de la obra salv&iacute;fica de Jes&uacute;s: con su encarnaci&oacute;n, con su muerte y resurrecci&oacute;n, y con el don del Esp&iacute;ritu Santo, &eacute;l introdujo al hombre en una relaci&oacute;n nueva con Dios, su propia relaci&oacute;n con el Padre. Por ello Jes&uacute;s resucitado dice: &laquo;Subo al Padre m&iacute;o y Padre vuestro, al Dios m&iacute;o y Dios vuestro&raquo; (<i>Jn <\/i>20, 17). Es una relaci&oacute;n ya plenamente real, pero que a&uacute;n no se ha manifestado plenamente: lo ser&aacute; al final, cuando \u2014si Dios lo quiere\u2014 podremos ver su rostro tal cual es (cfr. v. 2).<\/p>\n<p>Queridos ordenandos: &iexcl;es all&iacute; a donde nos quiere conducir el Buen Pastor! Es all&iacute; a donde el sacerdote est&aacute; llamado a conducir a los fieles a &eacute;l encomendados: a la vida verdadera, la vida &laquo;en abundancia&raquo; (<i>Jn <\/i>10, 10). Volvamos al Evangelio, y a la palabra del pastor. &laquo;El buen pastor da su vida por la ovejas&raquo; (<i>Jn <\/i>10, 11). Jes&uacute;s insiste en esta caracter&iacute;stica esencial del verdadero pastor que es &eacute;l mismo: &laquo;dar la propia vida&raquo;. Lo repite tres veces, y al final concluye diciendo: &laquo;Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre&raquo; (<i>Jn <\/i>10, 17-18). Este es claramente el rasgo cualificador del pastor tal como Jes&uacute;s lo interpreta en primera persona, seg&uacute;n la voluntad del Padre que lo envi&oacute;. La figura b&iacute;blica del rey-pastor, que comprende principalmente la tarea de regir el pueblo de Dios, de mantenerlo unido y guiarlo, toda esta funci&oacute;n real se realiza plenamente en Jesucristo en la dimensi&oacute;n sacrificial, en el ofrecimiento de la vida. En una palabra, se realiza en el misterio de la cruz, esto es, en el acto supremo de humildad y de amor oblativo. Dice el abad Teodoro Studita: &laquo;Por medio de la cruz nosotros, ovejas de Cristo, hemos sido reunidos en un &uacute;nico redil y destinados a las eternas moradas&raquo; (<i>Discurso sobre la adoraci&oacute;n de la cruz<\/i>: PG 99, 699).<\/p>\n<p>En esta perspectiva se orientan las f&oacute;rmulas del Rito de ordenaci&oacute;n de presb&iacute;teros, que estamos celebrando. Por ejemplo, entre las preguntas relativas a los &laquo;compromisos de los elegidos&raquo;, la &uacute;ltima, que tiene un car&aacute;cter culminante y de alguna forma sint&eacute;tica, dice as&iacute;: &laquo;&iquest;Quer&eacute;is uniros cada vez m&aacute;s estrechamente a Cristo, sumo sacerdote, quien se ofreci&oacute; al Padre como v&iacute;ctima pura por nosotros, y consagraros a Dios junto a &eacute;l para la salvaci&oacute;n de todos los hombres?&raquo;. El sacerdote es, de hecho, quien es introducido de un modo singular en el misterio del sacrificio de Cristo, con una uni&oacute;n personal a &eacute;l, para prolongar su misi&oacute;n salv&iacute;fica. Esta uni&oacute;n, que tiene lugar gracias al sacramento del Orden, pide hacerse &laquo;cada vez m&aacute;s estrecha&raquo; por la generosa correspondencia del sacerdote mismo. Por esto, queridos ordenandos, dentro de poco responder&eacute;is a esta pregunta diciendo: &laquo;S&iacute;, quiero, con la gracia de Dios&raquo;. Sucesivamente, en el momento de la unci&oacute;n crismal, el celebrante dice: &laquo;Jesucristo, el Se&ntilde;or, a quien el Padre ungi&oacute; con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, te auxilie para santificar al pueblo cristiano y para ofrecer a Dios el sacrificio&raquo;. Y despu&eacute;s, en la entrega del pan y el vino: &laquo;Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios en el sacrificio eucar&iacute;stico. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz de Cristo Se&ntilde;or&raquo;. Resalta con fuerza que, para el sacerdote, celebrar cada d&iacute;a la santa misa no significa proceder a una funci&oacute;n ritual, sino cumplir una misi&oacute;n que involucra entera y profundamente la existencia, en comuni&oacute;n con Cristo resucitado quien, en su Iglesia, sigue realizando el sacrificio redentor. <\/p>\n<p>Esta dimensi&oacute;n eucar&iacute;stica-sacrificial es inseparable de la dimensi&oacute;n pastoral y constituye su n&uacute;cleo de verdad y de fuerza salv&iacute;fica, del que depende la eficacia de toda actividad. Naturalmente no hablamos s&oacute;lo de la eficacia en el plano psicol&oacute;gico o social, sino de la fecundidad vital de la presencia de Dios al nivel humano profundo. La predicaci&oacute;n misma, las obras, los gestos de distinto tipo que la Iglesia realiza con sus m&uacute;ltiples iniciativas, perder&iacute;an su fecundidad salv&iacute;fica si decayera la celebraci&oacute;n del sacrificio de Cristo. Y esta se encomienda a los sacerdotes ordenados. En efecto, el presb&iacute;tero est&aacute; llamado a vivir en s&iacute; mismo lo que experiment&oacute; Jes&uacute;s en primera persona, esto es, entregarse plenamente a la predicaci&oacute;n y a la sanaci&oacute;n del hombre de todo mal de cuerpo y esp&iacute;ritu, y despu&eacute;s, al final, resumir todo en el gesto supremo de &laquo;dar la vida&raquo; por los hombres, gesto que halla su expresi&oacute;n sacramental en la Eucarist&iacute;a, memorial perpetuo de la Pascua de Jes&uacute;s. Es s&oacute;lo a trav&eacute;s de esta &laquo;puerta&raquo; del sacrificio pascual por donde los hombres y las mujeres de todo tiempo y lugar pueden entrar a la vida eterna; es a trav&eacute;s de esta &laquo;v&iacute;a santa&raquo; como pueden cumplir el &eacute;xodo que les conduce a la &laquo;tierra prometida&raquo; de la verdadera libertad, a las &laquo;verdes praderas&raquo; de la paz y de la alegr&iacute;a sin fin (cf. <i>Jn <\/i>10, 7. 9; <i>Sal <\/i>77, 14. 20-21; <i>Sal <\/i>23, 2).<\/p>\n<p>Queridos ordenandos: que esta Palabra de Dios ilumine toda vuestra vida. Y cuando el peso de la cruz se haga m&aacute;s duro, sabed que esa es la hora m&aacute;s preciosa, para vosotros y para las personas a vosotros encomendadas: renovando con fe y amor vuestro &laquo;S&iacute;, quiero, con la gracia de Dios&raquo;, cooperar&eacute;is con Cristo, Sumo Sacerdote y Buen Pastor, a apacentar sus ovejas \u2014tal vez s&oacute;lo la que se hab&iacute;a perdido, &iexcl;pero por la cual es grande la fiesta en el cielo! Que la Virgen Mar&iacute;a, <i>Salus Populi Romani<\/i>, vele siempre por cada uno de vosotros y por vuestro camino. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA DE ORDENACI&Oacute;N SACERDOTAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Jornada mundial de oraci&oacute;n por las vocaciones IV Domingo de Pascua, 29 de abril de 2012 Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica [V&iacute;deo] Venerados hermanos, queridos ordenandos, queridos hermanos y hermanas: La tradici&oacute;n romana de celebrar las ordenaciones sacerdotales en este IV domingo de Pascua, el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-abril-de-2012-santa-misa-de-ordenacion-sacerdotal\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de abril de 2012: Santa Misa de ordenaci\u00f3n sacerdotal\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41049","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41049","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41049"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41049\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41049"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41049"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41049"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}