{"id":41119,"date":"2016-10-06T15:28:59","date_gmt":"2016-10-06T20:28:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/celebracion-de-las-visperas-y-te-deum-de-accion-de-gracias-31-de-diciembre-de-2014-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:28:59","modified_gmt":"2016-10-06T20:28:59","slug":"celebracion-de-las-visperas-y-te-deum-de-accion-de-gracias-31-de-diciembre-de-2014-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/celebracion-de-las-visperas-y-te-deum-de-accion-de-gracias-31-de-diciembre-de-2014-video\/","title":{"rendered":"Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas y Te Deum de acci\u00f3n de gracias (31 de diciembre de 2014) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2014\/20141231-libretto-maria-madre-di-dio_pvespri.pdf\"> <font color=\"#663300\"> CELEBRACI&Oacute;N DE LAS PRIMERAS V&Iacute;SPERAS<br \/>DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS<br \/> <i>TE DEUM <\/i>DE ACCI&Oacute;N DE GRACIAS <\/font><\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i> <font color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i> Bas&iacute;lica Vaticana<br \/>Mi&eacute;rcoles 31 de diciembre de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\">[<b><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2014\/12\/31\/tedeum.html\">Multimedia<\/a><\/b>]<\/p>\n<p><font color=\"#663300\"> <\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" \/> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La Palabra de Dios nos introduce hoy, de modo especial, en el significado del tiempo, al comprender que el tiempo no es una realidad ajena a Dios, sencillamente porque &Eacute;l quiso revelarse y salvarnos en la historia, en el tiempo. El significado del tiempo, la temporalidad, es el clima de la epifan&iacute;a de Dios, o sea de la manifestaci&oacute;n del misterio de Dios y de su amor concreto. En efecto, el tiempo es el mensajero de Dios, como dec&iacute;a san Pedro Fabro. <\/p>\n<p>La liturgia de hoy nos recuerda la frase del ap&oacute;stol Juan: &laquo;Hijos m&iacute;os, es la &uacute;ltima hora&raquo; (<i>1 Jn<\/i>&nbsp;2, 18), y la de san Pablo que nos habla de la &laquo;plenitud del tiempo&raquo; (<i>Gal<\/i>&nbsp;4, 4). As&iacute;, pues, el d&iacute;a de hoy nos manifiesta c&oacute;mo el tiempo que ha sido \u2014por decirlo as&iacute;\u2014 &laquo;tocado&raquo; por Cristo, el Hijo de Dios y de Mar&iacute;a, y ha recibido de &Eacute;l significados nuevos y sorprendentes: se ha convertido en el &laquo;tiempo salv&iacute;fico&raquo;, es decir, el tiempo definitivo de salvaci&oacute;n y de gracia.<\/p>\n<p>Y todo esto nos induce a pensar en el final del camino de la vida, en el final de nuestro camino. Hubo un inicio y habr&aacute; un final, &laquo;un tiempo de nacer y un tiempo de morir&raquo; (<i>Ecl<\/i>&nbsp;3, 2). Con esta verdad, muy sencilla y fundamental e igualmente descuidada y olvidada, la santa madre Iglesia nos ense&ntilde;a a concluir el a&ntilde;o y tambi&eacute;n nuestras jornadas con un examen de conciencia, a trav&eacute;s del cual recorremos lo sucedido; damos gracias al Se&ntilde;or por todo el bien que hemos recibido y que hemos podido realizar y, al mismo tiempo, pensamos en nuestras faltas y nuestros pecados. Dar gracias y pedir perd&oacute;n.<\/p>\n<p>Es lo que hacemos tambi&eacute;n hoy al t&eacute;rmino de un a&ntilde;o. Alabamos al Se&ntilde;or con el himno del<i> Te Deum<\/i>&nbsp;y, al mismo tiempo, le pedimos perd&oacute;n. La actitud del agradecimiento nos dispone a la humildad, a reconocer y acoger los dones del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>El ap&oacute;stol Pablo resume, en la lectura de estas Primeras V&iacute;speras, el motivo fundamental de nuestra acci&oacute;n de gracias a Dios: &Eacute;l nos hizo sus hijos, nos adopt&oacute; como hijos. Este don inmerecido nos colma de una gratitud llena de admiraci&oacute;n. Alguien podr&iacute;a decir: &laquo;&iquest;Pero no somos ya todos sus hijos, por el hecho mismo de ser hombres?&raquo;. Ciertamente, porque Dios es Padre de cada persona que viene al mundo. Pero sin olvidar que nos hemos alejado de &Eacute;l por el pecado original que nos separ&oacute; de nuestro Padre: nuestra relaci&oacute;n filial est&aacute; profundamente herida. Por esto Dios mand&oacute; a su Hijo para rescatarnos con el precio de su sangre. Y si existe un rescate, es porque existe una esclavitud. Nosotros &eacute;ramos hijos, pero nos hemos convertido en esclavos, siguiendo la voz del Maligno. Ning&uacute;n otro nos rescata de esa esclavitud sustancial, s&oacute;lo Jes&uacute;s, que asumi&oacute; nuestra carne de la Virgen Mar&iacute;a y muri&oacute; en la cruz para liberarnos, liberarnos de la esclavitud del pecado y devolvernos la condici&oacute;n filial perdida.<\/p>\n<p>La liturgia de hoy nos recuerda que, &laquo;en el principio (antes del tiempo) exist&iacute;a el Verbo\u2026 y el Verbo se hizo hombre&raquo; y por eso afirma san Ireneo: &laquo;Este es el motivo por el cual el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, entrando en comuni&oacute;n con el Verbo y recibiendo as&iacute; la filiaci&oacute;n divina, se convirtiese en hijo de Dios&raquo; (<i>Adversus haereses<\/i>, 3,19,1: pg 7, 939; cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/p1s2a3p1_sp.html#I Por qu&eacute; el Verbo se hizo carne\">Catecismo de la Iglesia cat&oacute;lica<\/a><\/i>, 460).<\/p>\n<p>Contempor&aacute;neamente el don mismo por el cual damos gracias es tambi&eacute;n motivo de examen de conciencia, de revisi&oacute;n de la vida personal y comunitaria, de preguntarnos: &iquest;c&oacute;mo es nuestro modo de vivir? &iquest;Vivimos como hijos o vivimos como esclavos? &iquest;Vivimos como personas bautizadas en Cristo, ungidas por el Esp&iacute;ritu, rescatadas, libres? &iquest;O vivimos seg&uacute;n la l&oacute;gica mundana, corrupta, haciendo lo que el diablo nos hace creer que es nuestro inter&eacute;s? Existe siempre en nuestro camino existencial una tendencia a resistir a la liberaci&oacute;n; tenemos miedo a la libertad y, parad&oacute;jicamente, preferimos m&aacute;s o menos inconscientemente la esclavitud. La libertad nos asusta porque nos sit&uacute;a ante el tiempo y ante nuestra responsabilidad de vivirlo bien. La esclavitud, en cambio, reduce el tiempo a &laquo;momentos&raquo; y as&iacute; nos sentimos m&aacute;s seguros; es decir, nos hace vivir momentos desvinculados de su pasado y de nuestro futuro. En otras palabras, la esclavitud nos impide vivir plenamente y realmente el presente, porque lo vac&iacute;a del pasado y lo cierra ante el futuro, ante la eternidad. La esclavitud nos hace creer que no podemos so&ntilde;ar, volar y esperar.<\/p>\n<p>Dec&iacute;a hace algunos d&iacute;as un gran artista italiano que para el Se&ntilde;or fue m&aacute;s f&aacute;cil sacar a los israelitas de Egipto que quitar Egipto del coraz&oacute;n de los israelitas. Hab&iacute;an sido, &laquo;s&iacute;&raquo;, liberados &laquo;materialmente&raquo; de la esclavitud, pero durante la marcha por el desierto, con las diversas dificultades y el hambre, comenzaron a sentir nostalgia de Egipto y recordar cuando &laquo;com&iacute;an&#8230; cebollas y ajo&raquo; (cf. <i>Nm<\/i> 11, 5); pero se olvidaban, sin embargo, que all&iacute; lo com&iacute;an en la mesa de la esclavitud. En nuestro coraz&oacute;n anida la nostalgia de la esclavitud, porque aparentemente es m&aacute;s tranquilizadora, m&aacute;s que la libertad, que es mucho m&aacute;s arriesgada. C&oacute;mo nos gusta estar enjaulados por muchos fuegos artificiales, aparentemente hermosos pero que en realidad duran s&oacute;lo pocos instantes. Y esto es el reino, esto es la fascinaci&oacute;n del momento. <\/p>\n<p>De este examen de conciencia depende tambi&eacute;n, para nosotros cristianos, la calidad de nuestro obrar, de nuestra vida, de nuestra presencia en la ciudad, de nuestro servicio com&uacute;n, de nuestra participaci&oacute;n en las instituciones p&uacute;blicas y eclesiales.<\/p>\n<p>Por este motivo, y siendo obispo de Roma, quisiera detenerme en nuestro vivir en Roma, que representa un gran don, porque significa vivir en la ciudad eterna, significa para un cristiano, sobre todo, formar parte de la Iglesia fundada en el testimonio y el martirio de los santos ap&oacute;stoles Pedro y Pablo. Y, por lo tanto, tambi&eacute;n por esto damos gracias al Se&ntilde;or. Pero al mismo tiempo representa una gran responsabilidad. Y Jes&uacute;s dijo: &laquo;Al que mucho se le dio, mucho se le reclamar&aacute;&raquo; (<i>Lc<\/i> 12, 48). Por lo tanto, pregunt&eacute;monos: en esta ciudad, en esta comunidad eclesial, &iquest;somos libres o somos esclavos, somos sal y luz? &iquest;Somos levadura? O, por el contrario, nos vemos apagados, ins&iacute;pidos, hostiles, desconfiados, irrelevantes y cansados? <\/p>\n<p>Sin duda los graves hechos de corrupci&oacute;n, conocidos recientemente, requieren una seria y consciente conversi&oacute;n de los corazones para un renacimiento espiritual y moral, as&iacute; como tambi&eacute;n para un renovado compromiso en la construcci&oacute;n de una ciudad m&aacute;s justa y solidaria, donde los pobres, los d&eacute;biles y los marginados est&eacute;n en el centro de nuestras preocupaciones y de nuestro obrar cotidiano. Se necesita una gran y diaria actitud de libertad cristiana para tener la valent&iacute;a de proclamar, en nuestra ciudad, que hay que defender a los pobres, y no defenderse de los pobres, que hay que servir a los d&eacute;biles y no servirse de los d&eacute;biles.<\/p>\n<p>La ense&ntilde;anza de un sencillo di&aacute;cono romano nos puede ayudar. Cuando pidieron a san Lorenzo que mostrara los tesoros de la Iglesia, llev&oacute; sencillamente a algunos pobres. Cuando en una ciudad los pobres y los d&eacute;biles son cuidados, atendidos y ayudados a promoverse en la sociedad, ellos se muestran como el tesoro de la Iglesia y de la sociedad. En cambio, cuando una sociedad ignora a los pobres, los persigue, los criminaliza, los obliga a &laquo;<i>mafiarse<\/i>&raquo;, esa sociedad se empobrece hasta llegar a la miseria, pierde la libertad y prefiere &laquo;<i>el ajo y las cebollas<\/i>&raquo; de la esclavitud, de la esclavitud de su ego&iacute;smo, de la esclavitud de su pusilanimidad, y esa sociedad deja de ser cristiana.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, concluir el a&ntilde;o es volver a afirmar que existe una &laquo;&uacute;ltima hora&raquo; y que existe la &laquo;plenitud del tiempo&raquo;. Al concluir este a&ntilde;o, al dar gracias y pedir perd&oacute;n, nos har&aacute; bien pedir la gracia de caminar en libertad para poder as&iacute; reparar los numerosos da&ntilde;os ocasionados y poder defendernos de la nostalgia de la esclavitud, defendernos del &laquo;<i>nostalgiar<\/i>&raquo; la esclavitud. <\/p>\n<p>Que la Virgen santa, la Santa Madre de Dios que estaba precisamente en el coraz&oacute;n del templo de Dios, cuando el Verbo \u2014que exist&iacute;a en el principio\u2014 se hizo uno de nosotros en el tiempo; Ella que dio al mundo el Salvador, nos ayude a acogerlo con coraz&oacute;n abierto, para ser y vivir verdaderamente libres, como hijos de Dios. As&iacute; sea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS PRIMERAS V&Iacute;SPERASDE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS TE DEUM DE ACCI&Oacute;N DE GRACIAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica VaticanaMi&eacute;rcoles 31 de diciembre de 2014 [Multimedia] &nbsp; La Palabra de Dios nos introduce hoy, de modo especial, en el significado del tiempo, al comprender que el tiempo no es &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/celebracion-de-las-visperas-y-te-deum-de-accion-de-gracias-31-de-diciembre-de-2014-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCelebraci\u00f3n de las V\u00edsperas y Te Deum de acci\u00f3n de gracias (31 de diciembre de 2014) (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41119","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41119","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41119"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41119\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41119"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41119"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41119"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}