{"id":41101,"date":"2016-10-06T15:26:13","date_gmt":"2016-10-06T20:26:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-mayo-de-2013-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:26:13","modified_gmt":"2016-10-06T20:26:13","slug":"30-de-mayo-de-2013-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-mayo-de-2013-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-video\/","title":{"rendered":"30 de mayo de 2013: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2013\/20130530-libretto-corpus-domini.pdf\"> SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS <\/a><\/font> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2013\/20130530-libretto-corpus-domini.pdf\"> CHRISTI<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b> HOMIL&Iacute;A DEL <\/b><\/font><\/i> <font color=\"#663300\" size=\"4\"><b><i>SANTO PADRE FRANCISCO<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"> Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/> Jueves <\/font><\/i><font color=\"#663300\"><i>30 de mayo de 2013<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_QBRCE7PB\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/p>\n<p> &nbsp; <\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>En el Evangelio que hemos escuchado hay una expresi&oacute;n de Jes&uacute;s que me impresiona siempre: &laquo;Dadles vosotros de comer&raquo; (<i>Lc <\/i>9, 13). Partiendo de esta frase, me dejo guiar por tres palabras: seguimiento, comuni&oacute;n, compartir.<\/p>\n<p>Ante todo: &iquest;a qui&eacute;nes hay que dar de comer? La respuesta la encontramos al inicio del pasaje evang&eacute;lico: es la muchedumbre, la multitud. Jes&uacute;s est&aacute; en medio de la gente, la acoge, le habla, la atiende, le muestra la misericordia de Dios; en medio de ella elige a los Doce Ap&oacute;stoles para estar con &Eacute;l y sumergirse como &Eacute;l en las situaciones concretas del mundo. Y la gente <i> le sigue<\/i>, le escucha, porque Jes&uacute;s habla y act&uacute;a de un modo nuevo, con la autoridad de quien es aut&eacute;ntico y coherente, de quien habla y act&uacute;a con verdad, de quien dona la esperanza que viene de Dios, de quien es revelaci&oacute;n del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con alegr&iacute;a, bendice a Dios. <\/p>\n<p>Esta tarde nosotros somos la multitud del Evangelio, tambi&eacute;n nosotros buscamos seguir a Jes&uacute;s para escucharle, para entrar en comuni&oacute;n con &Eacute;l en la Eucarist&iacute;a, para acompa&ntilde;arle y para que nos acompa&ntilde;e. Pregunt&eacute;monos: &iquest;c&oacute;mo sigo yo a Jes&uacute;s? Jes&uacute;s habla en silencio en el Misterio de la Eucarist&iacute;a y cada vez nos recuerda que seguirle quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesi&oacute;n nuestra, sino un don a &Eacute;l y a los dem&aacute;s. <\/p>\n<p>Demos un paso adelante: &iquest;de d&oacute;nde nace la invitaci&oacute;n que Jes&uacute;s hace a los disc&iacute;pulos para que sacien ellos mismos a la multitud? Nace de dos elementos: ante todo de la multitud, que, siguiendo a Jes&uacute;s, est&aacute; a la intemperie, lejos de lugares habitados, mientras se hace tarde; y despu&eacute;s de la preocupaci&oacute;n de los disc&iacute;pulos, que piden a Jes&uacute;s que despida a la muchedumbre para que se dirija a los lugares vecinos a hallar alimento y cobijo (cf. <i>Lc <\/i>9, 12). Ante la necesidad de la multitud, he aqu&iacute; la soluci&oacute;n de los disc&iacute;pulos: que cada uno se ocupe de s&iacute; mismo; &iexcl;despedir a la muchedumbre! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces nosotros cristianos hemos tenido esta tentaci&oacute;n! No nos hacemos cargo de las necesidades de los dem&aacute;s, despidi&eacute;ndoles con un piadoso: &laquo;Que Dios te ayude&raquo;, o con un no tan piadoso: &laquo;Buena suerte&raquo;, y si no te veo m&aacute;s&#8230; Pero la soluci&oacute;n de Jes&uacute;s va en otra direcci&oacute;n, una direcci&oacute;n que sorprende a los disc&iacute;pulos: &laquo;Dadles vosotros de comer&raquo;. Pero &iquest;c&oacute;mo es posible que seamos nosotros quienes demos de comer a una multitud? &laquo;No tenemos m&aacute;s que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente&raquo; (<i>Lc <\/i>9, 13). Pero Jes&uacute;s no se desanima: pide a los disc&iacute;pulos que hagan sentarse a la gente en comunidades de cincuenta personas, eleva los ojos al cielo, reza la bendici&oacute;n, parte los panes y los da a los disc&iacute;pulos para que los distribuyan (cf. <i>Lc <\/i>9, 16). Es un momento de profunda <i>comuni&oacute;n<\/i>: la multitud saciada por la palabra del Se&ntilde;or se nutre ahora por su pan de vida. Y todos se saciaron, apunta el Evangelista (cf. <i>Lc <\/i>9, 17).<\/p>\n<p>Esta tarde, tambi&eacute;n nosotros estamos alrededor de la mesa del Se&ntilde;or, de la mesa del Sacrificio eucar&iacute;stico, en la que &Eacute;l nos dona de nuevo su Cuerpo, hace presente el &uacute;nico sacrificio de la Cruz. Es en la escucha de su Palabra, aliment&aacute;ndonos de su Cuerpo y de su Sangre, como &Eacute;l hace que pasemos de ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comuni&oacute;n. La Eucarist&iacute;a es el Sacramento de la comuni&oacute;n, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento, la fe en &Eacute;l. Entonces todos deber&iacute;amos preguntarnos ante el Se&ntilde;or: &iquest;c&oacute;mo vivo yo la Eucarist&iacute;a? &iquest;La vivo de modo an&oacute;nimo o como momento de verdadera comuni&oacute;n con el Se&ntilde;or, pero tambi&eacute;n con todos los hermanos y las hermanas que comparten esta misma mesa? &iquest;C&oacute;mo son nuestras celebraciones eucar&iacute;sticas? <\/p>\n<p>Un &uacute;ltimo elemento: &iquest;de d&oacute;nde nace la multiplicaci&oacute;n de los panes? La respuesta est&aacute; en la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s a los disc&iacute;pulos: &laquo;Dadles vosotros&#8230;&raquo;, &laquo;dar&raquo;, <i> compartir<\/i>. &iquest;Qu&eacute; comparten los disc&iacute;pulos? Lo poco que tienen: cinco panes y dos peces. Pero son precisamente esos panes y esos peces los que en las manos del Se&ntilde;or sacian a toda la multitud. Y son justamente los disc&iacute;pulos, perplejos ante la incapacidad de sus medios y la pobreza de lo que pueden poner a disposici&oacute;n, quienes acomodan a la gente y distribuyen \u2014confiando en la palabra de Jes&uacute;s\u2014 los panes y los peces que sacian a la multitud. Y esto nos dice que en la Iglesia, pero tambi&eacute;n en la sociedad, una palabra clave de la que no debemos tener miedo es &laquo;solidaridad&raquo;, o sea, saber poner a disposici&oacute;n de Dios lo que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque s&oacute;lo compartiendo, s&oacute;lo en el don, nuestra vida ser&aacute; fecunda, dar&aacute; fruto. Solidaridad: &iexcl;una palabra malmirada por el esp&iacute;ritu mundano!<\/p>\n<p>Esta tarde, de nuevo, el Se&ntilde;or distribuye para nosotros el pan que es su Cuerpo, &Eacute;l se hace don. Y tambi&eacute;n nosotros experimentamos la &laquo;solidaridad de Dios&raquo; con el hombre, una solidaridad que jam&aacute;s se agota, una solidaridad que no acaba de sorprendernos: Dios se hace cercano a nosotros, en el sacrificio de la Cruz se abaja entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida, que vence el mal, el ego&iacute;smo y la muerte. Jes&uacute;s tambi&eacute;n esta tarde se da a nosotros en la Eucarist&iacute;a, comparte nuestro mismo camino, es m&aacute;s, se hace alimento, el verdadero alimento que sostiene nuestra vida tambi&eacute;n en los momentos en los que el camino se hace duro, los obst&aacute;culos ralentizan nuestros pasos. Y en la Eucarist&iacute;a el Se&ntilde;or nos hace recorrer su camino, el del servicio, el de compartir, el del don, y lo poco que tenemos, lo poco que somos, si se comparte, se convierte en riqueza, porque el poder de Dios, que es el del amor, desciende sobre nuestra pobreza para transformarla. <\/p>\n<p>As&iacute; que pregunt&eacute;monos esta tarde, al adorar a Cristo presente realmente en la Eucarist&iacute;a: &iquest;me dejo transformar por &Eacute;l? &iquest;Dejo que el Se&ntilde;or, que se da a mi, me gu&iacute;e para salir cada vez m&aacute;s de mi peque&ntilde;o recinto, para salir y no tener miedo de dar, de compartir, de amarle a &Eacute;l y a los dem&aacute;s? <\/p>\n<p>Hermanos y hermanas: seguimiento, comuni&oacute;n, compartir. Oremos para que la participaci&oacute;n en la Eucarist&iacute;a nos provoque siempre: a seguir al Se&ntilde;or cada d&iacute;a, a ser instrumentos de comuni&oacute;n, a compartir con &Eacute;l y con nuestro pr&oacute;jimo lo que somos. Entonces nuestra existencia ser&aacute; verdaderamente fecunda. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n Jueves 30 de mayo de 2013 V&iacute;deo &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: En el Evangelio que hemos escuchado hay una expresi&oacute;n de Jes&uacute;s que me impresiona siempre: &laquo;Dadles vosotros de comer&raquo; (Lc 9, 13). 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