{"id":41112,"date":"2016-10-06T15:26:28","date_gmt":"2016-10-06T20:26:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-2013-vigilia-pascual-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:26:28","modified_gmt":"2016-10-06T20:26:28","slug":"30-de-marzo-de-2013-vigilia-pascual-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-marzo-de-2013-vigilia-pascual-video\/","title":{"rendered":"30 de marzo de 2013: Vigilia pascual (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2013\/20130330-veglia-pasquale-libretto.pdf\">VIGILIA PASCUAL<\/a><\/p>\n<p> <b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO <\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> S&aacute;bado Santo 30 de marzo de 2013<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_QU5IEQBB\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><br \/> <\/font> <\/b><b><i> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/veglia-pasquale-2013.html\"> Fotogaler&iacute;a<\/a><\/i><\/b><\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas<\/i><\/p>\n<p>1. En el Evangelio de esta noche luminosa de la Vigilia Pascual, encontramos primero a las mujeres que van al sepulcro de Jes&uacute;s, con aromas para ungir su cuerpo (cf. <i>Lc<\/i> 24,1-3). Van para hacer un gesto de compasi&oacute;n, de afecto, de amor; un gesto tradicional hacia un ser querido difunto, como hacemos tambi&eacute;n nosotros. Hab&iacute;an seguido a Jes&uacute;s. Lo hab&iacute;an escuchado, se hab&iacute;an sentido comprendidas en su dignidad, y lo hab&iacute;an acompa&ntilde;ado hasta el final, en el Calvario y en el momento en que fue bajado de la cruz. Podemos imaginar sus sentimientos cuando van a la tumba: una cierta tristeza, la pena porque Jes&uacute;s les hab&iacute;a dejado, hab&iacute;a muerto, su historia hab&iacute;a terminado. Ahora se volv&iacute;a a la vida de antes. Pero en las mujeres permanec&iacute;a el amor, y es el amor a Jes&uacute;s lo que les impulsa a ir al sepulcro. Pero, a este punto, sucede algo totalmente inesperado, una vez m&aacute;s, que perturba sus corazones, trastorna sus programas y alterar&aacute; su vida: ven corrida la piedra del sepulcro, se acercan, y no encuentran el cuerpo del Se&ntilde;or. Esto las deja perplejas, dudosas, llenas de preguntas: &laquo;&iquest;Qu&eacute; es lo que ocurre?&raquo;, &laquo;&iquest;qu&eacute; sentido tiene todo esto?&raquo; (cf. <i>Lc<\/i> 24,4). &iquest;Acaso no nos pasa as&iacute; tambi&eacute;n a nosotros cuando ocurre algo verdaderamente nuevo respecto a lo de todos los d&iacute;as? Nos quedamos parados, no lo entendemos, no sabemos c&oacute;mo afrontarlo. A menudo, la <i>novedad<\/i> nos da miedo, tambi&eacute;n la novedad que Dios nos trae, la novedad que Dios nos pide. Somos como los ap&oacute;stoles del Evangelio: muchas veces preferimos mantener nuestras seguridades, pararnos ante una tumba, pensando en el difunto, que en definitiva s&oacute;lo vive en el recuerdo de la historia, como los grandes personajes del pasado. Tenemos miedo de las sorpresas de Dios. Queridos hermanos y hermanas, en nuestra vida, tenemos miedo de las sorpresas de Dios. &Eacute;l nos sorprende siempre. Dios es as&iacute;.<\/p>\n<p>Hermanos y hermanas, no nos cerremos a la novedad que Dios quiere traer a nuestras vidas. &iquest;Estamos acaso con frecuencia cansados, decepcionados, tristes; sentimos el peso de nuestros pecados, pensamos no lo podemos conseguir? No nos encerremos en nosotros mismos, no perdamos la confianza, nunca nos resignemos: no hay situaciones que Dios no pueda cambiar, no hay pecado que no pueda perdonar si nos abrimos a &eacute;l.<\/p>\n<p>2. Pero volvamos al Evangelio, a las mujeres, y demos un paso hacia adelante. Encuentran la tumba vac&iacute;a, el cuerpo de Jes&uacute;s no est&aacute; all&iacute;, algo nuevo ha sucedido, pero todo esto todav&iacute;a no queda nada claro: suscita interrogantes, causa perplejidad, pero sin ofrecer una respuesta. Y he aqu&iacute; dos hombres con vestidos resplandecientes, que dicen: &laquo;&iquest;Por qu&eacute; busc&aacute;is entre los muertos al que vive? No est&aacute; aqu&iacute;, ha resucitado&raquo; (<i>Lc<\/i> 24,5-6). Lo que era un simple gesto, algo hecho ciertamente por amor \u2013 el ir al sepulcro \u2013, ahora se transforma en acontecimiento, en un evento que cambia verdaderamente la vida. Ya nada es como antes, no s&oacute;lo en la vida de aquellas mujeres, sino tambi&eacute;n en nuestra vida y en nuestra historia de la humanidad. Jes&uacute;s no est&aacute; muerto, ha resucitado, es <i>el Viviente<\/i>. No es simplemente que haya vuelto a vivir, sino que es la vida misma, porque es el Hijo de Dios, que es el que vive (cf. <i> Nm<\/i> 14,21-28; <i>Dt<\/i> 5,26, <i>Jos<\/i> 3,10). Jes&uacute;s ya no es del pasado, sino que vive en el presente y est&aacute; proyectado hacia el futuro, Jes&uacute;s es el &laquo;hoy&raquo; eterno de Dios. As&iacute;, la novedad de Dios se presenta ante los ojos de las mujeres, de los disc&iacute;pulos, de todos nosotros: la victoria sobre el pecado, sobre el mal, sobre la muerte, sobre todo lo que oprime la vida, y le da un rostro menos humano. Y este es un mensaje para m&iacute;, para ti, querida hermana y querido hermano. Cu&aacute;ntas veces tenemos necesidad de que el Amor nos diga: &iquest;Por qu&eacute; busc&aacute;is entre los muertos al que est&aacute; vivo? Los problemas, las preocupaciones de la vida cotidiana tienden a que nos encerremos en nosotros mismos, en la tristeza, en la amargura&#8230;, y es ah&iacute; donde est&aacute; la muerte. No busquemos ah&iacute; a Aquel que vive. Acepta entonces que Jes&uacute;s Resucitado entre en tu vida, ac&oacute;gelo como amigo, con confianza: &iexcl;&Eacute;l es la vida! Si hasta ahora has estado lejos de &eacute;l, da un peque&ntilde;o paso: te acoger&aacute; con los brazos abiertos. Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedar&aacute;s decepcionado. Si te parece dif&iacute;cil seguirlo, no tengas miedo, conf&iacute;a en &eacute;l, ten la seguridad de que &eacute;l est&aacute; cerca de ti, est&aacute; contigo, y te dar&aacute; la paz que buscas y la fuerza para vivir como &eacute;l quiere.<\/p>\n<p>3. Hay un &uacute;ltimo y simple elemento que quisiera subrayar en el Evangelio de esta luminosa Vigilia Pascual. Las mujeres se encuentran con la novedad de Dios: Jes&uacute;s ha resucitado, es el Viviente. Pero ante la tumba vac&iacute;a y los dos hombres con vestidos resplandecientes, su primera reacci&oacute;n es de temor: estaban &laquo;con las caras mirando al suelo&raquo; \u2013 observa san Lucas \u2013, no ten&iacute;an ni siquiera valor para mirar. Pero al escuchar el anuncio de la Resurrecci&oacute;n, la reciben con fe. Y los dos hombres con vestidos resplandecientes introducen un verbo fundamental: Recordad. &laquo;Recordad c&oacute;mo os habl&oacute; estando todav&iacute;a en Galilea&#8230; Y recordaron sus palabras&raquo; (<i>Lc<\/i> 24,6.8). Esto es la invitaci&oacute;n a <i>hacer memoria<\/i> del encuentro con Jes&uacute;s, de sus palabras, sus gestos, su vida; este recordar con amor la experiencia con el Maestro, es lo que hace que las mujeres superen todo temor y que lleven la proclamaci&oacute;n de la Resurrecci&oacute;n a los Ap&oacute;stoles y a todos los otros (cf. <i>Lc<\/i> 24,9). Hacer memoria de lo que Dios ha hecho por m&iacute;, por nosotros, hacer memoria del camino recorrido; y esto abre el coraz&oacute;n de par en par a la esperanza para el futuro. Aprendamos a hacer memoria de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas.<\/p>\n<p>En esta Noche de luz, invocando la intercesi&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, que guardaba todos estas cosas en su coraz&oacute;n (cf. <i>Lc<\/i> 2,19.51), pidamos al Se&ntilde;or que nos haga part&iacute;cipes de su resurrecci&oacute;n: nos abra a su novedad que trasforma, a las sorpresas de Dios, tan bellas; que nos haga hombres y mujeres capaces de hacer memoria de lo que &eacute;l hace en nuestra historia personal y la del mundo; que nos haga capaces de sentirlo como el Viviente, vivo y actuando en medio de nosotros; que nos ense&ntilde;e cada d&iacute;a, queridos hermanos y hermanas, a no buscar entre los muertos a Aquel que vive. Am&eacute;n.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIGILIA PASCUAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica Vaticana S&aacute;bado Santo 30 de marzo de 2013 V&iacute;deo Fotogaler&iacute;a &nbsp; Queridos hermanos y hermanas 1. En el Evangelio de esta noche luminosa de la Vigilia Pascual, encontramos primero a las mujeres que van al sepulcro de Jes&uacute;s, con aromas para ungir su cuerpo (cf. 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