{"id":41065,"date":"2016-10-06T15:19:43","date_gmt":"2016-10-06T20:19:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2012-fiesta-de-la-conversion-del-apostol-san-pablo-celebracion-de-las-visperas\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:43","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:43","slug":"25-de-enero-de-2012-fiesta-de-la-conversion-del-apostol-san-pablo-celebracion-de-las-visperas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2012-fiesta-de-la-conversion-del-apostol-san-pablo-celebracion-de-las-visperas\/","title":{"rendered":"25 de enero de 2012: Fiesta de la conversi\u00f3n del ap\u00f3stol san Pablo &#8211; Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20120125.pdf\"> CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS AL FINAL <br \/> DE LA SEMANA DE ORACI&Oacute;N <br \/> POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS<\/a> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Fiesta de la Conversi&oacute;n de San Pablo<br \/> Bas&iacute;lica de San Pablo Extramuros<br \/> Mi&eacute;rcoles 25 de enero de 2012<\/i><\/font><br \/> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\"><b><font color=\"#663300\">[<\/font><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_41JDSFWJ\" target=\"_blank\">Video<\/a><\/b><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"><strong><span class=\"style1\">]<br \/> <\/span><\/strong><\/font><span lang=\"es\"> <i> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> <font color=\"#663300\" face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20120125\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Con gran alegr&iacute;a dirijo mi afectuoso saludo a todos los que os hab&eacute;is reunido en esta bas&iacute;lica en la fiesta lit&uacute;rgica de la Conversi&oacute;n de San Pablo, para concluir la Semana de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos, en este a&ntilde;o en que celebraremos el quincuag&eacute;simo aniversario de la apertura del concilio Vaticano II, que el beato Juan&nbsp;XXIII anunci&oacute; precisamente en esta bas&iacute;lica el 25 de enero de 1959. El tema ofrecido para nuestra meditaci&oacute;n en la Semana de oraci&oacute;n que hoy concluimos es: &laquo;Todos seremos transformados por la victoria de Jesucristo, nuestro Se&ntilde;or&raquo; (cf. <i>1 Co<\/i> 15, 51-58). <\/p>\n<p>El significado de esta misteriosa transformaci&oacute;n, de la que nos habla la segunda lectura breve de esta tarde, se muestra admirablemente en la historia personal de san Pablo. A continuaci&oacute;n del acontecimiento extraordinario que tuvo lugar en el camino de Damasco, Saulo, que se distingu&iacute;a por el celo con que persegu&iacute;a a la Iglesia naciente, fue transformado en un ap&oacute;stol incansable del Evangelio de Jesucristo. En el caso de este evangelizador extraordinario aparece claro que esa transformaci&oacute;n no es resultado de una larga reflexi&oacute;n interior, y tampoco fruto de un esfuerzo personal. Es ante todo obra de la gracia de Dios que obr&oacute; seg&uacute;n sus caminos inescrutables. Por ello san Pablo, al escribir a la comunidad de Corinto algunos a&ntilde;os despu&eacute;s de su conversi&oacute;n, afirma, como hemos escuchado en el primer pasaje de estas V&iacute;speras: &laquo;Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado&raquo; (<i>1 Co<\/i> 15, 10). Adem&aacute;s, considerando con atenci&oacute;n la vicisitud de san Pablo, se comprende c&oacute;mo la transformaci&oacute;n que &eacute;l experiment&oacute; en su existencia no se limita al plano &eacute;tico \u2014como conversi&oacute;n de la inmoralidad a la moralidad\u2014, ni al plano intelectual \u2014como cambio del propio modo de comprender la realidad\u2014; se trata, m&aacute;s bien, de una renovaci&oacute;n radical del propio ser, similar, por muchos aspectos, a un volver a nacer. Una transformaci&oacute;n semejante tiene su fundamento en la participaci&oacute;n en el misterio de la muerte y resurrecci&oacute;n de Jesucristo, y se delinea como un camino gradual de conformaci&oacute;n a &eacute;l. A la luz de esta consciencia, san Pablo, cuando a continuaci&oacute;n ser&aacute; llamado a defender la legitimidad de su vocaci&oacute;n apost&oacute;lica y del Evangelio que anunciaba, dir&aacute;: &laquo;Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en m&iacute;. Y mi vida de ahora en la carne la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me am&oacute; y se entreg&oacute; por m&iacute;&raquo; (<i>Ga<\/i> 2, 20).<\/p>\n<p>La experiencia personal que vivi&oacute; san Pablo le permiti&oacute; esperar con fundada esperanza la realizaci&oacute;n de este misterio de transformaci&oacute;n, que concernir&aacute; a todos aquellos que han cre&iacute;do en Jesucristo y tambi&eacute;n a toda la humanidad y a la creaci&oacute;n entera. En la segunda lectura breve que se ha proclamado esta tarde, san Pablo, despu&eacute;s de desarrollar una larga argumentaci&oacute;n destinada a reforzar en los fieles la esperanza de la resurrecci&oacute;n, utilizando las im&aacute;genes tradicionales de la literatura apocal&iacute;ptica contempor&aacute;nea a &eacute;l, describe en pocas l&iacute;neas el gran d&iacute;a del juicio final, en el que se cumple el destino de la humanidad: &laquo;En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la &uacute;ltima trompeta&#8230;, los muertos resucitar&aacute;n incorruptibles y nosotros seremos transformados&raquo; (<i>1 Co<\/i> 15, 52). Ese d&iacute;a, todos los creyentes ser&aacute;n conformados a Cristo y todo lo que es corruptible ser&aacute; transformado por su gloria: &laquo;Es preciso \u2014dice san Pablo\u2014 que este cuerpo corruptible se vista de incorrupci&oacute;n, y que este cuerpo mortal se vista de inmortalidad&raquo; (v. 15, 53). Entonces, finalmente, el triunfo de Cristo ser&aacute; completo, porque, como nos dice el mismo san Pablo mostrando c&oacute;mo se cumplen las antiguas profec&iacute;as de las Escrituras, la muerte ser&aacute; vencida definitivamente y, con ella, el pecado que la hizo entrar en el mundo y la ley que fija el pecado sin dar la fuerza para vencerlo: &laquo;La muerte ha sido absorbida en la victoria. \/ &iquest;D&oacute;nde est&aacute;, muerte, tu victoria? \/ &iquest;D&oacute;nde est&aacute;, muerte, tu aguij&oacute;n? \/ El aguij&oacute;n de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado, la ley&raquo; (vv. 54-56). San Pablo nos dice, por lo tanto, que todo hombre, mediante el bautismo en la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo, participa en la victoria de Aquel que antes que todos venci&oacute; a la muerte, comenzando un camino de transformaci&oacute;n que se manifiesta ya desde ahora en una novedad de vida y que alcanzar&aacute; su plenitud al final de los tiempos.<\/p>\n<p>Es muy significativo que el pasaje concluya con una acci&oacute;n de gracias: &laquo;&iexcl;Gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo!&raquo; (v. 57). El canto de victoria sobre la muerte se transforma en canto de acci&oacute;n de gracias elevado al Vencedor. Tambi&eacute;n nosotros, esta tarde, celebrando la alabanza vespertina a Dios, queremos unir nuestra voz, nuestra mente y nuestro coraz&oacute;n a este himno de acci&oacute;n de gracias por lo que la gracia divina obr&oacute; en el Ap&oacute;stol de los gentiles y por el admirable designio salv&iacute;fico que Dios Padre realiza en nosotros por medio del Se&ntilde;or Jesucristo. Mientras elevamos nuestra oraci&oacute;n, confiamos en ser tambi&eacute;n nosotros transformados y conformados a imagen de Cristo. Esto es verdad de modo especial en la oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos. En efecto, cuando imploramos el don de la unidad de los disc&iacute;pulos de Cristo, hacemos nuestro el deseo expresado por Jesucristo en la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n y muerte en la oraci&oacute;n dirigida al Padre: &laquo;para que todos sean uno&raquo; (<i>Jn<\/i> 17, 21). Por este motivo, la oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos no es m&aacute;s que participaci&oacute;n en la realizaci&oacute;n del proyecto divino para la Iglesia, y el compromiso activo por el restablecimientos de la unidad es un deber y una gran responsabilidad para todos.<\/p>\n<p>Aun experimentando en nuestros d&iacute;as la situaci&oacute;n dolorosa de la divisi&oacute;n, los cristianos podemos y debemos mirar con esperanza al futuro, en cuanto que la victoria de Cristo significa la superaci&oacute;n de todo aquello que nos priva de compartir la plenitud de vida con &eacute;l y con los dem&aacute;s. La resurrecci&oacute;n de Jesucristo confirma que la bondad de Dios vence al mal, y que el amor supera la muerte. &Eacute;l nos acompa&ntilde;a en la lucha contra la fuerza destructora del pecado que hace da&ntilde;o a la humanidad y a toda la creaci&oacute;n de Dios. La presencia de Cristo resucitado nos llama a todos los cristianos a actuar juntos en la causa del bien. Unidos en Cristo, estamos llamados a compartir su misi&oacute;n, que consiste en llevar la esperanza all&iacute; donde dominan la injusticia, el odio y la desesperaci&oacute;n. Nuestras divisiones hacen que nuestro testimonio de Cristo sea menos luminoso. La meta de la unidad plena, que esperamos con una esperanza activa y por la cual rezamos con confianza, es una victoria no secundaria, sino importante para el bien de la familia humana.<\/p>\n<p>En la cultura hoy dominante, la idea de victoria se asocia con frecuencia a un &eacute;xito inmediato. En la perspectiva cristiana, en cambio, la victoria es un proceso \u2014largo y, a nuestros ojos humanos, no siempre lineal\u2014 de transformaci&oacute;n y de crecimiento en el bien. Esa victoria tiene lugar seg&uacute;n los tiempos de Dios, no seg&uacute;n nuestros tiempos, y requiere de nosotros fe profunda y perseverancia paciente. Aunque el reino de Dios irrumpi&oacute; definitivamente en la historia con la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s, a&uacute;n no est&aacute; plenamente realizado. La victoria final se producir&aacute; s&oacute;lo con la segunda venida del Se&ntilde;or, que nosotros aguardamos con esperanza paciente. Tambi&eacute;n nuestra espera de la unidad visible de la Iglesia debe ser paciente y confiada. S&oacute;lo con esta disposici&oacute;n encuentran pleno significado nuestra oraci&oacute;n y nuestro compromiso cotidianos por la unidad de los cristianos. La actitud de espera paciente no significa pasividad o resignaci&oacute;n, sino respuesta pronta y atenta a toda posibilidad de comuni&oacute;n y fraternidad que nos dona el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>En este clima espiritual, quiero dirigir algunos saludos particulares, en primer lugar al cardenal Monterisi, arcipreste de esta bas&iacute;lica, al abad y a la comunidad de los monjes benedictinos que nos acogen. Saludo al cardenal Koch, presidente del Consejo pontificio para la promoci&oacute;n de la unidad de los cristianos, y a todos los colaboradores de este dicasterio. Dirijo mi cordial y fraterno saludo a su eminencia el metropolita Gennadios, representante del Patriarcado ecum&eacute;nico, y al reverendo can&oacute;nigo Richardson, representante personal en Roma del arzobispo de Canterbury, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y comunidades eclesiales, aqu&iacute; reunidos esta tarde. Adem&aacute;s, me es particularmente grato saludar a algunos miembros del grupo de trabajo compuesto por exponentes de diversas Iglesias y comunidades eclesiales presentes en Polonia, que han preparado los materiales para la Semana de oraci&oacute;n de este a&ntilde;o, a los cuales quiero expresar mi gratitud y mi deseo de que prosigan en el camino de la reconciliaci&oacute;n y la colaboraci&oacute;n fruct&iacute;fera, as&iacute; como a los miembros del <i>Global Christian Forum<\/i> que durante estos d&iacute;as est&aacute;n en Roma para reflexionar sobre la ampliaci&oacute;n de la participaci&oacute;n de nuevos miembros en el movimiento ecum&eacute;nico. Y saludo tambi&eacute;n al grupo de estudiantes del Instituto ecum&eacute;nico de Bossey del Consejo mundial de Iglesias. <\/p>\n<p>A la intercesi&oacute;n de san Pablo quiero confiar a todos aquellos que, con su oraci&oacute;n y su compromiso, trabajan por la causa de la unidad de los cristianos. Aunque a veces se puede tener la impresi&oacute;n de que el camino hacia el pleno restablecimiento de la comuni&oacute;n todav&iacute;a es muy largo y est&aacute; lleno de obst&aacute;culos, invito a todos a renovar la propia determinaci&oacute;n a buscar, con valent&iacute;a y generosidad, la unidad que es voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de san Pablo, el cual, ante dificultades de todo tipo, conserv&oacute; siempre la confianza firme en Dios que lleva a cumplimiento su obra. Por lo dem&aacute;s, en este camino, no faltan los signos positivos de una nueva fraternidad y de un sentido de responsabilidad compartido ante las grandes problem&aacute;ticas que afligen a nuestro mundo. Todo esto es motivo de alegr&iacute;a y de gran esperanza, y debe estimularnos a proseguir nuestro compromiso para llegar todos juntos a la meta final, sabiendo que nuestro esfuerzo no es vano en el Se&ntilde;or (cf. <i>1 Co <\/i>15, 58). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS AL FINAL DE LA SEMANA DE ORACI&Oacute;N POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Fiesta de la Conversi&oacute;n de San Pablo Bas&iacute;lica de San Pablo Extramuros Mi&eacute;rcoles 25 de enero de 2012 &nbsp; [Video] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Con gran alegr&iacute;a dirijo mi &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2012-fiesta-de-la-conversion-del-apostol-san-pablo-celebracion-de-las-visperas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab25 de enero de 2012: Fiesta de la conversi\u00f3n del ap\u00f3stol san Pablo &#8211; Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41065","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41065","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41065"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41065\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41065"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41065"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41065"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}