{"id":41161,"date":"2016-10-06T15:30:03","date_gmt":"2016-10-06T20:30:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-marzo-de-2014-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:30:03","modified_gmt":"2016-10-06T20:30:03","slug":"5-de-marzo-de-2014-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-marzo-de-2014-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza-video\/","title":{"rendered":"5 de marzo de 2014: Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de la ceniza (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2014\/20140305-libretto-mercoledi-ceneri.pdf\">SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CENIZA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE <\/font><\/i><\/b><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>FRANCISCO<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de Santa Sabina<br \/> Mi&eacute;rcoles 5 de marzo de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_TP3ZW993\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><br \/> <i><font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/ceneri2014.html\">Fotogaler&iacute;a<\/a><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>&laquo;Rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos&raquo; (Jl 2, 13)<\/i>.<\/p>\n<p>Con estas penetrantes palabras del profeta Joel, la liturgia nos introduce hoy en la Cuaresma, indicando en la conversi&oacute;n del coraz&oacute;n la caracter&iacute;stica de este tiempo de gracia. El llamamiento prof&eacute;tico constituye un desaf&iacute;o para todos nosotros, ninguno excluido, y nos recuerda que la conversi&oacute;n no se reduce a formas exteriores o a vagos prop&oacute;sitos, sino que implica y transforma toda la existencia a partir del centro de la persona, desde la conciencia. Estamos invitados a emprender un camino en el cual, desafiando la rutina, nos esforzamos por abrir los ojos y los o&iacute;dos, pero sobre todo, abrir el coraz&oacute;n, para ir m&aacute;s all&aacute; de nuestro &laquo;huertecito&raquo;. <\/p>\n<p>Abrirse a Dios y a los hermanos. Sabemos que este mundo cada vez m&aacute;s artificial nos hace vivir en una cultura del &laquo;hacer&raquo;, de lo &laquo;&uacute;til&raquo;, donde sin darnos cuenta excluimos a Dios de nuestro horizonte. Pero excluimos tambi&eacute;n el horizonte mismo. La Cuaresma nos llama a &laquo;espabilarnos&raquo;, a recordarnos que somos creaturas, sencillamente que no somos Dios. Cuando veo en el peque&ntilde;o ambiente cotidiano algunas luchas de poder por ocupar sitios, pienso: esta gente juega a ser Dios creador. A&uacute;n no se han dado cuenta de que no son Dios.<\/p>\n<p>Y tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con los dem&aacute;s corremos el riesgo de cerrarnos, de olvidarlos. Pero s&oacute;lo cuando las dificultades y los sufrimientos de nuestros hermanos nos interpelan, s&oacute;lo entonces podemos iniciar nuestro camino de conversi&oacute;n hacia la Pascua. Es un itinerario que comprende la cruz y la renuncia. El Evangelio de hoy indica los elementos de este camino espiritual: la oraci&oacute;n, el ayuno y la limosna (cf. <i>Mt<\/i> 6, 1-6.16-18). Los tres comportan la necesidad de no dejarse dominar por las cosas que aparentan: lo que cuenta no es la apariencia. El valor de la vida no depende de la aprobaci&oacute;n de los dem&aacute;s o del &eacute;xito, sino de lo que tenemos dentro.<\/p>\n<p>El primer elemento es la oraci&oacute;n. La oraci&oacute;n es la fuerza del cristiano y de cada persona creyente. En la debilidad y en la fragilidad de nuestra vida, podemos dirigirnos a Dios con confianza de hijos y entrar en comuni&oacute;n con &Eacute;l. Ante tantas heridas que nos hacen da&ntilde;o y que nos podr&iacute;an endurecer el coraz&oacute;n, estamos llamados a sumergirnos en el mar de la oraci&oacute;n, que es el mar inmenso de Dios, para gustar su ternura. La Cuaresma es tiempo de oraci&oacute;n, de una oraci&oacute;n m&aacute;s intensa, m&aacute;s prolongada, m&aacute;s asidua, m&aacute;s capaz de hacerse cargo de las necesidades de los hermanos; oraci&oacute;n de intercesi&oacute;n, para interceder ante Dios por tantas situaciones de pobreza y sufrimiento. <\/p>\n<p>El segundo elemento significativo del camino cuaresmal es el ayuno. Debemos estar atentos a no practicar un ayuno formal, o que en verdad nos &laquo;sacia&raquo; porque nos hace sentir satisfechos. El ayuno tiene sentido si verdaderamente menoscaba nuestra seguridad, e incluso si de ello se deriva un beneficio para los dem&aacute;s, si nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina sobre el hermano en dificultad y se ocupa de &eacute;l. El ayuno comporta la elecci&oacute;n de una vida sobria, en su estilo; una vida que no derrocha, una vida que no &laquo;descarta&raquo;. Ayunar nos ayuda a entrenar el coraz&oacute;n en la esencialidad y en el compartir. Es un signo de toma de conciencia y de responsabilidad ante las injusticias, los atropellos, especialmente respecto a los pobres y los peque&ntilde;os, y es signo de la confianza que ponemos en Dios y en su providencia. <\/p>\n<p>Tercer elemento, es la limosna: ella indica la gratuidad, porque en la limosna se da a alguien de quien no se espera recibir algo a cambio. La gratuidad deber&iacute;a ser una de las caracter&iacute;sticas del cristiano, que, consciente de haber recibido todo de Dios gratuitamente, es decir, sin m&eacute;rito alguno, aprende a donar a los dem&aacute;s gratuitamente. Hoy, a menudo, la gratuidad no forma parte de la vida cotidiana, donde todo se vende y se compra. Todo es c&aacute;lculo y medida. La limosna nos ayuda a vivir la gratuidad del don, que es libertad de la obsesi&oacute;n del poseer, del miedo a perder lo que se tiene, de la tristeza de quien no quiere compartir con los dem&aacute;s el propio bienestar.<\/p>\n<p>Con sus invitaciones a la conversi&oacute;n, la Cuaresma viene providencialmente a despertarnos, a sacudirnos del torpor, del riesgo de seguir adelante por inercia. La exhortaci&oacute;n que el Se&ntilde;or nos dirige por medio del profeta Joel es fuerte y clara: &laquo;Convert&iacute;os a m&iacute; de todo coraz&oacute;n&raquo; (<i>Jl<\/i> 2, 12). &iquest;Por qu&eacute; debemos volver a Dios? Porque algo no est&aacute; bien en nosotros, no est&aacute; bien en la sociedad, en la Iglesia, y necesitamos cambiar, dar un viraje. Y esto se llama tener necesidad de convertirnos. Una vez m&aacute;s la Cuaresma nos dirige su llamamiento prof&eacute;tico, para recordarnos que es posible realizar algo nuevo en nosotros mismos y a nuestro alrededor, sencillamente porque Dios es fiel, es siempre fiel, porque no puede negarse a s&iacute; mismo, sigue siendo rico en bondad y misericordia, y est&aacute; siempre dispuesto a perdonar y recomenzar de nuevo. Con esa confianza filial, pong&aacute;monos en camino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CENIZA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica de Santa Sabina Mi&eacute;rcoles 5 de marzo de 2014 V&iacute;deo Fotogaler&iacute;a &nbsp; &laquo;Rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos&raquo; (Jl 2, 13). Con estas penetrantes palabras del profeta Joel, la liturgia nos introduce hoy en la Cuaresma, indicando en la conversi&oacute;n del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-marzo-de-2014-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de marzo de 2014: Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de la ceniza (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41161","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41161","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41161"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41161\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41161"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41161"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41161"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}