{"id":41110,"date":"2016-10-06T15:26:25","date_gmt":"2016-10-06T20:26:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-abril-de-2013-visita-a-la-basilica-papal-de-san-pablo-extramuros-y-santa-misa-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:26:25","modified_gmt":"2016-10-06T20:26:25","slug":"14-de-abril-de-2013-visita-a-la-basilica-papal-de-san-pablo-extramuros-y-santa-misa-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-abril-de-2013-visita-a-la-basilica-papal-de-san-pablo-extramuros-y-santa-misa-video\/","title":{"rendered":"14 de abril de 2013: Visita a la Bas\u00edlica Papal de San Pablo Extramuros y Santa Misa (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2013\/20130414-libretto-basilica-san-paolo.pdf\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b>HOMIL&Iacute;A DEL <\/b><\/font><\/i> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>SANTO PADRE FRANCISCO<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <em>Bas&iacute;lica de San Pablo Extramuros<br \/> III Domingo de Pascua, 14 de abril de 2013<\/em><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b> <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_9JRC6H1Q\">V&iacute;deo<\/a><\/b><strong><br \/> <\/strong> <i> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/papa-francesco\/san-paolo-fuori-le-mura-14-iv-2013.html\"> <b>Fotogaler&iacute;a<\/b><\/a><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos Hermanos y Hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Me alegra celebrar la Eucarist&iacute;a con ustedes en esta Bas&iacute;lica. Saludo al Arcipreste, el Cardenal James Harvey, y le agradezco las palabras que me ha dirigido; junto a &eacute;l, saludo y doy las gracias a las diversas instituciones que forman parte de esta Bas&iacute;lica, y a todos vosotros. Estamos sobre la tumba de san Pablo, un humilde y gran Ap&oacute;stol del Se&ntilde;or, que lo ha anunciado con la palabra, ha dado testimonio de &eacute;l con el martirio y lo ha adorado con todo el coraz&oacute;n. Estos son precisamente los tres verbos sobre los que quisiera reflexionar a la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado: anunciar, dar testimonio, adorar.<\/p>\n<p>1. En la Primera Lectura llama la atenci&oacute;n la fuerza de Pedro y los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles. Al mandato de permanecer en silencio, de no seguir ense&ntilde;ando en el nombre de Jes&uacute;s, de no anunciar m&aacute;s su mensaje, ellos responden claramente: &laquo;Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres&raquo;. Y no los detiene ni siquiera el ser azotados, ultrajados y encarcelados. Pedro y los Ap&oacute;stoles anuncian con audacia, con parresia, aquello que han recibido, el Evangelio de Jes&uacute;s. Y nosotros, &iquest;somos capaces de llevar la Palabra de Dios a nuestros ambientes de vida? &iquest;Sabemos hablar de Cristo, de lo que representa para nosotros, en familia, con los que forman parte de nuestra vida cotidiana? La fe nace de la escucha, y se refuerza con el anuncio.<\/p>\n<p>2. Pero demos un paso m&aacute;s: el anuncio de Pedro y de los Ap&oacute;stoles no consiste s&oacute;lo en palabras, sino que la fidelidad a Cristo entra en su vida, que queda transformada, recibe una nueva direcci&oacute;n, y es precisamente con su vida con la que dan testimonio de la fe y del anuncio de Cristo. En el Evangelio, Jes&uacute;s pide a Pedro por tres veces que apaciente su grey, y que la apaciente con su amor, y le anuncia: &laquo;Cuando seas viejo, extender&aacute;s las manos, otro te ce&ntilde;ir&aacute; y te llevar&aacute; adonde no quieras&raquo; (<i>Jn<\/i> 21,18). Esta es una palabra dirigida a nosotros, los Pastores: no se puede apacentar el reba&ntilde;o de Dios si no se acepta ser llevados por la voluntad de Dios incluso donde no queremos, si no hay disponibilidad para dar testimonio de Cristo con la entrega de nosotros mismos, sin reservas, sin c&aacute;lculos, a veces a costa incluso de nuestra vida. Pero esto vale para todos: el Evangelio ha de ser anunciado y testimoniado. Cada uno deber&iacute;a preguntarse: &iquest;C&oacute;mo doy yo testimonio de Cristo con mi fe? &iquest;Tengo el valor de Pedro y los otros Ap&oacute;stoles de pensar, decidir y vivir como cristiano, obedeciendo a Dios? Es verdad que el testimonio de la fe tiene muchas formas, como en un gran mural hay variedad de colores y de matices; pero todos son importantes, incluso los que no destacan. En el gran designio de Dios, cada detalle es importante, tambi&eacute;n el peque&ntilde;o y humilde testimonio tuyo y m&iacute;o, tambi&eacute;n ese escondido de quien vive con sencillez su fe en lo cotidiano de las relaciones de familia, de trabajo, de amistad. Hay santos del cada d&iacute;a, los santos &laquo;ocultos&raquo;, una especie de &laquo;clase media de la santidad&raquo;, como dec&iacute;a un escritor franc&eacute;s, esa &laquo;clase media de la santidad&raquo; de la que todos podemos formar parte. Pero en diversas partes del mundo hay tambi&eacute;n quien sufre, como Pedro y los Ap&oacute;stoles, a causa del Evangelio; hay quien entrega la propia vida por permanecer fiel a Cristo, con un testimonio marcado con el precio de su sangre. Record&eacute;moslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jes&uacute;s sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios, y dar gloria a Dios. Me viene ahora a la memoria un consejo que San Francisco de As&iacute;s daba a sus hermanos: predicad el Evangelio y, si fuese necesario, tambi&eacute;n con las palabras. Predicar con la vida: el testimonio. La incoherencia de los fieles y los Pastores entre lo que dicen y lo que hacen, entre la palabra y el modo de vivir, mina la credibilidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>3. Pero todo esto solamente es posible si reconocemos a Jesucristo, porque es &eacute;l quien nos ha llamado, nos ha invitado a recorrer su camino, nos ha elegido. Anunciar y dar testimonio es posible &uacute;nicamente si estamos junto a &eacute;l, justamente como Pedro, Juan y los otros disc&iacute;pulos estaban en torno a Jes&uacute;s resucitado, como dice el pasaje del Evangelio de hoy; hay una cercan&iacute;a cotidiana con &eacute;l, y ellos saben muy bien qui&eacute;n es, lo conocen. El Evangelista subraya que &laquo;ninguno de los disc&iacute;pulos se atrev&iacute;a a preguntarle qui&eacute;n era, porque sab&iacute;an bien que era el Se&ntilde;or&raquo; (<i>Jn<\/i> 21,12). Y esto es un punto importante para nosotros: vivir una relaci&oacute;n intensa con Jes&uacute;s, una intimidad de di&aacute;logo y de vida, de tal manera que lo reconozcamos como &laquo;el Se&ntilde;or&raquo;. &iexcl;Adorarlo! El pasaje del Apocalipsis que hemos escuchado nos habla de la adoraci&oacute;n: mir&iacute;adas de &aacute;ngeles, todas las creaturas, los vivientes, los ancianos, se postran en adoraci&oacute;n ante el Trono de Dios y el Cordero inmolado, que es Cristo, a quien se debe alabanza, honor y gloria (cf. <i>Ap<\/i> 5,11-14). Quisiera que nos hici&eacute;ramos todos una pregunta: T&uacute;, yo, &iquest;adoramos al Se&ntilde;or? &iquest;Acudimos a Dios s&oacute;lo para pedir, para agradecer, o nos dirigimos a &eacute;l tambi&eacute;n para adorarlo? Pero, entonces, &iquest;qu&eacute; quiere decir adorar a Dios? Significa aprender a estar con &eacute;l, a pararse a dialogar con &eacute;l, sintiendo que su presencia es la m&aacute;s verdadera, la m&aacute;s buena, la m&aacute;s importante de todas. Cada uno de nosotros, en la propia vida, de manera consciente y tal vez a veces sin darse cuenta, tiene un orden muy preciso de las cosas consideradas m&aacute;s o menos importantes. Adorar al Se&ntilde;or quiere decir darle a &eacute;l el lugar que le corresponde; adorar al Se&ntilde;or quiere decir afirmar, creer \u2013 pero no simplemente de palabra \u2013 que &uacute;nicamente &eacute;l gu&iacute;a verdaderamente nuestra vida; adorar al Se&ntilde;or quiere decir que estamos convencidos ante &eacute;l de que es el &uacute;nico Dios, el Dios de nuestra vida, el Dios de nuestra historia.<\/p>\n<p>Esto tiene una consecuencia en nuestra vida: despojarnos de tantos &iacute;dolos, peque&ntilde;os o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. Son &iacute;dolos que a menudo mantenemos bien escondidos; pueden ser la ambici&oacute;n, el carrerismo, el gusto del &eacute;xito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensi&oacute;n de ser los &uacute;nicos amos de nuestra vida, alg&uacute;n pecado al que estamos apegados, y muchos otros. Esta tarde quisiera que resonase una pregunta en el coraz&oacute;n de cada uno, y que respondi&eacute;ramos a ella con sinceridad: &iquest;He pensado en qu&eacute; &iacute;dolo oculto tengo en mi vida que me impide adorar al Se&ntilde;or? Adorar es despojarse de nuestros &iacute;dolos, tambi&eacute;n de esos m&aacute;s rec&oacute;nditos, y escoger al Se&ntilde;or como centro, como v&iacute;a maestra de nuestra vida.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, el Se&ntilde;or nos llama cada d&iacute;a a seguirlo con valent&iacute;a y fidelidad; nos ha concedido el gran don de elegirnos como disc&iacute;pulos suyos; nos invita a proclamarlo con gozo como el Resucitado, pero nos pide que lo hagamos con la palabra y el testimonio de nuestra vida en lo cotidiano. El Se&ntilde;or es el &uacute;nico, el &uacute;nico Dios de nuestra vida, y nos invita a despojarnos de tantos &iacute;dolos y a adorarle s&oacute;lo a &eacute;l. Anunciar, dar testimonio, adorar. Que la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a y el Ap&oacute;stol Pablo nos ayuden en este camino, e intercedan por nosotros.<\/p>\n<p>As&iacute; sea.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica de San Pablo Extramuros III Domingo de Pascua, 14 de abril de 2013 V&iacute;deo Fotogaler&iacute;a &nbsp; Queridos Hermanos y Hermanas: Me alegra celebrar la Eucarist&iacute;a con ustedes en esta Bas&iacute;lica. 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