{"id":41087,"date":"2016-10-06T15:25:50","date_gmt":"2016-10-06T20:25:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-2013-santa-misa-en-la-plaza-de-san-francisco-de-asis-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:25:50","modified_gmt":"2016-10-06T20:25:50","slug":"4-de-octubre-de-2013-santa-misa-en-la-plaza-de-san-francisco-de-asis-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-2013-santa-misa-en-la-plaza-de-san-francisco-de-asis-video\/","title":{"rendered":"4 de octubre de 2013: Santa Misa en la Plaza de San Francisco de As\u00eds (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/francesco\/es\/travels\/2013\/inside\/documents\/papa-francesco-assisi-20131004.html\">VISITA PASTORAL A AS&Iacute;S<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b> SANTA MISA <\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i> <font color=\"#663300\">Plaza de San Francisco, As&iacute;s<br \/> Viernes 4 de octubre de 2013<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_BHW4NO1N\">V&iacute;deo<\/a><\/font><br \/> <i> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/assisi2013.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/i><\/b><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> &laquo;Te doy gracias, Padre, Se&ntilde;or del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los peque&ntilde;os&raquo; (<i>Mt<\/i> 11,25).<\/p>\n<p> Paz y bien a todos. Con este saludo franciscano os agradezco el haber venido aqu&iacute;, a esta plaza llena de historia y de fe, para rezar juntos.<\/p>\n<p> Como tantos peregrinos, tambi&eacute;n yo he venido para dar gracias al Padre por todo lo que ha querido revelar a uno de estos &laquo;peque&ntilde;os&raquo; de los que habla el evangelio: Francisco, hijo de un rico comerciante de As&iacute;s. El encuentro con Jes&uacute;s lo llev&oacute; a despojarse de una vida c&oacute;moda y superficial, para abrazar &laquo;la se&ntilde;ora pobreza&raquo; y vivir como verdadero hijo del Padre que est&aacute; en los cielos. Esta elecci&oacute;n de san Francisco representaba un modo radical de imitar a Cristo, de revestirse de Aquel que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. <i>2Co<\/i> 8,9). <i>El amor a los pobres y la imitaci&oacute;n de Cristo pobre<\/i> son dos elementos unidos de modo inseparable en la vida de Francisco, las dos caras de una misma moneda.<\/p>\n<p> &iquest;Cu&aacute;l es el testimonio que nos da hoy Francisco? &iquest;Qu&eacute; nos dice, no con las palabras \u2013esto es f&aacute;cil\u2013 sino con la vida?<\/p>\n<p> 1. La primera cosa que nos dice, la realidad fundamental que nos atestigua es &eacute;sta: ser cristianos es una <i>relaci&oacute;n viva con la Persona de Jes&uacute;s<\/i>, <i>es revestirse de &eacute;l, es asimilarse a &eacute;l<\/i>.<\/p>\n<p> &iquest;D&oacute;nde inicia el camino de Francisco hacia Cristo? Comienza con la <i> mirada de Jes&uacute;s en la cruz<\/i>. Dejarse mirar por &eacute;l en el momento en el que da la vida por nosotros y nos atrae a s&iacute;. Francisco lo experiment&oacute; de modo particular en la iglesita de San Dami&aacute;n, rezando delante del crucifijo, que hoy tambi&eacute;n yo venerar&eacute;. En aquel crucifijo Jes&uacute;s no aparece muerto, sino vivo. La sangre desciende de las heridas de las manos, los pies y el costado, pero esa sangre expresa vida. Jes&uacute;s no tiene los ojos cerrados, sino abiertos, de par en par: una mirada que habla al coraz&oacute;n. Y el Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; parad&oacute;jicamente nos habla de una muerte que es vida, que genera vida, porque nos habla de amor, porque &eacute;l es el Amor de Dios encarnado, y el Amor no muere, m&aacute;s a&uacute;n, vence el mal y la muerte. El que se deja mirar por Jes&uacute;s crucificado es re-creado, llega a ser una &laquo;nueva criatura&raquo;. De aqu&iacute; comienza todo: es la experiencia de la Gracia que transforma, el ser amados sin m&eacute;ritos, aun siendo pecadores. Por eso Francisco puede decir, como san Pablo: &laquo;En cuanto a m&iacute;, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&raquo; (<i>Ga <\/i>6,14).<\/p>\n<p> Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: ens&eacute;&ntilde;anos a permanecer ante el Crucificado, a dejarnos mirar por &eacute;l, a dejarnos perdonar, recrear por su amor.<\/p>\n<p> 2. En el evangelio hemos escuchado estas palabras: &laquo;Venid a m&iacute; todos los que est&aacute;is cansados y agobiados, y yo os aliviar&eacute;. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de m&iacute;, que soy manso y humilde de coraz&oacute;n&raquo; (<i>Mt<\/i> 11,28-29).<\/p>\n<p> &Eacute;sta es la segunda cosa que Francisco nos atestigua: <i>quien sigue a Cristo, recibe la verdadera paz, aquella que s&oacute;lo &eacute;l, y no el mundo, nos puede dar<\/i>. Muchos asocian a san Francisco con la paz, pero pocos profundizan. &iquest;Cu&aacute;l es la paz que Francisco acogi&oacute; y vivi&oacute; y nos transmite? La de Cristo, que pasa a trav&eacute;s del amor m&aacute;s grande, el de la Cruz. Es la paz que Jes&uacute;s resucitado dio a los disc&iacute;pulos cuando se apareci&oacute; en medio de ellos (cf. <i>Jn<\/i> 20,19.20).<\/p>\n<p> La paz franciscana no es un sentimiento almibarado. Por favor: &iexcl;ese san Francisco no existe! Y ni siquiera es una especie de armon&iacute;a pante&iacute;sta con las energ&iacute;as del cosmos\u2026 Tampoco esto es franciscano, tampoco esto es franciscano, sino una idea que algunos han construido. La paz de san Francisco es la de Cristo, y la encuentra el que &laquo;carga&raquo; con su &laquo;yugo&raquo;, es decir su mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado (cf. <i>Jn<\/i> 13,34; 15,12). Y este yugo no se puede llevar con arrogancia, con presunci&oacute;n, con soberbia, sino s&oacute;lo se puede llevar con mansedumbre y humildad de coraz&oacute;n.<\/p>\n<p> Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: ens&eacute;&ntilde;anos a ser &laquo;instrumentos de la paz&raquo;, de la paz que tiene su fuente en Dios, la paz que nos ha tra&iacute;do el Se&ntilde;or Jes&uacute;s.<\/p>\n<p> 3. Francisco inicia el C&aacute;ntico as&iacute;: &laquo;Alt&iacute;simo, omnipotente y buen Se&ntilde;or\u2026 Alabado seas\u2026 con todas las criaturas&raquo; (<i>FF<\/i>, 1820). El amor por toda la creaci&oacute;n, por su armon&iacute;a. El Santo de As&iacute;s da testimonio del <i>respeto hacia todo lo que Dios ha creado<\/i> y como &Eacute;l lo ha creado, sin experimentar con la creaci&oacute;n para destruirla; ayudarla a crecer, a ser m&aacute;s hermosa y m&aacute;s parecida a lo que Dios ha creado. Y sobre todo san Francisco es testigo del respeto por todo, de que el hombre est&aacute; llamado a custodiar al hombre, de que el hombre est&aacute; en el centro de la creaci&oacute;n, en el puesto en el que Dios \u2013 el Creador \u2013 lo ha querido, sin ser instrumento de los &iacute;dolos que nos creamos. &iexcl;La armon&iacute;a y la paz! Francisco fue hombre de armon&iacute;a, un hombre de paz. Desde esta Ciudad de la paz, repito con la fuerza y mansedumbre del amor: respetemos la creaci&oacute;n, no seamos instrumentos de destrucci&oacute;n. Respetemos todo ser humano: que cesen los conflictos armados que ensangrientan la tierra, que callen las armas y en todas partes el odio ceda el puesto al amor, la ofensa al perd&oacute;n y la discordia a la uni&oacute;n. Escuchemos el grito de los que lloran, sufren y mueren por la violencia, el terrorismo o la guerra, en Tierra Santa, tan amada por san Francisco, en Siria, en todo el Oriente Medio, en todo el mundo.<\/p>\n<p> Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: Alc&aacute;nzanos de Dios para nuestro mundo el don de la armon&iacute;a, la paz y el respeto por la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p> No puedo olvidar, en fin, que <i>Italia celebra hoy a san Francisco como su Patr&oacute;n<\/i>. Y felicito a todos los italianos, en la persona del Jefe del Gobierno, aqu&iacute; presente. Lo expresa tambi&eacute;n el tradicional gesto de la ofrenda del aceite para la l&aacute;mpara votiva, que este a&ntilde;o corresponde precisamente a la Regi&oacute;n de Umbr&iacute;a. Recemos por la Naci&oacute;n italiana, para que cada uno trabaje siempre para el bien com&uacute;n, mirando m&aacute;s lo que une que lo que divide.<\/p>\n<p> Hago m&iacute;a la oraci&oacute;n de san Francisco por As&iacute;s, por Italia, por el mundo: &laquo;Te ruego, pues, Se&ntilde;or m&iacute;o Jesucristo, Padre de toda misericordia, que no te acuerdes de nuestras ingratitudes, sino ten presente la inagotable clemencia que has manifestado en [esta ciudad], para que sea siempre lugar y morada de los que de veras te conocen y glorifican tu nombre, bendito y glorios&iacute;simo, por los siglos de los siglos. Am&eacute;n&raquo; (<i>Espejo de perfecci&oacute;n<\/i>, 124: <i>FF,<\/i> 1824).<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A AS&Iacute;S SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Plaza de San Francisco, As&iacute;s Viernes 4 de octubre de 2013 V&iacute;deo Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; &laquo;Te doy gracias, Padre, Se&ntilde;or del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los peque&ntilde;os&raquo; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-octubre-de-2013-santa-misa-en-la-plaza-de-san-francisco-de-asis-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab4 de octubre de 2013: Santa Misa en la Plaza de San Francisco de As\u00eds (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41087","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41087","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41087"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41087\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41087"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41087"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41087"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}