{"id":41153,"date":"2016-10-06T15:29:50","date_gmt":"2016-10-06T20:29:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-abril-de-2014-santa-misa-y-canonizacion-de-los-beatos-juan-xxiii-y-juan-pablo-ii-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:29:50","modified_gmt":"2016-10-06T20:29:50","slug":"27-de-abril-de-2014-santa-misa-y-canonizacion-de-los-beatos-juan-xxiii-y-juan-pablo-ii-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-abril-de-2014-santa-misa-y-canonizacion-de-los-beatos-juan-xxiii-y-juan-pablo-ii-video\/","title":{"rendered":"27 de abril de 2014: Santa Misa y canonizaci\u00f3n de los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2014\/20140427-libretto-canonizzazione.pdf\">SANTA MISA Y CANONIZACI&Oacute;N<\/a> DE LOS BEATOS <\/font><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/index_sp.htm\">JUAN XXIII<\/a> <font color=\"#663300\">Y<\/font> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/index_sp.htm\">JUAN PABLO II<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO <\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Plaza de San Pedro<br \/>II Domingo de Pascua (o de la Divina Misericordia), 27 de abril de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_SNA2Z6PH\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><b><br \/><i><a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/canonizzazione27apr2014.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/i><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p>En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que san Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, est&aacute;n <i>las llagas gloriosas de Cristo resucitado<\/i>.<\/p>\n<p>&Eacute;l ya las ense&ntilde;&oacute; la primera vez que se apareci&oacute; a los ap&oacute;stoles la misma tarde del primer d&iacute;a de la semana, el d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n. Pero <i>Tom&aacute;s<\/i> aquella tarde, como hemos escuchado, no estaba; y, cuando los dem&aacute;s le dijeron que hab&iacute;an visto al Se&ntilde;or, respondi&oacute; que, mientras no viera y tocara aquellas llagas, no lo creer&iacute;a. Ocho d&iacute;as despu&eacute;s, Jes&uacute;s se apareci&oacute; de nuevo en el cen&aacute;culo, en medio de los disc&iacute;pulos: Tom&aacute;s tambi&eacute;n estaba; se dirigi&oacute; a &eacute;l y lo invit&oacute; a tocar sus llagas. Y entonces, aquel hombre sincero, aquel hombre acostumbrado a comprobar personalmente las cosas, se arrodill&oacute; delante de Jes&uacute;s y dijo: &laquo;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o&raquo; (<i>Jn <\/i>20,28).<\/p>\n<p>Las llagas de Jes&uacute;s son un <i>esc&aacute;ndalo para la fe<\/i>, pero son tambi&eacute;n la <i>comprobaci&oacute;n de la fe<\/i>. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son <i>indispensables para creer en Dios<\/i>. No para creer que Dios existe, sino para creer <i>que Dios es amor, misericordia, fidelidad<\/i>. San Pedro, citando a Isa&iacute;as, escribe a los cristianos: &laquo;Sus heridas nos han curado&raquo; (<i>1 P <\/i>2,24; cf. <i>Is<\/i> 53,5).<\/p>\n<p>San <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/index_sp.htm\">Juan XXIII<\/a> y san <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/index_sp.htm\">Juan Pablo II<\/a> <i>tuvieron el valor de mirar las heridas de Jes&uacute;s, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado<\/i>. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de &eacute;l, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano (cf. <i>Is <\/i>58,7), porque en cada persona que sufr&iacute;a ve&iacute;an a Jes&uacute;s. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la <i>parresia<\/i> del Esp&iacute;ritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.<\/p>\n<p>Fueron sacerdotes y obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. En ellos, Dios fue m&aacute;s fuerte; fue m&aacute;s fuerte la fe en Jesucristo Redentor del hombre y Se&ntilde;or de la historia; en ellos fue m&aacute;s fuerte la misericordia de Dios que se manifiesta en estas cinco llagas; m&aacute;s fuerte, la cercan&iacute;a materna de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>En estos dos hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su misericordia hab&iacute;a &laquo;<i>una esperanza viva<\/i>&raquo;, junto a un &laquo;<i>gozo inefable y radiante<\/i>&raquo; (<i>1 P <\/i>1,3.8). La esperanza y el gozo que Cristo resucitado da a sus disc&iacute;pulos, y de los que nada ni nadie les podr&aacute; privar. La <i>esperanza y el gozo pascual<\/i>, purificados en el crisol de la humillaci&oacute;n, del vaciamiento, de la cercan&iacute;a a los pecadores hasta el extremo, hasta la n&aacute;usea a causa de la amargura de aquel c&aacute;liz. &Eacute;sta es la esperanza y el gozo que los dos papas santos recibieron como un don del Se&ntilde;or resucitado, y que a su vez dieron abundantemente al Pueblo de Dios, recibiendo de &eacute;l un reconocimiento eterno.<\/p>\n<p>Esta esperanza y esta alegr&iacute;a se respiraba en <i>la primera comunidad de los creyentes,<\/i> en Jerusal&eacute;n, de la que hablan los Hechos de los Ap&oacute;stoles (cf. 2,42-47), como hemos escuchado en la segunda Lectura. Es una comunidad en la que <i>se vive la esencia del Evangelio<\/i>, esto es, el amor, la misericordia, con simplicidad y fraternidad.<\/p>\n<p>Y &eacute;sta es la imagen de la Iglesia que el Concilio Vaticano II tuvo ante s&iacute;. <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_xxiii\/index_sp.htm\">Juan XXIII<\/a> y<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/index_sp.htm\">Juan Pablo II<\/a> colaboraron con el Esp&iacute;ritu Santo para <i>restaurar y actualizar la Iglesia seg&uacute;n su fisionom&iacute;a originaria<\/i>, la fisionom&iacute;a que le dieron los santos a lo largo de los siglos. No olvidemos que son precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la Iglesia. En la convocatoria del Concilio, san Juan XXIII demostr&oacute; una delicada <i>docilidad al Esp&iacute;ritu Santo<\/i>, se dej&oacute; conducir y fue para la Iglesia un pastor, un gu&iacute;a-guiado, guiado por el Esp&iacute;ritu. &Eacute;ste fue su gran servicio a la Iglesia; por eso me gusta pensar en &eacute;l como <i>el Papa de la docilidad al Esp&iacute;ritu santo<\/i>.<\/p>\n<p>En este servicio al Pueblo de Dios, san Juan Pablo II fue <i>el Papa de la familia<\/i>. &Eacute;l mismo, una vez, dijo que as&iacute; le habr&iacute;a gustado ser recordado, como el Papa de la familia. Me gusta subrayarlo ahora que estamos viviendo <i>un camino sinodal sobre la familia y con las familias<\/i>, un camino que &eacute;l, desde el Cielo, ciertamente acompa&ntilde;a y sostiene.<\/p>\n<p>Que estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia, para que, durante estos dos a&ntilde;os de camino sinodal, sea d&oacute;cil al Esp&iacute;ritu Santo en el servicio pastoral a la familia. Que ambos nos ense&ntilde;en a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA Y CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS JUAN XXIII Y JUAN PABLO II HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Plaza de San PedroII Domingo de Pascua (o de la Divina Misericordia), 27 de abril de 2014 V&iacute;deoGaler&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp;&nbsp; En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-abril-de-2014-santa-misa-y-canonizacion-de-los-beatos-juan-xxiii-y-juan-pablo-ii-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab27 de abril de 2014: Santa Misa y canonizaci\u00f3n de los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41153","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41153","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41153"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41153\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41153"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41153"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41153"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}