{"id":41162,"date":"2016-10-06T15:30:04","date_gmt":"2016-10-06T20:30:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-febrero-de-2014-santa-misa-con-los-nuevos-cardenales-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:30:04","modified_gmt":"2016-10-06T20:30:04","slug":"23-de-febrero-de-2014-santa-misa-con-los-nuevos-cardenales-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-febrero-de-2014-santa-misa-con-los-nuevos-cardenales-video\/","title":{"rendered":"23 de febrero de 2014: Santa Misa con los nuevos cardenales (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2014\/20140223-libretto-concisttoro-messa-cardinali.pdf\"> <font color=\"#663300\">SANTA MISA CON LOS NUEVOS CARDENALES<\/font><\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i> <font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/>Domingo 23 de febrero de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_A8J4YWR7\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;<i>Que tu ayuda, Padre misericordioso, nos haga siempre atentos a la voz del Esp&iacute;ritu<\/i>&raquo; (<i>Colecta<\/i>).<\/p>\n<p>Esta oraci&oacute;n del principio de la Misa indica una actitud fundamental: la escucha del Esp&iacute;ritu Santo, que vivifica la Iglesia y el alma. Con su fuerza creadora y renovadora, el Esp&iacute;ritu sostiene siempre la esperanza del Pueblo de Dios en camino a lo largo de la historia, y sostiene siempre, como Par&aacute;clito, el testimonio de los cristianos. En este momento, todos nosotros, junto con los nuevos cardenales, queremos escuchar la voz del Esp&iacute;ritu, que habla a trav&eacute;s de las Escrituras que han sido proclamadas.<\/p>\n<p>En la Primera Lectura ha resonado el llamamiento del Se&ntilde;or a su pueblo: &laquo;Sed santos, porque yo, el Se&ntilde;or vuestro Dios, soy santo&raquo; (<i>Lv<\/i> 19,2). Y Jes&uacute;s, en el Evangelio, replica: &laquo;Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto&raquo; (<i>Mt<\/i> 5,48). Estas palabras nos interpelan a todos nosotros, disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or; y hoy se dirigen especialmente a m&iacute; y a vosotros, queridos hermanos cardenales, sobre todo a los que ayer hab&eacute;is entrado a formar parte del Colegio Cardenalicio. Imitar la santidad y la perfecci&oacute;n de Dios puede parecer una meta inalcanzable. Sin embargo, la Primera Lectura y el Evangelio sugieren ejemplos concretos de c&oacute;mo el comportamiento de Dios puede convertirse en la regla de nuestras acciones. Pero recordemos todos, recordemos que, sin el Esp&iacute;ritu Santo, nuestro esfuerzo ser&iacute;a vano. La santidad cristiana no es en primer t&eacute;rmino un logro nuestro, sino fruto de la docilidad \u2015querida y cultivada\u2015&nbsp;al Esp&iacute;ritu del Dios tres veces Santo.<\/p>\n<p>El Lev&iacute;tico dice: &laquo;No odiar&aacute;s de coraz&oacute;n a tu hermano&#8230; No te vengar&aacute;s, ni guardar&aacute;s rencor&#8230; sino que amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo&#8230;&raquo; (19,17-18). Estas actitudes nacen de la santidad de Dios. Nosotros, sin embargo, normalmente somos tan diferentes, tan ego&iacute;stas y orgullosos&#8230;; pero la bondad y la belleza de Dios nos atraen, y el Esp&iacute;ritu Santo nos puede purificar, nos puede transformar, nos puede modelar d&iacute;a a d&iacute;a. Hacer este trabajo de conversi&oacute;n, conversi&oacute;n en el coraz&oacute;n, conversi&oacute;n que todos nosotros \u2013especialmente vosotros cardenales y yo\u2013 debemos hacer. &iexcl;Conversi&oacute;n!<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n Jes&uacute;s nos habla en el Evangelio de la santidad, y nos explica la nueva ley, la suya. Lo hace mediante algunas ant&iacute;tesis entre la justicia imperfecta de los escribas y los fariseos y la m&aacute;s alta justicia del Reino de Dios. La <i>primera ant&iacute;tesis<\/i> del pasaje de hoy se refiere a la venganza. &laquo;Hab&eacute;is o&iacute;do que se os dijo: \u201cOjo por ojo, diente por diente\u201d. Pues yo os digo: \u2026si uno te abofetea en la mejilla derecha, pres&eacute;ntale la otra&raquo; (<i>Mt<\/i> 5,38-39). No s&oacute;lo no se ha devolver al otro el mal que nos ha hecho, sino que debemos de esforzarnos por hacer el bien con largueza.<\/p>\n<p>La <i>segunda ant&iacute;tesis<\/i> se refiere a los enemigos: &laquo;Hab&eacute;is o&iacute;do que se dijo: \u201cAmar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo y aborrecer&aacute;s a tu enemigo\u201d. Yo, en cambio, os digo: \u201cAmad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen\u201d (vv. 43-44). A quien quiere seguirlo, Jes&uacute;s le pide amar a los que no lo merecen, sin esperar recompensa, para colmar los vac&iacute;os de amor que hay en los corazones, en las relaciones humanas, en las familias, en las comunidades y en el mundo. Queridos hermanos, Jes&uacute;s no ha venido para ense&ntilde;arnos los buenos modales, las formas de cortes&iacute;a. Para esto no era necesario que bajara del cielo y muriera en la cruz. Cristo vino para salvarnos, para mostrarnos el camino, el <i>&uacute;nico<\/i> camino para salir de las arenas movedizas del pecado, y este camino de santidad es la misericordia, que &Eacute;l ha tenido y tiene cada d&iacute;a con nosotros. Ser santos no es un lujo, es necesario para la salvaci&oacute;n del mundo. Esto es lo que el Se&ntilde;or nos pide.<\/p>\n<p>Queridos hermanos cardenales, el Se&ntilde;or Jes&uacute;s y la Madre Iglesia nos piden testimoniar con mayor celo y ardor estas actitudes de santidad. Precisamente en este suplemento de entrega gratuita consiste la santidad de un cardenal. Por tanto, amemos a quienes nos contrar&iacute;an; bendigamos a quien habla mal de nosotros; saludemos con una sonrisa al que tal vez no lo merece; no pretendamos hacernos valer, contrapongamos m&aacute;s bien la mansedumbre a la prepotencia; olvidemos las humillaciones recibidas. Dej&eacute;monos guiar siempre por el Esp&iacute;ritu de Cristo, que se sacrific&oacute; a s&iacute; mismo en la cruz, para que podamos ser &laquo;cauces&raquo; por los que fluye su caridad. Esta es la actitud, este debe ser el comportamiento de un cardenal. El cardenal \u2013lo digo especialmente a vosotros\u2013 entra en la Iglesia de Roma, hermanos, no en una corte. Evitemos todos y ayud&eacute;monos unos a otros a evitar h&aacute;bitos y comportamientos cortesanos: intrigas, habladur&iacute;as, camarillas, favoritismos, preferencias. Que nuestro lenguaje sea el del Evangelio: &laquo;S&iacute;, s&iacute;; no, no&raquo;; que nuestras actitudes sean las de las Bienaventuranzas, y nuestra senda la de la santidad. Pidamos nuevamente: &laquo;<i>Que tu ayuda, Padre misericordioso, nos haga siempre atentos a la voz del Esp&iacute;ritu<\/i>&raquo;.<\/p>\n<p>El Esp&iacute;ritu Santo nos habla hoy por las palabras de san Pablo: &laquo;Sois templo de Dios&#8230;; santo es el templo de Dios, que sois vosotros&raquo; (cf. <i>1 Co<\/i> 3,16-17). En este templo, que somos nosotros, se celebra una liturgia existencial: la de la bondad, del perd&oacute;n, del servicio; en una palabra, la liturgia del amor. Este templo nuestro resulta como profanado si descuidamos los deberes para con el pr&oacute;jimo. Cuando en nuestro coraz&oacute;n hay cabida para el m&aacute;s peque&ntilde;o de nuestros hermanos, es el mismo Dios quien encuentra puesto. Cuando a ese hermano se le deja fuera, el que no es bien recibido es Dios mismo. Un coraz&oacute;n vac&iacute;o de amor es como una iglesia desconsagrada, sustra&iacute;da al servicio divino y destinada a otra cosa.<\/p>\n<p>Queridos hermanos cardenales, permanezcamos unidos en Cristo y entre nosotros. Os pido vuestra cercan&iacute;a con la oraci&oacute;n, el consejo, la colaboraci&oacute;n. Y todos vosotros, obispos, presb&iacute;teros, di&aacute;conos, personas consagradas y laicos, un&iacute;os en la invocaci&oacute;n al Esp&iacute;ritu Santo, para que el Colegio de Cardenales tenga cada vez m&aacute;s ardor pastoral, est&eacute; m&aacute;s lleno de santidad, para servir al evangelio y ayudar a la Iglesia a irradiar el amor de Cristo en el mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA CON LOS NUEVOS CARDENALES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica VaticanaDomingo 23 de febrero de 2014 V&iacute;deo &nbsp; &laquo;Que tu ayuda, Padre misericordioso, nos haga siempre atentos a la voz del Esp&iacute;ritu&raquo; (Colecta). 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