{"id":41114,"date":"2016-10-06T15:26:31","date_gmt":"2016-10-06T20:26:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2013-santa-misa-crismal-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:26:31","modified_gmt":"2016-10-06T20:26:31","slug":"28-de-marzo-de-2013-santa-misa-crismal-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2013-santa-misa-crismal-video\/","title":{"rendered":"28 de marzo de 2013: Santa Misa Crismal (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2013\/20130328-messa-crismale-libretto.pdf\">SANTA MISA CRISMAL<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Jueves Santo 28 de marzo de 2013<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\" face=\"Times New Roman\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_EIZ1J7OF\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><br \/> <\/b><\/font><b><i> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/crisma-2013.html\"> Fotogaler&iacute;a<\/a><\/i><\/b><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> <em>Queridos hermanos y hermanas<\/em><\/p>\n<p> Celebro con alegr&iacute;a la primera Misa Crismal como Obispo de Roma. Os saludo a todos con afecto, especialmente a vosotros, queridos sacerdotes, que hoy record&aacute;is, como yo, el d&iacute;a de la ordenaci&oacute;n.<\/p>\n<p> Las Lecturas, tambi&eacute;n el Salmo, nos hablan de los &laquo;Ungidos&raquo;: el siervo de Yahv&eacute; de Isa&iacute;as, David y Jes&uacute;s, nuestro Se&ntilde;or. Los tres tienen en com&uacute;n que la unci&oacute;n que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unci&oacute;n es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos&#8230; Una imagen muy bella de este &laquo;ser para&raquo; del santo crisma es la del Salmo 133: &laquo;Es como &oacute;leo perfumado sobre la cabeza, que se derrama sobre la barba, la barba de Aar&oacute;n, hasta la franja de su ornamento&raquo; (v. 2). La imagen del &oacute;leo que se derrama, que desciende por la barba de Aar&oacute;n hasta la orla de sus vestidos sagrados, es imagen de la unci&oacute;n sacerdotal que, a trav&eacute;s del ungido, llega hasta los confines del universo representado mediante las vestiduras.<\/p>\n<p> La vestimenta sagrada del sumo sacerdote es rica en simbolismos; uno de ellos, es el de los nombres de los hijos de Israel grabados sobre las piedras de &oacute;nix que adornaban las hombreras del <i>efod<\/i>, del que proviene nuestra casulla actual, seis sobre la piedra del hombro derecho y seis sobre la del hombro izquierdo (cf. <i>Ex<\/i> 28,6-14). Tambi&eacute;n en el pectoral estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel (cf. <i>Ex<\/i> 28,21). Esto significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el coraz&oacute;n. Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el coraz&oacute;n el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros m&aacute;rtires, que en este tiempo son tantos.<\/p>\n<p> De la belleza de lo lit&uacute;rgico, que no es puro adorno y gusto por los trapos, sino presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo y consolado, pasamos ahora a fijarnos en la acci&oacute;n. El &oacute;leo precioso que unge la cabeza de Aar&oacute;n no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza &laquo;las periferias&raquo;. El Se&ntilde;or lo dir&aacute; claramente: su unci&oacute;n es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que est&aacute;n tristes y solos. La unci&oacute;n, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondr&iacute;a rancio el aceite&#8230; y amargo el coraz&oacute;n.<\/p>\n<p> Al buen sacerdote se lo reconoce por c&oacute;mo anda ungido su pueblo; esta es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con &oacute;leo de alegr&iacute;a se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unci&oacute;n, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el &oacute;leo de Aar&oacute;n hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones l&iacute;mites, &laquo;las periferias&raquo; donde el pueblo fiel est&aacute; m&aacute;s expuesto a la invasi&oacute;n de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegr&iacute;as, con sus angustias y sus esperanzas. Y cuando siente que el perfume del Ungido, de Cristo, llega a trav&eacute;s nuestro, se anima a confiarnos todo lo que quieren que le llegue al Se&ntilde;or: &laquo;Rece por m&iacute;, padre, que tengo este problema&#8230;&raquo;. &laquo;Bend&iacute;game, padre&raquo;, y &laquo;rece por m&iacute;&raquo; son la se&ntilde;al de que la unci&oacute;n lleg&oacute; a la orla del manto, porque vuelve convertida en s&uacute;plica, s&uacute;plica del Pueblo de Dios. Cuando estamos en esta relaci&oacute;n con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a trav&eacute;s de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Lo que quiero se&ntilde;alar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petici&oacute;n, a veces inoportunas, a veces puramente materiales, incluso banales \u2013 pero lo son s&oacute;lo en apariencia \u2013 el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el &oacute;leo perfumado, porque sabe que lo tenemos. Intuir y sentir como sinti&oacute; el Se&ntilde;or la angustia esperanzada de la hemorroisa cuando toc&oacute; el borde de su manto. Ese momento de Jes&uacute;s, metido en medio de la gente que lo rodeaba por todos lados, encarna toda la belleza de Aar&oacute;n revestido sacerdotalmente y con el &oacute;leo que desciende sobre sus vestidos. Es una belleza oculta que resplandece s&oacute;lo para los ojos llenos de fe de la mujer que padec&iacute;a derrames de sangre. Los mismos disc&iacute;pulos \u2013futuros sacerdotes\u2013 todav&iacute;a no son capaces de ver, no comprenden: en la &laquo;periferia existencial&raquo; s&oacute;lo ven la superficialidad de la multitud que aprieta por todos lados hasta sofocarlo (cf. <i>Lc<\/i> 8,42). El Se&ntilde;or en cambio siente la fuerza de la unci&oacute;n divina en los bordes de su manto.<\/p>\n<p> As&iacute; hay que salir a experimentar nuestra unci&oacute;n, su poder y su eficacia redentora: en las &laquo;periferias&raquo; donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Se&ntilde;or: los cursos de autoayuda en la vida pueden ser &uacute;tiles, pero vivir nuestra vida sacerdotal pasando de un curso a otro, de m&eacute;todo en m&eacute;todo, lleva a hacernos pelagianos, a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los dem&aacute;s; a dar la poca unci&oacute;n que tengamos a los que no tienen nada de nada.<\/p>\n<p> El sacerdote que sale poco de s&iacute;, que unge poco \u2013 no digo &laquo;nada&raquo; porque, gracias a Dios, la gente nos roba la unci&oacute;n \u2013 se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo m&aacute;s hondo de su coraz&oacute;n presbiteral. El que no sale de s&iacute;, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor &laquo;ya tienen su paga&raquo;, y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el coraz&oacute;n, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del coraz&oacute;n. De aqu&iacute; proviene precisamente la insatisfacci&oacute;n de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes, y convertidos en una especie de coleccionistas de antig&uuml;edades o bien de novedades, en vez de ser pastores con &laquo;olor a oveja&raquo; \u2013esto os pido: sed pastores con &laquo;olor a oveja&raquo;, que eso se note\u2013; en vez de ser pastores en medio al propio reba&ntilde;o, y pescadores de hombres. Es verdad que la as&iacute; llamada crisis de identidad sacerdotal nos amenaza a todos y se suma a una crisis de civilizaci&oacute;n; pero si sabemos barrenar su ola, podremos meternos mar adentro en nombre del Se&ntilde;or y echar las redes. Es bueno que la realidad misma nos lleve a ir all&iacute; donde lo que somos por gracia se muestra claramente como pura gracia, en ese mar del mundo actual donde s&oacute;lo vale la unci&oacute;n \u2013 y no la funci&oacute;n \u2013 y resultan fecundas las redes echadas &uacute;nicamente en el nombre de Aqu&eacute;l de quien nos hemos fiado: Jes&uacute;s.<\/p>\n<p> Queridos fieles, acompa&ntilde;ad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oraci&oacute;n, para que sean siempre Pastores seg&uacute;n el coraz&oacute;n de Dios.<\/p>\n<p> Queridos sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Esp&iacute;ritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro coraz&oacute;n de tal manera que la unci&oacute;n llegue a todos, tambi&eacute;n a las &laquo;periferias&raquo;, all&iacute; donde nuestro pueblo fiel m&aacute;s lo espera y valora. Que nuestra gente nos sienta disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a trav&eacute;s de nuestras palabras y obras ese &oacute;leo de alegr&iacute;a que les vino a traer Jes&uacute;s, el Ungido.<\/p>\n<p> Am&eacute;n.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA CRISMAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica Vaticana Jueves Santo 28 de marzo de 2013 V&iacute;deo Fotogaler&iacute;a &nbsp; Queridos hermanos y hermanas Celebro con alegr&iacute;a la primera Misa Crismal como Obispo de Roma. 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