{"id":41159,"date":"2016-10-06T15:30:00","date_gmt":"2016-10-06T20:30:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2014-celebracion-penitencial-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:30:00","modified_gmt":"2016-10-06T20:30:00","slug":"28-de-marzo-de-2014-celebracion-penitencial-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2014-celebracion-penitencial-video\/","title":{"rendered":"28 de marzo de 2014: Celebraci\u00f3n penitencial (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p align=\"center\"><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2014\/20140328-libretto-liturgia-penitenziale.pdf\">CELEBRACI&Oacute;N DE LA PENITENCIA<\/a><br \/><font color=\"#663300\">RITO PARA LA RECONCILIACI&Oacute;N <br \/>CON LA CONFESI&Oacute;N Y LA ABSOLUCI&Oacute;N INDIVIDUAL<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO <\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/>Viernes 28 de marzo de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_C4YD96ZB\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el per&iacute;odo de la Cuaresma, la Iglesia, en nombre de Dios, renueva la llamada a la conversi&oacute;n. Es la llamada a cambiar de vida. Convertirse no es cuesti&oacute;n de un momento o de un per&iacute;odo del a&ntilde;o, es un compromiso que dura toda la vida. &iquest;Qui&eacute;n entre nosotros puede presumir de no ser pecador? Nadie. Todos lo somos. Escribe el ap&oacute;stol Juan: &laquo;Si decimos que no hemos pecado, nos enga&ntilde;amos y la verdad no est&aacute; en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, &Eacute;l, que es fiel y justo, nos perdonar&aacute; los pecados y nos limpiar&aacute; de toda injusticia&raquo; (<i>1 Jn<\/i> 1, 8-9). Es lo que sucede tambi&eacute;n en esta celebraci&oacute;n y en toda esta jornada penitencial. La Palabra de Dios que hemos escuchado nos introduce en dos elementos esenciales de la vida cristiana.<\/p>\n<p>El primero: <i>Revestirnos del hombre nuevo<\/i>. El hombre nuevo, &laquo;creado a imagen de Dios&raquo; (<i>Ef<\/i> 4, 24), nace en el Bautismo, donde se recibe la vida misma de Dios, que nos hace sus hijos y nos incorpora a Cristo y a su Iglesia. Esta vida nueva permite mirar la realidad con ojos distintos, sin dejarse distraer por las cosas que no cuentan y que no pueden durar mucho, por las cosas que se acaban con el tiempo. Por eso estamos llamados a abandonar los comportamientos del pecado y fijar la mirada en lo esencial. &laquo;El hombre vale m&aacute;s por lo que es que por lo que tiene&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 35). He aqu&iacute; la diferencia entre la vida deformada por el pecado y la vida iluminada de la gracia. Del coraz&oacute;n del hombre renovado seg&uacute;n Dios proceden los comportamientos buenos: hablar siempre con verdad y evitar toda mentira; no robar, sino m&aacute;s bien compartir lo que se posee con los dem&aacute;s, especialmente con quien pasa necesidad; no ceder a la ira, al rencor y a la venganza, sino ser d&oacute;ciles, magn&aacute;nimos y dispuestos al perd&oacute;n; no caer en la murmuraci&oacute;n que arruina la buena fama de las personas, sino mirar en mayor medida el lado positivo de cada uno. Se trata de revestirnos del hombre nuevo, con estas actitudes nuevas.<\/p>\n<p>El segundo elemento: <i>Permanecer en el amor<\/i>. El amor de Jesucristo dura para siempre, jam&aacute;s tendr&aacute; fin porque es la vida misma de Dios. Este amor vence el pecado y dona la fuerza de volver a levantarse y recomenzar, porque con el perd&oacute;n el coraz&oacute;n se renueva y rejuvenece. Todos lo sabemos: nuestro Padre no se cansa jam&aacute;s de amar y sus ojos no se cansan de mirar el camino que conduce a casa, para ver si regresa el hijo que se march&oacute; y se perdi&oacute;. Podemos hablar de la esperanza de Dios: nuestro Padre nos espera siempre, no nos deja s&oacute;lo la puerta abierta, sino que nos espera. &Eacute;l est&aacute; implicado en este esperar a los hijos. Y este Padre no se cansa ni siquiera de amar al otro hijo que, incluso permaneciendo siempre en casa con &eacute;l, no es part&iacute;cipe, sin embargo, de su misericordia, de su compasi&oacute;n. Dios no est&aacute; solamente en el origen del amor, sino que en Jesucristo nos llama a imitar su modo mismo de amar: &laquo;Como yo os he amado, amaos tambi&eacute;n unos a otros&raquo; (<i>Jn<\/i> 13, 34). En la medida en que los cristianos viven este amor, se convierten en el mundo en disc&iacute;pulos cre&iacute;bles de Cristo. El amor no puede soportar el hecho de permanecer encerrado en s&iacute; mismo. Por su misma naturaleza es abierto, se difunde y es fecundo, genera siempre nuevo amor.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, despu&eacute;s de esta celebraci&oacute;n, muchos de vosotros ser&aacute;n misioneros que propondr&aacute;n a otros la experiencia de la reconciliaci&oacute;n con Dios. &laquo;24 horas para el Se&ntilde;or&raquo; es la iniciativa a la que se han sumado muchas di&oacute;cesis en todas las partes del mundo. A quienes encontrar&eacute;is, podr&eacute;is comunicar la alegr&iacute;a de recibir el perd&oacute;n del Padre y de reencontrar la amistad plena con &Eacute;l. Y les dir&eacute;is que nuestro Padre nos espera, nuestro Padre nos perdona, es m&aacute;s, hace fiesta. Si t&uacute; vas a &Eacute;l con toda tu vida, incluso con muchos pecados, en lugar de recriminarte hace fiesta: este es nuestro Padre. Esto deb&eacute;is decirlo vosotros, decirlo a mucha gente, hoy. Quien experimenta la misericordia divina, se siente impulsado a ser art&iacute;fice de misericordia entre los &uacute;ltimos y los pobres. En estos &laquo;hermanos m&aacute;s peque&ntilde;os&raquo; Jes&uacute;s nos espera (cf.<i>Mt<\/i> 25, 40); recibamos misericordia y demos misericordia. Vayamos a su encuentro y celebremos la Pascua en la alegr&iacute;a de Dios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LA PENITENCIARITO PARA LA RECONCILIACI&Oacute;N CON LA CONFESI&Oacute;N Y LA ABSOLUCI&Oacute;N INDIVIDUAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica VaticanaViernes 28 de marzo de 2014 V&iacute;deo &nbsp; En el per&iacute;odo de la Cuaresma, la Iglesia, en nombre de Dios, renueva la llamada a la conversi&oacute;n. Es la llamada a cambiar de vida. 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