{"id":41135,"date":"2016-10-06T15:29:21","date_gmt":"2016-10-06T20:29:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-por-la-paz-y-la-reconciliacion-en-la-catedral-de-myeong-dong-seul-18-de-agosto-de-2014\/"},"modified":"2016-10-06T15:29:21","modified_gmt":"2016-10-06T20:29:21","slug":"santa-misa-por-la-paz-y-la-reconciliacion-en-la-catedral-de-myeong-dong-seul-18-de-agosto-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-por-la-paz-y-la-reconciliacion-en-la-catedral-de-myeong-dong-seul-18-de-agosto-de-2014\/","title":{"rendered":"Santa Misa por la paz y la reconciliaci\u00f3n en la Catedral de Myeong-dong (Se\u00fal, 18 de agosto de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/francesco\/es\/travels\/2014\/outside\/documents\/papa-francesco-repubblica-corea.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA DE COREA <br \/>CON OCASI&Oacute;N DE LA VI JORNADA DE LA JUVENTUD ASI&Aacute;TICA<\/a><br \/>(13-18 DE AGOSTO DE 2014)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><font size=\"3\">SANTA MISA POR LA PAZ Y LA RECONCILIACI&Oacute;N<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i>Catedral de Myeong-dong, Se&uacute;l<br \/>Lunes 18 de agosto de 2014<\/i><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_4F2O8E94\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Mi estancia en Corea llega a su fin y no puedo dejar de dar gracias a Dios por las abundantes bendiciones que ha concedido a este querido pa&iacute;s y, de manera especial, a la Iglesia en Corea. Entre estas bendiciones, cuento tambi&eacute;n la experiencia vivida junto a ustedes estos &uacute;ltimos d&iacute;as, con la participaci&oacute;n de tantos j&oacute;venes peregrinos, provenientes de toda Asia. Su amor por Jes&uacute;s y su entusiasmo por la propagaci&oacute;n del Reino son un modelo a seguir para todos. <\/p>\n<p>Mi visita culmina con esta celebraci&oacute;n de la Misa, en la que imploramos a Dios la gracia de la paz y de la reconciliaci&oacute;n. Esta oraci&oacute;n tiene una resonancia especial en la pen&iacute;nsula coreana. La Misa de hoy es sobre todo y principalmente una oraci&oacute;n por la reconciliaci&oacute;n en esta familia coreana. En el Evangelio, Jes&uacute;s nos habla de la fuerza de nuestra oraci&oacute;n cuando dos o tres nos reunimos en su nombre para pedir algo (cf. <i>Mt<\/i> 18,19-20).&nbsp;&iexcl;Cu&aacute;nto m&aacute;s si es todo un pueblo el que alza su sincera s&uacute;plica al cielo! <\/p>\n<p>La primera lectura presenta la promesa divina de restaurar la unidad y la prosperidad de su pueblo, disperso por la desgracia y la divisi&oacute;n. Para nosotros, como para el pueblo de Israel, esta promesa nos llena de esperanza: apunta a un futuro que Dios est&aacute; preparando ya para nosotros. Por otra parte, esta promesa va inseparablemente unida a un mandamiento: el mandamiento de volver a Dios y obedecer de todo coraz&oacute;n a su ley (cf. <i>Dt<\/i> 30,2-3). El don divino de la reconciliaci&oacute;n, de la unidad y de la paz est&aacute; &iacute;ntimamente relacionado con la gracia de la conversi&oacute;n, una transformaci&oacute;n del coraz&oacute;n que puede cambiar el curso de nuestra vida y de nuestra historia, como personas y como pueblo.<\/p>\n<p>Naturalmente, en esta Misa escuchamos esta promesa en el contexto de la experiencia hist&oacute;rica del pueblo coreano, una experiencia de divisi&oacute;n y de conflicto, que dura m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os. Pero la urgente invitaci&oacute;n de Dios a la conversi&oacute;n pide tambi&eacute;n a los seguidores de Cristo en Corea que revisen c&oacute;mo es su contribuci&oacute;n a la construcci&oacute;n de una sociedad justa y humana. Pide a todos ustedes que se pregunten hasta qu&eacute; punto, individual y comunitariamente, dan testimonio de un compromiso evang&eacute;lico en favor de los m&aacute;s desfavorecidos, los marginados, cuantos carecen de trabajo o no participan de la prosperidad de la mayor&iacute;a. Les pide, como cristianos y como coreanos, rechazar con firmeza una mentalidad fundada en la sospecha, en la confrontaci&oacute;n y la rivalidad, y promover, en cambio, una cultura modelada por las ense&ntilde;anzas del Evangelio y los m&aacute;s nobles valores tradicionales del pueblo coreano.<\/p>\n<p>En el Evangelio de hoy, Pedro pregunta al Se&ntilde;or: &laquo;Si mi hermano me ofende, &iquest;cu&aacute;ntas veces le tengo que perdonar? &iquest;Hasta siete veces?&raquo;. Y el Se&ntilde;or le responde: &laquo;No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete&raquo; (<i>Mt<\/i> 18,21-22). Estas palabras son centrales en el mensaje de reconciliaci&oacute;n y de paz de Jes&uacute;s. Obedientes a su mandamiento, pedimos cada d&iacute;a a nuestro Padre del cielo que nos perdone nuestros pecados &laquo;como tambi&eacute;n nosotros perdonamos a quienes nos ofenden&raquo;. Si no estuvi&eacute;semos dispuestos a hacerlo, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;amos rezar sinceramente por la paz y la reconciliaci&oacute;n?<\/p>\n<p>Jes&uacute;s nos pide que creamos que el perd&oacute;n es la puerta que conduce a la reconciliaci&oacute;n. Dici&eacute;ndonos que perdonemos a nuestros hermanos sin reservas, nos pide algo totalmente radical, pero tambi&eacute;n nos da la gracia para hacerlo. Lo que desde un punto de vista humano parece imposible, irrealizable y, quiz&aacute;s, hasta inaceptable, Jes&uacute;s lo hace posible y fruct&iacute;fero mediante la fuerza infinita de su cruz. La cruz de Cristo revela el poder de Dios que supera toda divisi&oacute;n, sana cualquier herida y restablece los lazos originarios del amor fraterno.<\/p>\n<p>&Eacute;ste es el mensaje que les dejo como conclusi&oacute;n de mi visita a Corea. Tengan confianza en la fuerza de la cruz de Cristo. Reciban su gracia reconciliadora en sus corazones y comp&aacute;rtanla con los dem&aacute;s. Les pido que den un testimonio convincente del mensaje de reconciliaci&oacute;n de Cristo en sus casas, en sus comunidades y en todos los &aacute;mbitos de la vida nacional. Espero que, en esp&iacute;ritu de amistad y colaboraci&oacute;n con otros cristianos, con los seguidores de otras religiones y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que se preocupan por el futuro de la sociedad coreana, sean levadura del Reino de Dios en esta tierra. De este modo, nuestras oraciones por la paz y la reconciliaci&oacute;n llegar&aacute;n a Dios desde corazones m&aacute;s puros y, por el don de su gracia, alcanzar&aacute;n aquel precioso bien que todos deseamos.<\/p>\n<p>Recemos para que surjan nuevas oportunidades de di&aacute;logo, de encuentro, para que se superen las diferencias, para que, con generosidad constante, se preste asistencia humanitaria a cuantos pasan necesidad, y para que se extienda cada vez m&aacute;s la convicci&oacute;n de que todos los coreanos son hermanos y hermanas, miembros de una &uacute;nica familia, de un solo pueblo. Hablan la misma lengua.<\/p>\n<p>Antes de dejar Corea, quisiera dar las gracias a la Se&ntilde;ora Presidenta de la Rep&uacute;blica, Park Geun-hye,&nbsp;a las Autoridades civiles y eclesi&aacute;sticas y a todos los que de una u otra forma han contribuido a hacer posible esta visita. Especialmente, quisiera expresar mi reconocimiento a los sacerdotes coreanos, que trabajan cada d&iacute;a al servicio del Evangelio y de la edificaci&oacute;n del Pueblo de Dios en la fe, la esperanza y la caridad. Les pido, como embajadores de Cristo y ministros de su amor de reconciliaci&oacute;n (cf. <i>2 Co<\/i> 5,18-20), que sigan creando v&iacute;nculos de respeto, confianza y armoniosa colaboraci&oacute;n en sus parroquias, entre ustedes y con sus obispos. Su ejemplo de amor incondicional al Se&ntilde;or, su fidelidad y dedicaci&oacute;n al ministerio, as&iacute; como su compromiso de caridad en favor de cuantos pasan necesidad, contribuyen enormemente a la obra de la reconciliaci&oacute;n y de la paz en este pa&iacute;s.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, Dios nos llama a volver a &eacute;l y a escuchar su voz, y nos promete establecer sobre la tierra una paz y una prosperidad incluso mayor de la que conocieron nuestros antepasados. Que los seguidores de Cristo en Corea preparen el alba de ese nuevo d&iacute;a, en el que esta tierra de la ma&ntilde;ana tranquila disfrutar&aacute; de las m&aacute;s ricas bendiciones divinas de armon&iacute;a y de paz. Am&eacute;n.<\/p>\n<hr width=\"35%\" size=\"1\" \/>\n<p><b>Oraci&oacute;n de los Fieles.<\/b><\/p>\n<p>Por el Cardenal Fernando Filoni, que deber&iacute;a estar aqu&iacute;, pero no ha podido venir porque ha sido enviado por el Papa al sufrido pueblo Iraqu&iacute;, para ayudar a los hermanos perseguidos y expoliados, y a todas las minor&iacute;as religiosas que sufren en aquella tierra. Para que el Se&ntilde;or le acompa&ntilde;e en su misi&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp; &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA DE COREA CON OCASI&Oacute;N DE LA VI JORNADA DE LA JUVENTUD ASI&Aacute;TICA(13-18 DE AGOSTO DE 2014) SANTA MISA POR LA PAZ Y LA RECONCILIACI&Oacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Catedral de Myeong-dong, Se&uacute;lLunes 18 de agosto de 2014 V&iacute;deo &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Mi estancia en Corea llega a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-por-la-paz-y-la-reconciliacion-en-la-catedral-de-myeong-dong-seul-18-de-agosto-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSanta Misa por la paz y la reconciliaci\u00f3n en la Catedral de Myeong-dong (Se\u00fal, 18 de agosto de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41135","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41135","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41135"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41135\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41135"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41135"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41135"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}