{"id":41061,"date":"2016-10-06T15:19:37","date_gmt":"2016-10-06T20:19:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-2012-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:37","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:37","slug":"22-de-febrero-de-2012-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-2012-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/","title":{"rendered":"22 de febrero de 2012: Statio y Procesi\u00f3n penitencial &#8211; Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de la ceniza"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20120222.pdf\">STATIO Y PROCESI&Oacute;N PENITENCIAL<br \/> DESDE LA IGLESIA DE SAN ANSELMO<br \/> A LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA SABINA EN EL AVENTINO<\/a> <\/p>\n<p> <font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CENIZA<\/b><\/p>\n<p> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de Santa Sabina<br \/> Mi&eacute;rcoles de Ceniza, 22 de febrero de 2012<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font face=\"Times New Roman\">[<\/font><\/b><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_67EMQHDB\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a>]<br \/> <\/b><\/font><span lang=\"es\"> <i> <b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20120222\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/i><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados hermanos, <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Con este d&iacute;a de penitencia y de ayuno \u2014el mi&eacute;rcoles de Ceniza\u2014 comenzamos un nuevo camino hacia la Pascua de Resurrecci&oacute;n: el camino de la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/lent\/2012\/index_sp.htm\">Cuaresma<\/a>. Quiero detenerme brevemente a reflexionar sobre el signo lit&uacute;rgico de la ceniza, un signo material, un elemento de la naturaleza, que en la liturgia se transforma en un s&iacute;mbolo sagrado, muy importante en este d&iacute;a con el que se inicia el itinerario cuaresmal. Antiguamente, en la cultura jud&iacute;a, la costumbre de ponerse ceniza sobre la cabeza como signo de penitencia era com&uacute;n, unido con frecuencia a vestirse de saco o de andrajos. Para nosotros, los cristianos, en cambio, este es el &uacute;nico momento, que por lo dem&aacute;s tiene una notable importancia ritual y espiritual. Ante todo, la ceniza es uno de los signos materiales que introducen el cosmos en la liturgia. Los principales son, evidentemente, los de los sacramentos: el agua, el aceite, el pan y el vino, que constituyen verdadera materia sacramental, instrumento a trav&eacute;s del cual se comunica la gracia de Cristo que llega hasta nosotros. En el caso de la ceniza se trata, en cambio, de un signo no sacramental, pero unido a la oraci&oacute;n y a la santificaci&oacute;n del pueblo cristiano. De hecho, antes de la imposici&oacute;n individual sobre la cabeza, se prev&eacute; una bendici&oacute;n espec&iacute;fica de la ceniza \u2014que realizaremos dentro de poco\u2014, con dos f&oacute;rmulas posibles. En la primera se la define &laquo;s&iacute;mbolo austero&raquo;; en la segunda se invoca directamente sobre ella la bendici&oacute;n y se hace referencia al texto del <i>Libro del G&eacute;nesis<\/i>, que puede acompa&ntilde;ar tambi&eacute;n el gesto de la imposici&oacute;n: &laquo;Acu&eacute;rdate de que eres polvo y al polvo volver&aacute;s&raquo; (cf. <i>Gn<\/i> 3, 19).<\/p>\n<p>Deteng&aacute;monos un momento en este pasaje del G&eacute;nesis. Con &eacute;l concluye el juicio pronunciado por Dios despu&eacute;s del pecado original: Dios maldice a la serpiente, que hizo caer en el pecado al hombre y a la mujer; luego castiga a la mujer anunci&aacute;ndole los dolores del parto y una relaci&oacute;n desequilibrada con su marido; por &uacute;ltimo, castiga al hombre, le anuncia la fatiga al trabajar y maldice el suelo. &laquo;&iexcl;Maldito el suelo por tu culpa!&raquo; (<i>Gn<\/i> 3, 17), a causa de tu pecado. Por consiguiente, el hombre y la mujer no son maldecidos directamente, mientras que la serpiente s&iacute; lo es; sin embargo, a causa del pecado de Ad&aacute;n, es maldecido el suelo, del que hab&iacute;a sido modelado. Releamos el magn&iacute;fico relato de la creaci&oacute;n del hombre a partir de la tierra: &laquo;Entonces el Se&ntilde;or Dios model&oacute; al hombre del polvo del suelo e insufl&oacute; en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirti&oacute; en ser vivo. Luego el Se&ntilde;or Dios plant&oacute; un jard&iacute;n en Ed&eacute;n, hacia oriente, y coloc&oacute; en &eacute;l al hombre que &eacute;l hab&iacute;a modelado&raquo; (<i>Gn<\/i> 2, 7-8). As&iacute; dice el <i>Libro del G&eacute;nesis<\/i>.<\/p>\n<p>Por lo tanto, el signo de la ceniza nos remite al gran fresco de la creaci&oacute;n, en el que se dice que el ser humano es una singular unidad de materia y de aliento divino, a trav&eacute;s de la imagen del polvo del suelo modelado por Dios y animado por su aliento insuflado en la nariz de la nueva criatura. Podemos notar c&oacute;mo en el relato del G&eacute;nesis el s&iacute;mbolo del polvo sufre una transformaci&oacute;n negativa a causa del pecado. Mientras que antes de la ca&iacute;da el suelo es una potencialidad totalmente buena, regada por un manantial de agua (cf. <i>Gn<\/i> 2, 6) y capaz, por obra de Dios, de hacer brotar &laquo;toda clase de &aacute;rboles hermosos para la vista y buenos para comer&raquo; (<i>Gn<\/i> 2, 9), despu&eacute;s de la ca&iacute;da y la consiguiente maldici&oacute;n divina, producir&aacute; &laquo;cardos y espinas&raquo; y s&oacute;lo a cambio de &laquo;dolor&raquo; y &laquo;sudor del rostro&raquo; conceder&aacute; al hombre sus frutos (cf. <i>Gn<\/i> 3, 17-18). El polvo de la tierra ya no remite s&oacute;lo al gesto creador de Dios, totalmente abierto a la vida, sino que se transforma en signo de un inexorable destino de muerte: &laquo;Eres polvo y al polvo volver&aacute;s&raquo; (<i>Gn<\/i> 3, 19). <\/p>\n<p>Es evidente en el texto b&iacute;blico que la tierra participa del destino del hombre. A este respecto dice san Juan Cris&oacute;stomo en una de sus homil&iacute;as: &laquo;Ve c&oacute;mo despu&eacute;s de su desobediencia todo se le impone a &eacute;l [el hombre] de un modo contrario a su precedente estilo de vida&raquo; (<i>Homil&iacute;as sobre el G&eacute;nesis<\/i> 17, 9: pg 53, 146). Esta maldici&oacute;n del suelo tiene una funci&oacute;n medicinal para el hombre, a quien la &laquo;resistencia&raquo; de la tierra deber&iacute;a ayudarle a mantenerse en sus l&iacute;mites y reconocer su propia naturaleza (cf. <i>ib.<\/i>). As&iacute;, con una bella s&iacute;ntesis, se expresa otro comentario antiguo, que dice: &laquo;Ad&aacute;n fue creado puro por Dios para su servicio. Todas las criaturas le fueron concedidas para servirlo. Estaba destinado a ser el amo y el rey de todas las criaturas. Pero cuando el mal lleg&oacute; a &eacute;l y convers&oacute; con &eacute;l, &eacute;l lo recibi&oacute; por medio de una escucha externa. Luego penetr&oacute; en su coraz&oacute;n y se apoder&oacute; de todo su ser. Cuando fue capturado de este modo, la creaci&oacute;n, que lo hab&iacute;a asistido y servido, fue capturada con &eacute;l&raquo; (Pseudo-Macario, <i>Homil&iacute;as<\/i> 11, 5: pg 34, 547).<\/p>\n<p>Dec&iacute;amos hace poco, citando a san Juan Cris&oacute;stomo, que la maldici&oacute;n del suelo tiene una funci&oacute;n &laquo;medicinal&raquo;. Eso significa que la intenci&oacute;n de Dios, que siempre es ben&eacute;fica, es m&aacute;s profunda que la maldici&oacute;n. Esta, en efecto, no se debe a Dios sino al pecado, pero Dios no puede dejar de infligirla, porque respeta la libertad del hombre y sus consecuencias, incluso las negativas. As&iacute; pues, dentro del castigo, y tambi&eacute;n dentro de la maldici&oacute;n del suelo, permanece una intenci&oacute;n buena que viene de Dios. Cuando Dios dice al hombre: &laquo;Eres polvo y al polvo volver&aacute;s&raquo;, junto con el justo castigo tambi&eacute;n quiere anunciar un camino de salvaci&oacute;n, que pasar&aacute; precisamente a trav&eacute;s de la tierra, a trav&eacute;s de aquel &laquo;polvo&raquo;, de aquella &laquo;carne&raquo; que ser&aacute; asumida por el Verbo. En esta perspectiva salv&iacute;fica, la liturgia del mi&eacute;rcoles de Ceniza retoma las palabras del G&eacute;nesis: como invitaci&oacute;n a la penitencia, a la humildad, a tener presente la propia condici&oacute;n mortal, pero no para acabar en la desesperaci&oacute;n, sino para acoger, precisamente en esta mortalidad nuestra, la impensable cercan&iacute;a de Dios, que, m&aacute;s all&aacute; de la muerte, abre el paso a la resurrecci&oacute;n, al para&iacute;so finalmente reencontrado. En este sentido nos orienta un texto de Or&iacute;genes, que dice: &laquo;Lo que inicialmente era carne, procedente de la tierra, un hombre de polvo, (cf. <i> 1 Co<\/i> 15, 47), y fue disuelto por la muerte y de nuevo transformado en polvo y ceniza \u2014de hecho, est&aacute; escrito: <i>eres polvo y al polvo volver&aacute;s<\/i>\u2014, es resucitado de nuevo de la tierra. A continuaci&oacute;n, seg&uacute;n los m&eacute;ritos del alma que habita el cuerpo, la persona avanza hacia la gloria de un cuerpo espiritual&raquo; (<i>Principios<\/i> 3, 6, 5: sch, 268, 248).<\/p>\n<p>Los &laquo;m&eacute;ritos del alma&raquo;, de los que habla Or&iacute;genes, son necesarios; pero son fundamentales los m&eacute;ritos de Cristo, la eficacia de su Misterio pascual. San Pablo nos ha ofrecido una formulaci&oacute;n sint&eacute;tica en la <i>Segunda Carta a los Corintios<\/i>, hoy segunda lectura: &laquo;Al que no conoc&iacute;a el pecado, Dios lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros lleg&aacute;ramos a ser justicia de Dios en &eacute;l&raquo; (<i>2 Co<\/i> 5, 21). La posibilidad para nosotros del perd&oacute;n divino depende esencialmente del hecho de que Dios mismo, en la persona de su Hijo, quiso compartir nuestra condici&oacute;n, pero no la corrupci&oacute;n del pecado. Y el Padre lo resucit&oacute; con el poder de su Santo Esp&iacute;ritu; y Jes&uacute;s, el nuevo Ad&aacute;n, se ha convertido, como dice san Pablo, en &laquo;esp&iacute;ritu vivificante&raquo; (<i>1 Co<\/i> 15, 45), la primicia de la nueva creaci&oacute;n. El mismo Esp&iacute;ritu que resucit&oacute; a Jes&uacute;s de entre los muertos puede transformar nuestros corazones de piedra en corazones de carne (cf. <i>Ez<\/i> 36, 26). Lo acabamos de invocar con el Salmo <i>Miserere<\/i>: &laquo;Oh Dios, crea en m&iacute; un coraz&oacute;n puro, renu&eacute;vame por dentro con esp&iacute;ritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo esp&iacute;ritu&raquo; (<i>Sal<\/i> 50, 12-13). El Dios que expuls&oacute; a los primeros padres del Ed&eacute;n envi&oacute; a su propio Hijo a nuestra tierra devastada por el pecado, no lo perdon&oacute;, para que nosotros, hijos pr&oacute;digos, podamos volver, arrepentidos y redimidos por su misericordia, a nuestra verdadera patria. Que as&iacute; sea para cada uno de nosotros, para todos los creyentes, para cada hombre que humildemente se reconoce necesitado de salvaci&oacute;n. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>STATIO Y PROCESI&Oacute;N PENITENCIAL DESDE LA IGLESIA DE SAN ANSELMO A LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA SABINA EN EL AVENTINO SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CENIZA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de Santa Sabina Mi&eacute;rcoles de Ceniza, 22 de febrero de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Venerados hermanos, queridos hermanos y hermanas: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-2012-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab22 de febrero de 2012: Statio y Procesi\u00f3n penitencial &#8211; Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de la ceniza\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41061","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41061","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41061"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41061\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41061"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41061"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41061"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}