{"id":41055,"date":"2016-10-06T15:19:29","date_gmt":"2016-10-06T20:19:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2012-santa-misa-en-la-plaza-de-la-revolucion-la-habana\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:29","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:29","slug":"28-de-marzo-de-2012-santa-misa-en-la-plaza-de-la-revolucion-la-habana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2012-santa-misa-en-la-plaza-de-la-revolucion-la-habana\/","title":{"rendered":"28 de marzo de 2012: Santa Misa en la Plaza de la Revoluci\u00f3n, La Habana"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2012\/index_messico-cuba.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y A LA REP&Uacute;BLICA DE CUBA <br \/>(23-29 DE MARZO DE 2012)<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA <\/b><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i> Plaza de la Revoluci&oacute;n Jos&eacute; Mart&iacute;, La Habana <br \/> Mi&eacute;rcoles 28 de marzo de 2012<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font face=\"Times New Roman\">[<\/font><\/b><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_YGGLHKGR\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a>]<\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p> &laquo;Bendito eres, Se&ntilde;or Dios\u2026, bendito tu nombre santo y glorioso&raquo; (<i>Dn<\/i> 3,52). Este himno de bendici&oacute;n del libro de Daniel resuena hoy en nuestra liturgia invit&aacute;ndonos reiteradamente a bendecir y alabar a Dios. Somos parte de la multitud de ese coro que celebra al Se&ntilde;or sin cesar. Nos unimos a este concierto de acci&oacute;n de gracias, y ofrecemos nuestra voz alegre y confiada, que busca cimentar en el amor y la verdad el camino de la fe.<\/p>\n<p> &laquo;Bendito sea Dios&raquo; que nos re&uacute;ne en esta emblem&aacute;tica plaza, para que ahondemos m&aacute;s profundamente en su vida. Siento una gran alegr&iacute;a de encontrarme hoy entre ustedes y presidir esta Santa Misa en el coraz&oacute;n de este A&ntilde;o jubilar dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre.<\/p>\n<p> Saludo cordialmente al Cardenal Jaime Ortega y Alamino, Arzobispo de La Habana, y le agradezco las corteses palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Extiendo mi saludo a los Se&ntilde;ores Cardenales, a mis hermanos Obispos de Cuba y de otros pa&iacute;ses, que han querido participar en esta solemne celebraci&oacute;n. Saludo tambi&eacute;n a los sacerdotes, seminaristas, religiosos y a todos los fieles aqu&iacute; congregados, as&iacute; como a las Autoridades que nos acompa&ntilde;an.<\/p>\n<p> En la primera lectura proclamada, los tres j&oacute;venes, perseguidos por el soberano babilonio, prefieren afrontar la muerte abrasados por el fuego antes que traicionar su conciencia y su fe. Ellos encontraron la fuerza de &laquo;alabar, glorificar y bendecir a Dios&raquo; en la convicci&oacute;n de que el Se&ntilde;or del cosmos y la historia no los abandonar&iacute;a a la muerte y a la nada. En efecto, Dios nunca abandona a sus hijos, nunca los olvida. &Eacute;l est&aacute; por encima de nosotros y es capaz de salvarnos con su poder. Al mismo tiempo, es cercano a su pueblo y, por su Hijo Jesucristo, ha deseado poner su morada entre nosotros.<\/p>\n<p> &laquo;Si os manten&eacute;is en mi palabra, ser&eacute;is de verdad disc&iacute;pulos m&iacute;os; conocer&eacute;is la verdad, y la verdad os har&aacute; libres&raquo; (<i>Jn<\/i> 8,31). En este texto del Evangelio que se ha proclamado, Jes&uacute;s se revela como el Hijo de Dios Padre, el Salvador, el &uacute;nico que puede mostrar la verdad y dar la genuina libertad. Su ense&ntilde;anza provoca resistencia e inquietud entre sus interlocutores, y &Eacute;l los acusa de buscar su muerte, aludiendo al supremo sacrificio en la cruz, ya cercano. Aun as&iacute;, los conmina a creer, a mantener la Palabra, para conocer la verdad que redime y dignifica.<\/p>\n<p> En efecto, la verdad es un anhelo del ser humano, y buscarla siempre supone un ejercicio de aut&eacute;ntica libertad. Muchos, sin embargo, prefieren los atajos e intentan eludir esta tarea. Algunos, como Poncio Pilato, ironizan con la posibilidad de poder conocer la verdad (cf. <i>Jn<\/i> 18, 38), proclamando la incapacidad del hombre para alcanzarla o negando que exista una verdad para todos. Esta actitud, como en el caso del escepticismo y el relativismo, produce un cambio en el coraz&oacute;n, haci&eacute;ndolos fr&iacute;os, vacilantes, distantes de los dem&aacute;s y encerrados en s&iacute; mismos. Personas que se lavan las manos como el gobernador romano y dejan correr el agua de la historia sin comprometerse.<\/p>\n<p> Por otra parte, hay otros que interpretan mal esta b&uacute;squeda de la verdad, llev&aacute;ndolos a la irracionalidad y al fanatismo, encerr&aacute;ndose en &laquo;su verdad&raquo; e intentando imponerla a los dem&aacute;s. Son como aquellos legalistas obcecados que, al ver a Jes&uacute;s golpeado y sangrante, gritan enfurecidos: &laquo;&iexcl;Crucif&iacute;calo!&raquo; (cf. <i>Jn<\/i> 19, 6). Sin embargo, quien act&uacute;a irracionalmente no puede llegar a ser disc&iacute;pulo de Jes&uacute;s. Fe y raz&oacute;n son necesarias y complementarias en la b&uacute;squeda de la verdad. Dios cre&oacute; al hombre con una innata vocaci&oacute;n a la verdad y para esto lo dot&oacute; de raz&oacute;n. No es ciertamente la irracionalidad, sino el af&aacute;n de verdad, lo que promueve la fe cristiana. Todo ser humano ha de indagar la verdad y optar por ella cuando la encuentra, aun a riesgo de afrontar sacrificios.<\/p>\n<p> Adem&aacute;s, la verdad sobre el hombre es un presupuesto ineludible para alcanzar la libertad, pues en ella descubrimos los fundamentos de una &eacute;tica con la que todos pueden confrontarse, y que contiene formulaciones claras y precisas sobre la vida y la muerte, los deberes y los derechos, el matrimonio, la familia y la sociedad, en definitiva, sobre la dignidad inviolable del ser humano. Este patrimonio &eacute;tico es lo que puede acercar a todas las culturas, pueblos y religiones, las autoridades y los ciudadanos, y a los ciudadanos entre s&iacute;, a los creyentes en Cristo con quienes no creen en &eacute;l.<\/p>\n<p> El cristianismo, al resaltar los valores que sustentan la &eacute;tica, no impone, sino que propone la invitaci&oacute;n de Cristo a conocer la verdad que hace libres. El creyente est&aacute; llamado a ofrecerla a sus contempor&aacute;neos, como lo hizo el Se&ntilde;or, incluso ante el sombr&iacute;o presagio del rechazo y de la cruz. El encuentro personal con quien es la verdad en persona nos impulsa a compartir este tesoro con los dem&aacute;s, especialmente con el testimonio. <\/p>\n<p> Queridos amigos, no vacilen en seguir a Jesucristo. En &eacute;l hallamos la verdad sobre Dios y sobre el hombre. &Eacute;l nos ayuda a derrotar nuestros ego&iacute;smos, a salir de nuestras ambiciones y a vencer lo que nos oprime. El que obra el mal, el que comete pecado, es esclavo del pecado y nunca alcanzar&aacute; la libertad (cf. <i>Jn<\/i> 8,34). S&oacute;lo renunciando al odio y a nuestro coraz&oacute;n duro y ciego seremos libres, y una vida nueva brotar&aacute; en nosotros. <\/p>\n<p> Convencido de que Cristo es la verdadera medida del hombre, y sabiendo que en &eacute;l se encuentra la fuerza necesaria para afrontar toda prueba, deseo anunciarles abiertamente al Se&ntilde;or Jes&uacute;s como Camino, Verdad y Vida. En &eacute;l todos hallar&aacute;n la plena libertad, la luz para entender con hondura la realidad y transformarla con el poder renovador del amor.<\/p>\n<p> La Iglesia vive para hacer part&iacute;cipes a los dem&aacute;s de lo &uacute;nico que ella tiene, y que no es sino Cristo, esperanza de la gloria (cf. <i>Col<\/i> 1,27). Para poder ejercer esta tarea, ha de contar con la esencial libertad religiosa, que consiste en poder proclamar y celebrar la fe tambi&eacute;n p&uacute;blicamente, llevando el mensaje de amor, reconciliaci&oacute;n y paz que Jes&uacute;s trajo al mundo. Es de reconocer con alegr&iacute;a que en Cuba se han ido dando pasos para que la Iglesia lleve a cabo su misi&oacute;n insoslayable de expresar p&uacute;blica y abiertamente su fe. Sin embargo, es preciso seguir adelante, y deseo animar a las instancias gubernamentales de la Naci&oacute;n a reforzar lo ya alcanzado y a avanzar por este camino de genuino servicio al bien com&uacute;n de toda la sociedad cubana. <\/p>\n<p> El derecho a la libertad religiosa, tanto en su dimensi&oacute;n individual como comunitaria, manifiesta la unidad de la persona humana, que es ciudadano y creyente a la vez. Legitima tambi&eacute;n que los creyentes ofrezcan una contribuci&oacute;n a la edificaci&oacute;n de la sociedad. Su refuerzo consolida la convivencia, alimenta la esperanza en un mundo mejor, crea condiciones propicias para la paz y el desarrollo arm&oacute;nico, al mismo tiempo que establece bases firmes para afianzar los derechos de las generaciones futuras.<\/p>\n<p> Cuando la Iglesia pone de relieve este derecho, no est&aacute; reclamando privilegio alguno. Pretende s&oacute;lo ser fiel al mandato de su divino fundador, consciente de que donde Cristo se hace presente, el hombre crece en humanidad y encuentra su consistencia. Por eso, ella busca dar este testimonio en su predicaci&oacute;n y ense&ntilde;anza, tanto en la catequesis como en &aacute;mbitos escolares y universitarios. Es de esperar que pronto llegue aqu&iacute; tambi&eacute;n el momento de que la Iglesia pueda llevar a los campos del saber los beneficios de la misi&oacute;n que su Se&ntilde;or le encomend&oacute; y que nunca puede descuidar. <\/p>\n<p> Ejemplo preclaro de esta labor fue el insigne sacerdote F&eacute;lix Varela, educador y maestro, hijo ilustre de esta ciudad de La Habana, que ha pasado a la historia de Cuba como el primero que ense&ntilde;&oacute; a pensar a su pueblo. El Padre Varela nos presenta el camino para una verdadera transformaci&oacute;n social: formar hombres virtuosos para forjar una naci&oacute;n digna y libre, ya que esta trasformaci&oacute;n depender&aacute; de la vida espiritual del hombre, pues &laquo;no hay patria sin virtud&raquo; (<i>Cartas a Elpidio<\/i>, carta sexta, Madrid 1836, 220). Cuba y el mundo necesitan cambios, pero &eacute;stos se dar&aacute;n s&oacute;lo si cada uno est&aacute; en condiciones de preguntarse por la verdad y se decide a tomar el camino del amor, sembrando reconciliaci&oacute;n y fraternidad.<\/p>\n<p> Invocando la materna protecci&oacute;n de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, pidamos que cada vez que participemos en la Eucarist&iacute;a nos hagamos tambi&eacute;n testigos de la caridad, que responde al mal con el bien (cf. <i>Rm<\/i> 12,21), ofreci&eacute;ndonos como hostia viva a quien amorosamente se entreg&oacute; por nosotros. Caminemos a la luz de Cristo, que es el que puede destruir la tiniebla del error. Supliqu&eacute;mosle que, con el valor y la reciedumbre de los santos, lleguemos a dar una respuesta libre, generosa y coherente a Dios, sin miedos ni rencores.<\/p>\n<p> Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y A LA REP&Uacute;BLICA DE CUBA (23-29 DE MARZO DE 2012) SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza de la Revoluci&oacute;n Jos&eacute; Mart&iacute;, La Habana Mi&eacute;rcoles 28 de marzo de 2012 [V&iacute;deo] &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: &laquo;Bendito eres, Se&ntilde;or Dios\u2026, bendito tu nombre santo y glorioso&raquo; (Dn 3,52). &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2012-santa-misa-en-la-plaza-de-la-revolucion-la-habana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de marzo de 2012: Santa Misa en la Plaza de la Revoluci\u00f3n, La Habana\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41055","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41055","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41055"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41055\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41055"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41055"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41055"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}