{"id":41052,"date":"2016-10-06T15:19:25","date_gmt":"2016-10-06T20:19:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-2012-santa-misa-in-cena-domini\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:25","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:25","slug":"5-de-abril-de-2012-santa-misa-in-cena-domini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-2012-santa-misa-in-cena-domini\/","title":{"rendered":"5 de abril de 2012: Santa Misa \u00abin cena Domini\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20120405_cena_domini.pdf\">SANTA MISA EN LA CENA DEL SE&Ntilde;OR<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"> Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/> Jueves Santo 5 de abril de 201<\/font><\/i><font color=\"#663300\"><i>2<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"IT\"> <span lang=\"es\"> <i> <b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20120405-1\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/i><\/span><\/span><font size=\"3\" face=\"Times New Roman\"><b><br \/> (<a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_6KEQNO4K\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a>)<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas<\/em><\/p>\n<p>El Jueves Santo no es s&oacute;lo el d&iacute;a de la Instituci&oacute;n de la Santa Eucarist&iacute;a, cuyo esplendor ciertamente se irradia sobre todo lo dem&aacute;s y, por as&iacute; decir, lo atrae dentro de s&iacute;. Tambi&eacute;n forma parte del Jueves Santo la noche oscura del Monte de los Olivos, hacia la cual Jes&uacute;s se dirige con sus disc&iacute;pulos; forma parte tambi&eacute;n la soledad y el abandono de Jes&uacute;s que, orando, va al encuentro de la oscuridad de la muerte; forma parte de este Jueves Santo la traici&oacute;n de Judas y el arresto de Jes&uacute;s, as&iacute; como tambi&eacute;n la negaci&oacute;n de Pedro, la acusaci&oacute;n ante el Sanedr&iacute;n y la entrega a los paganos, a Pilato. En esta hora, tratemos de comprender con m&aacute;s profundidad estos eventos, porque en ellos se lleva a cabo el misterio de nuestra Redenci&oacute;n.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s sale en la noche. La noche significa falta de comunicaci&oacute;n, una situaci&oacute;n en la que uno no ve al otro. Es un s&iacute;mbolo de la incomprensi&oacute;n, del ofuscamiento de la verdad. Es el espacio en el que el mal, que debe esconderse ante la luz, puede prosperar. Jes&uacute;s mismo es la luz y la verdad, la comunicaci&oacute;n, la pureza y la bondad. &Eacute;l entra en la noche. La noche, en definitiva, es s&iacute;mbolo de la muerte, de la p&eacute;rdida definitiva de comuni&oacute;n y de vida. Jes&uacute;s entra en la noche para superarla e inaugurar el nuevo d&iacute;a de Dios en la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>Durante este camino, &eacute;l ha cantado con sus Ap&oacute;stoles los Salmos de la liberaci&oacute;n y de la redenci&oacute;n de Israel, que recuerdan la primera Pascua en Egipto, la noche de la liberaci&oacute;n. Como &eacute;l hac&iacute;a con frecuencia, ahora se va a orar solo y hablar como Hijo con el Padre. Pero, a diferencia de lo acostumbrado, quiere cerciorarse de que est&eacute;n cerca tres disc&iacute;pulos: Pedro, Santiago y Juan. Son los tres que hab&iacute;an tenido la experiencia de su Transfiguraci&oacute;n \u2013 la manifestaci&oacute;n luminosa de la gloria de Dios a trav&eacute;s de su figura humana \u2013 y que lo hab&iacute;an visto en el centro, entre la Ley y los Profetas, entre Mois&eacute;s y El&iacute;as. Hab&iacute;an escuchado c&oacute;mo hablaba con ellos de su &laquo;&eacute;xodo&raquo; en Jerusal&eacute;n. El &eacute;xodo de Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n, &iexcl;qu&eacute; palabra misteriosa!; el &eacute;xodo de Israel de Egipto hab&iacute;a sido el episodio de la fuga y la liberaci&oacute;n del pueblo de Dios. &iquest;Qu&eacute; aspecto tendr&iacute;a el &eacute;xodo de Jes&uacute;s, en el cual deb&iacute;a cumplirse definitivamente el sentido de aquel drama hist&oacute;rico?; ahora, los disc&iacute;pulos son testigos del primer tramo de este &eacute;xodo, de la extrema humillaci&oacute;n que, sin embargo, era el paso esencial para salir hacia la libertad y la vida nueva, hacia la que tiende el &eacute;xodo. Los disc&iacute;pulos, cuya cercan&iacute;a quiso Jes&uacute;s en esta hora de extrema tribulaci&oacute;n, como elemento de apoyo humano, pronto se durmieron. No obstante, escucharon algunos fragmentos de las palabras de la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s y observaron su actitud. Ambas cosas se grabaron profundamente en sus almas, y ellos las transmitieron a los cristianos para siempre. Jes&uacute;s llama a Dios &laquo;Abb&aacute;&raquo;.Y esto significa \u2013 como ellos a&ntilde;aden \u2013 &laquo;Padre&raquo;. Pero no de la manera en que se usa habitualmente la palabra &laquo;padre&raquo;, sino como expresi&oacute;n del lenguaje de los ni&ntilde;os, una palabra afectuosa con la cual no se osaba dirigirse a Dios. Es el lenguaje de quien es verdaderamente &laquo;ni&ntilde;o&raquo;, Hijo del Padre, de aquel que se encuentra en comuni&oacute;n con Dios, en la m&aacute;s profunda unidad con &eacute;l.<\/p>\n<p>Si nos preguntamos cu&aacute;l es el elemento m&aacute;s caracter&iacute;stico de la imagen de Jes&uacute;s en los evangelios, debemos decir: su relaci&oacute;n con Dios. &Eacute;l est&aacute; siempre en comuni&oacute;n con Dios. El ser con el Padre es el n&uacute;cleo de su personalidad. A trav&eacute;s de Cristo, conocemos verdaderamente a Dios. &laquo;A Dios nadie lo ha visto jam&aacute;s&raquo;, dice san Juan. Aquel &laquo;que est&aacute; en el seno del Padre\u2026 lo ha dado a conocer&raquo; (1,18). Ahora conocemos a Dios tal como es verdaderamente. &Eacute;l es Padre, bondad absoluta a la que podemos encomendarnos. El evangelista Marcos, que ha conservado los recuerdos de Pedro, nos dice que Jes&uacute;s, al apelativo &laquo;Abb&aacute;&raquo;, a&ntilde;adi&oacute; a&uacute;n: Todo es posible para ti, t&uacute; lo puedes todo (cf. 14,36). &Eacute;l, que es la bondad, es al mismo tiempo poder, es omnipotente. El poder es bondad y la bondad es poder. Esta confianza la podemos aprender de la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s en el Monte de los Olivos.<\/p>\n<p>Antes de reflexionar sobre el contenido de la petici&oacute;n de Jes&uacute;s, debemos prestar atenci&oacute;n a lo que los evangelistas nos relatan sobre la actitud de Jes&uacute;s durante su oraci&oacute;n. Mateo y Marcos dicen que &laquo;cay&oacute; rostro en tierra&raquo; (<i>Mt<\/i> 26,39; cf. <i>Mc<\/i> 14,35); asume por consiguiente la actitud de total sumisi&oacute;n, que ha sido conservada en la liturgia romana del Viernes Santo. Lucas, en cambio, afirma que Jes&uacute;s oraba arrodillado. En los Hechos de los Ap&oacute;stoles, habla de los santos, que oraban de rodillas: Esteban durante su lapidaci&oacute;n, Pedro en el contexto de la resurrecci&oacute;n de un muerto, Pablo en el camino hacia el martirio. As&iacute;, Lucas ha trazado una peque&ntilde;a historia del orar arrodillados de la Iglesia naciente. Los cristianos, al arrodillarse, se ponen en comuni&oacute;n con la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s en el Monte de los Olivos. En la amenaza del poder del mal, ellos, en cuanto arrodillados, est&aacute;n de pie ante el mundo, pero, en cuanto hijos, est&aacute;n de rodillas ante el Padre. Ante la gloria de Dios, los cristianos nos arrodillamos y reconocemos su divinidad, pero expresando tambi&eacute;n en este gesto nuestra confianza en que &eacute;l triunfe.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s forcejea con el Padre. Combate consigo mismo. Y combate por nosotros. Experimenta la angustia ante el poder de la muerte. Esto es ante todo la turbaci&oacute;n propia del hombre, m&aacute;s a&uacute;n, de toda creatura viviente ante la presencia de la muerte. En Jes&uacute;s, sin embargo, se trata de algo m&aacute;s. En las noches del mal, &eacute;l ensancha su mirada. Ve la marea sucia de toda la mentira y de toda la infamia que le sobreviene en aquel c&aacute;liz que debe beber. Es el estremecimiento del totalmente puro y santo frente a todo el caudal del mal de este mundo, que recae sobre &eacute;l. &Eacute;l tambi&eacute;n me ve, y ora tambi&eacute;n por m&iacute;. As&iacute;, este momento de angustia mortal de Jes&uacute;s es un elemento esencial en el proceso de la Redenci&oacute;n. Por eso, la Carta a los Hebreos ha definido el combate de Jes&uacute;s en el Monte de los Olivos como un acto sacerdotal. En esta oraci&oacute;n de Jes&uacute;s, impregnada de una angustia mortal, el Se&ntilde;or ejerce el oficio del sacerdote: toma sobre s&iacute; el pecado de la humanidad, a todos nosotros, y nos conduce al Padre.<\/p>\n<p>Finalmente, debemos prestar atenci&oacute;n a&uacute;n al contenido de la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s en el Monte de los Olivos. Jes&uacute;s dice: &laquo;Padre: t&uacute; lo puedes todo, aparta de m&iacute; ese c&aacute;liz. Pero no sea como yo quiero, sino como t&uacute; quieres&raquo; (<i>Mc<\/i> 14,36). La voluntad natural del hombre Jes&uacute;s retrocede asustada ante algo tan ingente. Pide que se le evite eso. Sin embargo, en cuanto Hijo, abandona esta voluntad humana en la voluntad del Padre: no yo, sino t&uacute;. Con esto ha transformado la actitud de Ad&aacute;n, el pecado primordial del hombre, salvando de este modo al hombre. La actitud de Ad&aacute;n hab&iacute;a sido: No lo que t&uacute; has querido, Dios; quiero ser dios yo mismo. Esta soberbia es la verdadera esencia del pecado. Pensamos ser libres y verdaderamente nosotros mismos s&oacute;lo si seguimos exclusivamente nuestra voluntad. Dios aparece como el antagonista de nuestra libertad. Debemos liberarnos de &eacute;l, pensamos nosotros; s&oacute;lo as&iacute; seremos libres. Esta es la rebeli&oacute;n fundamental que atraviesa la historia, y la mentira de fondo que desnaturaliza la vida. Cuando el hombre se pone contra Dios, se pone contra la propia verdad y, por tanto, no llega a ser libre, sino alienado de s&iacute; mismo. &Uacute;nicamente somos libres si estamos en nuestra verdad, si estamos unidos a Dios. Entonces nos hacemos verdaderamente &laquo;como Dios&raquo;, no oponi&eacute;ndonos a Dios, no desentendi&eacute;ndonos de &eacute;l o neg&aacute;ndolo. En el forcejeo de la oraci&oacute;n en el Monte de los Olivos, Jes&uacute;s ha deshecho la falsa contradicci&oacute;n entre obediencia y libertad, y abierto el camino hacia la libertad. Oremos al Se&ntilde;or para que nos adentre en este &laquo;s&iacute;&raquo; a la voluntad de Dios, haci&eacute;ndonos verdaderamente libres. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA CENA DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n Jueves Santo 5 de abril de 2012 Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica (V&iacute;deo) &nbsp; Queridos hermanos y hermanas El Jueves Santo no es s&oacute;lo el d&iacute;a de la Instituci&oacute;n de la Santa Eucarist&iacute;a, cuyo esplendor ciertamente se irradia sobre &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-2012-santa-misa-in-cena-domini\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de abril de 2012: Santa Misa \u00abin cena Domini\u00bb\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41052","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41052","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41052"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41052\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41052"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41052"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41052"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}