{"id":41091,"date":"2016-10-06T15:25:55","date_gmt":"2016-10-06T20:25:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-agosto-de-2013-santa-misa-de-apertura-del-capitulo-general-de-la-orden-de-san-agustin-basilica-romana-de-los-santos-trifon-y-agustin-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:25:55","modified_gmt":"2016-10-06T20:25:55","slug":"28-de-agosto-de-2013-santa-misa-de-apertura-del-capitulo-general-de-la-orden-de-san-agustin-basilica-romana-de-los-santos-trifon-y-agustin-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-agosto-de-2013-santa-misa-de-apertura-del-capitulo-general-de-la-orden-de-san-agustin-basilica-romana-de-los-santos-trifon-y-agustin-video\/","title":{"rendered":"28 de agosto de 2013: Santa Misa de apertura del cap\u00edtulo general de la Orden de San Agust\u00edn (Bas\u00edlica  romana de los santos Trif\u00f3n y Agust\u00edn) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">SANTA MISA DE APERTURA DEL CAP&Iacute;TULO GENERAL<br \/> DE LA ORDEN DE SAN AGUST&Iacute;N<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p> <font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica romana de los santos Trif&oacute;n y Agust&iacute;n<br \/> Mi&eacute;rcoles 28 de agosto de 2013<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_2O8G66UZ\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;Nos hiciste para Ti y nuestro coraz&oacute;n est&aacute; inquieto hasta que descanse en ti&raquo; (<i>Las Confesiones<\/i>, I, 1, 1). Con estas palabras, que se han hecho c&eacute;lebres, san Agust&iacute;n se dirige a Dios en las Confesiones, y en estas palabras est&aacute; la s&iacute;ntesis de toda su vida. <\/p>\n<p>&laquo;Inquietud&raquo;. Esta palabra me impresiona y me hace reflexionar. Desear&iacute;a partir de una pregunta: &iquest;qu&eacute; inquietud fundamental vive Agust&iacute;n en su vida? O tal vez deber&iacute;a decir m&aacute;s bien: &iquest;qu&eacute; inquietudes nos invita a suscitar y a mantener vivas en nuestra vida este gran hombre y santo? Propongo tres: la inquietud de la b&uacute;squeda espiritual, la inquietud del encuentro con Dios, la inquietud del amor. <\/p>\n<p>La primera: la inquietud de la b&uacute;squeda espiritual. Agust&iacute;n vive una experiencia bastante com&uacute;n hoy: bastante com&uacute;n entre los j&oacute;venes de hoy. Es educado por su madre M&oacute;nica en la fe cristiana, aunque no recibe el bautismo, pero creciendo se aleja, no encuentra en ella la respuesta a sus interrogantes, a los deseos de su coraz&oacute;n, y es atra&iacute;do por otras propuestas. Entra entonces en el grupo de los maniqueos, se dedica con empe&ntilde;o a sus estudios, no renuncia a la diversi&oacute;n despreocupada, a los espect&aacute;culos del tiempo, intensas amistades, conoce el amor intenso y emprende una brillante carrera de maestro de ret&oacute;rica que le lleva hasta la corte imperial de Mil&aacute;n. Agust&iacute;n es un hombre &laquo;acreditado&raquo;, tiene todo, pero en su coraz&oacute;n permanece la inquietud de la b&uacute;squeda del sentido profundo de la vida; su coraz&oacute;n no est&aacute; dormido, dir&iacute;a que no est&aacute; anestesiado por el &eacute;xito, por las cosas, por el poder. Agust&iacute;n no se encierra en s&iacute; mismo, no se acomoda, sigue buscando la verdad, el sentido de la vida, contin&uacute;a buscando el rostro de Dios. Cierto, comete errores, toma tambi&eacute;n caminos equivocados, peca, es un pecador; pero no pierde la inquietud de la b&uacute;squeda espiritual. Y de este modo descubre que Dios le esperaba; m&aacute;s a&uacute;n, que jam&aacute;s hab&iacute;a dejado de buscarle &Eacute;l primero. Desear&iacute;a decir a quien se siente indiferente hacia Dios, hacia la fe, a quien est&aacute; lejos de Dios o le ha abandonado, tambi&eacute;n a nosotros, con nuestros &laquo;alejamientos&raquo; y nuestros &laquo;abandonos&raquo; respecto a Dios, peque&ntilde;os, tal vez, pero hay muchos en la vida cotidiana: mira en lo profundo de tu coraz&oacute;n, mira en lo &iacute;ntimo de ti mismo, y preg&uacute;ntate: &iquest;tienes un coraz&oacute;n que desea algo grande o un coraz&oacute;n adormecido por las cosas? &iquest;Tu coraz&oacute;n ha conservado la inquietud de la b&uacute;squeda o lo has dejado sofocar por las cosas, que acaban por atrofiarlo? Dios te espera, te busca: &iquest;qu&eacute; respondes? &iquest;Te has dado cuenta de esta situaci&oacute;n de tu alma? &iquest;O duermes? &iquest;Crees que Dios te espera o para ti esta verdad son solamente &laquo;palabras&raquo;?<\/p>\n<p>En Agust&iacute;n es precisamente esta inquietud del coraz&oacute;n lo que le lleva al encuentro personal con Cristo, le lleva a comprender que ese Dios que buscaba lejos de s&iacute; es el Dios cercano a cada ser humano, el Dios cercano a nuestro coraz&oacute;n, m&aacute;s &iacute;ntimo a nosotros que nosotros mismos (cf. <i>ibid<\/i>., III, 6, 11). Pero igualmente en el descubrimiento y en el encuentro con Dios, Agust&iacute;n no se detiene, no se arrellana, no se cierra en s&iacute; mismo como quien ya ha llegado, sino que contin&uacute;a el camino. La inquietud de la b&uacute;squeda de la verdad, de la b&uacute;squeda de Dios, se convierte en la inquietud de conocerle cada vez m&aacute;s y de salir de s&iacute; mismo para darlo a conocer a los dem&aacute;s. Es justamente la inquietud del amor. Desear&iacute;a una vida tranquila de estudio y de oraci&oacute;n, pero Dios le llama a ser Pastor en Hipona, en un momento dif&iacute;cil, con una comunidad dividida y la guerra a las puertas. Y Agust&iacute;n se deja inquietar por Dios, no se cansa de anunciarlo, de evangelizar con valent&iacute;a, sin temor, busca ser la imagen de Jes&uacute;s Buen Pastor que conoce a sus ovejas (cf. <i>Jn <\/i>10, 14), m&aacute;s a&uacute;n, como me gusta repetir, que &laquo;percibe el olor de su reba&ntilde;o&raquo;, y sale a buscar las perdidas. Agust&iacute;n vive lo que san Pablo indica a Timoteo y a cada uno de nosotros: anuncia la palabra, insiste en el momento oportuno y no oportuno, anuncia el Evangelio con el coraz&oacute;n magn&aacute;nimo, grande (cf. <i>2 Tm<\/i> 4, 2) de un Pastor que est&aacute; inquieto por sus ovejas. El tesoro de Agust&iacute;n es precisamente esta actitud: salir siempre hacia Dios, salir siempre hacia el reba&ntilde;o&#8230; Es un hombre en tensi&oacute;n, entre estas dos salidas; no &laquo;privatizar&raquo; el amor&#8230; &iexcl;siempre en camino! Siempre en camino, dec&iacute;a Padre, usted. &iexcl;Siempre inquieto! Y &eacute;sta es la paz de la inquietud. Podemos preguntarnos: &iquest;estoy inquieto por Dios, por anunciarlo, para darlo a conocer? &iquest;O me dejo fascinar por esa mundanidad espiritual que empuja a hacer todo por amor a uno mismo? Nosotros, consagrados, pensamos en los intereses personales, en el funcionalismo de las obras, en el carrerismo. &iexcl;Bah! Tantas cosas podemos pensar&#8230; Por as&iacute; decirlo &iquest;me he &laquo;acomodado&raquo; en mi vida cristiana, en mi vida sacerdotal, en mi vida religiosa, tambi&eacute;n en mi vida de comunidad, o conservo la fuerza de la inquietud por Dios, por su Palabra, que me lleva a &laquo;salir fuera&raquo;, hacia los dem&aacute;s?<\/p>\n<p>Y llegamos a la &uacute;ltima inquietud, la inquietud del amor. Aqu&iacute; no puedo no mirar a su mam&aacute;: a M&oacute;nica. &iexcl;Cu&aacute;ntas l&aacute;grimas derram&oacute; esa santa mujer por la conversi&oacute;n del hijo! &iexcl;Y cu&aacute;ntas mam&aacute;s tambi&eacute;n hoy derraman l&aacute;grimas para que los propios hijos regresen a Cristo! &iexcl;No perd&aacute;is la esperanza en la gracia de Dios! En las Confesiones leemos esta frase que un obispo dijo a santa M&oacute;nica, quien ped&iacute;a que ayudara a su hijo a reencontrar el camino de la fe: &laquo;No es posible que perezca el hijo de tantas l&aacute;grimas&raquo; (III, 12, 21). El propio Agust&iacute;n, tras la conversi&oacute;n, dirigi&eacute;ndose a Dios, escribe: &laquo;mi madre, fiel sierva tuya, llor&aacute;bame ante ti mucho m&aacute;s que las dem&aacute;s madres suelen llorar la muerte corporal de sus hijos&raquo; (<i>ibid<\/i>., III, 11, 19). Mujer inquieta, esta mujer, que al final dice esa bella palabra: <i> cumulatius hoc mihi Deus praestitit<\/i>! [superabundantemente me ha concedido esto mi Dios] (<i>ibid<\/i>., IX, 10, 26). &iexcl;Aquello por lo que ella lloraba, Dios se lo dio abundantemente! Y Agust&iacute;n es heredero de M&oacute;nica, de ella recibe la semilla de la inquietud. He aqu&iacute;, entonces, la inquietud del amor: buscar siempre, sin descanso, el bien del otro, de la persona amada, con esa intensidad que lleva incluso a las l&aacute;grimas. Me vienen a la mente: Jes&uacute;s que llora ante el sepulcro del amigo L&aacute;zaro; Pedro que, tras haber negado a Jes&uacute;s, encuentra la mirada rica de misericordia y de amor y llora amargamente; el padre que espera en la terraza el regreso del hijo y cuando a&uacute;n est&aacute; lejos corre a su encuentro; me viene a la mente la Virgen Mar&iacute;a que con amor sigue a su Hijo Jes&uacute;s hasta la Cruz. &iquest;C&oacute;mo estamos con la inquietud del amor? &iquest;Creemos en el amor a Dios y a los dem&aacute;s? &iquest;O somos nominalistas en esto? No de modo abstracto, no s&oacute;lo las palabras, sino el hermano concreto que encontramos, &iexcl;el hermano que tenemos al lado! &iquest;Nos dejamos inquietar por sus necesidades o nos quedamos encerrados en nosotros mismos, en nuestras comunidades, que muchas veces es para nosotros &laquo;comunidad-comodidad&raquo;? A veces se puede vivir en una vecindad sin conocer a quien tenemos al lado; o bien se puede estar en comunidad sin conocer verdaderamente al propio hermano: con dolor pienso en los consagrados que no son fecundos, que son &laquo;solterones&raquo;. La inquietud del amor impulsa siempre a salir al encuentro del otro, sin esperar que sea el otro quien manifieste su necesidad. La inquietud del amor nos regala el don de la fecundidad pastoral, y nosotros debemos preguntarnos, cada uno de nosotros: &iquest;c&oacute;mo va mi fecundidad espiritual, mi fecundidad pastoral?<\/p>\n<p>Rogamos al Se&ntilde;or por vosotros, queridos agustinos, que inici&aacute;is el cap&iacute;tulo general, y por todos nosotros, que conserve en nuestro coraz&oacute;n la inquietud espiritual de buscarlo siempre, la inquietud de anunciarlo con valent&iacute;a, la inquietud del amor hacia cada hermano y hermana. Que as&iacute; sea.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA DE APERTURA DEL CAP&Iacute;TULO GENERAL DE LA ORDEN DE SAN AGUST&Iacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica romana de los santos Trif&oacute;n y Agust&iacute;n Mi&eacute;rcoles 28 de agosto de 2013 V&iacute;deo &nbsp; &laquo;Nos hiciste para Ti y nuestro coraz&oacute;n est&aacute; inquieto hasta que descanse en ti&raquo; (Las Confesiones, I, 1, 1). Con estas &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-agosto-de-2013-santa-misa-de-apertura-del-capitulo-general-de-la-orden-de-san-agustin-basilica-romana-de-los-santos-trifon-y-agustin-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de agosto de 2013: Santa Misa de apertura del cap\u00edtulo general de la Orden de San Agust\u00edn (Bas\u00edlica  romana de los santos Trif\u00f3n y Agust\u00edn) (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41091","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41091","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41091"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41091\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41091"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41091"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41091"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}