{"id":41060,"date":"2016-10-06T15:19:36","date_gmt":"2016-10-06T20:19:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-marzo-2012-santa-misa-en-la-parroquia-romana-de-san-juan-bautista-de-la-salle-en-el-barrio-torrino\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:36","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:36","slug":"4-de-marzo-2012-santa-misa-en-la-parroquia-romana-de-san-juan-bautista-de-la-salle-en-el-barrio-torrino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-marzo-2012-santa-misa-en-la-parroquia-romana-de-san-juan-bautista-de-la-salle-en-el-barrio-torrino\/","title":{"rendered":"4 de marzo 2012: Santa Misa en la parroquia romana de San Juan Bautista de La Salle, en el barrio Torrino"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA<br \/> DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE, EN TORRINO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/b> <\/p>\n<p> Domingo 4 de marzo de 2012<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font face=\"Times New Roman\">[<\/font><\/b><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_BWUIKJSJ\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a>]<br \/> <\/b><\/font> <b><i><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20120304\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de San Juan Bautista de la Salle: <\/i> <\/p>\n<p>En primer lugar, quiero decir, con todo mi coraz&oacute;n, gracias por esta acogida tan cordial, calurosa. Gracias al buen p&aacute;rroco por sus hermosas palabras; gracias por este esp&iacute;ritu de familiaridad que encuentro. Somos realmente familia de Dios, y el hecho de que veis en el Papa tambi&eacute;n al pap&aacute;, es para m&iacute; algo muy hermoso, que me anima. Pero ahora debemos pensar que tampoco el Papa es la &uacute;ltima instancia: la &uacute;ltima instancia es el Se&ntilde;or y miramos al Se&ntilde;or para percibir, para captar \u2014en la medida de lo posible\u2014 algo del mensaje de este segundo domingo de Cuaresma. <\/p>\n<p>La liturgia de este d&iacute;a nos prepara sea para el misterio de la Pasi&oacute;n \u2014como escuchamos en la primera lectura\u2014 sea para la alegr&iacute;a de la Resurrecci&oacute;n. <\/p>\n<p>La primera lectura nos refiere el episodio en el que Dios pone a prueba a Abrah&aacute;n (cf. <i>Gn<\/i> 22, 1-18). Abrah&aacute;n ten&iacute;a un hijo &uacute;nico, Isaac, que le naci&oacute; en la vejez. Era el hijo de la promesa, el hijo que deber&iacute;a llevar luego la salvaci&oacute;n tambi&eacute;n a los pueblos. Pero un d&iacute;a Abrah&aacute;n recibe de Dios la orden de ofrecerlo en sacrificio. El anciano patriarca se encuentra ante la perspectiva de un sacrificio que para &eacute;l, padre, es ciertamente el mayor que se pueda imaginar. Sin embargo, no duda ni siquiera un instante y, despu&eacute;s de preparar lo necesario, parte junto con Isaac hacia el lugar establecido. Y podemos imaginar esta caminata hacia la cima del monte, lo que sucedi&oacute; en su coraz&oacute;n y en el coraz&oacute;n de su hijo. Construye un altar, coloca la le&ntilde;a y, despu&eacute;s de atar al muchacho, aferra el cuchillo para inmolarlo. Abrah&aacute;n se f&iacute;a de Dios hasta tal punto que est&aacute; dispuesto incluso a sacrificar a su propio hijo y, juntamente con el hijo, su futuro, porque sin ese hijo la promesa de la tierra no serv&iacute;a para nada, acabar&iacute;a en la nada. Y sacrificando a su hijo se sacrifica a s&iacute; mismo, todo su futuro, toda la promesa. Es realmente un acto de fe radical&iacute;simo. En ese momento lo detiene una orden de lo alto: Dios no quiere la muerte, sino la vida; el verdadero sacrificio no da muerte, sino que es la vida, y la obediencia de Abrah&aacute;n se convierte en fuente de una inmensa bendici&oacute;n hasta hoy. Dejemos esto, pero podemos meditar este misterio. <\/p>\n<p>En la segunda lectura, san Pablo afirma que Dios mismo realiz&oacute; un sacrificio: nos dio a su propio Hijo, lo don&oacute; en la cruz para vencer el pecado y la muerte, para vencer al maligno y para superar toda la malicia que existe en el mundo. Y esta extraordinaria misericordia de Dios suscita la admiraci&oacute;n del Ap&oacute;stol y una profunda confianza en la fuerza del amor de Dios a nosotros; de hecho, san Pablo afirma: &laquo;[Dios], que no se reserv&oacute; a su propio Hijo, sino que lo entreg&oacute; por todos nosotros, &iquest;c&oacute;mo no nos dar&aacute; todo con &eacute;l?&raquo; (<i>Rm<\/i> 8, 32). Si Dios se da a s&iacute; mismo en el Hijo, nos da todo. Y san Pablo insiste en la potencia del sacrificio redentor de Cristo contra cualquier otro poder que pueda amenazar nuestra vida. Se pregunta: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n acusar&aacute; a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. &iquest;Qui&eacute;n condenar&aacute;? &iquest;Acaso Cristo Jes&uacute;s, que muri&oacute;; m&aacute;s todav&iacute;a, resucit&oacute; y est&aacute; a la derecha de Dios y que adem&aacute;s intercede por nosotros?&raquo; (vv. 33-34). Nosotros estamos en el coraz&oacute;n de Dios; esta es nuestra gran confianza. Esto crea amor y en el amor vamos hacia Dios. Si Dios ha entregado a su propio Hijo por todos nosotros, nadie podr&aacute; acusarnos, nadie podr&aacute; condenarnos, nadie podr&aacute; separarnos de su inmenso amor. Precisamente el sacrificio supremo de amor en la cruz, que el Hijo de Dios acept&oacute; y eligi&oacute; voluntariamente, se convierte en fuente de nuestra justificaci&oacute;n, de nuestra salvaci&oacute;n. Y pensemos que en la Sagrada Eucarist&iacute;a siempre est&aacute; presente este acto del Se&ntilde;or, que en su coraz&oacute;n permanece por toda la eternidad, y este acto de su coraz&oacute;n nos atrae, nos une a &eacute;l. <\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, el Evangelio nos habla del episodio de la Transfiguraci&oacute;n (cf. <i> Mc<\/i> 9, 2-10): Jes&uacute;s se manifiesta en su gloria antes del sacrificio de la cruz y Dios Padre lo proclama su Hijo predilecto, el amado, e invita a los disc&iacute;pulos a escucharlo. Jes&uacute;s sube a un monte alto y toma consigo a tres ap&oacute;stoles \u2014Pedro, Santiago y Juan\u2014, que estar&aacute;n especialmente cercanos a &eacute;l en la agon&iacute;a extrema, en otro monte, el de los Olivos. Poco tiempo antes el Se&ntilde;or hab&iacute;a anunciado su pasi&oacute;n y Pedro no hab&iacute;a logrado comprender por qu&eacute; el Se&ntilde;or, el Hijo de Dios, hablaba de sufrimiento, de rechazo, de muerte, de cruz; m&aacute;s a&uacute;n, se hab&iacute;a opuesto decididamente a esta perspectiva. Ahora Jes&uacute;s toma consigo a los tres disc&iacute;pulos para ayudarlos a comprender que el camino para llegar a la gloria, el camino del amor luminoso que vence las tinieblas, pasa por la entrega total de s&iacute; mismo, pasa por el esc&aacute;ndalo de la cruz. Y el Se&ntilde;or debe tomar consigo, siempre de nuevo, tambi&eacute;n a nosotros, al menos para comenzar a comprender que este es el camino necesario. La transfiguraci&oacute;n es un momento anticipado de luz que nos ayuda tambi&eacute;n a nosotros a contemplar la pasi&oacute;n de Jes&uacute;s con una mirada de fe. La pasi&oacute;n de Jes&uacute;s es un misterio de sufrimiento, pero tambi&eacute;n es la &laquo;bienaventurada pasi&oacute;n&raquo; porque en su n&uacute;cleo es un misterio de amor extraordinario de Dios; es el &eacute;xodo definitivo que nos abre la puerta hacia la libertad y la novedad de la Resurrecci&oacute;n, de la salvaci&oacute;n del mal. Tenemos necesidad de ella en nuestro camino diario, a menudo marcado tambi&eacute;n por la oscuridad del mal. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, como ya he dicho, me alegra mucho estar en medio de vosotros, hoy, para celebrar el D&iacute;a del Se&ntilde;or. Saludo cordialmente al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector, a vuestro p&aacute;rroco, don Giampaolo Perugini, a quien agradezco, una vez m&aacute;s, las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos vosotros y tambi&eacute;n los gratos regalos que me hab&eacute;is ofrecido. Saludo a los vicarios parroquiales. Y saludo a las Hermanas Franciscanas Misioneras del Coraz&oacute;n Inmaculado de Mar&iacute;a, presentes aqu&iacute; desde hace muchos a&ntilde;os, particularmente benem&eacute;ritas para la vida de esta parroquia, que encontr&oacute; una pronta y generosa hospitalidad en su casa durante los primeros tres a&ntilde;os de vida. Extiendo luego mi saludo a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que naturalmente sienten afecto por esta iglesia parroquial que lleva el nombre de su fundador. Saludo, asimismo, a todos los que colaboran en el &aacute;mbito de la parroquia: me refiero a los catequistas, a los miembros de las asociaciones y de los movimientos, as&iacute; como de los distintos grupos parroquiales. Por &uacute;ltimo, quiero extender mi saludo a todos los habitantes del barrio, especialmente a los ancianos, a los enfermos, a las personas solas y a las que atraviesan dificultades. <\/p>\n<p>Al venir hoy entre vosotros, he notado la posici&oacute;n particular de esta iglesia, situada en el punto m&aacute;s alto del barrio, y dotada de un campanario enhiesto, casi como un dedo o una flecha hacia el cielo. Me parece que esta es una indicaci&oacute;n importante: como los tres Ap&oacute;stoles del Evangelio, tambi&eacute;n nosotros necesitamos subir al monte de la Transfiguraci&oacute;n para recibir la luz de Dios, para que su rostro ilumine nuestro rostro. Y es en la oraci&oacute;n personal y comunitaria donde encontramos al Se&ntilde;or, no como una idea, o como una propuesta moral, sino como una Persona que quiere entrar en relaci&oacute;n con nosotros, que quiere ser amigo y renovar nuestra vida para hacerla como la suya. Y este encuentro no es s&oacute;lo un hecho personal; esta iglesia vuestra, situada en el punto m&aacute;s alto del barrio, os recuerda que el Evangelio debe ser comunicado, anunciado a todos. No esperemos que otros vengan a traer mensajes diversos, que no llevan a la verdadera vida; convert&iacute;os vosotros mismos en misioneros de Cristo para los hermanos en los lugares donde viven, trabajan, estudian o s&oacute;lo pasan el tiempo libre. Conozco las numerosas y significativas obras de evangelizaci&oacute;n que est&aacute;is llevando a cabo, especialmente a trav&eacute;s del oratorio llamado &laquo;Estrella polar&raquo; \u2014me alegra llevar tambi&eacute;n esta camiseta [la camiseta del oratorio]\u2014 donde, gracias al voluntariado de personas competentes y generosas, y con la participaci&oacute;n de las familias, se fomenta el encuentro de muchachos en actividades deportivas, pero sin descuidar la formaci&oacute;n cultural, a trav&eacute;s del arte y la m&uacute;sica, y sobre todo se educa en la relaci&oacute;n con Dios, en los valores cristianos y en una participaci&oacute;n cada vez m&aacute;s consciente en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica dominical. <\/p>\n<p>Me alegra que el sentido de pertenencia a la comunidad parroquial haya ido madurando y consolid&aacute;ndose cada vez m&aacute;s a lo largo de los a&ntilde;os. La fe se debe vivir juntamente y la parroquia es un lugar donde se aprende a vivir la propia fe en el &laquo;nosotros&raquo; de la Iglesia. Y deseo animaros a que crezca tambi&eacute;n la corresponsabilidad pastoral, en una perspectiva de aut&eacute;ntica comuni&oacute;n entre todas las realidades presentes, que est&aacute;n llamadas a caminar juntas, a vivir la complementariedad en la diversidad, a testimoniar el &laquo;nosotros&raquo; de la Iglesia, de la familia de Dios. Conozco el empe&ntilde;o que pon&eacute;is en la preparaci&oacute;n de los muchachos y los j&oacute;venes para los sacramentos de la vida cristiana. El pr&oacute;ximo &laquo;A&ntilde;o de la fe&raquo; debe ser para esta parroquia una ocasi&oacute;n propicia tambi&eacute;n para aumentar y consolidar la experiencia de la catequesis sobre las grandes verdades de la fe cristiana, de modo que permita a todo el barrio conocer y profundizar el Credo de la Iglesia, y superar el &laquo;analfabetismo religioso&raquo;, que es uno de los mayores problemas de nuestro tiempo. <\/p>\n<p>Queridos amigos, vuestra comunidad es joven \u2014se ve\u2014; est&aacute; formada por familias j&oacute;venes, y gracias a Dios son muchos los ni&ntilde;os y muchachos que la pueblan. A este respecto, quiero recordar la misi&oacute;n de la familia, y de toda la comunidad cristiana, de educar en la fe, con la ayuda del tema de este a&ntilde;o pastoral, de las orientaciones pastorales propuestas por la Conferencia episcopal italiana, y sin olvidar la profunda y siempre actual ense&ntilde;anza de san Juan Bautista de la Salle. En especial, queridas familias, vosotras sois el ambiente de vida en donde se dan los primeros pasos en la fe; sed comunidades donde se aprenda a conocer y amar cada vez m&aacute;s al Se&ntilde;or, comunidades donde se d&eacute; un enriquecimiento mutuo para vivir una fe verdaderamente adulta.<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, quiero recordaros a todos la importancia y la centralidad de la Eucarist&iacute;a en la vida personal y comunitaria. La santa misa debe estar en el centro de vuestro Domingo, que es preciso redescubrir y vivir como d&iacute;a de Dios y de la comunidad, d&iacute;a en el cual alabar y celebrar a Aquel que muri&oacute; y resucit&oacute; por nuestra salvaci&oacute;n, d&iacute;a en el cual vivir juntos en la alegr&iacute;a de una comunidad abierta y dispuesta a acoger a toda persona sola o en dificultades. Reunidos en torno a la Eucarist&iacute;a, de hecho, percibimos m&aacute;s f&aacute;cilmente que la misi&oacute;n de toda comunidad cristiana consiste en llevar el mensaje del amor de Dios a todos los hombres. Precisamente por eso es importante que la Eucarist&iacute;a est&eacute; siempre en el coraz&oacute;n de la vida de los fieles, como lo est&aacute; hoy. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, desde el Tabor, el monte de la Transfiguraci&oacute;n, el itinerario cuaresmal nos conduce hasta el G&oacute;lgota, monte del supremo sacrificio de amor del &uacute;nico Sacerdote de la alianza nueva y eterna. En ese sacrificio se encierra la mayor fuerza de transformaci&oacute;n del hombre y de la historia. Asumiendo sobre s&iacute; todas las consecuencias del mal y del pecado, Jes&uacute;s resucit&oacute; al tercer d&iacute;a como vencedor de la muerte y del Maligno. La Cuaresma nos prepara para participar personalmente en este gran misterio de la fe, que celebraremos en el Triduo de la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo. Encomendemos a la Virgen Mar&iacute;a nuestro camino cuaresmal, as&iacute; como el de toda la Iglesia. Ella, que sigui&oacute; a su Hijo Jes&uacute;s hasta la cruz, nos ayude a ser disc&iacute;pulos fieles de Cristo, cristianos maduros, para poder participar juntamente con ella en la plenitud de la alegr&iacute;a pascual. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE, EN TORRINO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Domingo 4 de marzo de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de San Juan Bautista de la Salle: En primer lugar, quiero decir, con todo mi coraz&oacute;n, gracias &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-marzo-2012-santa-misa-en-la-parroquia-romana-de-san-juan-bautista-de-la-salle-en-el-barrio-torrino\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab4 de marzo 2012: Santa Misa en la parroquia romana de San Juan Bautista de La Salle, en el barrio Torrino\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41060","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41060","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41060"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41060\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41060"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41060"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41060"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}