{"id":41136,"date":"2016-10-06T15:29:23","date_gmt":"2016-10-06T20:29:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-de-clausura-de-la-vi-jornada-de-la-juventud-asiatica-castillo-de-haemi-17-de-agosto-de-2014\/"},"modified":"2016-10-06T15:29:23","modified_gmt":"2016-10-06T20:29:23","slug":"santa-misa-de-clausura-de-la-vi-jornada-de-la-juventud-asiatica-castillo-de-haemi-17-de-agosto-de-2014","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-de-clausura-de-la-vi-jornada-de-la-juventud-asiatica-castillo-de-haemi-17-de-agosto-de-2014\/","title":{"rendered":"Santa Misa de clausura de la VI Jornada de la Juventud Asi\u00e1tica (Castillo de Haemi, 17 de agosto de 2014)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/francesco\/es\/travels\/2014\/outside\/documents\/papa-francesco-repubblica-corea.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA DE COREA <br \/>CON OCASI&Oacute;N DE LA VI JORNADA DE LA JUVENTUD ASI&Aacute;TICA<\/a><br \/>(13-18 DE AGOSTO DE 2014)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font size=\"3\" color=\"#663300\">SANTA MISA DE CLAUSURA DE LA VI JORNADA DE LA JUVENTUD ASI&Aacute;TICA<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Haemi Castle <br \/>Domingo 17 de agosto de 2014<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_73RHC6AD\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b>&nbsp;<\/b><\/p>\n<p><i>Queridos amigos:<\/i><\/p>\n<p>&laquo;<i>La gloria de los m&aacute;rtires brilla sobre ti<\/i>&raquo;. Estas palabras, que forman parte del lema de la VI Jornada de la Juventud Asi&aacute;tica, nos dan consuelo y fortaleza. J&oacute;venes de Asia, ustedes son los herederos de un gran testimonio, de una preciosa confesi&oacute;n de fe en Cristo. &Eacute;l es la luz del mundo, la luz de nuestras vidas. Los m&aacute;rtires de Corea, y tantos otros incontables m&aacute;rtires de toda Asia, entregaron su cuerpo a sus perseguidores; a nosotros, en cambio, nos han entregado un testimonio perenne de que la luz de la verdad de Cristo disipa las tinieblas y el amor de Cristo triunfa glorioso. Con la certeza de su victoria sobre la muerte y de nuestra participaci&oacute;n en ella, podemos asumir el reto de ser sus disc&iacute;pulos hoy, en nuestras circunstancias y en nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Esas palabras son una consolaci&oacute;n. La otra parte del lema de la Jornada <i>\u2013&laquo;Juventud de Asia, despierta&raquo;<\/i>\u2013 nos habla de una tarea, de una responsabilidad. Meditemos brevemente cada una de estas palabras. <\/p>\n<p>En primer lugar, \u201c<i>Asia<\/i>\u201d. Ustedes se han reunido aqu&iacute; en Corea llegados de todas las partes de Asia. Cada uno tiene un lugar y un contexto singular en el que est&aacute; llamado a reflejar el amor de Dios. El continente asi&aacute;tico, rico en tradiciones filos&oacute;ficas y religiosas, constituye un gran horizonte para su testimonio de Cristo, &laquo;camino, verdad y vida&raquo; (<i>Jn<\/i> 14,6). Como j&oacute;venes que no s&oacute;lo viven <i>en<\/i> Asia, sino que son hijos e hijas <i>de <\/i>este gran continente, tienen el derecho y el deber de participar plenamente en la vida de su sociedad. No tengan miedo de llevar la sabidur&iacute;a de la fe a todos los &aacute;mbitos de la vida social. <\/p>\n<p>Adem&aacute;s, como j&oacute;venes asi&aacute;ticos, ustedes ven y aman desde dentro todo lo bello, noble y verdadero que hay en sus culturas y tradiciones. Y, como cristianos, saben que el Evangelio tiene la capacidad de purificar, elevar y perfeccionar ese patrimonio. Mediante la presencia del Esp&iacute;ritu Santo que se les comunic&oacute; en el bautismo y con el que fueron sellados en la confirmaci&oacute;n, en uni&oacute;n con sus Pastores, pueden percibir los muchos valores positivos de las diversas culturas asi&aacute;ticas. Y son adem&aacute;s capaces de discernir lo que es incompatible con la fe cat&oacute;lica, lo que es contrario a la vida de la gracia en la que han sido injertados por el bautismo, y qu&eacute; aspectos de la cultura contempor&aacute;nea son pecaminosos, corruptos y conducen a la muerte.<\/p>\n<p>Volviendo al lema de la Jornada, pensemos ahora en la palabra <i>\u201cjuventud\u201d<\/i>. Ustedes y sus amigos est&aacute;n llenos del optimismo, de la energ&iacute;a y de la buena voluntad que caracteriza esta etapa de su vida. Dejen que Cristo transforme su natural optimismo en esperanza cristiana, su energ&iacute;a en virtud moral, su buena voluntad en aut&eacute;ntico amor, que sabe sacrificarse. &Eacute;ste es el camino que est&aacute;n llamados a emprender. &Eacute;ste es el camino para vencer todo lo que amenaza la esperanza, la virtud y el amor en su vida y en su cultura. As&iacute; su juventud ser&aacute; un don para Jes&uacute;s y para el mundo.<\/p>\n<p>Como j&oacute;venes cristianos, ya sean trabajadores o estudiantes, hayan elegido una carrera o hayan respondido a la llamada al matrimonio, a la vida religiosa o al sacerdocio, no s&oacute;lo forman parte del <i>futuro<\/i> de la Iglesia: son tambi&eacute;n una parte necesaria y apreciada del <i>presente<\/i> de la Iglesia. Ustedes son el presente de la Iglesia. Permanezcan unidos unos a otros, cada vez m&aacute;s cerca de Dios, y junto a sus obispos y sacerdotes dediquen estos a&ntilde;os a edificar una Iglesia m&aacute;s santa, m&aacute;s misionera y humilde \u2013una Iglesia m&aacute;s santa, m&aacute;s misionera y humilde\u2013, &nbsp;una Iglesia que ama y adora a Dios, que intenta servir a los pobres, a los que est&aacute;n solos, a los enfermos y a los marginados.<\/p>\n<p>En su vida cristiana tendr&aacute;n muchas veces la tentaci&oacute;n, como los disc&iacute;pulos en la lectura del Evangelio de hoy, de apartar al extranjero, al necesitado, al pobre y a quien tiene el coraz&oacute;n destrozado. Estas personas siguen gritando como la mujer del Evangelio: &laquo;Se&ntilde;or, soc&oacute;rreme&raquo;. La petici&oacute;n de la mujer cananea es el grito de toda persona que busca amor, acogida y amistad con Cristo. Es el grito de tantas personas en nuestras ciudades an&oacute;nimas, de muchos de nuestros contempor&aacute;neos y de todos los m&aacute;rtires que a&uacute;n hoy sufren persecuci&oacute;n y muerte en el nombre de Jes&uacute;s: &laquo;Se&ntilde;or, soc&oacute;rreme&raquo;. Este mismo grito surge a menudo en nuestros corazones: &laquo;Se&ntilde;or, soc&oacute;rreme&raquo;. No respondamos como aquellos que rechazan a las personas que piden, como si atender a los necesitados estuviese re&ntilde;ido con estar cerca del Se&ntilde;or. No, tenemos que ser como Cristo, que responde siempre a quien le pide ayuda con amor, misericordia y compasi&oacute;n.<\/p>\n<p>Finalmente, la tercera parte del lema de esta Jornada: &laquo;<i>Despierta<\/i>&raquo;. Esta palabra habla de una responsabilidad que el Se&ntilde;or les conf&iacute;a. Es la obligaci&oacute;n de estar vigilantes para no dejar que las seducciones, las tentaciones y los pecados propios o los de los otros emboten nuestra sensibilidad para la belleza de la santidad, para la alegr&iacute;a del Evangelio. El Salmo responsorial de hoy nos invita repetidamente a \u201ccantar de alegr&iacute;a\u201d. Nadie que est&eacute; dormido puede cantar, bailar, alegrarse. No me gusta ver a los j&oacute;venes dormidos\u2026 &iexcl;No! \u201c&iexcl;Despierten!\u201d. &iexcl;Vamos! &iexcl;Vamos! &iexcl;Adelante! Queridos j&oacute;venes, &laquo;nos bendice el Se&ntilde;or nuestro Dios&raquo; (<i>Sal<\/i> 67); de &eacute;l hemos &laquo;obtenido misericordia&raquo; (<i>Rm<\/i> 11,30). Con la certeza del amor de Dios, vayan al mundo, de modo que &laquo;con ocasi&oacute;n de la misericordia obtenida por ustedes&raquo; (v. 31), sus amigos, sus compa&ntilde;eros de trabajo, sus vecinos, sus conciudadanos y todas las personas de este gran continente &laquo;alcancen misericordia&raquo; (v. 31). Esta misericordia es la que nos salva.<\/p>\n<p>Queridos j&oacute;venes de Asia, conf&iacute;o que, unidos a Cristo y a la Iglesia, sigan este camino que sin duda les llenar&aacute; de alegr&iacute;a. Y antes de acercarnos a la mesa de la Eucarist&iacute;a, dirij&aacute;monos a Mar&iacute;a nuestra Madre, que dio al mundo a Jes&uacute;s. S&iacute;, Mar&iacute;a, Madre nuestra, queremos recibir a Jes&uacute;s; con tu ternura maternal, ay&uacute;danos a llevarlo a los otros, a servirle con fidelidad y a glorificarlo en todo tiempo y lugar, en este pa&iacute;s y en toda Asia. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>Juventud de Asia, &iexcl;despierta!<\/p>\n<p align=\"center\"> <b>&nbsp;&nbsp; <\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA DE COREA CON OCASI&Oacute;N DE LA VI JORNADA DE LA JUVENTUD ASI&Aacute;TICA(13-18 DE AGOSTO DE 2014) SANTA MISA DE CLAUSURA DE LA VI JORNADA DE LA JUVENTUD ASI&Aacute;TICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Haemi Castle Domingo 17 de agosto de 2014 V&iacute;deo &nbsp; Queridos amigos: &laquo;La gloria de los m&aacute;rtires &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-de-clausura-de-la-vi-jornada-de-la-juventud-asiatica-castillo-de-haemi-17-de-agosto-de-2014\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSanta Misa de clausura de la VI Jornada de la Juventud Asi\u00e1tica (Castillo de Haemi, 17 de agosto de 2014)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41136","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41136","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41136"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41136\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41136"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41136"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41136"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}