{"id":41056,"date":"2016-10-06T15:19:30","date_gmt":"2016-10-06T20:19:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-marzo-de-2012-santa-misa-con-ocasion-del-400-aniversario-del-hallazgo-de-la-virgen-de-la-caridad-del-cobre-plaza-antonio-maceo-de-santiago-de-cuba\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:30","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:30","slug":"26-de-marzo-de-2012-santa-misa-con-ocasion-del-400-aniversario-del-hallazgo-de-la-virgen-de-la-caridad-del-cobre-plaza-antonio-maceo-de-santiago-de-cuba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-marzo-de-2012-santa-misa-con-ocasion-del-400-aniversario-del-hallazgo-de-la-virgen-de-la-caridad-del-cobre-plaza-antonio-maceo-de-santiago-de-cuba\/","title":{"rendered":"26 de marzo de 2012: Santa Misa con ocasi\u00f3n del 400\u00b0 aniversario del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre, Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2012\/index_messico-cuba.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y A LA REP&Uacute;BLICA DE CUBA<br \/> (23-29 DE MARZO DE 2012)<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA CON OCASI&Oacute;N DEL 400&deg; ANIVERSARIO<br \/> DEL HALLAZGO DE LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"4\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba<br \/> Solemnidad de la Anunciaci&oacute;n del Se&ntilde;or<br \/> Lunes 26 de marzo de 2012<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font face=\"Times New Roman\">[<\/font><\/b><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_TCEEPJKA\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a>]<\/b><\/font><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> <i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p> Doy gracias a Dios que me ha permitido venir hasta ustedes y realizar este tan deseado viaje. Saludo a Monse&ntilde;or Dionisio Garc&iacute;a Ib&aacute;&ntilde;ez, Arzobispo de Santiago de Cuba, agradeci&eacute;ndole sus amables palabras de acogida en nombre de todos; saludo asimismo a los obispos cubanos y a los venidos de otros lugares, as&iacute; como a los sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles laicos presentes en esta celebraci&oacute;n. No puedo olvidar a los que por enfermedad, avanzada edad u otros motivos, no han podido estar aqu&iacute; con nosotros. Saludo tambi&eacute;n a las autoridades que han querido gentilmente acompa&ntilde;arnos.<\/p>\n<p> Esta santa Misa, que tengo la alegr&iacute;a de presidir por primera vez en mi visita pastoral a este pa&iacute;s, se inserta en el contexto del A&ntilde;o Jubilar mariano, convocado para honrar y venerar a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, en el cuatrocientos aniversario del hallazgo y presencia de su venerada imagen en estas tierras benditas. No ignoro el sacrificio y dedicaci&oacute;n con que se ha preparado este jubileo, especialmente en lo espiritual. Me ha llenado de emoci&oacute;n conocer el fervor con el que Mar&iacute;a ha sido saludada e invocada por tantos cubanos, en su peregrinaci&oacute;n por todos los rincones y lugares de la Isla.<\/p>\n<p> Estos acontecimientos importantes de la Iglesia en Cuba se ven iluminados con inusitado resplandor por la fiesta que hoy celebra la Iglesia universal: la anunciaci&oacute;n del Se&ntilde;or a la Virgen Mar&iacute;a. En efecto, la encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios es el misterio central de la fe cristiana, y en &eacute;l, Mar&iacute;a ocupa un puesto de primer orden. Pero, &iquest;cu&aacute;l es el significado de este misterio? Y, &iquest;cu&aacute;l es la importancia que tiene para nuestra vida concreta?<\/p>\n<p> Veamos ante todo qu&eacute; significa la encarnaci&oacute;n. En el evangelio de san Lucas hemos escuchado las palabras del &aacute;ngel a Mar&iacute;a: &laquo;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti, y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamar&aacute; Hijo de Dios&raquo; (<i>Lc<\/i> 1,35). En Mar&iacute;a, el Hijo de Dios se hace hombre, cumpli&eacute;ndose as&iacute; la profec&iacute;a de Isa&iacute;as: &laquo;Mirad, la virgen est&aacute; encinta y da a luz un hijo, y le pondr&aacute; por nombre Emmanuel, que significa \u201cDios-con-nosotros\u201d&raquo; (<i>Is<\/i> 7,14). S&iacute;, Jes&uacute;s, el Verbo hecho carne, es el Dios-con-nosotros, que ha venido a habitar entre nosotros y a compartir nuestra misma condici&oacute;n humana. El ap&oacute;stol san Juan lo expresa de la siguiente manera: &laquo;Y el Verbo se hizo carne, y habit&oacute; entre nosotros&raquo; (<i>Jn<\/i> 1,14). La expresi&oacute;n &laquo;se hizo carne&raquo; apunta a la realidad humana m&aacute;s concreta y tangible. En Cristo, Dios ha venido realmente al mundo, ha entrado en nuestra historia, ha puesto su morada entre nosotros, cumpli&eacute;ndose as&iacute; la &iacute;ntima aspiraci&oacute;n del ser humano de que el mundo sea realmente un hogar para el hombre. En cambio, cuando Dios es arrojado fuera, el mundo se convierte en un lugar inh&oacute;spito para el hombre, frustrando al mismo tiempo la verdadera vocaci&oacute;n de la creaci&oacute;n de ser espacio para la alianza, para el &laquo;s&iacute;&raquo; del amor entre Dios y la humanidad que le responde. Y as&iacute; hizo Mar&iacute;a como primicia de los creyentes con su &laquo;s&iacute;&raquo; al Se&ntilde;or sin reservas.<\/p>\n<p> Por eso, al contemplar el misterio de la encarnaci&oacute;n no podemos dejar de dirigir a ella nuestros ojos, para llenarnos de asombro, de gratitud y amor al ver c&oacute;mo nuestro Dios, al entrar en el mundo, ha querido contar con el consentimiento libre de una criatura suya. S&oacute;lo cuando la Virgen respondi&oacute; al &aacute;ngel, &laquo;aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&raquo; (<i>Lc<\/i> 1,38), a partir de ese momento el Verbo eterno del Padre comenz&oacute; su existencia humana en el tiempo. Resulta conmovedor ver c&oacute;mo Dios no s&oacute;lo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla. Y vemos tambi&eacute;n c&oacute;mo el comienzo de la existencia terrena del Hijo de Dios est&aacute; marcado por un doble &laquo;s&iacute;&raquo; a la voluntad salv&iacute;fica del Padre, el de Cristo y el de Mar&iacute;a. Esta obediencia a Dios es la que abre las puertas del mundo a la verdad, a la salvaci&oacute;n. En efecto, Dios nos ha creado como fruto de su amor infinito, por eso vivir conforme a su voluntad es el camino para encontrar nuestra genuina identidad, la verdad de nuestro ser, mientras que apartarse de Dios nos aleja de nosotros mismos y nos precipita en el vac&iacute;o. La obediencia en la fe es la verdadera libertad, la aut&eacute;ntica redenci&oacute;n, que nos permite unirnos al amor de Jes&uacute;s en su esfuerzo por conformarse a la voluntad del Padre. La redenci&oacute;n es siempre este proceso de llevar la voluntad humana a la plena comuni&oacute;n con la voluntad divina (cf. <i><a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2010\/february\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20100218_parroci-roma.html\">Lectio divina con el clero de Roma<\/a><\/i>, 18 febrero 2010).<\/p>\n<p> Queridos hermanos, hoy alabamos a la Virgen Sant&iacute;sima por su fe y con santa Isabel le decimos tambi&eacute;n nosotros: &laquo;Bienaventurada la que ha cre&iacute;do&raquo; (<i>Lc<\/i> 1,45). Como dice san Agust&iacute;n, Mar&iacute;a concibi&oacute; antes a Cristo por la fe en su coraz&oacute;n que f&iacute;sicamente en su vientre; Mar&iacute;a crey&oacute; y se cumpli&oacute; en ella lo que cre&iacute;a (cf. <i>Serm&oacute;n<\/i> 215, 4: <i>PL<\/i> 38,1074). Pidamos nosotros al Se&ntilde;or que nos aumente la fe, que la haga activa y fecunda en el amor. Pid&aacute;mosle que sepamos como ella acoger en nuestro coraz&oacute;n la palabra de Dios y llevarla a la pr&aacute;ctica con docilidad y constancia.<\/p>\n<p> La Virgen Mar&iacute;a, por su papel insustituible en el misterio de Cristo, representa la imagen y el modelo de la Iglesia. Tambi&eacute;n la Iglesia, al igual que hizo la Madre de Cristo, est&aacute; llamada a acoger en s&iacute; el misterio de Dios que viene a habitar en ella. Queridos hermanos, s&eacute; con cu&aacute;nto esfuerzo, audacia y abnegaci&oacute;n trabajan cada d&iacute;a para que, en las circunstancias concretas de su Pa&iacute;s, y en este tiempo de la historia, la Iglesia refleje cada vez m&aacute;s su verdadero rostro como lugar en el que Dios se acerca y encuentra con los hombres. La Iglesia, cuerpo vivo de Cristo, tiene la misi&oacute;n de prolongar en la tierra la presencia salv&iacute;fica de Dios, de abrir el mundo a algo m&aacute;s grande que s&iacute; mismo, al amor y la luz de Dios. Vale la pena, queridos hermanos, dedicar toda la vida a Cristo, crecer cada d&iacute;a en su amistad y sentirse llamado a anunciar la belleza y bondad de su vida a todos los hombres, nuestros hermanos. Les aliento en su tarea de sembrar el mundo con la Palabra de Dios y de ofrecer a todos el alimento verdadero del cuerpo de Cristo. Cercana ya la Pascua, decid&aacute;monos sin miedos ni complejos a seguir a Jes&uacute;s en su camino hacia la cruz. Aceptemos con paciencia y fe cualquier contrariedad o aflicci&oacute;n, con la convicci&oacute;n de que, en su resurrecci&oacute;n, &eacute;l ha derrotado el poder del mal que todo lo oscurece, y ha hecho amanecer un mundo nuevo, el mundo de Dios, de la luz, de la verdad y la alegr&iacute;a. El Se&ntilde;or no dejar&aacute; de bendecir con frutos abundantes la generosidad de su entrega.<\/p>\n<p> El misterio de la encarnaci&oacute;n, en el que Dios se hace cercano a nosotros, nos muestra tambi&eacute;n la dignidad incomparable de toda vida humana. Por eso, en su proyecto de amor, desde la creaci&oacute;n, Dios ha encomendado a la familia fundada en el matrimonio la alt&iacute;sima misi&oacute;n de ser c&eacute;lula fundamental de la sociedad y verdadera Iglesia dom&eacute;stica. Con esta certeza, ustedes, queridos esposos, han de ser, de modo especial para sus hijos, signo real y visible del amor de Cristo por la Iglesia. Cuba tiene necesidad del testimonio de su fidelidad, de su unidad, de su capacidad de acoger la vida humana, especialmente la m&aacute;s indefensa y necesitada.<\/p>\n<p> Queridos hermanos, ante la mirada de la Virgen de la Caridad del Cobre, deseo hacer un llamado para que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perd&oacute;n y la comprensi&oacute;n, luchen para construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, m&aacute;s digna del hombre, que refleje m&aacute;s la bondad de Dios.<\/p>\n<p> Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y A LA REP&Uacute;BLICA DE CUBA (23-29 DE MARZO DE 2012) SANTA MISA CON OCASI&Oacute;N DEL 400&deg; ANIVERSARIO DEL HALLAZGO DE LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba Solemnidad de la Anunciaci&oacute;n del Se&ntilde;or Lunes 26 de marzo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-marzo-de-2012-santa-misa-con-ocasion-del-400-aniversario-del-hallazgo-de-la-virgen-de-la-caridad-del-cobre-plaza-antonio-maceo-de-santiago-de-cuba\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab26 de marzo de 2012: Santa Misa con ocasi\u00f3n del 400\u00b0 aniversario del hallazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre, Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41056","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41056","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41056"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41056\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41056"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41056"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41056"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}