{"id":41067,"date":"2016-10-06T15:19:46","date_gmt":"2016-10-06T20:19:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2012-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:46","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:46","slug":"6-de-enero-de-2012-solemnidad-de-la-epifania-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2012-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/","title":{"rendered":"6 de enero de 2012: Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20120106.pdf\"> SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"><br \/> Viernes 6 de enero de 2012 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"><b> <span class=\"style1\">[<\/span><\/b><\/font><font face=\"Times New Roman\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_F4E2B9FJ\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"><strong><span class=\"style1\">]<br \/> <\/span><\/strong><\/font> <i> <em><strong> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20120106\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/strong><\/em><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> La Epifan&iacute;a es una fiesta de la luz. &laquo;&iexcl;Lev&aacute;ntate, brilla, Jerusal&eacute;n, que llega tu luz; la gloria del Se&ntilde;or amanece sobre ti!&raquo; (Is 60,1). Con estas palabras del profeta Isa&iacute;as, la Iglesia describe el contenido de la fiesta. S&iacute;, ha venido al mundo aquel que es la luz verdadera, aquel que hace que los hombres sean luz. &Eacute;l les da el poder de ser hijos de Dios (cf. Jn 1,9.12). Para la liturgia, el camino de los Magos de Oriente es solo el comienzo de una gran procesi&oacute;n que contin&uacute;a en la historia. Con estos hombres comienza la peregrinaci&oacute;n de la humanidad hacia Jesucristo, hacia ese Dios que naci&oacute; en un pesebre, que muri&oacute; en la cruz y que, resucitado, est&aacute; con nosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20). La Iglesia lee la narraci&oacute;n del evangelio de Mateo junto con la visi&oacute;n del profeta Isa&iacute;as, que hemos escuchado en la primera lectura: el camino de estos hombres es solo un comienzo. Antes hab&iacute;an llegado los pastores, las almas sencillas que estaban m&aacute;s cerca del Dios que se ha hecho ni&ntilde;o y que con m&aacute;s facilidad pod&iacute;an &laquo;ir all&iacute;&raquo; (cf. Lc 2,15) hacia &eacute;l y reconocerlo como Se&ntilde;or. Ahora, en cambio, tambi&eacute;n se acercan los sabios de este mundo. Vienen grandes y peque&ntilde;os, reyes y siervos, hombres de todas las culturas y pueblos. Los hombres de Oriente son los primeros, a trav&eacute;s de los siglos los seguir&aacute;n muchos m&aacute;s. Despu&eacute;s de la gran visi&oacute;n de Isa&iacute;as, la lectura de la carta a los Efesios expresa lo mismo con sobriedad y sencillez: que tambi&eacute;n los gentiles son coherederos (cf. Ef 3,6). El Salmo 2 lo formula as&iacute;: &laquo;Te dar&eacute; en herencia las naciones, en posesi&oacute;n, los confines de la tierra&raquo; (Sal 2,8).<\/p>\n<p> Los Magos de Oriente van delante. Inauguran el camino de los pueblos hacia Cristo. Durante esta santa Misa conferir&eacute; a dos sacerdotes la ordenaci&oacute;n episcopal, los consagrar&eacute; pastores del pueblo de Dios. Seg&uacute;n las palabras de Jes&uacute;s, ir delante del reba&ntilde;o pertenece a la misi&oacute;n del pastor (cf. Jn 10,4). Por tanto, en estos personajes que, como los primeros de entre los paganos, encontraron el camino hacia Cristo, podemos encontrar tal vez algunas indicaciones para la misi&oacute;n de los obispos, a pesar de las diferencias en las vocaciones y en las tareas. &iquest;Qu&eacute; tipo de hombres eran ellos? Los expertos nos dicen que pertenec&iacute;an a la gran tradici&oacute;n astron&oacute;mica que se hab&iacute;a desarrollado en Mesopotamia a lo largo de los siglos y que todav&iacute;a era floreciente. Pero esta informaci&oacute;n no basta por s&iacute; sola. Es probable que hubiera muchos astr&oacute;nomos en la antigua Babilonia, pero s&oacute;lo estos pocos se encaminaron y siguieron la estrella que hab&iacute;an reconocido como la de la promesa, que muestra el camino hacia el verdadero Rey y Salvador. Podemos decir que eran hombres de ciencia, pero no solo en el sentido de que quer&iacute;an saber muchas cosas: quer&iacute;an algo m&aacute;s. Quer&iacute;an saber cu&aacute;l es la importancia de ser hombre. Posiblemente hab&iacute;an o&iacute;do hablar de la profec&iacute;a del profeta pagano Bala&aacute;n: &laquo;Avanza la constelaci&oacute;n de Jacob, y sube el cetro de Israel&raquo; (Nm 24,17). Ellos profundizaron en esa promesa. Eran personas con un coraz&oacute;n inquieto, que no se conformaban con lo que es aparente o habitual. Eran hombres en busca de la promesa, en busca de Dios. Y eran hombres vigilantes, capaces de percibir los signos de Dios, su lenguaje callado y perseverante. Pero eran tambi&eacute;n hombres valientes a la vez que humildes: podemos imaginar las burlas que debieron sufrir por encaminarse hacia el Rey de los Jud&iacute;os, enfrent&aacute;ndose por eso a grandes dificultades. No consideraban decisivo lo que algunos, incluso personas influyentes e inteligentes, pudieran pensar o decir de ellos. Lo que les importaba era la verdad misma, no la opini&oacute;n de los hombres. Por eso afrontaron las renuncias y fatigas de un camino largo e inseguro. Su humilde valent&iacute;a fue la que les permiti&oacute; postrarse ante un ni&ntilde;o de pobre familia y descubrir en &eacute;l al Rey prometido, cuya b&uacute;squeda y reconocimiento hab&iacute;a sido el objetivo de su camino exterior e interior.<\/p>\n<p> Queridos amigos, en todo esto podemos ver algunas caracter&iacute;sticas esenciales del ministerio episcopal. El Obispo debe de ser tambi&eacute;n un hombre de coraz&oacute;n inquieto, que no se conforma con las cosas habituales de este mundo sino que sigue la inquietud del coraz&oacute;n que lo empuja a acercarse interiormente a Dios, a buscar su rostro, a conocerlo mejor para poder amarlo cada vez m&aacute;s. El Obispo debe de ser tambi&eacute;n un hombre de coraz&oacute;n vigilante que perciba el lenguaje callado de Dios y sepa discernir lo verdadero de lo aparente. El Obispo debe de estar lleno tambi&eacute;n de una valiente humildad, que no se interese por lo que la opini&oacute;n dominante diga de &eacute;l, sino que sigua como criterio la verdad de Dios, comprometi&eacute;ndose por ella: &laquo;opportune \u2013 importune&raquo;. Debe de ser capaz de ir por delante y se&ntilde;alar el camino. Ha de ir por delante siguiendo a aquel que nos ha precedido a todos, porque es el verdadero pastor, la verdadera estrella de la promesa: Jesucristo. Y debe de tener la humildad de postrarse ante ese Dios que haci&eacute;ndose tan concreto y sencillo contradice la necedad de nuestro orgullo, que no quiere ver a Dios tan cerca y tan peque&ntilde;o. Debe de vivir la adoraci&oacute;n del Hijo de Dios hecho hombre, aquella adoraci&oacute;n que siempre le muestra el camino.<\/p>\n<p> La liturgia de la ordenaci&oacute;n episcopal recoge lo esencial de este ministerio con ocho preguntas dirigidas a los que van a ser consagrados, y que comienzan siempre con la palabra: &laquo;Vultis? \u2013 &iquest;quer&eacute;is?&raquo;. Las preguntas orientan a la voluntad mostr&aacute;ndole el camino a seguir. Quisiera aqu&iacute; mencionar brevemente algunas de las palabras clave de esa orientaci&oacute;n, y en las que se concreta lo que poco antes hemos reflexionado sobre los Magos en la fiesta de hoy. La misi&oacute;n de los obispos es &laquo;predicare Evangelium Christi&raquo;, &laquo;custodire&raquo; y &laquo;dirigere&raquo;, &laquo;pauperibus se misericordes praebere&raquo; e &laquo;indesinenter orare&raquo;. El anuncio del evangelio de Jesucristo, el ir delante y dirigir, custodiar el patrimonio sagrado de nuestra fe, la misericordia y la caridad hacia los necesitados y pobres, en la que se refleja el amor misericordioso de Dios por nosotros y, en fin, la oraci&oacute;n constante son caracter&iacute;sticas fundamentales del ministerio episcopal. La oraci&oacute;n constante significa no perder nunca el contacto con Dios; sentirlo en la intimidad del coraz&oacute;n y ser as&iacute; inundados por su luz. Solo el que conoce personalmente a Dios puede guiar a los dem&aacute;s hacia &eacute;l. Solo el que gu&iacute;a a los hombres hacia Dios, los lleva por el camino de la vida.<\/p>\n<p> El coraz&oacute;n inquieto, del que hemos hablado evocando a san Agust&iacute;n, es el coraz&oacute;n que no se conforma en definitiva con nada que no sea Dios, convirti&eacute;ndose as&iacute; en un coraz&oacute;n que ama. Nuestro coraz&oacute;n est&aacute; inquieto con relaci&oacute;n a Dios y no deja de estarlo aun cuando hoy se busque, con &laquo;narc&oacute;ticos&raquo; muy eficaces, liberar al hombre de esta inquietud. Pero no solo estamos inquietos nosotros, los seres humanos, con relaci&oacute;n a Dios. El coraz&oacute;n de Dios est&aacute; inquieto con relaci&oacute;n al hombre. Dios nos aguarda. Nos busca. Tampoco &eacute;l descansa hasta dar con nosotros. El coraz&oacute;n de Dios est&aacute; inquieto, y por eso se ha puesto en camino hacia nosotros, hacia Bel&eacute;n, hacia el Calvario, desde Jerusal&eacute;n a Galilea y hasta los confines de la tierra. Dios est&aacute; inquieto por nosotros, busca personas que se dejen contagiar de su misma inquietud, de su pasi&oacute;n por nosotros. Personas que lleven consigo esa b&uacute;squeda que hay en sus corazones y, al mismo tiempo, que dejan que sus corazones sean tocados por la b&uacute;squeda de Dios por nosotros. Queridos amigos, esta era la misi&oacute;n de los ap&oacute;stoles: acoger la inquietud de Dios por el hombre y llevar a Dios mismo a los hombres. Y esta es vuestra misi&oacute;n siguiendo las huellas de los ap&oacute;stoles: dejaros tocar por la inquietud de Dios, para que el deseo de Dios por el hombre se satisfaga.<\/p>\n<p> Los Magos siguieron la estrella. A trav&eacute;s del lenguaje de la creaci&oacute;n encontraron al Dios de la historia. Ciertamente, el lenguaje de la creaci&oacute;n no es suficiente por s&iacute; mismo. Solo la palabra de Dios, que encontramos en la sagrada Escritura, les pod&iacute;a mostrar definitivamente el camino. Creaci&oacute;n y Escritura, raz&oacute;n y fe han de ir juntas para conducirnos al Dios vivo. Se ha discutido mucho sobre qu&eacute; clase de estrella fue la que gui&oacute; a los Magos. Se piensa en una conjunci&oacute;n de planetas, en una Super nova, es decir, una de esas estrellas muy d&eacute;biles al principio pero que debido a una explosi&oacute;n interna produce durante un tiempo un inmenso resplandor; en un cometa, y as&iacute; sucesivamente. Que los cient&iacute;ficos sigan discuti&eacute;ndolo. La gran estrella, la verdadera Super nova que nos gu&iacute;a es el mismo Cristo. &Eacute;l es, por decirlo as&iacute;, la explosi&oacute;n del amor de Dios, que hace brillar en el mundo el enorme resplandor de su coraz&oacute;n. Y podemos a&ntilde;adir: los Magos de Oriente, de los que habla el evangelio de hoy, as&iacute; como generalmente los santos, se han convertido ellos mismos poco a poco en constelaciones de Dios, que nos muestran el camino. En todas estas personas, el contacto con la palabra de Dios ha provocado, por decirlo as&iacute;, una explosi&oacute;n de luz, a trav&eacute;s de la cual el resplandor de Dios ilumina nuestro mundo y nos muestra el camino. Los santos son estrellas de Dios, que dejamos que nos gu&iacute;en hacia aquel que anhela nuestro ser. Queridos amigos, cuando hab&eacute;is dado vuestro &laquo;s&iacute;&raquo; al sacerdocio y al ministerio episcopal, hab&eacute;is seguido la estrella Jesucristo. Y ciertamente han brillado tambi&eacute;n para vosotros estrellas menores, que os han ayudado a no perder el camino. En las letan&iacute;as de los santos invocamos a todas estas estrellas de Dios, para que brillen siempre para vosotros y os muestren el camino. Al ser ordenados obispos est&aacute;is llamados a ser vosotros mismos estrellas de Dios para los hombres, a guiarlos en el camino hacia la verdadera luz, hacia Cristo. Recemos por tanto en este momento a todos los santos para que siempre pod&aacute;is cumplir vuestra misi&oacute;n mostrando a los hombres la luz de Dios. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <span class=\"style1\">&nbsp; <\/span>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Viernes 6 de enero de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: La Epifan&iacute;a es una fiesta de la luz. &laquo;&iexcl;Lev&aacute;ntate, brilla, Jerusal&eacute;n, que llega tu luz; la gloria del Se&ntilde;or amanece sobre ti!&raquo; (Is &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2012-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de enero de 2012: Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41067","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41067","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41067"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41067\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41067"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41067"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41067"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}