{"id":41115,"date":"2016-10-06T15:26:34","date_gmt":"2016-10-06T20:26:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-marzo-de-2013-domingo-de-ramos-xxviii-jornada-mundial-de-la-juventud-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:26:34","modified_gmt":"2016-10-06T20:26:34","slug":"24-de-marzo-de-2013-domingo-de-ramos-xxviii-jornada-mundial-de-la-juventud-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-marzo-de-2013-domingo-de-ramos-xxviii-jornada-mundial-de-la-juventud-video\/","title":{"rendered":"24 de marzo de 2013: Domingo de Ramos &#8211; XXVIII Jornada Mundial de la Juventud (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2013\/20130324-domenica-palme.pdf\">CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS<br \/> Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i> <em> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2013\/20130324-domenica-palme.pdf\">Librito de la Celebraci&oacute;n<\/a><\/em><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/b><\/p>\n<p> Plaza de San Pedro<br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/gmg_2013_sp.html\">XXVIII Jornada Mundial de la Juventud<\/a><br \/> Domingo 24 de marzo de 2013<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_7JK9PLWJ\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><br \/> <i> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/palme2013.html\"> Fotogaler&iacute;a<\/a><\/i><\/b><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p>1. Jes&uacute;s entra en Jerusal&eacute;n. La muchedumbre de los disc&iacute;pulos lo acompa&ntilde;a festivamente, se extienden los mantos ante &eacute;l, se habla de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: &laquo;&iexcl;Bendito el que viene como rey, en nombre del Se&ntilde;or! Paz en el cielo y gloria en lo alto&raquo; (<i>Lc<\/i> 19,38).<\/p>\n<p>Gent&iacute;o, fiesta, alabanza, bendici&oacute;n, paz. Se respira un clima de alegr&iacute;a. Jes&uacute;s ha despertado en el coraz&oacute;n tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. &Eacute;l ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma. <\/p>\n<p>Este es Jes&uacute;s. Este es su coraz&oacute;n atento a todos nosotros, que ve nuestras debilidades, nuestros pecados. El amor de Jes&uacute;s es grande. Y, as&iacute;, entra en Jerusal&eacute;n con este amor, y nos mira a todos nosotros. Es una bella escena, llena de luz \u2013 la luz del amor de Jes&uacute;s, de su coraz&oacute;n \u2013, de alegr&iacute;a, de fiesta.<\/p>\n<p>Al comienzo de la Misa, tambi&eacute;n nosotros la hemos repetido. Hemos agitado nuestras palmas. Tambi&eacute;n nosotros hemos acogido al Se&ntilde;or; tambi&eacute;n nosotros hemos expresado la alegr&iacute;a de acompa&ntilde;arlo, de saber que nos es cercano, presente en nosotros y en medio de nosotros como un amigo, como un hermano, tambi&eacute;n como rey, es decir, como faro luminoso de nuestra vida. Jes&uacute;s es Dios, pero se ha abajado a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en nuestro camino. Y as&iacute; lo hemos acogido hoy. Y esta es la primera palabra que quisiera deciros: <i>alegr&iacute;a<\/i>. No se&aacute;is nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jam&aacute;s puede serlo. Nunca os dej&eacute;is vencer por el des&aacute;nimo. Nuestra alegr&iacute;a no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jes&uacute;s; que est&aacute; entre nosotros; nace del saber que, con &eacute;l, nunca estamos solos, incluso en los momentos dif&iacute;ciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obst&aacute;culos que parecen insuperables, y &iexcl;hay tantos! Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo, tantas veces disfrazado de &aacute;ngel, e insidiosamente nos dice su palabra. No le escuch&eacute;is. Sigamos a Jes&uacute;s. Nosotros acompa&ntilde;amos, seguimos a Jes&uacute;s, pero sobre todo sabemos que &eacute;l nos acompa&ntilde;a y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegr&iacute;a, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Y, por favor, no os dej&eacute;is robar la esperanza, no dej&eacute;is robar la esperanza. Esa que nos da Jes&uacute;s. <\/p>\n<p>2. Segunda palabra: &iquest;Por qu&eacute; Jes&uacute;s entra en Jerusal&eacute;n? O, tal vez mejor, &iquest;c&oacute;mo entra Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n? La multitud lo aclama como rey. Y &eacute;l no se opone, no la hace callar (cf. <i>Lc<\/i> 19,39-40). Pero, &iquest;qu&eacute; tipo de rey es Jes&uacute;s? Mir&eacute;moslo: montado en un pollino, no tiene una corte que lo sigue, no est&aacute; rodeado por un ej&eacute;rcito, s&iacute;mbolo de fuerza. Quien lo acoge es gente humilde, sencilla, que tiene el sentido de ver en Jes&uacute;s algo m&aacute;s; tiene ese sentido de la fe, que dice: &Eacute;ste es el Salvador. Jes&uacute;s no entra en la Ciudad Santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina; entra para ser azotado, insultado y ultrajado, como anuncia Isa&iacute;as en la Primera Lectura (cf. <i>Is<\/i> 50,6); entra para recibir una corona de espinas, una ca&ntilde;a, un manto de p&uacute;rpura: su realeza ser&aacute; objeto de burla; entra para subir al Calvario cargando un madero. Y, entonces, he aqu&iacute; la segunda palabra: <i>cruz<\/i>. Jes&uacute;s entra en Jerusal&eacute;n para morir en la cruz. Y es precisamente aqu&iacute; donde resplandece su ser rey seg&uacute;n Dios: su trono regio es el madero de la cruz. Pienso en lo que dec&iacute;a Benedicto XVI a los Cardenales: Vosotros sois pr&iacute;ncipes, pero de un rey crucificado. Ese es el trono de Jes&uacute;s. Jes&uacute;s toma sobre s&iacute;&#8230; &iquest;Por qu&eacute; la cruz? Porque Jes&uacute;s toma sobre s&iacute; el mal, la suciedad, el pecado del mundo, tambi&eacute;n el nuestro, el de todos nosotros, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios. Miremos a nuestro alrededor: &iexcl;cu&aacute;ntas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos econ&oacute;micos que se abaten sobre los m&aacute;s d&eacute;biles, la sed de dinero, que nadie puede llev&aacute;rselo consigo, lo debe dejar. Mi abuela nos dec&iacute;a a los ni&ntilde;os: El sudario no tiene bolsillos. Amor al dinero, al poder, la corrupci&oacute;n, las divisiones, los cr&iacute;menes contra la vida humana y contra la creaci&oacute;n. Y tambi&eacute;n \u2013cada uno lo sabe y lo conoce\u2013 nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al pr&oacute;jimo y a toda la creaci&oacute;n. Y Jes&uacute;s en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrecci&oacute;n. Este es el bien que Jes&uacute;s nos hace a todos en el trono de la cruz. La cruz de Cristo, abrazada con amor, nunca conduce a la tristeza, sino a la alegr&iacute;a, a la alegr&iacute;a de ser salvados y de hacer un poquito eso que ha hecho &eacute;l aquel d&iacute;a de su muerte.<\/p>\n<p>3. Hoy est&aacute;n en esta plaza tantos j&oacute;venes: desde hace 28 a&ntilde;os, el Domingo de Ramos es la Jornada de la Juventud. Y esta es la tercera palabra: <i> j&oacute;venes<\/i>. Queridos j&oacute;venes, os he visto en la procesi&oacute;n cuando entrabais; os imagino haciendo fiesta en torno a Jes&uacute;s, agitando ramos de olivo; os imagino mientras aclam&aacute;is su nombre y expres&aacute;is la alegr&iacute;a de estar con &eacute;l. Vosotros ten&eacute;is una parte importante en la celebraci&oacute;n de la fe. Nos tra&eacute;is la alegr&iacute;a de la fe y nos dec&iacute;s que tenemos que vivir la fe con un coraz&oacute;n joven, siempre: un coraz&oacute;n joven incluso a los setenta, ochenta a&ntilde;os. Coraz&oacute;n joven. Con Cristo el coraz&oacute;n nunca envejece. Pero todos sabemos, y vosotros lo sab&eacute;is bien, que el Rey a quien seguimos y nos acompa&ntilde;a es un Rey muy especial: es un Rey que ama hasta la cruz y que nos ense&ntilde;a a servir, a amar. Y vosotros no os avergonz&aacute;is de su cruz. M&aacute;s a&uacute;n, la abraz&aacute;is porque hab&eacute;is comprendido que la verdadera alegr&iacute;a est&aacute; en el don de s&iacute; mismo, en el don de s&iacute;, en salir de uno mismo, y en que &eacute;l ha triunfado sobre el mal con el amor de Dios. Llev&aacute;is la cruz peregrina a trav&eacute;s de todos los continentes, por las v&iacute;as del mundo. La llev&aacute;is respondiendo a la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s: &laquo;Id y haced disc&iacute;pulos de todos los pueblos&raquo; (<i>Mt<\/i> 28,19), que es el tema de la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/gmg_2013_sp.html\">Jornada Mundial de la Juventud<\/a> de este a&ntilde;o. La llev&aacute;is para decir a todos que, en la cruz, Jes&uacute;s ha derribado el muro de la enemistad, que separa a los hombres y a los pueblos, y ha tra&iacute;do la reconciliaci&oacute;n y la paz. Queridos amigos, tambi&eacute;n yo me pongo en camino con vosotros, desde hoy, sobre las huellas del beato Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora estamos ya cerca de la pr&oacute;xima etapa de esta gran peregrinaci&oacute;n de la cruz de Cristo. Aguardo con alegr&iacute;a el pr&oacute;ximo mes de julio, en R&iacute;o de Janeiro. Os doy cita en aquella gran ciudad de Brasil. Preparaos bien, sobre todo espiritualmente en vuestras comunidades, para que este encuentro sea un signo de fe para el mundo entero. Los j&oacute;venes deben decir al mundo: Es bueno seguir a Jes&uacute;s; es bueno ir con Jes&uacute;s; es bueno el mensaje de Jes&uacute;s; es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jes&uacute;s. Tres palabras: alegr&iacute;a, cruz, j&oacute;venes.<\/p>\n<p>Pidamos la intercesi&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a. Ella nos ense&ntilde;a el gozo del encuentro con Cristo, el amor con el que debemos mirarlo al pie de la cruz, el entusiasmo del coraz&oacute;n joven con el que hemos de seguirlo en esta Semana Santa y durante toda nuestra vida. Que as&iacute; sea.<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR Librito de la Celebraci&oacute;n &nbsp;HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Plaza de San Pedro XXVIII Jornada Mundial de la Juventud Domingo 24 de marzo de 2013 V&iacute;deo Fotogaler&iacute;a &nbsp; 1. Jes&uacute;s entra en Jerusal&eacute;n. La muchedumbre de los disc&iacute;pulos lo acompa&ntilde;a festivamente, se extienden los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-marzo-de-2013-domingo-de-ramos-xxviii-jornada-mundial-de-la-juventud-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab24 de marzo de 2013: Domingo de Ramos &#8211; XXVIII Jornada Mundial de la Juventud (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41115","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41115","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41115"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41115\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41115"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41115"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41115"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}