{"id":41069,"date":"2016-10-06T15:20:42","date_gmt":"2016-10-06T20:20:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-febrero-de-2013-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/"},"modified":"2016-10-06T15:20:42","modified_gmt":"2016-10-06T20:20:42","slug":"13-de-febrero-de-2013-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-febrero-de-2013-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/","title":{"rendered":"13 de febrero de 2013: Procesi\u00f3n penitencial &#8211; Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de la ceniza"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2013\/20130213.pdf\">SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CENIZA<\/a><\/p>\n<p> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Mi&eacute;rcoles de Ceniza, 13 de febrero de 2013<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b>&nbsp;<\/b><strong>[<\/strong><font face=\"Times New Roman\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_ECA41WYZ\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><strong>]<br \/> <\/strong> <i> <font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/ceneri2013.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados Hermanos,<br \/> queridos hermanos y hermanas<\/i><\/p>\n<p>Hoy, Mi&eacute;rcoles de Ceniza, comenzamos un nuevo camino cuaresmal, un camino que se extiende por cuarenta d&iacute;as y nos conduce al gozo de la Pascua del Se&ntilde;or, a la victoria de la vida sobre la muerte. Siguiendo la antiqu&iacute;sima tradici&oacute;n romana de las <i>stationes <\/i>cuaresmales<i>, <\/i>nos hemos reunido para la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. Esta tradici&oacute;n establece que la primera <i> estaci&oacute;n<\/i> tenga lugar en la Bas&iacute;lica de Santa Sabina, sobre la colina del Aventino. Las circunstancias han aconsejado que nos reunamos en la Bas&iacute;lica Vaticana. Somos un gran n&uacute;mero en torno a la tumba del ap&oacute;stol Pedro, para pedirle tambi&eacute;n su intercesi&oacute;n para el camino de la Iglesia en este momento particular, renovando nuestra fe en el Supremo Pastor, Cristo el Se&ntilde;or. Para m&iacute;, es una ocasi&oacute;n propicia para agradecer a todos, especialmente a los fieles de la Di&oacute;cesis de Roma, al disponerme a concluir el ministerio petrino, y para pedir un recuerdo particular en la oraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Las lecturas que han sido proclamadas nos ofrecen algunos puntos que, con la gracia de Dios, estamos llamados a convertirlos en actitudes y comportamientos concretos en esta cuaresma. La Iglesia nos propone de nuevo, en primer lugar, la vehemente llamada que el profeta Joel dirige al pueblo de Israel: &laquo;As&iacute; dice el Se&ntilde;or: convert&iacute;os a m&iacute; de todo coraz&oacute;n con ayuno, con llanto, con luto&raquo; (2,12). Hay que subrayar la expresi&oacute;n &laquo;de todo coraz&oacute;n&raquo;, que significa desde el centro de nuestros pensamientos y sentimientos, desde la ra&iacute;z de nuestras decisiones, elecciones y acciones, con un gesto de total y radical libertad. &iquest;Pero, es posible este retorno a Dios? S&iacute;, porque existe una fuerza que no reside en nuestro coraz&oacute;n, sino que brota del mismo coraz&oacute;n de Dios. Es la fuerza de su misericordia. Contin&uacute;a el profeta: &laquo;Convert&iacute;os al Se&ntilde;or, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la c&oacute;lera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas&raquo; (v. 13). El retorno al Se&ntilde;or es posible por la \u2018gracia\u2019, porque es obra de Dios y fruto de la fe que ponemos en su misericordia. Este volver a Dios solamente llega a ser una realidad concreta en nuestra vida cuando la gracia del Se&ntilde;or penetra en nuestro interior y lo remueve d&aacute;ndonos la fuerza de &laquo;rasgar el coraz&oacute;n&raquo;. Una vez m&aacute;s, el profeta nos transmite de parte de Dios estas palabras: &laquo;Rasgad los corazones y no las vestiduras&raquo; (v. 13). En efecto, tambi&eacute;n hoy muchos est&aacute;n dispuestos a &laquo;rasgarse las vestiduras&raquo; ante esc&aacute;ndalos e injusticias, cometidos naturalmente por otros, pero pocos parecen dispuestos a obrar sobre el propio &laquo;coraz&oacute;n&raquo;, sobre la propia conciencia y las intenciones, dejando que el Se&ntilde;or transforme, renueve y convierta.<\/p>\n<p>Aquel &laquo;convert&iacute;os a m&iacute; de todo coraz&oacute;n&raquo;, es adem&aacute;s una llamada que no solo se dirige al individuo, sino tambi&eacute;n a la comunidad. Hemos escuchado en la primera lectura: &laquo;Tocad la trompeta en Si&oacute;n, proclamad el ayuno, convocad la reuni&oacute;n. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y ni&ntilde;os de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del t&aacute;lamo&raquo; (vv. 15-16). La dimensi&oacute;n comunitaria es un elemento esencial en la fe y en la vida cristiana. Cristo ha venido &laquo;para reunir a los hijos de Dios dispersos&raquo; (<i>Jn<\/i> 11,52). El \u201cnosotros\u201d de la Iglesia es la comunidad en la que Jes&uacute;s nos re&uacute;ne (cf. <i>Jn<\/i> 12,32): la fe es necesariamente eclesial. Y esto es importante recordarlo y vivirlo en este tiempo de cuaresma: que cada uno sea consciente de que el camino penitencial no se afronta en solitario, sino junto a tantos hermanos y hermanas, en la Iglesia.<\/p>\n<p>El profeta, por &uacute;ltimo, se detiene sobre la oraci&oacute;n de los sacerdotes, los cuales, con los ojos llenos de l&aacute;grimas, se dirigen a Dios diciendo: &laquo;No entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: &iquest;D&oacute;nde est&aacute; su Dios?&raquo; (v.17). Esta oraci&oacute;n nos hace reflexionar sobre la importancia del testimonio de fe y vida cristiana de cada uno de nosotros y de nuestras comunidades para mostrar el rostro de la Iglesia y de c&oacute;mo en ocasiones este rostro es desfigurado. Pienso, en particular, en las culpas contra la unidad de la Iglesia, en las divisiones en el cuerpo eclesial. Vivir la cuaresma en una m&aacute;s intensa y evidente comuni&oacute;n eclesial, superando individualismos y rivalidades, es un signo humilde y precioso para los que est&aacute;n lejos de la fe o son indiferentes.<\/p>\n<p>&laquo;Ahora es tiempo favorable, ahora es d&iacute;a de salvaci&oacute;n&raquo; (<i>2 Cor<\/i> 6,2). Las palabras del ap&oacute;stol Pablo a los cristianos de Corinto resuenan tambi&eacute;n para nosotros con una urgencia que no admite abandonos o apat&iacute;as. El t&eacute;rmino &laquo;ahora&raquo;, que se repite varias veces, nos indica que no se puede desperdiciar este momento, que se nos ofrece como una ocasi&oacute;n &uacute;nica e irrepetible. Y la mirada del Ap&oacute;stol se centra sobre la forma en que Cristo ha querido caracterizar su existencia como un compartir, asumiendo todo lo humano hasta el punto de cargar con el pecado de los hombres. La frase de san Pablo es muy fuerte: &laquo;Dios lo hizo expiaci&oacute;n por nuestro pecado&raquo;. Jes&uacute;s, el inocente, el Santo, &laquo;que no hab&iacute;a pecado&raquo; (<i>2 Cor<\/i> 5,21), carg&oacute; con el peso del pecado compartiendo con la humanidad la consecuencia de la muerte y de una muerte de cruz. La reconciliaci&oacute;n que se nos ofrece ha tenido un alt&iacute;simo precio, el de la cruz levantada en el G&oacute;lgota, donde fue colgado el Hijo de Dios hecho hombre. En este descenso de Dios en el sufrimiento humano y en el abismo del mal est&aacute; la ra&iacute;z de nuestra justificaci&oacute;n. El &laquo;retornar a Dios con todo el coraz&oacute;n&raquo; de nuestro camino cuaresmal pasa a trav&eacute;s de la cruz, del seguir a Cristo por el camino que conduce al Calvario, al don total de s&iacute;. Es un camino por el que cada d&iacute;a aprendemos a salir cada vez m&aacute;s de nuestro ego&iacute;smo y de nuestra cerraz&oacute;n, para acoger a Dios que abre y transforma el coraz&oacute;n. Y san Pablo nos recuerda que el anuncio de la Cruz resuena gracias a la predicaci&oacute;n de la Palabra, de la que el mismo Ap&oacute;stol es embajador; un llamamiento a que este camino cuaresmal se caracterice por una escucha m&aacute;s atenta y asidua de la Palabra de Dios, luz que ilumina nuestros pasos.<\/p>\n<p>En el texto del Evangelio de Mateo, que pertenece al denominado Serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a, Jes&uacute;s se refiere a tres pr&aacute;cticas fundamentales previstas por la ley mosaica: la limosna, la oraci&oacute;n y el ayuno; son tambi&eacute;n indicaciones tradicionales en el camino cuaresmal para responder a la invitaci&oacute;n de &laquo;retornar a Dios con todo el coraz&oacute;n&raquo;. Pero lo que Jes&uacute;s subraya es que lo que caracteriza la autenticidad de todo gesto religioso es la calidad y la verdad de la relaci&oacute;n con Dios. Por esto denuncia la hipocres&iacute;a religiosa, el comportamiento que quiere aparentar, las actitudes que buscan el aplauso y la aprobaci&oacute;n. El verdadero disc&iacute;pulo no sirve a s&iacute; mismo o al \u201cp&uacute;blico\u201d, sino a su Se&ntilde;or, en la sencillez y en la generosidad: &laquo;Y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensar&aacute;&raquo; (<i>Mt<\/i> 6, 4.6.18). Nuestro testimonio, entonces, ser&aacute; m&aacute;s eficaz cuanto menos busquemos nuestra propia gloria y seamos conscientes de que la recompensa del justo es Dios mismo, el estar unidos a &eacute;l, aqu&iacute; abajo, en el camino de la fe, y al final de la vida, en la paz y en la luz del encuentro cara a cara con &eacute;l para siempre (cf. <i>1 Cor<\/i> 13,12).<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, iniciamos confiados y alegres el itinerario cuaresmal. Escuchemos con atenci&oacute;n la invitaci&oacute;n a la conversi&oacute;n, a &laquo;retornar a Dios con todo el coraz&oacute;n&raquo;, acogiendo su gracia que nos hace hombres nuevos, con aquella sorprendente novedad que es participaci&oacute;n en la vida misma de Jes&uacute;s. Que ninguno de nosotros sea sordo a esta llamada, que nos viene tambi&eacute;n del austero rito, tan simple y al mismo tiempo tan sugerente, de la imposici&oacute;n de la ceniza, que dentro de poco realizaremos. Que nos acompa&ntilde;e en este tiempo la Virgen Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia y modelo de todo aut&eacute;ntico disc&iacute;pulo del Se&ntilde;or. Am&eacute;n.<\/p>\n<hr \/>\n<p><b><i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/secretariat_state\/card-bertone\/2013\/documents\/rc_seg-st_20130213_ceneri_sp.html\"> Saludo al Santo Padre del cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, al t&eacute;rmino de la celebraci&oacute;n<\/a><\/i><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2013 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CENIZA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Mi&eacute;rcoles de Ceniza, 13 de febrero de 2013 &nbsp;[V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Venerados Hermanos, queridos hermanos y hermanas Hoy, Mi&eacute;rcoles de Ceniza, comenzamos un nuevo camino cuaresmal, un camino que se extiende por cuarenta d&iacute;as y nos conduce al &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-febrero-de-2013-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab13 de febrero de 2013: Procesi\u00f3n penitencial &#8211; Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de la ceniza\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41069","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41069","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41069"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41069\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41069"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41069"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41069"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}