{"id":41166,"date":"2016-10-06T15:30:10","date_gmt":"2016-10-06T20:30:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2014-solemnidad-de-la-conversion-del-apostol-san-pablo-celebracion-de-las-visperas-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:30:10","modified_gmt":"2016-10-06T20:30:10","slug":"25-de-enero-de-2014-solemnidad-de-la-conversion-del-apostol-san-pablo-celebracion-de-las-visperas-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2014-solemnidad-de-la-conversion-del-apostol-san-pablo-celebracion-de-las-visperas-video\/","title":{"rendered":"25 de enero de 2014: Solemnidad de la Conversi\u00f3n del ap\u00f3stol san Pablo &#8211; Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <i><\/i><font color=\"#663300\"><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2014\/20140125-libretto-conversione-san-paolo.pdf\">CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS EN LA SOLEMNIDAD <br \/> DE LA CONVERSI&Oacute;N DEL AP&Oacute;STOL SAN PABLO<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros<br \/> S&aacute;bado de 25 enero de 2014<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_LEBUWCS7\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><br \/> <i> <b> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/vespri25gen2014.html\"> Fotogaler&iacute;a<\/a><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<\/p>\n<p>&laquo;&iquest;Est&aacute; dividido Cristo?&raquo; (<i>1 Co<\/i> 1,13). La en&eacute;rgica llamada de atenci&oacute;n de san Pablo al comienzo de su Primera carta a los Corintios, que resuena en la liturgia de esta tarde, ha sido elegida por un grupo de hermanos cristianos de Canad&aacute; como gui&oacute;n para nuestra meditaci&oacute;n durante la Semana de Oraci&oacute;n de este a&ntilde;o.<\/p>\n<p> El Ap&oacute;stol ha recibido con gran tristeza la noticia de que los cristianos de Corinto est&aacute;n divididos en varias facciones. Hay quien afirma: &laquo;Yo soy de Pablo&raquo;; otros, sin embargo, declaran: &laquo; Yo soy de Apolo&raquo;; y otros a&ntilde;aden: &laquo;Yo soy de Cefas&raquo;. Finalmente, est&aacute;n tambi&eacute;n los que proclaman: &laquo;Yo soy de Cristo&raquo; (cf. v. 12). Pero ni siquiera los que se remiten a Cristo merecen el elogio de Pablo, pues usan el nombre del &uacute;nico Salvador para distanciarse de otros hermanos en la comunidad. En otras palabras, la experiencia particular de cada uno, la referencia a algunas personas importantes de la comunidad, se convierten en el criterio para juzgar la fe de los otros.<\/p>\n<p> En esta situaci&oacute;n de divisi&oacute;n, Pablo exhorta a los cristianos de Corinto, &laquo;en nombre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&raquo;, a ser un&aacute;nimes en el hablar, para que no haya divisiones entre ellos, sino que est&eacute;n perfectamente unidos en un mismo pensar y un mismo sentir (cf. v. 10). Pero la comuni&oacute;n que el Ap&oacute;stol reclama no puede ser fruto de estrategias humanas. En efecto, la perfecta uni&oacute;n entre los hermanos s&oacute;lo es posible cuando se remiten al pensar y al sentir de Cristo (cf. <i>Flp<\/i> 2,5). Esta tarde, mientras estamos aqu&iacute; reunidos en oraci&oacute;n, nos damos cuenta de que Cristo, que no puede estar dividido, quiere atraernos hacia s&iacute;, hacia los sentimientos de su coraz&oacute;n, hacia su abandono total y confiado en las manos del Padre, hacia su despojo radical por amor a la humanidad. S&oacute;lo &eacute;l puede ser el principio, la causa, el motor de nuestra unidad.<\/p>\n<p> Cuando estamos en su presencia, nos hacemos a&uacute;n m&aacute;s conscientes de que no podemos considerar las divisiones en la Iglesia como un fen&oacute;meno en cierto modo natural, inevitable en cualquier forma de vida asociativa. Nuestras divisiones hieren su cuerpo, da&ntilde;an el testimonio que estamos llamados a dar en el mundo. El <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II<\/a>, refiri&eacute;ndose al texto de san Pablo que hemos meditado, afirma de manera significativa: &laquo;Con ser una y &uacute;nica la Iglesia fundada por Cristo Se&ntilde;or, son muchas, sin embargo, las Comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; ciertamente, todos se confiesan disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or, pero sienten de modo distinto y marchan por caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido&raquo;. Y, por tanto, a&ntilde;ade: &laquo;Esta divisi&oacute;n contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un esc&aacute;ndalo para el mundo y perjudica a la causa sant&iacute;sima de predicar el Evangelio a toda criatura&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, 1). Las divisiones nos han hecho da&ntilde;o a todos. Ninguno de nosotros desea ser causa de esc&aacute;ndalo. Por eso, todos caminamos juntos, fraternalmente, por el camino de la unidad, construyendo la unidad al caminar, esa unidad que viene del Esp&iacute;ritu Santo y que se caracteriza por una singularidad especial, que s&oacute;lo el Esp&iacute;ritu santo puede lograr: la diversidad reconciliada. El Se&ntilde;or nos espera a todos, nos acompa&ntilde;a a todos, est&aacute; con todos nosotros en este camino de la unidad.<\/p>\n<p> Queridos amigos, Cristo no puede estar dividido. Esta certeza debe animarnos y sostenernos para continuar con humildad y confianza en el camino hacia el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los creyentes en Cristo. Me es grato recordar en este momento la obra del beato Juan XXIII y del beato Juan Pablo II. Tanto uno como otro fueron madurando durante su vida la conciencia de la urgencia de la causa de la unidad y, una vez elegidos Obispos de Roma, han guiado con determinaci&oacute;n a la grey cat&oacute;lica por el camino ecum&eacute;nico. El papa Juan, abriendo nuevas v&iacute;as, antes casi impensables. El papa Juan Pablo, proponiendo el di&aacute;logo ecum&eacute;nico como dimensi&oacute;n ordinaria e imprescindible de la vida de cada Iglesia particular. Junto a ellos, menciono tambi&eacute;n al papa Pablo VI, otro gran protagonista del di&aacute;logo, del que recordamos precisamente en estos d&iacute;as el quincuag&eacute;simo aniversario del hist&oacute;rico abrazo en Jerusal&eacute;n con el Patriarca de Constantinopla, Aten&aacute;goras.<\/p>\n<p> La obra de estos Pont&iacute;fices ha conseguido que el aspecto del di&aacute;logo ecum&eacute;nico se haya convertido en una dimensi&oacute;n esencial del ministerio del Obispo de Roma, hasta el punto de que hoy no se entender&iacute;a plenamente el servicio petrino sin incluir en &eacute;l esta apertura al di&aacute;logo con todos los creyentes en Cristo. Tambi&eacute;n podemos decir que el camino ecum&eacute;nico ha permitido profundizar la comprensi&oacute;n del ministerio del Sucesor de Pedro, y debemos confiar en que seguir&aacute; actuando en este sentido en el futuro. Mientras consideramos con gratitud los avances que el Se&ntilde;or nos ha permitido hacer, y sin ocultar las dificultades por las que hoy atraviesa el di&aacute;logo ecum&eacute;nico, pidamos que todos seamos impregnados de los sentimientos de Cristo, para poder caminar hacia la unidad que &eacute;l quiere. Y caminar juntos es ya construir la unidad.<\/p>\n<p> En este ambiente de oraci&oacute;n por el don de la unidad, quisiera saludar cordial y fraternalmente a Su Eminencia el Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecum&eacute;nico, a Su Gracia David Moxon, representante del arzobispo de Canterbury en Roma, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades Eclesiales que esta tarde han venido aqu&iacute;. Con estos dos hermanos, en representaci&oacute;n de todos, hemos rezado ante el Sepulcro de Pablo y hemos dicho entre nosotros: \u201cPidamos para que &eacute;l nos ayude en este camino, en este camino de la unidad, del amor, haciendo camino de unidad\u201d. La unidad no vendr&aacute; como un milagro al final: la unidad viene en el camino, la construye el Esp&iacute;ritu Santo en el camino. Si no caminamos juntos, si no rezamos los unos por los otros, si no colaboramos en tantas cosas como podemos hacer en este mundo por el Pueblo de Dios, la unidad no se dar&aacute;. Se construye en este camino, a cada paso, y no la hacemos nosotros: la hace el Esp&iacute;ritu Santo, que ve nuestra buena voluntad.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, oremos al Se&ntilde;or Jes&uacute;s, que nos ha hecho miembros vivos de su Cuerpo, para que nos mantenga profundamente unidos a &eacute;l, nos ayude a superar nuestros conflictos, nuestras divisiones, nuestros ego&iacute;smos; y recordemos que la unidad es siempre superior al conflicto. Y nos ayude a estar unidos unos a otros por una sola fuerza, la del amor, que el Esp&iacute;ritu Santo derrama en nuestros corazones (cf.<br \/>\n   <i>Rm<\/i> 5,5 ). Am&eacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS EN LA SOLEMNIDAD DE LA CONVERSI&Oacute;N DEL AP&Oacute;STOL SAN PABLO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros S&aacute;bado de 25 enero de 2014 V&iacute;deo Fotogaler&iacute;a &nbsp; &laquo;&iquest;Est&aacute; dividido Cristo?&raquo; (1 Co 1,13). 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