{"id":41053,"date":"2016-10-06T15:19:26","date_gmt":"2016-10-06T20:19:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-2012-santa-misa-crismal\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:26","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:26","slug":"5-de-abril-de-2012-santa-misa-crismal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-2012-santa-misa-crismal\/","title":{"rendered":"5 de abril de 2012: Santa Misa crismal"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20120405_crisma.pdf\">SANTA MISA CRISMAL<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"> Bas&iacute;lica Vaticana<br \/>Jueves Santo <\/font><\/i><font color=\"#663300\"><i>5 de abril de 2012<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"IT\"> <span lang=\"es\"> <i> <b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20120405\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/i><\/span><\/span><font size=\"3\" face=\"Times New Roman\"><b><br \/> (<a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_CHM58P7U\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a>)<\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas<\/em><\/p>\n<p>En esta Santa Misa, nuestra mente retorna hacia aquel momento en el que el Obispo, por la imposici&oacute;n de las manos y la oraci&oacute;n, nos introdujo en el sacerdocio de Jesucristo, de forma que fu&eacute;ramos &laquo;santificados en la verdad&raquo; (<i>Jn<\/i> 17,19), como Jes&uacute;s hab&iacute;a pedido al Padre para nosotros en la oraci&oacute;n sacerdotal. &Eacute;l mismo es la verdad. Nos ha consagrado, es decir, entregado para siempre a Dios, para que pudi&eacute;ramos servir a los hombres partiendo de Dios y por &eacute;l. Pero, &iquest;somos tambi&eacute;n consagrados en la realidad de nuestra vida? &iquest;Somos hombres que obran partiendo de Dios y en comuni&oacute;n con Jesucristo? Con esta pregunta, el Se&ntilde;or se pone ante nosotros y nosotros ante &eacute;l: &laquo;&iquest;Quer&eacute;is uniros m&aacute;s fuertemente a Cristo y configuraros con &eacute;l, renunciando a vosotros mismos y reafirmando la promesa de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis gozosos el d&iacute;a de vuestra ordenaci&oacute;n para el servicio de la Iglesia?&raquo;. As&iacute; interrogar&eacute; singularmente a cada uno de vosotros y tambi&eacute;n a m&iacute; mismo despu&eacute;s de la homil&iacute;a. Con esto se expresan sobre todo dos cosas: se requiere un v&iacute;nculo interior, m&aacute;s a&uacute;n, una configuraci&oacute;n con Cristo y, con ello, la necesidad de una superaci&oacute;n de nosotros mismos, una renuncia a aquello que es solamente nuestro, a la tan invocada autorrealizaci&oacute;n. Se pide que nosotros, que yo, no reclame mi vida para m&iacute; mismo, sino que la ponga a disposici&oacute;n de otro, de Cristo. Que no me pregunte: &iquest;Qu&eacute; gano yo?, sino m&aacute;s bien: &iquest;Qu&eacute; puedo dar yo por &eacute;l y tambi&eacute;n por los dem&aacute;s? O, todav&iacute;a m&aacute;s concretamente: &iquest;C&oacute;mo debe llevarse a cabo esta configuraci&oacute;n con Cristo, que no domina, sino que sirve; que no recibe, sino que da?; &iquest;c&oacute;mo debe realizarse en la situaci&oacute;n a menudo dram&aacute;tica de la Iglesia de hoy? Recientemente, un grupo de sacerdotes ha publicado en un pa&iacute;s europeo una llamada a la desobediencia, aportando al mismo tiempo ejemplos concretos de c&oacute;mo se puede expresar esta desobediencia, que deber&iacute;a ignorar incluso decisiones definitivas del Magisterio; por ejemplo, en la cuesti&oacute;n sobre la ordenaci&oacute;n de las mujeres, sobre la que el beato Papa Juan Pablo II ha declarado de manera irrevocable que la Iglesia no ha recibido del Se&ntilde;or ninguna autoridad sobre esto. Pero la desobediencia, &iquest;es un camino para renovar la Iglesia? Queremos creer a los autores de esta llamada cuando afirman que les mueve la solicitud por la Iglesia; su convencimiento de que se deba afrontar la lentitud de las instituciones con medios dr&aacute;sticos para abrir caminos nuevos, para volver a poner a la Iglesia a la altura de los tiempos. Pero la desobediencia, &iquest;es verdaderamente un camino? &iquest;Se puede ver en esto algo de la configuraci&oacute;n con Cristo, que es el presupuesto de toda renovaci&oacute;n, o no es m&aacute;s bien s&oacute;lo un af&aacute;n desesperado de hacer algo, de trasformar la Iglesia seg&uacute;n nuestros deseos y nuestras ideas?<\/p>\n<p>Pero no simplifiquemos demasiado el problema. &iquest;Acaso Cristo no ha corregido las tradiciones humanas que amenazaban con sofocar la palabra y la voluntad de Dios? S&iacute;, lo ha hecho para despertar nuevamente la obediencia a la verdadera voluntad de Dios, a su palabra siempre v&aacute;lida. A &eacute;l le preocupaba precisamente la verdadera obediencia, frente al arbitrio del hombre. Y no lo olvidemos: &Eacute;l era el Hijo, con la autoridad y la responsabilidad singular de desvelar la aut&eacute;ntica voluntad de Dios, para abrir de ese modo el camino de la Palabra de Dios al mundo de los gentiles. Y, en fin, ha concretizado su mandato con la propia obediencia y humildad hasta la cruz, haciendo as&iacute; cre&iacute;ble su misi&oacute;n. No mi voluntad, sino la tuya: &eacute;sta es la palabra que revela al Hijo, su humildad y a la vez su divinidad, y nos indica el camino.<\/p>\n<p>Dej&eacute;monos interrogar todav&iacute;a una vez m&aacute;s. Con estas consideraciones, &iquest;acaso no se defiende de hecho el inmovilismo, el agarrotamiento de la tradici&oacute;n? No. Mirando a la historia de la &eacute;poca post-conciliar, se puede reconocer la din&aacute;mica de la verdadera renovaci&oacute;n, que frecuentemente ha adquirido formas inesperadas en momentos llenos de vida y que hace casi tangible la inagotable vivacidad de la Iglesia, la presencia y la acci&oacute;n eficaz del Esp&iacute;ritu Santo. Y si miramos a las personas, por las cuales han brotado y brotan estos r&iacute;os frescos de vida, vemos tambi&eacute;n que, para una nueva fecundidad, es necesario estar llenos de la alegr&iacute;a de la fe, de la radicalidad de la obediencia, del dinamismo de la esperanza y de la fuerza del amor.<\/p>\n<p>Queridos amigos, queda claro que la configuraci&oacute;n con Cristo es el presupuesto y la base de toda renovaci&oacute;n. Pero tal vez la figura de Cristo nos parece a veces demasiado elevada y demasiado grande como para atrevernos a adoptarla como criterio de medida para nosotros. El Se&ntilde;or lo sabe. Por eso nos ha proporcionado &laquo;traducciones&raquo; con niveles de grandeza m&aacute;s accesibles y m&aacute;s cercanos. Precisamente por esta raz&oacute;n, Pablo dec&iacute;a sin timidez a sus comunidades: Imitadme a m&iacute;, pero yo pertenezco a Cristo. &Eacute;l era para sus fieles una &laquo;traducci&oacute;n&raquo; del estilo de vida de Cristo, que ellos pod&iacute;an ver y a la cual se pod&iacute;an asociar. Desde Pablo, y a lo largo de la historia, se nos han dado continuamente estas &laquo;traducciones&raquo; del camino de Jes&uacute;s en figuras vivas de la historia. Nosotros, los sacerdotes, podemos pensar en una gran multitud de sacerdotes santos, que nos han precedido para indicarnos la senda: comenzando por Policarpo de Esmirna e Ignacio de Antioquia, pasando por grandes Pastores como Ambrosio, Agust&iacute;n y Gregorio Magno, hasta Ignacio de Loyola, Carlos Borromeo, Juan Mar&iacute;a Vianney, hasta los sacerdotes m&aacute;rtires del siglo XX y, por &uacute;ltimo, el Papa Juan Pablo II que, en la actividad y en el sufrimiento, ha sido un ejemplo para nosotros en la configuraci&oacute;n con Cristo, como &laquo;don y misterio&raquo;. Los santos nos indican c&oacute;mo funciona la renovaci&oacute;n y c&oacute;mo podemos ponernos a su servicio. Y nos permiten comprender tambi&eacute;n que Dios no mira los grandes n&uacute;meros ni los &eacute;xitos exteriores, sino que remite sus victorias al humilde signo del grano de mostaza.<\/p>\n<p>Queridos amigos, quisiera mencionar brevemente todav&iacute;a dos palabras clave de la renovaci&oacute;n de las promesas sacerdotales, que deber&iacute;an inducirnos a reflexionar en este momento de la Iglesia y de nuestra propia vida. Ante todo, el recuerdo de que somos \u2013como dice Pablo\u2013 &laquo;administradores de los misterios de Dios&raquo; (<i>1Co<\/i> 4,1) y que nos corresponde el ministerio de la ense&ntilde;anza, el (<i>munus docendi<\/i>), que es una parte de esa administraci&oacute;n de los misterios de Dios, en los que &eacute;l nos muestra su rostro y su coraz&oacute;n, para entregarse a nosotros. En el encuentro de los cardenales con ocasi&oacute;n del &uacute;ltimo consistorio, varios Pastores, bas&aacute;ndose en su experiencia, han hablado de un analfabetismo religioso que se difunde en medio de nuestra sociedad tan inteligente. Los elementos fundamentales de la fe, que antes sab&iacute;a cualquier ni&ntilde;o, son cada vez menos conocidos. Pero para poder vivir y amar nuestra fe, para poder amar a Dios y llegar por tanto a ser capaces de escucharlo del modo justo, debemos saber qu&eacute; es lo que Dios nos ha dicho; nuestra raz&oacute;n y nuestro coraz&oacute;n han de ser interpelados por su palabra. El A&ntilde;o de la Fe, el recuerdo de la apertura del Concilio Vaticano II hace 50 a&ntilde;os, debe ser para nosotros una ocasi&oacute;n para anunciar el mensaje de la fe con un nuevo celo y con una nueva alegr&iacute;a. Naturalmente, este mensaje lo encontramos primaria y fundamentalmente en la Sagrada Escritura, que nunca leeremos y meditaremos suficientemente. Pero todos tenemos experiencia de que necesitamos ayuda para transmitirla rectamente en el presente, de manera que mueva verdaderamente nuestro coraz&oacute;n. Esta ayuda la encontramos en primer lugar en la palabra de la Iglesia docente: los <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/index_sp.htm\">textos del Concilio Vaticano II<\/a> y el <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/index_sp.html\">Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica<\/a><\/i> son los instrumentos esenciales que nos indican de modo aut&eacute;ntico lo que la Iglesia cree a partir de la Palabra de Dios. Y, naturalmente, tambi&eacute;n forma parte de ellos todo el tesoro de documentos que el Papa Juan Pablo II nos ha dejado y que todav&iacute;a est&aacute;n lejos de ser aprovechados plenamente.<\/p>\n<p>Todo anuncio nuestro debe confrontarse con la palabra de Jesucristo: &laquo;Mi doctrina no es m&iacute;a&raquo; (<i>Jn<\/i> 7,16). No anunciamos teor&iacute;as y opiniones privadas, sino la fe de la Iglesia, de la cual somos servidores. Pero esto, naturalmente, en modo alguno significa que yo no sostenga esta doctrina con todo mi ser y no est&eacute; firmemente anclado en ella. En este contexto, siempre me vienen a la mente aquellas palabras de san Agust&iacute;n: &iquest;Qu&eacute; es tan m&iacute;o como yo mismo? &iquest;Qu&eacute; es tan menos m&iacute;o como yo mismo? No me pertenezco y llego a ser yo mismo precisamente por el hecho de que voy m&aacute;s all&aacute; de m&iacute; mismo y, mediante la superaci&oacute;n de m&iacute; mismo, consigo insertarme en Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia. Si no nos anunciamos a nosotros mismos e interiormente hemos llegado a ser uno con aqu&eacute;l que nos ha llamado como mensajeros suyos, de manera que estamos modelados por la fe y la vivimos, entonces nuestra predicaci&oacute;n ser&aacute; cre&iacute;ble. No hago publicidad de m&iacute;, sino que me doy a m&iacute; mismo. El Cura de Ars, lo sabemos, no era un docto, un intelectual. Pero con su anuncio llegaba al coraz&oacute;n de la gente, porque &eacute;l mismo hab&iacute;a sido tocado en su coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>La &uacute;ltima palabra clave a la que quisiera aludir todav&iacute;a se llama celo por las almas (<i>animarum zelus<\/i>). Es una expresi&oacute;n fuera de moda que ya casi no se usa hoy. En algunos ambientes, la palabra alma es considerada incluso un t&eacute;rmino prohibido, porque \u2013se dice\u2013 expresar&iacute;a un dualismo entre el cuerpo y el alma, dividiendo falsamente al hombre. Evidentemente, el hombre es una unidad, destinada a la eternidad en cuerpo y alma. Pero esto no puede significar que ya no tengamos alma, un principio constitutivo que garantiza la unidad del hombre en su vida y m&aacute;s all&aacute; de su muerte terrena. Y, como sacerdotes, nos preocupamos naturalmente por el hombre entero, tambi&eacute;n por sus necesidades f&iacute;sicas: de los hambrientos, los enfermos, los sin techo. Pero no s&oacute;lo nos preocupamos de su cuerpo, sino tambi&eacute;n precisamente de las necesidades del alma del hombre: de las personas que sufren por la violaci&oacute;n de un derecho o por un amor destruido; de las personas que se encuentran en la oscuridad respecto a la verdad; que sufren por la ausencia de verdad y de amor. Nos preocupamos por la salvaci&oacute;n de los hombres en cuerpo y alma. Y, en cuanto sacerdotes de Jesucristo, lo hacemos con celo. Nadie debe tener nunca la sensaci&oacute;n de que cumplimos concienzudamente nuestro horario de trabajo, pero que antes y despu&eacute;s s&oacute;lo nos pertenecemos a nosotros mismos. Un sacerdote no se pertenece jam&aacute;s a s&iacute; mismo. Las personas han de percibir nuestro celo, mediante el cual damos un testimonio cre&iacute;ble del evangelio de Jesucristo. Pidamos al Se&ntilde;or que nos colme con la alegr&iacute;a de su mensaje, para que con gozoso celo podamos servir a su verdad y a su amor. Am&eacute;n.<\/p>\n<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA CRISMAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica VaticanaJueves Santo 5 de abril de 2012 Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica (V&iacute;deo) &nbsp; Queridos hermanos y hermanas En esta Santa Misa, nuestra mente retorna hacia aquel momento en el que el Obispo, por la imposici&oacute;n de las manos y la oraci&oacute;n, nos introdujo en el sacerdocio de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-2012-santa-misa-crismal\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de abril de 2012: Santa Misa crismal\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41053","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41053","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41053"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41053\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41053"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41053"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41053"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}