{"id":41145,"date":"2016-10-06T15:29:37","date_gmt":"2016-10-06T20:29:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-en-la-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-19-de-junio-de-2014-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:29:37","modified_gmt":"2016-10-06T20:29:37","slug":"santa-misa-en-la-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-19-de-junio-de-2014-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-en-la-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo-19-de-junio-de-2014-video\/","title":{"rendered":"Santa Misa en la Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo (19 de junio de 2014) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2014\/20140619-libretto-corpus-domini.pdf\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL <i>CORPUS CHRISTI<\/i><\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Atrio de la Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/>Jueves 19 de junio de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_UQCWTZNK\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;El Se&ntilde;or, tu Dios, &#8230; te aliment&oacute; con el man&aacute;, que t&uacute; no conoc&iacute;as&raquo; (<i>Dt<\/i> 8, 2-3).<\/p>\n<p>Estas palabras del Deuteronomio hacen referencia a la historia de Israel, que Dios hizo salir de Egipto, de la condici&oacute;n de esclavitud, y durante cuarenta a&ntilde;os gui&oacute; por el desierto hacia la tierra prometida. El pueblo elegido, una vez establecido en la tierra, alcanz&oacute; cierta autonom&iacute;a, un cierto bienestar, y corri&oacute; <i>el riesgo de olvidar<\/i> los tristes acontecimientos del pasado, superados gracias a la intervenci&oacute;n de Dios y a su infinita bondad. As&iacute; pues, las Escrituras exhortan a recordar, a <i>hacer memoria<\/i> de todo el camino recorrido en el desierto, en el tiempo de la carest&iacute;a y del desaliento. La invitaci&oacute;n es volver a lo esencial, a la experiencia de la total dependencia de Dios, cuando la supervivencia estaba confiada a su mano, para que el hombre comprendiera que &laquo;no s&oacute;lo de pan vive el hombre, sino&#8230; de todo cuanto sale de la boca de Dios&raquo; (<i>Dt<\/i> 8,3).<\/p>\n<p>Adem&aacute;s del hambre f&iacute;sico, el hombre lleva en s&iacute; otro hambre, un hambre que no puede ser saciado con el alimento ordinario. Es hambre de vida, hambre de amor, hambre de eternidad. Y el signo del <i>man&aacute;<\/i> \u2014como toda la experiencia del &eacute;xodo\u2014 conten&iacute;a en s&iacute; tambi&eacute;n esta dimensi&oacute;n: era figura de un alimento que satisface esta profunda hambre que hay en el hombre. Jes&uacute;s nos da este alimento, es m&aacute;s, es <i>&Eacute;l mismo el pan vivo<\/i> que da la vida al mundo (cf. <i>Jn<\/i> 6, 51). Su Cuerpo es el verdadero alimento bajo la especie del pan; su Sangre es la verdadera bebida bajo la especie del vino. No es un simple alimento con el cual saciar nuestro cuerpo, como el man&aacute;; el Cuerpo de Cristo es el pan de los &uacute;ltimos tiempos, capaz de dar vida, y vida eterna, porque la esencia de este pan es el Amor.<\/p>\n<p>En la Eucarist&iacute;a se comunica el amor del Se&ntilde;or por nosotros: un amor tan grande que nos nutre de s&iacute; mismo; un amor gratuito, siempre a disposici&oacute;n de toda persona hambrienta y necesitada de regenerar las propias fuerzas. Vivir la experiencia de la fe significa dejarse alimentar por el Se&ntilde;or y construir la propia existencia no sobre los bienes materiales, sino sobre la realidad que no perece: los dones de Dios, su Palabra y su Cuerpo.<\/p>\n<p>Si miramos a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que existen <i>muchas ofertas de alimento<\/i> que no vienen del Se&ntilde;or y que aparentemente satisfacen m&aacute;s. Algunos se nutren con el dinero, otros con el &eacute;xito y la vanidad, otros con el poder y el orgullo. Pero el alimento que nos nutre verdaderamente y que nos sacia es s&oacute;lo el que nos da el Se&ntilde;or. El alimento que nos ofrece el Se&ntilde;or es distinto de los dem&aacute;s, y tal vez no nos parece tan gustoso como ciertas comidas que nos ofrece el mundo. Entonces so&ntilde;amos con otras comidas, como los jud&iacute;os en el desierto, que a&ntilde;oraban la carne y las cebollas que com&iacute;an en Egipto, pero olvidaban que esos alimentos los com&iacute;an en la mesa de la esclavitud. Ellos, en esos momentos de tentaci&oacute;n, ten&iacute;an memoria, pero una memoria enferma, una memoria selectiva. Una memoria esclava, no libre.<\/p>\n<p>Cada uno de nosotros, hoy, puede preguntarse: &iquest;y yo? <i>&iquest;D&oacute;nde quiero comer?<\/i> &iquest;En qu&eacute; mesa quiero alimentarme? &iquest;En la mesa del Se&ntilde;or? &iquest;O sue&ntilde;o con comer manjares gustosos, pero en la esclavitud? Adem&aacute;s, cada uno de nosotros puede preguntarse: &iquest;cu&aacute;l es mi memoria? &iquest;La del Se&ntilde;or que me salva, o la del ajo y las cebollas de la esclavitud? &iquest;Con qu&eacute; memoria sacio mi alma?<\/p>\n<p>El Padre nos dice: &laquo;Te he alimentado con el man&aacute; que t&uacute; no conoc&iacute;as&raquo;. Recuperemos la memoria. Esta es la tarea, recuperar la memoria. Y aprendamos a reconocer el pan falso que enga&ntilde;a y corrompe, porque es fruto del ego&iacute;smo, de la autosuficiencia y del pecado.<\/p>\n<p>Dentro de poco, en la <i>procesi&oacute;n<\/i>, seguiremos a Jes&uacute;s realmente presente en la Eucarist&iacute;a. La Hostia es nuestro man&aacute;, mediante la cual el Se&ntilde;or se nos da a s&iacute; mismo. A &Eacute;l nos dirigimos con confianza: Jes&uacute;s, defi&eacute;ndenos de las tentaciones del alimento mundano que nos hace esclavos, alimento envenenado; purifica nuestra memoria, a fin de que no permanezca prisionera en la selectividad ego&iacute;sta y mundana, sino que sea <i>memoria viva de tu presencia<\/i> a lo largo de la historia de tu pueblo, memoria que se hace &laquo;memorial&raquo; de tu gesto de amor redentor. Am&eacute;n.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Atrio de la Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;nJueves 19 de junio de 2014 V&iacute;deo &nbsp; &laquo;El Se&ntilde;or, tu Dios, &#8230; te aliment&oacute; con el man&aacute;, que t&uacute; no conoc&iacute;as&raquo; (Dt 8, 2-3). 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