{"id":41059,"date":"2016-10-06T15:19:34","date_gmt":"2016-10-06T20:19:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-marzo-2012-visperas-con-ocasion-de-la-visita-del-arzobispo-de-canterbury\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:34","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:34","slug":"10-de-marzo-2012-visperas-con-ocasion-de-la-visita-del-arzobispo-de-canterbury","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-marzo-2012-visperas-con-ocasion-de-la-visita-del-arzobispo-de-canterbury\/","title":{"rendered":"10 de marzo 2012: V\u00edsperas con ocasi\u00f3n de la visita del Arzobispo de Canterbury"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20120310.pdf\"> V&Iacute;SPERAS CON OCASI&Oacute;N DE LA VISITA DEL ARZOBISPO DE CANTERBURY<\/a> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Gregorio en el Celio<br \/> S&aacute;bado 10 de marzo de 2012<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font face=\"Times New Roman\">[<\/font><\/b><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_7TP3LCU6\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a>]<br \/> <\/b><\/font><i><span lang=\"es\"><b> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20120310\/index.html\"> Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Vuestra Gracia, <br \/> venerados hermanos, <br \/> queridos monjes y monjas camaldulenses, <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Para m&iacute; es motivo de gran alegr&iacute;a estar aqu&iacute; hoy, en esta bas&iacute;lica de San Gregorio en el Celio para la solemne celebraci&oacute;n vespertina en la memoria de la muerte de san Gregorio Magno. Con vosotros, queridos hermanos y hermanas de la familia camaldulense, doy gracias a Dios por los mil a&ntilde;os de la fundaci&oacute;n del sagrado eremitorio de Cam&aacute;ldoli por obra de san Romualdo. Me alegra vivamente la presencia, en esta circunstancia especial, de Su Gracia el doctor Rowan Williams, arzobispo de Canterbury. A usted, querido hermano en Cristo, a cada uno de vosotros, queridos monjes y monjas, y a todos los presentes dirijo mi cordial saludo. <\/p>\n<p>Hemos escuchado dos pasajes de san Pablo. El primero, tomado de la <i>segunda carta a los Corintios, <\/i>est&aacute; especialmente en sinton&iacute;a con el tiempo lit&uacute;rgico que estamos viviendo: la Cuaresma. De hecho, contiene la exhortaci&oacute;n del Ap&oacute;stol a aprovechar el momento favorable para acoger la gracia de Dios. El momento favorable es naturalmente aquel en que Jesucristo vino a revelarnos y donarnos el amor de Dios por nosotros, con su encarnaci&oacute;n, pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n. El &laquo;d&iacute;a de la salvaci&oacute;n&raquo; es la realidad que san Pablo llama en otro lugar la &laquo;plenitud de los tiempos&raquo;, el momento en que Dios, al encarnarse, entra de un modo totalmente singular en el tiempo y lo llena con su gracia. A nosotros corresponde, por consiguiente, acoger este don, que es Jes&uacute;s mismo: su Persona, su Palabra, su Santo Esp&iacute;ritu. Adem&aacute;s, igualmente en la primera lectura que hemos escuchado, san Pablo nos habla tambi&eacute;n de s&iacute; mismo y de su apostolado: de c&oacute;mo &eacute;l se esfuerza por ser fiel a Dios en su ministerio, para que sea verdaderamente eficaz y no se transforme en un obst&aacute;culo para la fe. Estas palabras nos hacen pensar en san Gregorio Magno, en el testimonio luminoso que dio al pueblo de Roma y a toda la Iglesia con un servicio irreprensible y lleno de celo por el Evangelio. Verdaderamente se puede aplicar tambi&eacute;n a san Gregorio lo que san Pablo escribi&oacute; de s&iacute; mismo: la gracia de Dios en &eacute;l no fue vana (cf. <i>1 Co<\/i> 15, 10). En realidad, este es el secreto para la vida de cada uno de nosotros: acoger la gracia de Dios y consentir con todo el coraz&oacute;n y con todas las fuerzas su acci&oacute;n. Este es tambi&eacute;n el secreto de la verdadera alegr&iacute;a y de la paz profunda. <\/p>\n<p>La segunda lectura, en cambio, est&aacute; tomada de la <i>carta a los Colosenses<\/i>. Son las palabras \u2014siempre tan conmovedoras por su dimensi&oacute;n espiritual y pastoral\u2014 que el Ap&oacute;stol dirige a los miembros de esa comunidad para formarlos seg&uacute;n el Evangelio, a fin de que todo lo que hagan, &laquo;de palabra o de obra, lo realicen en nombre del Se&ntilde;or Jes&uacute;s&raquo; (cf. <i>Col<\/i> 3, 17). &laquo;Sed perfectos&raquo; hab&iacute;a dicho el Maestro a sus disc&iacute;pulos; y ahora el Ap&oacute;stol exhorta a vivir seg&uacute;n esta alta medida de la vida cristiana que es la santidad. Puede hacerlo porque los hermanos a los que se dirige son &laquo;elegidos de Dios, santos y amados&raquo;. Tambi&eacute;n aqu&iacute;, en la base de todo est&aacute; la gracia de Dios, est&aacute; el don de la llamada, el misterio del encuentro con Jes&uacute;s vivo. Pero esta gracia exige la respuesta de los bautizados: requiere el compromiso de revestirse de los sentimientos de Cristo: compasi&oacute;n entra&ntilde;able, bondad, humildad, mansedumbre, magnanimidad, perd&oacute;n rec&iacute;proco y, sobre todo, como s&iacute;ntesis y coronamiento, el <i>agape<\/i>, el amor que Dios nos ha donado mediante Jes&uacute;s y que el Esp&iacute;ritu Santo ha derramado en nuestro coraz&oacute;n. Y para revestirse de Cristo es necesario que su Palabra habite entre nosotros y en nosotros con toda su riqueza, y en abundancia. En un clima de constante acci&oacute;n de gracias, la comunidad cristiana se alimenta de la Palabra y eleva hacia Dios, como canto de alabanza, la Palabra que &eacute;l mismo nos ha donado. Y toda acci&oacute;n, todo gesto, todo servicio, se realiza dentro de esta relaci&oacute;n profunda con Dios, en el movimiento interior del amor trinitario que desciende hacia nosotros y vuelve a ascender hacia Dios, movimiento que en la celebraci&oacute;n del sacrificio eucar&iacute;stico encuentra su forma m&aacute;s elevada. <\/p>\n<p>Esta Palabra ilumina tambi&eacute;n las alegres circunstancias que nos re&uacute;nen hoy, en el nombre de san Gregorio Magno. Gracias a la fidelidad y a la benevolencia del Se&ntilde;or, la congregaci&oacute;n de los monjes camaldulenses de la Orden de San Benito ha podido recorrer mil a&ntilde;os de historia, aliment&aacute;ndose a diario de la Palabra de Dios y de la Eucarist&iacute;a, como les hab&iacute;a ense&ntilde;ado su fundador san Romualdo, seg&uacute;n el &laquo;<i>triplex bonum<\/i>&raquo; de la soledad, de la vida en com&uacute;n y de la evangelizaci&oacute;n. Figuras ejemplares de hombres y mujeres de Dios, como san Pedro Dami&aacute;n, Graciano \u2014el autor del <i>Decretum<\/i>\u2014, san Bruno de Querfurt y los cinco hermanos m&aacute;rtires, Rodolfo I y II, la beata Gherardesca, la beata Juana de Bagno y el beato Pablo Giustiniani; hombres de ciencia y de arte como fray Mauro el Cosm&oacute;grafo, Lorenzo M&oacute;naco, Ambrogio Traversari, Pietro Delfino y Guido Grandi; historiadores ilustres como los analistas camaldulenses Giovanni Benedetto Mittarelli y Anselmo Costadoni; celosos pastores de la Iglesia, entre los que destaca el Papa Gregorio XVI, mostraron los horizontes y la gran fecundidad de la tradici&oacute;n camaldulense.<\/p>\n<p>Cada fase de la larga historia de los camaldulenses ha contado con testigos fieles del Evangelio, no s&oacute;lo en el silencio del ocultamiento y de la soledad, y en la vida com&uacute;n compartida con los hermanos, sino tambi&eacute;n en el servicio humilde y generoso a todos. Especialmente fecunda ha sido la acogida ofrecida por las hospeder&iacute;as camaldulenses. En tiempos del humanismo florentino, dentro de los muros de Cam&aacute;ldoli se tuvieron las famosas <i>disputationes, <\/i>en las que participaron grandes humanistas como Marsilio Ficino y Cristoforo Landino; en los a&ntilde;os dram&aacute;ticos de la segunda guerra mundial, los mismos claustros propiciaron el nacimiento del c&eacute;lebre &laquo;C&oacute;dice de Cam&aacute;ldoli&raquo;, una de las fuentes m&aacute;s significativas de la Constituci&oacute;n de la Rep&uacute;blica italiana. No fueron menos fecundos los a&ntilde;os del concilio Vaticano II, durante los cuales maduraron entre los camaldulenses personalidades de gran valor, que han enriquecido a la congregaci&oacute;n y a la Iglesia, y han promovido nuevos impulsos y nuevas sedes en Estados Unidos, en Tanzania, en India y en Brasil. En todo esto era garant&iacute;a de fecundidad el apoyo de los monjes y monjas que acompa&ntilde;aban las nuevas fundaciones con la oraci&oacute;n constante, vivida en la intimidad de su &laquo;reclusi&oacute;n&raquo;, alguna vez incluso hasta el hero&iacute;smo. <\/p>\n<p>El 17 de septiembre de 1993, el beato Papa Juan Pablo II, al encontrarse con los monjes del sagrado eremitorio de Cam&aacute;ldoli, comentaba el tema de su inminente cap&iacute;tulo general, &laquo;Elegir la esperanza, elegir el futuro&raquo;, con estas palabras: &laquo;Elegir la esperanza y el futuro significa, en resumidas cuentas, elegir a Dios\u2026 Significa elegir a Cristo, esperanza de todo hombre&raquo;. Y a&ntilde;ad&iacute;a: &laquo;Eso se realiza, de manera especial, en la forma de vida que Dios mismo ha suscitado en la Iglesia, impulsando a san Romualdo para que fundara la familia benedictina de Cam&aacute;ldoli, con sus elementos complementarios t&iacute;picos: eremitorio y monasterio, vida solitaria y vida cenob&iacute;tica, coordinadas entre s&iacute;&raquo; (<i>L\u2019Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 1 de octubre de 1993, p. 7). Mi beato predecesor subray&oacute; adem&aacute;s que &laquo;elegir a Dios quiere decir tambi&eacute;n cultivar con humildad y paciencia \u2014es decir, aceptando los tiempos de Dios\u2014 el di&aacute;logo ecum&eacute;nico e interreligioso&raquo;, siempre partiendo de la fidelidad al carisma originario recibido de san Romualdo y transmitido a trav&eacute;s de una tradici&oacute;n milenaria y pluriforme. <\/p>\n<p>Estimulados por la visita y por las palabras del Sucesor de Pedro, los monjes y monjas camaldulenses hab&eacute;is proseguido vuestro camino buscando siempre de nuevo el justo equilibrio entre el esp&iacute;ritu erem&iacute;tico y el cenob&iacute;tico, entre la exigencia de dedicaros totalmente a Dios en la soledad y la de sosteneros en la oraci&oacute;n com&uacute;n y la de la acoger a los hermanos para que puedan beber en las fuentes de la vida espiritual y juzgar las vicisitudes del mundo con conciencia verdaderamente evang&eacute;lica. As&iacute; trat&aacute;is de conseguir la <i>perfecta caritas <\/i> que san Gregorio Magno consideraba punto de llegada de toda manifestaci&oacute;n de la fe, compromiso que encuentra confirmaci&oacute;n en el lema de vuestro escudo: &laquo;<i>Ego Vobis, Vos Mihi<\/i>&raquo;, s&iacute;ntesis de la f&oacute;rmula de alianza entre Dios y su pueblo, y fuente de la vitalidad perenne de vuestro carisma. <\/p>\n<p>El monasterio de San Gregorio en el Celio es el contexto romano en que celebramos el milenio de Cam&aacute;ldoli junto a Su Gracia el arzobispo de Canterbury que, juntamente con nosotros, reconoce este monasterio como lugar originario del v&iacute;nculo entre el cristianismo en las tierras brit&aacute;nicas y la Iglesia de Roma. Esta celebraci&oacute;n, por consiguiente, tiene un profundo car&aacute;cter ecum&eacute;nico que, como sabemos, ya forma parte del esp&iacute;ritu camaldulense contempor&aacute;neo. Este monasterio camaldulense romano ha desarrollado con Canterbury y la Comuni&oacute;n anglicana, sobre todo despu&eacute;s del concilio Vaticano II, v&iacute;nculos ya tradicionales. Por tercera vez hoy el Obispo de Roma se encuentra con el arzobispo de Canterbury en la casa de san Gregorio Magno. Y es justo que sea as&iacute;, porque precisamente de este monasterio el Papa Gregorio escogi&oacute; a Agust&iacute;n y a sus cuarenta monjes para enviarlos a llevar el Evangelio a los anglos, hace poco m&aacute;s de mil cuatrocientos a&ntilde;os. La presencia constante de monjes en este lugar, y durante un tiempo tan largo, ya es en s&iacute; misma un testimonio de la fidelidad de Dios a su Iglesia, que nos sentimos felices de poder proclamar al mundo entero. El signo que realizaremos ante el santo altar donde san Gregorio mismo celebraba el sacrificio eucar&iacute;stico, esperamos que permanezca no s&oacute;lo como recuerdo de nuestro encuentro fraterno, sino tambi&eacute;n como est&iacute;mulo para todos los fieles, tanto cat&oacute;licos como anglicanos, para que, al visitar en Roma los sepulcros de los santos ap&oacute;stoles y m&aacute;rtires, renueven tambi&eacute;n el compromiso de orar constantemente y de trabajar en favor de la unidad, para vivir plenamente seg&uacute;n el &laquo;<i>ut unum sint<\/i>&raquo; que Jes&uacute;s dirigi&oacute; al Padre.<\/p>\n<p>Este deseo profundo, que tenemos la alegr&iacute;a de compartir, lo encomendamos a la celestial intercesi&oacute;n de san Gregorio Magno y de san Romualdo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <span class=\"style1\">&nbsp; <\/span>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V&Iacute;SPERAS CON OCASI&Oacute;N DE LA VISITA DEL ARZOBISPO DE CANTERBURY HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Gregorio en el Celio S&aacute;bado 10 de marzo de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Vuestra Gracia, venerados hermanos, queridos monjes y monjas camaldulenses, queridos hermanos y hermanas: Para m&iacute; es motivo de gran alegr&iacute;a estar aqu&iacute; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-marzo-2012-visperas-con-ocasion-de-la-visita-del-arzobispo-de-canterbury\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de marzo 2012: V\u00edsperas con ocasi\u00f3n de la visita del Arzobispo de Canterbury\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41059","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41059","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41059"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41059\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41059"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41059"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41059"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}