{"id":41073,"date":"2016-10-06T15:20:48","date_gmt":"2016-10-06T20:20:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2013-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/"},"modified":"2016-10-06T15:20:48","modified_gmt":"2016-10-06T20:20:48","slug":"6-de-enero-de-2013-solemnidad-de-la-epifania-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2013-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/","title":{"rendered":"6 de enero de 2013: Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2013\/20130106.pdf\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"4\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<\/i><\/font><br \/> <i><font color=\"#663300\">Domingo 6 de enero de 2013 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\"><b>(<a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_9SY52O8O\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><strong>)<br \/> <\/strong><\/font> <i> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b> <strong><font face=\"Times New Roman\"> <em> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/epifania6gen2013.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/em><\/font><\/strong><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> <em>Queridos hermanos y hermanas<\/em><\/p>\n<p> Para la Iglesia creyente y orante, los Magos de Oriente que, bajo la gu&iacute;a de la estrella, encontraron el camino hacia el pesebre de Bel&eacute;n, son el comienzo de una gran procesi&oacute;n que recorre la historia. Por eso, la liturgia lee el evangelio que habla del camino de los Magos junto con las espl&eacute;ndidas visiones prof&eacute;ticas de <em>Isa&iacute;as<\/em> 60 y del <em>Salmo<\/em> 72, que ilustran con im&aacute;genes audaces la peregrinaci&oacute;n de los pueblos hacia Jerusal&eacute;n. Al igual que los pastores que, como primeros hu&eacute;spedes del Ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido que yace en el pesebre, son la personificaci&oacute;n de los pobres de Israel y, en general, de las almas humildes que viven interiormente muy cerca de Jes&uacute;s, as&iacute; tambi&eacute;n los hombres que vienen de Oriente personifican al mundo de los pueblos, la Iglesia de los gentiles -los hombres que a trav&eacute;s de los siglos se dirigen al Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n, honran en &eacute;l al Hijo de Dios y se postran ante &eacute;l. La Iglesia llama a esta fiesta &laquo;Epifan&iacute;a&raquo;, la aparici&oacute;n del Divino. Si nos fijamos en el hecho de que, desde aquel comienzo, hombres de toda proveniencia, de todos los continentes, de todas las culturas y modos de pensar y de vivir, se han puesto y se ponen en camino hacia Cristo, podemos decir verdaderamente que esta peregrinaci&oacute;n y este encuentro con Dios en la figura del Ni&ntilde;o es una Epifan&iacute;a de la bondad de Dios y de su amor por los hombres (cf. <em>Tt<\/em> 3,4).<\/p>\n<p> Siguiendo una tradici&oacute;n iniciada por el beato Papa Juan Pablo II, celebramos tambi&eacute;n en el d&iacute;a de la fiesta de la Epifan&iacute;a la ordenaci&oacute;n episcopal de cuatro sacerdotes que, a partir de ahora, colaborar&aacute;n en diferentes funciones con el ministerio del Papa al servicio de la unidad de la &uacute;nica Iglesia de Cristo en la pluralidad de las Iglesias particulares. El nexo entre esta ordenaci&oacute;n episcopal y el tema de la peregrinaci&oacute;n de los pueblos hacia Jesucristo es evidente. La misi&oacute;n del Obispo no es solo la de caminar en esta peregrinaci&oacute;n junto a los dem&aacute;s, sino la de preceder e indicar el camino. En esta liturgia, quisiera adem&aacute;s reflexionar con vosotros sobre una cuesti&oacute;n m&aacute;s concreta. Bas&aacute;ndonos en la historia narrada por Mateo podemos hacernos una cierta idea sobre qu&eacute; clase de hombres eran aquellos que, a consecuencia del signo de la estrella, se pusieron en camino para encontrar aquel rey que iba a fundar, no s&oacute;lo para Israel, sino para toda la humanidad, una nueva especie de realeza. As&iacute; pues, &iquest;qu&eacute; clase de hombres eran? Y nos preguntamos tambi&eacute;n si, a partir de ellos, a pesar de la diferencia de los tiempos y los encargos, se puede entrever algo de lo que significa ser Obispo y de c&oacute;mo ha de cumplir su misi&oacute;n.<\/p>\n<p> Los hombres que entonces partieron hacia lo desconocido eran, en cualquier caso, hombres de coraz&oacute;n inquieto. Hombres movidos por la b&uacute;squeda inquieta de Dios y de la salvaci&oacute;n del mundo. Hombres que esperaban, que no se conformaban con sus rentas seguras y quiz&aacute;s una alta posici&oacute;n social. Buscaban la realidad m&aacute;s grande. Tal vez eran hombres doctos que ten&iacute;an un gran conocimiento de los astros y probablemente dispon&iacute;an tambi&eacute;n de una formaci&oacute;n filos&oacute;fica. Pero no solo quer&iacute;an saber muchas cosas. Quer&iacute;an saber sobre todo lo que es esencial. Quer&iacute;an saber c&oacute;mo se puede llegar a ser persona humana. Y por esto quer&iacute;an saber si Dios exist&iacute;a, d&oacute;nde est&aacute; y c&oacute;mo es. Si &eacute;l se preocupa de nosotros y c&oacute;mo podemos encontrarlo. No quer&iacute;an solamente saber. Quer&iacute;an reconocer la verdad sobre nosotros, y sobre Dios y el mundo. Su peregrinaci&oacute;n exterior era expresi&oacute;n de su estar interiormente en camino, de la peregrinaci&oacute;n interior de sus corazones. Eran hombres que buscaban a Dios y, en definitiva, estaban en camino hacia &eacute;l. Eran buscadores de Dios.<\/p>\n<p> Y con eso llegamos a la cuesti&oacute;n: &iquest;C&oacute;mo debe de ser un hombre al que se le imponen las manos por la ordenaci&oacute;n episcopal en la Iglesia de Jesucristo? Podemos decir: debe ser sobre todo un hombre cuyo inter&eacute;s est&eacute; orientado a Dios, porque s&oacute;lo as&iacute; se interesar&aacute; tambi&eacute;n verdaderamente por los hombres. Podemos decirlo tambi&eacute;n al rev&eacute;s: un Obispo debe de ser un hombre al que le importan los hombres, que se siente tocado por las vicisitudes de los hombres. Debe de ser un hombre para los dem&aacute;s. Pero solo lo ser&aacute; verdaderamente si es un hombre conquistado por Dios. Si la inquietud por Dios se ha trasformado en &eacute;l en una inquietud por su criatura, el hombre. Como los Magos de Oriente, un Obispo tampoco ha de ser uno que realiza su trabajo y no quiere nada m&aacute;s. No, ha de estar pose&iacute;do de la inquietud de Dios por los hombres. Debe, por as&iacute; decir, pensar y sentir junto con Dios. No es el hombre el &uacute;nico que tiene en s&iacute; la inquietud constitutiva por Dios, sino que esa inquietud es una participaci&oacute;n en la inquietud de Dios por nosotros. Puesto que Dios est&aacute; inquieto con relaci&oacute;n a nosotros, &eacute;l nos sigue hasta el pesebre, hasta la cruz. &laquo;Busc&aacute;ndome te sentaste cansado, me has redimido con el suplicio de la cruz: que tanto esfuerzo no sea en vano&raquo;, as&iacute; reza la Iglesia en el <em>Dies irae<\/em>. La inquietud del hombre hacia Dios y, a partir de ella, la inquietud de Dios hacia el hombre, no deben dejar tranquilo al Obispo. A esto nos referimos cuando decimos que el Obispo ha de ser sobre todo un hombre de fe. Porque la fe no es m&aacute;s que estar interiormente tocados por Dios, una condici&oacute;n que nos lleva por la v&iacute;a de la vida. La fe nos introduce en un estado en el que la inquietud de Dios se apodera de nosotros y nos convierte en peregrinos que est&aacute;n interiormente en camino hacia el verdadero rey del mundo y su promesa de justicia, verdad y amor. En esta peregrinaci&oacute;n, el Obispo debe de ir delante, debe ser el que indica a los hombres el camino hacia la fe, la esperanza y el amor.<\/p>\n<p> La peregrinaci&oacute;n interior de la fe hacia Dios se realiza sobre todo en la oraci&oacute;n. San Agust&iacute;n dijo una vez que la oraci&oacute;n, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, no ser&iacute;a m&aacute;s que la actualizaci&oacute;n y la radicalizaci&oacute;n de nuestro deseo de Dios. En lugar de la palabra &laquo;deseo&raquo; podr&iacute;amos poner tambi&eacute;n la palabra &laquo;inquietud&raquo; y decir que la oraci&oacute;n quiere arrancarnos de nuestra falsa comodidad, del estar encerrados en las realidades materiales, visibles y transmitirnos la inquietud por Dios, haci&eacute;ndonos precisamente as&iacute; abiertos e inquietos unos hacia otros. El Obispo, como peregrino de Dios, ha de ser sobre todo un hombre que reza. Ha de estar en un permanente contacto interior con Dios; su alma ha de estar completamente abierta a Dios. Ha de llevar a Dios sus dificultades y las de los dem&aacute;s, as&iacute; como sus alegr&iacute;as y las de los otros, y as&iacute;, a su modo, establecer el contacto entre Dios y el mundo en la comuni&oacute;n con Cristo, para que la luz de Cristo resplandezca en el mundo.<\/p>\n<p> Volvamos a los Magos de Oriente. Ellos eran tambi&eacute;n y sobre todo hombres que ten&iacute;an valor, el valor y la humildad de la fe. Se necesitaba tener valent&iacute;a para recibir el signo de la estrella como una orden de partir, para salir \u2013hacia lo desconocido, lo incierto, por los caminos llenos de multitud de peligros al acecho. Podemos imaginarnos las burlas que suscit&oacute; la decisi&oacute;n de estos hombres: la irrisi&oacute;n de los realistas que no pod&iacute;an sino burlarse de las fantas&iacute;as de estos hombres. El que part&iacute;a apoy&aacute;ndose en promesas tan inciertas, arriesg&aacute;ndolo todo, solo pod&iacute;a aparecer como alguien rid&iacute;culo. Pero, para estos hombres tocados interiormente por Dios, el camino acorde con las indicaciones divinas era m&aacute;s importante que la opini&oacute;n de la gente. La b&uacute;squeda de la verdad era para ellos m&aacute;s importante que las burlas del mundo, aparentemente inteligente.<\/p>\n<p> &iquest;C&oacute;mo no pensar, ante una situaci&oacute;n semejante, en la misi&oacute;n de un Obispo en nuestro tiempo? La humildad de la fe, del creer junto con la fe de la Iglesia de todos los tiempos, se encontrar&aacute; siempre en conflicto con la inteligencia dominante de los que se atienen a lo que en apariencia es seguro. Quien vive y anuncia la fe de la Iglesia, en muchos puntos no est&aacute; de acuerdo con las opiniones dominantes precisamente tambi&eacute;n en nuestro tiempo. El agnosticismo ampliamente imperante hoy tiene sus dogmas y es extremadamente intolerante frente a todo lo que lo pone en tela de juicio y cuestiona sus criterios. Por eso, el valor de contradecir las orientaciones dominantes es hoy especialmente acuciante para un Obispo. &Eacute;l ha de ser valeroso. Y ese valor o fortaleza no consiste en golpear con violencia, en la agresividad, sino en el dejarse golpear y enfrentarse a los criterios de las opiniones dominantes. A los que el Se&ntilde;or manda como corderos en medio de lobos se les requiere inevitablemente que tengan el valor de permanecer firmes con la verdad. &laquo;Quien teme al Se&ntilde;or no tiene miedo de nada&raquo;, dice el <em>Eclesi&aacute;stico<\/em> (34,14). El temor de Dios libera del temor de los hombres. Hace libres.<\/p>\n<p> En este contexto, recuerdo un episodio de los comienzos del cristianismo que san Lucas narra en los <em>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/em>. Tras el discurso de Gamaliel, que desaconsejaba la violencia contra la comunidad naciente de los creyentes en Jes&uacute;s, el Sanedr&iacute;n llam&oacute; a los ap&oacute;stoles y los mand&oacute; azotar. Despu&eacute;s les prohibi&oacute; predicar en nombre de Jes&uacute;s y los pusieron en libertad. San Lucas contin&uacute;a: &laquo;Los ap&oacute;stoles salieron del Sanedr&iacute;n contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jes&uacute;s. Ning&uacute;n d&iacute;a dejaban de ense&ntilde;ar\u2026 anunciando el Evangelio de Jesucristo&raquo; (<em>Hch<\/em> 5,40ss). Tambi&eacute;n los sucesores de los Ap&oacute;stoles se han de esperar ser constantemente golpeados, de manera moderna, si no cesan de anunciar de forma audible y comprensible el Evangelio de Jesucristo. Y entonces podr&aacute;n estar alegres de haber sido juzgados dignos de sufrir ultrajes por &eacute;l. Naturalmente, como los Ap&oacute;stoles, queremos convencer a las personas y, en este sentido, alcanzar la aprobaci&oacute;n. L&oacute;gicamente no provocamos, sino todo lo contrario, invitamos a todos a entrar en el gozo de la verdad que muestra el camino. La aprobaci&oacute;n de las opiniones dominantes no es el criterio al que nos sometemos. El criterio es &eacute;l mismo: el Se&ntilde;or. Si defendemos su causa, conquistaremos siempre, gracias a Dios, personas para el camino del Evangelio. Pero seremos tambi&eacute;n inevitablemente golpeados por aquellos que, con su vida, est&aacute;n en contraste con el Evangelio, y entonces daremos gracias por ser juzgados dignos de participar en la Pasi&oacute;n de Cristo.<\/p>\n<p> Los Magos siguieron la estrella, y as&iacute; llegaron hasta Jes&uacute;s, a la gran luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (cf. <em>Jn<\/em> 1,9). Como peregrinos de la fe, los Magos mismos se han convertido en estrellas que brillan en el cielo de la historia y nos muestran el camino. Los santos son las verdaderas constelaciones de Dios, que iluminan las noches de este mundo y nos gu&iacute;an. San Pablo, en la <em>carta a los Filipenses<\/em>, dijo a sus fieles que deben brillar como lumbreras del mundo (cf. 2,15).<\/p>\n<p> Queridos amigos, esto tiene que ver tambi&eacute;n con nosotros. Tiene que ver sobre todo con vosotros que, en este momento, ser&eacute;is ordenados Obispos de la Iglesia de Jesucristo. Si viv&iacute;s con Cristo, nuevamente vinculados a &eacute;l por el sacramento, entonces tambi&eacute;n vosotros llegar&eacute;is a ser sabios. Entonces ser&eacute;is astros que preceden a los hombres y les indican el camino recto de la vida. En este momento todos aqu&iacute; oramos por vosotros, para que el Se&ntilde;or os colme con la luz de la fe y del amor. Para que aquella inquietud de Dios por el hombre os toque, para que todos experimenten su cercan&iacute;a y reciban el don de su alegr&iacute;a. Oramos por vosotros, para que el Se&ntilde;or os done siempre la valent&iacute;a y la humildad de la fe. Oramos a Mar&iacute;a que ha mostrado a los Magos el nuevo Rey del mundo (<br \/>\n<em>Mt<\/em> 2,11), para que ella, como Madre amorosa, muestre tambi&eacute;n a vosotros a Jesucristo y os ayude a ser indicadores del camino que conduce a &eacute;l. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2013 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Domingo 6 de enero de 2013 (V&iacute;deo) Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas Para la Iglesia creyente y orante, los Magos de Oriente que, bajo la gu&iacute;a de la estrella, encontraron el camino hacia el pesebre &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2013-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de enero de 2013: Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41073","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41073","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41073"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41073\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41073"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41073"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41073"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}