{"id":41092,"date":"2016-10-06T15:25:57","date_gmt":"2016-10-06T20:25:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-2013-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-castelgandolfo-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:25:57","modified_gmt":"2016-10-06T20:25:57","slug":"15-de-agosto-de-2013-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-castelgandolfo-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-2013-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-castelgandolfo-video\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 2013: Solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda &#8211; Santa Misa en Castelgandolfo (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD <br \/> DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA VIRGEN MAR&Iacute;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Castelgandolfo, 15 de agosto de 2013<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_GT116I52\">V&iacute;deo<\/a><br \/> <i> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/15agosto2013.html\"> Fotogaler&iacute;a<\/a><\/i><\/b><\/p>\n<\/p>\n<p>   <i>Queridos hermanos y hermanas<\/i> <\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II, al final de la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Constituci&oacute;n sobre la Iglesia<\/a>, nos ha dejado una bell&iacute;sima meditaci&oacute;n sobre Mar&iacute;a Sant&iacute;sima. Recuerdo solamente las palabras que se refieren al misterio que hoy celebramos. La primera es &eacute;sta: &laquo;La Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al trono por el Se&ntilde;or como Reina del universo&raquo; (n. 59). Y despu&eacute;s, hacia el final, &eacute;sta otra: &laquo;La Madre de Jes&uacute;s, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegar&aacute; a su plenitud en el siglo futuro. Tambi&eacute;n en este mundo, hasta que llegue el d&iacute;a del Se&ntilde;or, brilla ante el Pueblo de Dios en marcha, como se&ntilde;al de esperanza cierta y de consuelo&raquo; (n. 68). A la luz de esta imagen bell&iacute;sima de nuestra Madre, podemos considerar el mensaje que contienen las lecturas b&iacute;blicas que hemos apenas escuchado. Podemos concentrarnos en tres palabras clave: lucha, resurrecci&oacute;n, esperanza.<\/p>\n<p> El pasaje del Apocalipsis presenta la visi&oacute;n de la<br \/>\n   <i>lucha <\/i>entre la mujer y el drag&oacute;n. La figura de la mujer, que representa a la Iglesia, aparece por una parte gloriosa, triunfante, y por otra con dolores. As&iacute; es en efecto la Iglesia: si en el Cielo ya participa de la gloria de su Se&ntilde;or, en la historia vive continuamente las pruebas y desaf&iacute;os que comporta el conflicto entre Dios y el maligno, el enemigo de siempre. En esta lucha que los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s han de sostener \u2013 todos nosotros, todos los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s debemos sostener esta lucha \u2013, Mar&iacute;a no les deja solos; la Madre de Cristo y de la Iglesia est&aacute; siempre con nosotros. Siempre camina con nosotros, est&aacute; con nosotros. Tambi&eacute;n Mar&iacute;a participa, en cierto sentido, de esta doble condici&oacute;n. Ella, naturalmente, ha entrado definitivamente en la gloria del Cielo. Pero esto no significa que est&eacute; lejos, que se separe de nosotros; Mar&iacute;a, por el contrario, nos acompa&ntilde;a, lucha con nosotros, sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal. La oraci&oacute;n con Mar&iacute;a, en especial el Rosario \u2013 pero escuchadme con atenci&oacute;n: el Rosario. &iquest;Vosotros rez&aacute;is el Rosario todos los d&iacute;as? No creo<br \/>\n   <i>[la gente grita: S&iacute;] <\/i>&iquest;Seguro? Pues bien, la oraci&oacute;n con Mar&iacute;a, en particular el Rosario, tiene tambi&eacute;n esta dimensi&oacute;n &laquo;agon&iacute;stica&raquo;, es decir, de lucha, una oraci&oacute;n que sostiene en la batalla contra el maligno y sus c&oacute;mplices. Tambi&eacute;n el Rosario nos sostiene en la batalla. <\/p>\n<p>La segunda lectura nos habla de la <i>resurrecci&oacute;n.<\/i> El ap&oacute;stol Pablo, escribiendo a los corintios, insiste en que ser cristianos significa creer que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos. Toda nuestra fe se basa en esta verdad fundamental, que no es una idea sino un acontecimiento. Tambi&eacute;n el misterio de la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a en cuerpo y alma se inscribe completamente en la resurrecci&oacute;n de Cristo. La humanidad de la Madre ha sido &laquo;atra&iacute;da&raquo; por el Hijo en su paso a trav&eacute;s de la muerte. Jes&uacute;s entr&oacute; definitivamente en la vida eterna con toda su humanidad, la que hab&iacute;a tomado de Mar&iacute;a; as&iacute; ella, la Madre, que lo ha seguido fielmente durante toda su vida, lo ha seguido con el coraz&oacute;n, ha entrado con &eacute;l en la vida eterna, que llamamos tambi&eacute;n Cielo, Para&iacute;so, Casa del Padre.<\/p>\n<p> Mar&iacute;a ha conocido tambi&eacute;n el martirio de la cruz: el martirio de su coraz&oacute;n, el martirio del alma. Ha sufrido mucho en su coraz&oacute;n, mientras Jes&uacute;s sufr&iacute;a en la cruz. Ha vivido la pasi&oacute;n del Hijo hasta el fondo del alma. Ha estado completamente unida a &eacute;l en la muerte, y por eso ha recibido el don de la resurrecci&oacute;n. Cristo es la primicia de los resucitados, y Mar&iacute;a es la primicia de los redimidos, la primera de &laquo;aquellos que son de Cristo&raquo;. Es nuestra Madre, pero tambi&eacute;n podemos decir que es nuestra representante, es nuestra hermana, nuestra primera hermana, es la primera de los redimidos que ha llegado al cielo. <\/p>\n<p>El evangelio nos sugiere la tercera palabra: <i>esperanza.<\/i> Esperanza es la virtud del que experimentando el conflicto, la lucha cotidiana entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal, cree en la resurrecci&oacute;n de Cristo, en la victoria del amor. Hemos escuchado el Canto de Mar&iacute;a, el <i>Magnificat<\/i> es el c&aacute;ntico de la esperanza, el c&aacute;ntico del Pueblo de Dios que camina en la historia. Es el c&aacute;ntico de tantos santos y santas, algunos conocidos, otros, much&iacute;simos, desconocidos, pero que Dios conoce bien: mam&aacute;s, pap&aacute;s, catequistas, misioneros, sacerdotes, religiosas, j&oacute;venes, tambi&eacute;n ni&ntilde;os, abuelos, abuelas, estos han afrontado la lucha por la vida llevando en el coraz&oacute;n la esperanza de los peque&ntilde;os y humildes. Mar&iacute;a dice: &laquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or&raquo;, hoy la Iglesia tambi&eacute;n canta esto y lo canta en todo el mundo. Este c&aacute;ntico es especialmente intenso all&iacute; donde el Cuerpo de Cristo sufre hoy la Pasi&oacute;n. Donde est&aacute; la cruz, para nosotros los cristianos hay esperanza, siempre. Si no hay esperanza, no somos cristianos. Por esto me gusta decir: no os dej&eacute;is robar la esperanza. Que no os roben la esperanza, porque esta fuerza es una gracia, un don de Dios que nos hace avanzar mirando al cielo. Y Mar&iacute;a est&aacute; siempre all&iacute;, cercana a esas comunidades, a esos hermanos nuestros, camina con ellos, sufre con ellos, y canta con ellos el <i>Magnificat<\/i> de la esperanza.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, un&aacute;monos tambi&eacute;n nosotros, con el coraz&oacute;n, a este c&aacute;ntico de paciencia y victoria, de lucha y alegr&iacute;a, que une a la Iglesia triunfante con la peregrinante, nosotros; que une el cielo y la tierra, que une nuestra historia con la eternidad, hacia la que caminamos. Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA VIRGEN MAR&Iacute;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Castelgandolfo, 15 de agosto de 2013 V&iacute;deo Fotogaler&iacute;a Queridos hermanos y hermanas El Concilio Vaticano II, al final de la Constituci&oacute;n sobre la Iglesia, nos ha dejado una bell&iacute;sima meditaci&oacute;n sobre Mar&iacute;a Sant&iacute;sima. 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