{"id":41054,"date":"2016-10-06T15:19:27","date_gmt":"2016-10-06T20:19:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-abril-de-2012-domingo-de-ramos-xxvii-jornada-mundial-de-la-juventud\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:27","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:27","slug":"1-de-abril-de-2012-domingo-de-ramos-xxvii-jornada-mundial-de-la-juventud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-abril-de-2012-domingo-de-ramos-xxvii-jornada-mundial-de-la-juventud\/","title":{"rendered":"1 de abril de 2012: Domingo de Ramos &#8211; XXVII Jornada Mundial de la Juventud"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20120401.pdf\">CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS<br \/> Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<\/a> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"4\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\">Plaza de San Pedro<br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/gmg_2012_sp.html\">XXVII Jornada Mundial de la Juventud<\/a><br \/> Domingo 1 de abril de 2012 <\/font><\/i><\/p>\n<p class=\"style1\" align=\"center\"> <b><font face=\"Times New Roman\">[<\/font><\/b><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_K12ZBM5J\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a>]<br \/> <\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20120401\/index.html\"> Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p> &iexcl;Queridos hermanos y hermanas!<\/p>\n<p> El Domingo de Ramos es el gran p&oacute;rtico que nos lleva a la Semana Santa, la semana en la que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s se dirige hacia la culminaci&oacute;n de su vida terrena. &Eacute;l va a Jerusal&eacute;n para cumplir las Escrituras y para ser colgado en la cruz, el trono desde el cual reinar&aacute; por los siglos, atrayendo a s&iacute; a la humanidad de todos los tiempos y ofrecer a todos el don de la redenci&oacute;n. Sabemos por los evangelios que Jes&uacute;s se hab&iacute;a encaminado hacia Jerusal&eacute;n con los doce, y que poco a poco se hab&iacute;a ido sumando a ellos una multitud creciente de peregrinos. San Marcos nos dice que ya al salir de Jeric&oacute; hab&iacute;a una &laquo;gran muchedumbre&raquo; que segu&iacute;a a Jes&uacute;s (cf. 10,46).<\/p>\n<p> En la &uacute;ltima parte del trayecto se produce un acontecimiento particular, que aumenta la expectativa sobre lo que est&aacute; por suceder y hace que la atenci&oacute;n se centre todav&iacute;a m&aacute;s en Jes&uacute;s. A lo largo del camino, al salir de Jeric&oacute;, est&aacute; sentado un mendigo ciego, llamado Bartimeo. Apenas oye decir que Jes&uacute;s de Nazaret est&aacute; llegando, comienza a gritar: &laquo;&iexcl;Hijo de David, Jes&uacute;s, ten compasi&oacute;n de m&iacute;&raquo; (<em>Mc<\/em> 10,47). Tratan de acallarlo, pero en vano, hasta que Jes&uacute;s lo manda llamar y le invita a acercarse. &laquo;&iquest;Qu&eacute; quieres que te haga?&raquo;, le pregunta. Y &eacute;l contesta: &laquo;<em>Rabbun&iacute;<\/em>, que vea&raquo; (v. 51). Jes&uacute;s le dice: &laquo;Anda, tu fe te ha salvado&raquo;. Bartimeo recobr&oacute; la vista y se puso a seguir a Jes&uacute;s en el camino (cf. v. 52). Y he aqu&iacute; que, tras este signo prodigioso, acompa&ntilde;ado por aquella invocaci&oacute;n: &laquo;Hijo de David&raquo;, un estremecimiento de esperanza atraviesa la multitud, suscitando en muchos una pregunta: &iquest;Este Jes&uacute;s que marchaba delante de ellos a Jerusal&eacute;n, no ser&iacute;a quiz&aacute;s el Mes&iacute;as, el nuevo David? Y, con su ya inminente entrada en la ciudad santa, &iquest;no habr&iacute;a llegado tal vez el momento en el que Dios restaurar&iacute;a finalmente el reino de David?<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n la preparaci&oacute;n del ingreso de Jes&uacute;s con sus disc&iacute;pulos contribuye a aumentar esta esperanza. Como hemos escuchado en el Evangelio de hoy (cf. <em>Mc<\/em> 11,1-10), Jes&uacute;s lleg&oacute; a Jerusal&eacute;n desde Betfag&eacute; y el monte de los Olivos, es decir, la v&iacute;a por la que hab&iacute;a de venir el Mes&iacute;as. Desde all&iacute;, env&iacute;a por delante a dos disc&iacute;pulos, mand&aacute;ndoles que le trajeran un pollino de asna que encontrar&iacute;an a lo largo del camino. Encuentran efectivamente el pollino, lo desatan y lo llevan a Jes&uacute;s. A este punto, el &aacute;nimo de los disc&iacute;pulos y los otros peregrinos se deja ganar por el entusiasmo: toman sus mantos y los echan encima del pollino; otros alfombran con ellos el camino de Jes&uacute;s a medida que avanza a grupas del asno. Despu&eacute;s cortan ramas de los &aacute;rboles y comienzan a gritar las palabras del Salmo 118, las antiguas palabras de bendici&oacute;n de los peregrinos que, en este contexto, se convierten en una proclamaci&oacute;n mesi&aacute;nica: &laquo;&iexcl;Hosanna!, bendito el que viene en el nombre del Se&ntilde;or. &iexcl;Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! &iexcl;Hosanna en las alturas!&raquo; (vv. 9-10). Esta alegr&iacute;a festiva, transmitida por los cuatro evangelistas, es un grito de bendici&oacute;n, un himno de j&uacute;bilo: expresa la convicci&oacute;n un&aacute;nime de que, en Jes&uacute;s, Dios ha visitado su pueblo y ha llegado por fin el Mes&iacute;as deseado. Y todo el mundo est&aacute; all&iacute;, con creciente expectaci&oacute;n por lo que Cristo har&aacute; una vez que entre en su ciudad.<\/p>\n<p> Pero, &iquest;cu&aacute;l es el contenido, la resonancia m&aacute;s profunda de este grito de j&uacute;bilo? La respuesta est&aacute; en toda la Escritura, que nos recuerda c&oacute;mo el Mes&iacute;as lleva a cumplimiento la promesa de la bendici&oacute;n de Dios, la promesa originaria que Dios hab&iacute;a hecho a Abraham, el padre de todos los creyentes: &laquo;Har&eacute; de ti una gran naci&oacute;n, te bendecir&eacute;\u2026 y en ti ser&aacute;n benditas todas las familias de la tierra&raquo; (<em>Gn<\/em> 12,2-3). Es la promesa que Israel siempre hab&iacute;a tenido presente en la oraci&oacute;n, especialmente en la oraci&oacute;n de los Salmos. Por eso, el que es aclamado por la muchedumbre como bendito es al mismo tiempo aquel en el cual ser&aacute; bendecida toda la humanidad. As&iacute;, a la luz de Cristo, la humanidad se reconoce profundamente unida y cubierta por el manto de la bendici&oacute;n divina, una bendici&oacute;n que todo lo penetra, todo lo sostiene, lo redime, lo santifica.<\/p>\n<p> Podemos descubrir aqu&iacute; un primer gran mensaje que nos trae la festividad de hoy: la invitaci&oacute;n a mirar de manera justa a la humanidad entera, a cuantos conforman el mundo, a sus diversas culturas y civilizaciones. La mirada que el creyente recibe de Cristo es una mirada de bendici&oacute;n: una mirada sabia y amorosa, capaz de acoger la belleza del mundo y de compartir su fragilidad. En esta mirada se transparenta la mirada misma de Dios sobre los hombres que &eacute;l ama y sobre la creaci&oacute;n, obra de sus manos. En el <em>Libro de la Sabidur&iacute;a<\/em>, leemos: &laquo;Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste;\u2026 T&uacute; eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Se&ntilde;or, amigo de la vida&raquo; (<em>Sb<\/em> 11,23-24.26).<\/p>\n<p> Volvamos al texto del Evangelio de hoy y pregunt&eacute;monos: &iquest;Qu&eacute; late realmente en el coraz&oacute;n de los que aclaman a Cristo como Rey de Israel? Ciertamente ten&iacute;an su idea del Mes&iacute;as, una idea de c&oacute;mo deb&iacute;a actuar el Rey prometido por los profetas y esperado por tanto tiempo. No es de extra&ntilde;ar que, pocos d&iacute;as despu&eacute;s, la muchedumbre de Jerusal&eacute;n, en vez de aclamar a Jes&uacute;s, gritaran a Pilato: &laquo;&iexcl;Crucif&iacute;calo!&raquo;. Y que los mismos disc&iacute;pulos, como tambi&eacute;n otros que le hab&iacute;an visto y o&iacute;do, permanecieran mudos y desconcertados. En efecto, la mayor parte estaban desilusionados por el modo en que Jes&uacute;s hab&iacute;a decidido presentarse como Mes&iacute;as y Rey de Israel. Este es precisamente el n&uacute;cleo de la fiesta de hoy tambi&eacute;n para nosotros. &iquest;Qui&eacute;n es para nosotros Jes&uacute;s de Nazaret? &iquest;Qu&eacute; idea tenemos del Mes&iacute;as, qu&eacute; idea tenemos de Dios? Esta es una cuesti&oacute;n crucial que no podemos eludir, sobre todo en esta semana en la que estamos llamados a seguir a nuestro Rey, que elige como trono la cruz; estamos llamados a seguir a un Mes&iacute;as que no nos asegura una felicidad terrena f&aacute;cil, sino la felicidad del cielo, la eterna bienaventuranza de Dios. Ahora, hemos de preguntarnos: &iquest;Cu&aacute;les son nuestras verdaderas expectativas? &iquest;Cu&aacute;les son los deseos m&aacute;s profundos que nos han tra&iacute;do hoy aqu&iacute; para celebrar el Domingo de Ramos e iniciar la Semana Santa?<\/p>\n<p> Queridos j&oacute;venes que os hab&eacute;is reunido aqu&iacute;. Esta es de modo particular vuestra Jornada en todo lugar del mundo donde la Iglesia est&aacute; presente. Por eso os saludo con gran afecto. Que el Domingo de Ramos sea para vosotros el d&iacute;a de la decisi&oacute;n, la decisi&oacute;n de acoger al Se&ntilde;or y de seguirlo hasta el final, la decisi&oacute;n de hacer de su Pascua de muerte y resurrecci&oacute;n el sentido mismo de vuestra vida de cristianos. Como he querido recordar en el <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/youth\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20120315_youth.html\"> Mensaje<\/a> a los j&oacute;venes para esta Jornada \u2013 &laquo;alegraos siempre en el Se&ntilde;or&raquo; (<em>Flp<\/em> 4,4) \u2013, esta es la decisi&oacute;n que conduce a la verdadera alegr&iacute;a, como sucedi&oacute; con santa Clara de As&iacute;s que, hace ochocientos a&ntilde;os, fascinada por el ejemplo de san Francisco y de sus primeros compa&ntilde;eros, dej&oacute; la casa paterna precisamente el Domingo de Ramos para consagrarse totalmente al Se&ntilde;or: ten&iacute;a 18 a&ntilde;os, y tuvo el valor de la fe y del amor de optar por Cristo, encontrando en &eacute;l la alegr&iacute;a y la paz.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, que reinen particularmente en este d&iacute;a dos sentimientos: la alabanza, como hicieron aquellos que acogieron a Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n con su &laquo;hosanna&raquo;; y el agradecimiento, porque en esta Semana Santa el Se&ntilde;or Jes&uacute;s renovar&aacute; el don m&aacute;s grande que se puede imaginar, nos entregar&aacute; su vida, su cuerpo y su sangre, su amor. Pero a un don tan grande debemos corresponder de modo adecuado, o sea, con el don de nosotros mismos, de nuestro tiempo, de nuestra oraci&oacute;n, de nuestro estar en comuni&oacute;n profunda de amor con Cristo que sufre, muere y resucita por nosotros. Los antiguos Padres de la Iglesia han visto un s&iacute;mbolo de todo esto en el gesto de la gente que segu&iacute;a a Jes&uacute;s en su ingreso a Jerusal&eacute;n, el gesto de tender los mantos delante del Se&ntilde;or. Ante Cristo \u2013 dec&iacute;an los Padres \u2013, debemos deponer nuestra vida, nuestra persona, en actitud de gratitud y adoraci&oacute;n. En conclusi&oacute;n, escuchemos de nuevo la voz de uno de estos antiguos Padres, la de san Andr&eacute;s, obispo de Creta: &laquo;As&iacute; es como nosotros deber&iacute;amos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo sus pies nuestras t&uacute;nicas o unas ramas inertes, que muy pronto perder&iacute;an su verdor, su fruto y su aspecto agradable, sino revisti&eacute;ndonos de su gracia, es decir, de &eacute;l mismo&#8230; As&iacute; debemos ponernos a sus pies como si fu&eacute;ramos unas t&uacute;nicas&#8230; Ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria. Repitamos cada d&iacute;a aquella sagrada exclamaci&oacute;n que los ni&ntilde;os cantaban, mientras agitamos los ramos espirituales del alma: \u201cBendito el que viene, como rey, en nombre del Se&ntilde;or\u201d&raquo; (<em>PG<\/em> 97, 994). Am&eacute;n.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <span class=\"style2\">&nbsp;&nbsp; <\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza de San Pedro XXVII Jornada Mundial de la Juventud Domingo 1 de abril de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; &iexcl;Queridos hermanos y hermanas! 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