{"id":41156,"date":"2016-10-06T15:29:54","date_gmt":"2016-10-06T20:29:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-abril-de-2014-santa-misa-crismal-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:29:54","modified_gmt":"2016-10-06T20:29:54","slug":"17-de-abril-de-2014-santa-misa-crismal-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-abril-de-2014-santa-misa-crismal-video\/","title":{"rendered":"17 de abril de 2014: Santa Misa Crismal (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p align=\"center\"><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2014\/20140417-libretto-messa-crisma.pdf\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA CRISMAL<\/font><\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/>Jueves Santo, 17 de abril de 201<\/font><\/i><font color=\"#663300\"><i>4<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_8UMNR1L7\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><b><br \/><i><a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/crisma2014.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/i><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><b>Ungidos con &oacute;leo de alegr&iacute;a<\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Queridos hermanos en el sacerdocio. En el Hoy del Jueves Santo, en el que Cristo nos am&oacute; hasta el extremo (cf. <i>Jn<\/i> 13, 1), hacemos memoria del d&iacute;a feliz de la Instituci&oacute;n del sacerdocio y del de nuestra propia ordenaci&oacute;n sacerdotal. El Se&ntilde;or nos ha ungido en Cristo con &oacute;leo de alegr&iacute;a y esta unci&oacute;n nos invita a recibir y hacernos cargo de este gran regalo: la alegr&iacute;a, el gozo sacerdotal. La alegr&iacute;a del sacerdote es un bien precioso no s&oacute;lo para &eacute;l sino tambi&eacute;n para todo el pueblo fiel de Dios: ese pueblo fiel del cual es llamado el sacerdote para ser ungido y al que es enviado para ungir. <\/p>\n<p>Ungidos con &oacute;leo de alegr&iacute;a para ungir con &oacute;leo de alegr&iacute;a. La alegr&iacute;a sacerdotal tiene su fuente en el Amor del Padre, y el Se&ntilde;or desea que la alegr&iacute;a de este Amor \u201cest&eacute; en nosotros\u201d y \u201csea plena\u201d (<i>Jn<\/i> 15,11). Me gusta pensar la alegr&iacute;a contemplando a Nuestra Se&ntilde;ora: Mar&iacute;a, la \u201cmadre del Evangelio viviente, es manantial de alegr&iacute;a para los peque&ntilde;os\u201d (Exhort. ap.<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_exhortations\/documents\/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#La_Estrella_de_la_nueva_evangelizaci&oacute;n\"> <i>Evangelii gaudium<\/i>, 288<\/a>), y creo que no exageramos si decimos que el sacerdote es una persona muy peque&ntilde;a: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los m&aacute;s peque&ntilde;os de los hombres. El sacerdote es el m&aacute;s pobre de los hombres si Jes&uacute;s no lo enriquece con su pobreza, el m&aacute;s in&uacute;til siervo si Jes&uacute;s no lo llama amigo, el m&aacute;s necio de los hombres si Jes&uacute;s no lo instruye pacientemente como a Pedro, el m&aacute;s indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del reba&ntilde;o. Nadie m&aacute;s peque&ntilde;o que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas; por eso nuestra oraci&oacute;n protectora contra toda insidia del Maligno es la oraci&oacute;n de nuestra Madre: soy sacerdote porque &Eacute;l mir&oacute; con bondad mi peque&ntilde;ez (cf. <i>Lc<\/i> 1,48). Y desde esa peque&ntilde;ez asumimos nuestra alegr&iacute;a. &iexcl;Alegr&iacute;a en nuestra peque&ntilde;ez!<\/p>\n<p>Encuentro tres rasgos significativos en nuestra alegr&iacute;a sacerdotal: es una alegr&iacute;a que nos unge (no que nos unta y nos vuelve untuosos, suntuosos y presuntuosos), es una alegr&iacute;a <i>incorruptible<\/i> y es una alegr&iacute;a <i>misionera<\/i> que irradia y atrae a todos, comenzando al rev&eacute;s: por los m&aacute;s lejanos.<\/p>\n<p><i>Una alegr&iacute;a que nos unge<\/i>. Es decir: penetr&oacute; en lo &iacute;ntimo de nuestro coraz&oacute;n, lo configur&oacute; y lo fortaleci&oacute; sacramentalmente. Los signos de la liturgia de la ordenaci&oacute;n nos hablan del deseo maternal que tiene la Iglesia de transmitir y comunicar todo lo que el Se&ntilde;or nos dio: la imposici&oacute;n de manos, la unci&oacute;n con el santo Crisma, el revestimiento con los ornamentos sagrados, la participaci&oacute;n inmediata en la primera Consagraci&oacute;n\u2026 La gracia nos colma y se derrama &iacute;ntegra, abundante y plena en cada sacerdote. Ungidos hasta los huesos\u2026 y nuestra alegr&iacute;a, que brota desde dentro, es el eco de esa unci&oacute;n.<\/p>\n<p><i>Una alegr&iacute;a incorruptible<\/i>. La integridad del Don, a la que nadie puede quitar ni agregar nada, es fuente incesante de alegr&iacute;a: una alegr&iacute;a incorruptible, que el Se&ntilde;or prometi&oacute;, que nadie nos la podr&aacute; quitar (cf. <i>Jn<\/i> 16,22). Puede estar adormecida o taponada por el pecado o por las preocupaciones de la vida pero, en el fondo, permanece intacta como el rescoldo de un tronco encendido bajo las cenizas, y siempre puede ser renovada. La recomendaci&oacute;n de Pablo a Timoteo sigue siendo actual: Te recuerdo que atices el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposici&oacute;n de mis manos (cf. <i>2 Tm<\/i> 1,6). <\/p>\n<p><i>Una alegr&iacute;a misionera<\/i>. Este tercer rasgo lo quiero compartir y recalcar especialmente: la alegr&iacute;a del sacerdote est&aacute; en &iacute;ntima relaci&oacute;n con el santo pueblo fiel de Dios porque se trata de una alegr&iacute;a eminentemente misionera. La unci&oacute;n es para ungir al santo pueblo fiel de Dios: para bautizar y confirmar, para curar y consagrar, para bendecir, para consolar y evangelizar. <\/p>\n<p>Y como es una alegr&iacute;a que s&oacute;lo fluye cuando el pastor est&aacute; en medio de su reba&ntilde;o (tambi&eacute;n en el silencio de la oraci&oacute;n, el pastor que adora al Padre est&aacute; en medio de sus ovejitas) es una \u201calegr&iacute;a custodiada\u201d por ese mismo reba&ntilde;o. Incluso en los momentos de tristeza, en los que todo parece ensombrecerse y el v&eacute;rtigo del aislamiento nos seduce, esos momentos ap&aacute;ticos y aburridos que a veces nos sobrevienen en la vida sacerdotal (y por los que tambi&eacute;n yo he pasado), aun en esos momentos el pueblo de Dios es capaz de custodiar la alegr&iacute;a, es capaz de protegerte, de abrazarte, de ayudarte a abrir el coraz&oacute;n y reencontrar una renovada alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>\u201cAlegr&iacute;a custodiada\u201d por el reba&ntilde;o y custodiada tambi&eacute;n por tres hermanas que la rodean, la cuidan, la defienden: la hermana pobreza, la hermana fidelidad y la hermana obediencia. <\/p>\n<p><i>La alegr&iacute;a sacerdotal es una alegr&iacute;a que se hermana a la pobreza.<\/i> El sacerdote es pobre en alegr&iacute;a meramente humana &iexcl;ha renunciado a tanto! Y como es pobre, &eacute;l, que da tantas cosas a los dem&aacute;s, la alegr&iacute;a tiene que ped&iacute;rsela al Se&ntilde;or y al pueblo fiel de Dios. No se la tiene que procurar a s&iacute; mismo. Sabemos que nuestro pueblo es generos&iacute;simo en agradecer a los sacerdotes los m&iacute;nimos gestos de bendici&oacute;n y de manera especial los sacramentos. Muchos, al hablar de crisis de identidad sacerdotal, no caen en la cuenta de que la identidad supone pertenencia. No hay identidad \u2013y por tanto alegr&iacute;a de ser\u2013 sin pertenencia activa y comprometida al pueblo fiel de Dios (cf. Exhort. ap.<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_exhortations\/documents\/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_gusto_espiritual_de_ser_pueblo\"> <i>Evangelii gaudium,<\/i> 268<\/a>). El sacerdote que pretende encontrar la identidad sacerdotal buceando introspectivamente en su interior quiz&aacute; no encuentre otra cosa que se&ntilde;ales que dicen \u201csalida\u201d: sal de ti mismo, sal en busca de Dios en la adoraci&oacute;n, sal y dale a tu pueblo lo que te fue encomendado, que tu pueblo se encargar&aacute; de hacerte sentir y gustar qui&eacute;n eres, c&oacute;mo te llamas, cu&aacute;l es tu identidad y te alegrar&aacute; con el ciento por uno que el Se&ntilde;or prometi&oacute; a sus servidores. Si no sales de ti mismo, el &oacute;leo se vuelve rancio y la unci&oacute;n no puede ser fecunda. Salir de s&iacute; mismo supone despojo de s&iacute;, entra&ntilde;a pobreza.<\/p>\n<p><i>La alegr&iacute;a sacerdotal es una alegr&iacute;a que se hermana a la fidelidad.<\/i> No principalmente en el sentido de que seamos todos \u201cinmaculados\u201d (ojal&aacute; con la gracia lo seamos) ya que somos pecadores, pero s&iacute; en el sentido de renovada fidelidad a la &uacute;nica Esposa, a la Iglesia. Aqu&iacute; es clave la fecundidad. Los hijos espirituales que el Se&ntilde;or le da a cada sacerdote, los que bautiz&oacute;, las familias que bendijo y ayud&oacute; a caminar, los enfermos a los que sostiene, los j&oacute;venes con los que comparte la catequesis y la formaci&oacute;n, los pobres a los que socorre\u2026 son esa \u201cEsposa\u201d a la que le alegra tratar como predilecta y &uacute;nica amada y serle renovadamente fiel. Es la Iglesia viva, con nombre y apellido, que el sacerdote pastorea en su parroquia o en la misi&oacute;n que le fue encomendada, la que lo alegra cuando le es fiel, cuando hace todo lo que tiene que hacer y deja todo lo que tiene que dejar con tal de estar firme en medio de las ovejas que el Se&ntilde;or le encomend&oacute;: Apacienta mis ovejas (cf. <i>Jn<\/i> 21,16.17).<\/p>\n<p><i>La alegr&iacute;a sacerdotal es una alegr&iacute;a que se hermana a la obediencia.<\/i> Obediencia a la Iglesia en la Jerarqu&iacute;a que nos da, por decirlo as&iacute;, no s&oacute;lo el marco m&aacute;s externo de la obediencia: la parroquia a la que se me env&iacute;a, las licencias ministeriales, la tarea particular\u2026 sino tambi&eacute;n la uni&oacute;n con Dios Padre, del que desciende toda paternidad. Pero tambi&eacute;n la obediencia a la Iglesia en el servicio: disponibilidad y prontitud para servir a todos, siempre y de la mejor manera, a imagen de \u201cNuestra Se&ntilde;ora de la prontitud\u201d (cf. <i>Lc<\/i> 1,39: <i>meta spoudes<\/i>), que acude a servir a su prima y est&aacute; atenta a la cocina de Can&aacute;, donde falta el vino. La disponibilidad del sacerdote hace de la Iglesia casa de puertas abiertas, refugio de pecadores, hogar para los que viven en la calle, casa de bondad para los enfermos, campamento para los j&oacute;venes, aula para la catequesis de los peque&ntilde;os de primera comuni&oacute;n\u2026 Donde el pueblo de Dios tiene un deseo o una necesidad, all&iacute; est&aacute; el sacerdote que sabe o&iacute;r (<i>ob-audire<\/i>) y siente un mandato amoroso de Cristo que lo env&iacute;a a socorrer con misericordia esa necesidad o a alentar esos buenos deseos con caridad creativa.<\/p>\n<p>El que es llamado sea consciente de que existe en este mundo una alegr&iacute;a genuina y plena: la de ser sacado del pueblo al que uno ama para ser enviado a &eacute;l como dispensador de los dones y consuelos de Jes&uacute;s, el &uacute;nico Buen Pastor que, compadecido entra&ntilde;ablemente de todos los peque&ntilde;os y excluidos de esta tierra que andan agobiados y oprimidos como ovejas que no tienen pastor, quiso asociar a muchos a su ministerio para estar y obrar &Eacute;l mismo, en la persona de sus sacerdotes, para bien de su pueblo.<\/p>\n<p>En este Jueves sacerdotal le pido al Se&ntilde;or Jes&uacute;s que haga descubrir a muchos j&oacute;venes ese ardor del coraz&oacute;n que enciende la alegr&iacute;a apenas uno tiene la audacia feliz de responder con prontitud a su llamado.<\/p>\n<p>En este Jueves sacerdotal le pido al Se&ntilde;or Jes&uacute;s que cuide el brillo alegre en los ojos de los reci&eacute;n ordenados, que salen a comerse el mundo, a desgastarse en medio del pueblo fiel de Dios, que gozan preparando la primera homil&iacute;a, la primera misa, el primer bautismo, la primera confesi&oacute;n\u2026 Es la alegr&iacute;a de poder compartir \u2013maravillados\u2013, por vez primera como ungidos, el tesoro del Evangelio y sentir que el pueblo fiel te vuelve a ungir de otra manera: con sus pedidos, poni&eacute;ndote la cabeza para que los bendigas, tom&aacute;ndote las manos, acerc&aacute;ndote a sus hijos, pidiendo por sus enfermos\u2026 Cuida Se&ntilde;or en tus j&oacute;venes sacerdotes la alegr&iacute;a de salir, de hacerlo todo como nuevo, la alegr&iacute;a de quemar la vida por ti.<\/p>\n<p>En este Jueves sacerdotal le pido al Se&ntilde;or Jes&uacute;s que confirme la alegr&iacute;a sacerdotal de los que ya tienen varios a&ntilde;os de ministerio. Esa alegr&iacute;a que, sin abandonar los ojos, se sit&uacute;a en las espaldas de los que soportan el peso del ministerio, esos curas que ya le han tomado el pulso al trabajo, reagrupan sus fuerzas y se rearman: \u201ccambian el aire\u201d, como dicen los deportistas. Cuida Se&ntilde;or la profundidad y sabia madurez de la alegr&iacute;a de los curas adultos. Que sepan rezar como Nehem&iacute;as: \u201cla alegr&iacute;a del Se&ntilde;or es mi fortaleza\u201d (cf. <i>Ne<\/i> 8,10). <\/p>\n<p>Por fin, en este Jueves sacerdotal, pido al Se&ntilde;or Jes&uacute;s que resplandezca la alegr&iacute;a de los sacerdotes ancianos, sanos o enfermos. Es la alegr&iacute;a de la Cruz, que mana de la conciencia de tener un tesoro incorruptible en una vasija de barro que se va deshaciendo. Que sepan estar bien en cualquier lado, sintiendo en la fugacidad del tiempo el gusto de lo eterno (Guardini). Que sientan, Se&ntilde;or, la alegr&iacute;a de pasar la antorcha, la alegr&iacute;a de ver crecer a los hijos de los hijos y de saludar, sonriendo y mansamente, las promesas, en esa esperanza que no defrauda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA CRISMAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica VaticanaJueves Santo, 17 de abril de 2014 V&iacute;deoGaler&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Ungidos con &oacute;leo de alegr&iacute;a &nbsp; Queridos hermanos en el sacerdocio. En el Hoy del Jueves Santo, en el que Cristo nos am&oacute; hasta el extremo (cf. 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