{"id":41079,"date":"2016-10-06T15:25:39","date_gmt":"2016-10-06T20:25:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-2013-santa-misa-de-clausura-del-ano-de-la-fe-en-la-solemnidad-de-nuestro-senor-jesucristo-rey-del-universo-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:25:39","modified_gmt":"2016-10-06T20:25:39","slug":"24-de-noviembre-de-2013-santa-misa-de-clausura-del-ano-de-la-fe-en-la-solemnidad-de-nuestro-senor-jesucristo-rey-del-universo-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-2013-santa-misa-de-clausura-del-ano-de-la-fe-en-la-solemnidad-de-nuestro-senor-jesucristo-rey-del-universo-video\/","title":{"rendered":"24 de noviembre de 2013: Santa Misa de clausura del A\u00f1o de la Fe en la Solemnidad de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Rey del Universo (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2013\/20131124-libretto-chiusura-anno-fede.pdf\">SANTA MISA DE CLAUSURA<\/a> DEL <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/annus_fidei\/index_sp.htm\">A&Ntilde;O DE LA FE<\/a> <br \/>EN LA SOLEMNI<font face=\"Tahoma\">DAD DE NUESTRO SE&Ntilde;OR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"> <b><i>HO<\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i> Plaza de San Pedro<br \/> Domingo 24 de noviembre de 2013<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_LA48ZLE3\">V&iacute;deo<\/a><\/font><br \/> <i> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/chiusura-anno-fede20131124.html\"> Fotogaler&iacute;a<\/a><\/i><\/b><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p>La solemnidad de Cristo Rey del Universo, coronaci&oacute;n del a&ntilde;o lit&uacute;rgico, se&ntilde;ala tambi&eacute;n la conclusi&oacute;n del <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/annus_fidei\/index_sp.htm\">A&ntilde;o de la Fe<\/a>, convocado por el Papa Benedicto XVI, a quien recordamos ahora con afecto y reconocimiento por este don que nos ha dado. Con esa iniciativa providencial, nos ha dado la oportunidad de descubrir la belleza de ese camino de fe que comenz&oacute; el d&iacute;a de nuestro bautismo, que nos ha hecho hijos de Dios y hermanos en la Iglesia. Un camino que tiene como meta final el encuentro pleno con Dios, y en el que el Esp&iacute;ritu Santo nos purifica, eleva, santifica, para introducirnos en la felicidad que anhela nuestro coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Dirijo tambi&eacute;n un saludo cordial y fraterno a los Patriarcas y Arzobispos Mayores de las Iglesias orientales cat&oacute;licas, aqu&iacute; presentes. El saludo de paz que nos intercambiaremos quiere expresar sobre todo el reconocimiento del Obispo de Roma a estas Comunidades, que han confesado el nombre de Cristo con una fidelidad ejemplar, pagando con frecuencia un alto precio.<\/p>\n<p>Del mismo modo, y por su medio, deseo dirigirme a todos los cristianos que viven en Tierra Santa, en Siria y en todo el Oriente, para que todos obtengan el don de la paz y la concordia.<\/p>\n<p>Las lecturas b&iacute;blicas que se han proclamado tienen como hilo conductor la <i>centralidad de Cristo<\/i>. Cristo est&aacute; en el centro, Cristo es el centro. Cristo centro de la creaci&oacute;n, del pueblo y de la historia.<\/p>\n<p>1. El ap&oacute;stol Pablo, en la segunda lectura, tomada de la <i>carta a los Colosenses<\/i>, nos ofrece una visi&oacute;n muy profunda de la centralidad de Jes&uacute;s. Nos lo presenta como el <i>Primog&eacute;nito de toda la creaci&oacute;n<\/i>: en &eacute;l, por medio de &eacute;l y en vista de &eacute;l fueron creadas todas las cosas. &Eacute;l es el centro de todo, es el principio: Jesucristo, el Se&ntilde;or. Dios le ha dado la plenitud, la totalidad, para que en &eacute;l todas las cosas sean reconciliadas (cf. 1,12-20). Se&ntilde;or de la creaci&oacute;n, Se&ntilde;or de la reconciliaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Esta imagen nos ayuda a entender que Jes&uacute;s es el centro de la creaci&oacute;n; y as&iacute; la actitud que se pide al creyente, que quiere ser tal, es la de reconocer y acoger en la vida esta centralidad de Jesucristo, en los pensamientos, las palabras y las obras. Y as&iacute; nuestros pensamientos ser&aacute;n pensamientos <i> cristianos<\/i>, pensamientos de Cristo. Nuestras obras ser&aacute;n obras <i>cristianas<\/i>, obras de Cristo, nuestras palabras ser&aacute;n palabras <i>cristianas<\/i>, palabras de Cristo. En cambio, La p&eacute;rdida de este centro, al sustituirlo por otra cosa cualquiera, solo provoca da&ntilde;os, tanto para el ambiente que nos rodea como para el hombre mismo.<\/p>\n<p>2. Adem&aacute;s de ser centro de la creaci&oacute;n y centro de la reconciliaci&oacute;n, Cristo es <i>centro del pueblo de Dios<\/i>. Y precisamente hoy est&aacute; aqu&iacute;, en el centro. Ahora est&aacute; aqu&iacute; en la Palabra, y estar&aacute; aqu&iacute; en el altar, vivo, presente, en medio de nosotros, su pueblo. Nos lo muestra la primera lectura, en la que se habla del d&iacute;a en que las tribus de Israel se acercaron a David y ante el Se&ntilde;or lo ungieron rey sobre todo Israel (cf. <i>2S<\/i> 5,1-3). En la b&uacute;squeda de la figura ideal del rey, estos hombres buscaban a Dios mismo: un Dios que fuera cercano, que aceptara acompa&ntilde;ar al hombre en su camino, que se hiciese hermano suyo.<\/p>\n<p>Cristo, descendiente del rey David, es precisamente el <i> &laquo;hermano&raquo; alrededor del cual se constituye el pueblo<\/i>, que cuida de su pueblo, de todos nosotros, a precio de su vida. En &eacute;l somos uno; un &uacute;nico pueblo unido a &eacute;l, compartimos un solo camino, un solo destino. S&oacute;lo en &eacute;l, en &eacute;l como centro, encontramos la identidad como pueblo.<\/p>\n<p>3. Y, por &uacute;ltimo, Cristo es <i>el centro de la historia de la humanidad, y tambi&eacute;n el centro de la historia de todo hombre<\/i>. A &eacute;l podemos referir las alegr&iacute;as y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida. Cuando Jes&uacute;s es el centro, incluso los momentos m&aacute;s oscuros de nuestra existencia se iluminan, y nos da esperanza, como le sucedi&oacute; al buen ladr&oacute;n en el Evangelio de hoy.<\/p>\n<p>Mientras todos se dirigen a Jes&uacute;s con desprecio -&laquo;Si t&uacute; eres el Cristo, el Mes&iacute;as Rey, s&aacute;lvate a ti mismo bajando de la cruz&raquo;- aquel hombre, que se ha equivocado en la vida pero se arrepiente, al final se agarra a Jes&uacute;s crucificado implorando: &laquo;Acu&eacute;rdate de m&iacute; cuando llegues a tu reino&raquo; (<i>Lc <\/i> 23,42). Y Jes&uacute;s le promete: &laquo;Hoy estar&aacute;s conmigo en el para&iacute;so&raquo; (v. 43): su Reino. Jes&uacute;s s&oacute;lo pronuncia la palabra del perd&oacute;n, no la de la condena; y cuando el hombre encuentra el valor de pedir este perd&oacute;n, el Se&ntilde;or no deja de atender una petici&oacute;n como esa. Hoy todos podemos pensar en nuestra historia, nuestro camino. Cada uno de nosotros tiene su historia; cada uno tiene tambi&eacute;n sus equivocaciones, sus pecados, sus momentos felices y sus momentos tristes. En este d&iacute;a, nos vendr&aacute; bien pensar en nuestra historia, y mirar a Jes&uacute;s, y desde el coraz&oacute;n repetirle a menudo, pero con el coraz&oacute;n, en silencio, cada uno de nosotros: \u201cAcu&eacute;rdate de m&iacute;, Se&ntilde;or, ahora que est&aacute;s en tu Reino. Jes&uacute;s, acu&eacute;rdate de m&iacute;, porque yo quiero ser bueno, quiero ser buena, pero me falta la fuerza, no puedo: soy pecador, soy pecadora. Pero, acu&eacute;rdate de m&iacute;, Jes&uacute;s. T&uacute; puedes acordarte de m&iacute; porque t&uacute; est&aacute;s en el centro, t&uacute; est&aacute;s precisamente en tu Reino.\u201d &iexcl;Qu&eacute; bien! Hag&aacute;moslo hoy todos, cada uno en su coraz&oacute;n, muchas veces. \u201cAcu&eacute;rdate de m&iacute;, Se&ntilde;or, t&uacute; que est&aacute;s en el centro, t&uacute; que estas en tu Reino.\u201d <\/p>\n<p>La promesa de Jes&uacute;s al buen ladr&oacute;n nos da una gran esperanza: nos dice que la gracia de Dios es siempre m&aacute;s abundante que la plegaria que la ha pedido. El Se&ntilde;or siempre da m&aacute;s, es tan generoso, da siempre m&aacute;s de lo que se le pide: le pides que se acuerde de ti y te lleva a su Reino.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s es el centro de nuestros deseos de gozo y salvaci&oacute;n. Vayamos todos juntos por este camino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA DE CLAUSURA DEL A&Ntilde;O DE LA FE EN LA SOLEMNIDAD DE NUESTRO SE&Ntilde;OR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Plaza de San Pedro Domingo 24 de noviembre de 2013 V&iacute;deo Fotogaler&iacute;a &nbsp; La solemnidad de Cristo Rey del Universo, coronaci&oacute;n del a&ntilde;o lit&uacute;rgico, se&ntilde;ala tambi&eacute;n la conclusi&oacute;n del A&ntilde;o de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-2013-santa-misa-de-clausura-del-ano-de-la-fe-en-la-solemnidad-de-nuestro-senor-jesucristo-rey-del-universo-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab24 de noviembre de 2013: Santa Misa de clausura del A\u00f1o de la Fe en la Solemnidad de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Rey del Universo (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41079","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41079","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41079"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41079\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41079"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41079"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41079"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}