{"id":41154,"date":"2016-10-06T15:29:51","date_gmt":"2016-10-06T20:29:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-abril-de-2014-santa-misa-de-accion-de-gracias-por-la-canonizacion-de-san-jose-de-anchieta-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:29:51","modified_gmt":"2016-10-06T20:29:51","slug":"24-de-abril-de-2014-santa-misa-de-accion-de-gracias-por-la-canonizacion-de-san-jose-de-anchieta-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-abril-de-2014-santa-misa-de-accion-de-gracias-por-la-canonizacion-de-san-jose-de-anchieta-video\/","title":{"rendered":"24 de abril de 2014: Santa Misa de acci\u00f3n de gracias por la canonizaci\u00f3n de San Jos\u00e9 de Anchieta (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE ACCI&Oacute;N DE GRACIAS POR LA CANONIZACI&Oacute;N DE SAN JOS<font face=\"Tahoma\">&Eacute; DE ANCHIETA, <br \/> SACERDOTE DE LA COMPA&Ntilde;&Iacute;A DE <\/font><\/font> <font face=\"Tahoma\" color=\"#663300\">JES&Uacute;S<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i> <font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Iglesia de San Ignacio de Loyola en Campo Marzio, Roma<br \/> Jueves 24 de abril de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_DIJU3HB2\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>En el Evangelio que acabamos de escuchar los disc&iacute;pulos no alcanzan a creer la alegr&iacute;a que tienen, porque no pueden creer a causa de esa alegr&iacute;a. As&iacute; dice el Evangelio. Miremos la escena: Jes&uacute;s ha resucitado, los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s han narrado su experiencia, Pedro tambi&eacute;n cuenta que lo vio, luego el mismo Se&ntilde;or se aparece en la sala y les dice: \u201cPaz a ustedes\u201d. Varios sentimientos irrumpen en el coraz&oacute;n de los disc&iacute;pulos: miedo, sorpresa, duda y, por fin, alegr&iacute;a. Una alegr&iacute;a tan grande que por esta alegr&iacute;a \u201cno alcanzaban a creer\u201d. Estaban at&oacute;nitos, pasmados, y Jes&uacute;s, casi esbozando una sonrisa, les pide algo de comer y comienza a explicarles, despacio, la Escritura, abriendo su entendimiento para que puedan comprenderla. Es el momento del estupor, del encuentro con Jesucristo, donde tanta alegr&iacute;a nos parece mentira; m&aacute;s a&uacute;n, asumir el gozo y la alegr&iacute;a en ese momento nos resulta arriesgado y sentimos la tentaci&oacute;n de refugiarnos en el escepticismo, \u201cno es para tanto\u201d. Es m&aacute;s f&aacute;cil creer en un fantasma que en Cristo vivo. Es m&aacute;s f&aacute;cil ir a un nigromante que te adivine el futuro, que te tire las cartas, que fiarse de la esperanza de un Cristo triunfante, de un Cristo que venci&oacute; la muerte. Es m&aacute;s f&aacute;cil una idea, una imaginaci&oacute;n, que la docilidad a ese Se&ntilde;or que surge de la muerte y &iexcl;vaya a saber a qu&eacute; cosas te invita!&nbsp; Ese proceso de relativizar tanto la fe que nos termina alejando del encuentro, alejando de la caricia de Dios. Es como si \u201cdestil&aacute;ramos\u201d la realidad del encuentro con Jesucristo en el alambique del miedo, en el alambique de la excesiva seguridad, del querer controlar nosotros mismos el encuentro. Los disc&iacute;pulos le ten&iacute;an miedo a la alegr&iacute;a\u2026 Y nosotros tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>La lectura de los Hechos de los ap&oacute;stoles nos habla de un paral&iacute;tico. Escuchamos solamente la segunda parte de esa historia, pero todos conocemos la trasformaci&oacute;n de este hombre, lisiado de nacimiento, postrado a la puerta del Templo para pedir limosna, sin atravesar nunca su umbral, y c&oacute;mo sus ojos se clavaron en los ap&oacute;stoles, esperando que le diesen algo. Pedro y Juan no le pod&iacute;an dar nada de lo que &eacute;l buscaba: ni oro, ni plata. Y &eacute;l, que se hab&iacute;a quedado siempre a la puerta, ahora entra por su pie, dando brincos, y alabando a Dios, celebrando sus maravillas. Y su alegr&iacute;a es contagiosa. Eso es lo que nos dice hoy la Escritura: la gente se llenaba de estupor, y asombrada acud&iacute;a corriendo, para ver esa maravilla. En medio de ese barullo, de esa admiraci&oacute;n, Pedro anuncia el mensaje.&nbsp;Es que la alegr&iacute;a del encuentro con Jesucristo, esa que nos da tanto miedo de asumir, es contagiosa y grita el anuncio; y ah&iacute; crece la Iglesia, el paral&iacute;tico, cree.\u201cLa Iglesia no crece por proselitismo, crece por atracci&oacute;n\u201d; la atracci&oacute;n testimonial de este gozo que anuncia a Jesucristo, ese testimonio que nace de la alegr&iacute;a asumida y luego transformada en anuncio. Es la alegr&iacute;a fundante. Sin este gozo, sin esta alegr&iacute;a, no se puede fundar una Iglesia, no se puede fundar una comunidad cristiana. Es una alegr&iacute;a apost&oacute;lica, que se irradia, que se expande. Me pregunto: Como Pedro, &iquest;soy capaz de sentarme junto al hermano y explicar despacio el don de la Palabra que he recibido, y contagiarle mi alegr&iacute;a? &iquest;Soy capaz de convocar a mi alrededor el entusiasmo de quienes descubren en nosotros el milagro de una vida nueva, que no se puede controlar, a la cual debemos docilidad porque nos atrae, nos lleva, esa vida nueva nacida del encuentro con Cristo?<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n san Jos&eacute; de Anchieta supo comunicar lo que &eacute;l &nbsp;hab&iacute;a experimentado con el Se&ntilde;or, lo que hab&iacute;a visto y o&iacute;do de &Eacute;l. Lo que el Se&ntilde;or le comunic&oacute; en sus Ejercicios. &Eacute;l, junto a N&oacute;brega, es el primer jesuita que Ignacio env&iacute;a a Am&eacute;rica. Chico de 19 a&ntilde;os. Era tal la alegr&iacute;a que ten&iacute;a, tal el gozo que fund&oacute; una naci&oacute;n. Puso los fundamentos culturales de una naci&oacute;n en Jesucristo. No hab&iacute;a estudiado teolog&iacute;a. No hab&iacute;a estudiado filosof&iacute;a. Era un chico. Pero hab&iacute;a sentido la mirada de Jesucristo y se dej&oacute; alegrar, y opt&oacute; por la luz. &nbsp;&Eacute;sa fue y es su santidad. No le tuvo miedo a la alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>San Jos&eacute; de Anchieta tiene un hermoso himno a la Virgen Mar&iacute;a, a quien, inspir&aacute;ndose en el c&aacute;ntico de Isa&iacute;as 52, compara con el mensajero que proclama la paz, que anuncia el gozo de la Buena Noticia. Que Ella, que en esa madrugada del domingo, insomne por la esperanza, no le tuvo miedo a la alegr&iacute;a, nos acompa&ntilde;e en nuestro peregrinar, invitando a todos a levantarse, a renunciar a la par&aacute;lisis, para entrar juntos en la paz y la alegr&iacute;a que Jes&uacute;s, el Se&ntilde;or Resucitado, nos promete. <\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE ACCI&Oacute;N DE GRACIAS POR LA CANONIZACI&Oacute;N DE SAN JOS&Eacute; DE ANCHIETA, SACERDOTE DE LA COMPA&Ntilde;&Iacute;A DE JES&Uacute;S HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Iglesia de San Ignacio de Loyola en Campo Marzio, Roma Jueves 24 de abril de 2014 V&iacute;deo &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: En el Evangelio que acabamos de escuchar los disc&iacute;pulos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-abril-de-2014-santa-misa-de-accion-de-gracias-por-la-canonizacion-de-san-jose-de-anchieta-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab24 de abril de 2014: Santa Misa de acci\u00f3n de gracias por la canonizaci\u00f3n de San Jos\u00e9 de Anchieta (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41154","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41154","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41154"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41154\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41154"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41154"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41154"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}