{"id":41170,"date":"2016-10-06T15:30:15","date_gmt":"2016-10-06T20:30:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-enero-de-2014-santa-misa-en-la-iglesia-del-gesu-en-roma-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:30:15","modified_gmt":"2016-10-06T20:30:15","slug":"3-de-enero-de-2014-santa-misa-en-la-iglesia-del-gesu-en-roma-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-enero-de-2014-santa-misa-en-la-iglesia-del-gesu-en-roma-video\/","title":{"rendered":"3 de enero de 2014: Santa Misa en la iglesia del \u00abGes\u00f9\u00bb, en Roma (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">SANTA MISA EN EL D&Iacute;A DEL SANT&Iacute;SIMO NOMBRE DE JES&Uacute;S<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"> <b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i> Iglesia del Ges&ugrave;, Roma<br \/> <em>Viernes<\/em><\/i><em> 3 de enero de 2014<\/em><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_32C6NJ63\">V&iacute;deo<\/a><\/font><\/b><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p>San Pablo nos dice, lo hemos escuchado: &laquo;Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo Jes&uacute;s. El cual, siendo de condici&oacute;n divina, no retuvo &aacute;vidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despoj&oacute; de s&iacute; mismo tomando la condici&oacute;n de esclavo&raquo; (<i>Flp<\/i> 2, 5-7). Nosotros, jesuitas, queremos ser galardonados en el nombre de Jes&uacute;s, militar bajo el estandarte de su Cruz, y esto significa: tener los mismos sentimientos de Cristo. Significa pensar como &Eacute;l, querer como &Eacute;l, mirar como &Eacute;l, caminar como &Eacute;l. Significa hacer lo que hizo &Eacute;l y con sus mismos sentimientos, con los sentimientos de su Coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>El coraz&oacute;n de Cristo es el coraz&oacute;n de un Dios que, por amor, se &laquo;vaci&oacute;&raquo;. Cada uno de nosotros, jesuitas, que sigue a Jes&uacute;s deber&iacute;a estar dispuesto a vaciarse de s&iacute; mismo. Estamos llamados a este abajamiento: ser de los &laquo;despojados&raquo;. Ser hombres que no deben vivir centrados en s&iacute; mismos porque el centro de la Compa&ntilde;&iacute;a es Cristo y su Iglesia. Y Dios es el <i> Deus semper maior<\/i>, el Dios que nos sorprende siempre. Y si el Dios de las sorpresas no est&aacute; en el centro, la Compa&ntilde;&iacute;a se desorienta. Por ello, ser jesuita significa ser una persona de pensamiento incompleto, de pensamiento abierto: porque piensa siempre mirando al horizonte que es la gloria de Dios siempre mayor, que nos sorprende sin pausa. Y &eacute;sta es la inquietud de nuestro abismo. &iexcl;Esta santa y bella inquietud!<\/p>\n<p>Pero, porque somos pecadores, podemos preguntarnos si nuestro coraz&oacute;n ha conservado la inquietud de la b&uacute;squeda o si, en cambio, se ha atrofiado; si nuestro coraz&oacute;n est&aacute; siempre en tensi&oacute;n: un coraz&oacute;n que no se acomoda, no se cierra en s&iacute; mismo, sino que late al ritmo de un camino que se realiza junto a todo el pueblo fiel de Dios. Es necesario buscar a Dios para encontrarlo, y encontrarlo para buscarlo a&uacute;n y siempre. S&oacute;lo esta inquietud da paz al coraz&oacute;n de un jesuita, una inquietud tambi&eacute;n apost&oacute;lica, no nos debe provocar cansancio de anunciar el <i>kerygma<\/i>, de evangelizar con valent&iacute;a. Es la inquietud que nos prepara para recibir el don de la fecundidad apost&oacute;lica. Sin inquietud somos est&eacute;riles.<\/p>\n<p>&Eacute;sta es la inquietud que ten&iacute;a Pedro Fabro, hombre de grandes deseos, otro Daniel. Fabro era un &laquo;hombre modesto, sensible, de profunda vida interior y dotado del don de entablar relaciones de amistad con personas de todo tipo&raquo; (Benedicto XVI, <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/benedict_xvi\/speeches\/2006\/april\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20060422_gesuiti_sp.html\">Discurso a los jesuitas<\/a><\/i>, 22 de abril de 2006). Pero era tambi&eacute;n un esp&iacute;ritu inquieto, indeciso, jam&aacute;s satisfecho. Bajo la gu&iacute;a de san Ignacio aprendi&oacute; a unir su sensibilidad inquieta pero tambi&eacute;n dulce, dir&iacute;a exquisita, con la capacidad de tomar decisiones. Era un hombre de grandes aspiraciones; se hizo cargo de sus deseos, los reconoci&oacute;. Es m&aacute;s, para Fabro es precisamente cuando se proponen cosas dif&iacute;ciles cuando se manifiesta el aut&eacute;ntico esp&iacute;ritu que mueve a la acci&oacute;n (cf. <i>Memorial<\/i>, 301). Una fe aut&eacute;ntica implica siempre un profundo deseo de cambiar el mundo. He aqu&iacute; la pregunta que debemos plantearnos: &iquest;tambi&eacute;n nosotros tenemos grandes visiones e impulsos? &iquest;Tambi&eacute;n nosotros somos audaces? &iquest;Vuela alto nuestro sue&ntilde;o? &iquest;Nos devora el celo? (cf. <i>Sal<\/i> 69, 10) &iquest;O, en cambio, somos mediocres y nos conformamos con nuestras programaciones apost&oacute;licas de laboratorio? Record&eacute;moslo siempre: la fuerza de la Iglesia no est&aacute; en ella misma y en su capacidad de organizaci&oacute;n, sino que se oculta en la aguas profundas de Dios. Y estas aguas agitan nuestros deseos y los deseos ensanchan el coraz&oacute;n. Es lo que dice san Agust&iacute;n: orar para desear y desear para ensanchar el coraz&oacute;n. Precisamente en los deseos Fabro pod&iacute;a discernir la voz de Dios. Sin deseos no se va a ninguna parte y es por ello que es necesario ofrecer los propios deseos al Se&ntilde;or. En las <i>Constituciones<\/i> dice que &laquo;se ayuda al pr&oacute;jimo con los deseos presentados a Dios, nuestro Se&ntilde;or&raquo; (<i>Constituciones<\/i>, 638).<\/p>\n<p>Fabro ten&iacute;a el aut&eacute;ntico y profundo deseo de &laquo;estar dilatado en Dios&raquo;: estaba completamente centrado en Dios, y por ello pod&iacute;a ir, en esp&iacute;ritu de obediencia, a menudo tambi&eacute;n a pie, por todos los lugares de Europa, a dialogar con todos con dulzura, y a anunciar el Evangelio. Me surge pensar en la tentaci&oacute;n, que tal vez podemos tener nosotros y que muchos tienen, de relacionar el anuncio del Evangelio con bastonazos inquisidores, de condena. No, el Evangelio se anuncia con dulzura, con fraternidad, con amor. Su familiaridad con Dios le llevaba a comprender que la experiencia interior y la vida apost&oacute;lica van siempre juntas. Escribe en su <i> Memorial<\/i> que el primer movimiento del coraz&oacute;n debe ser el de &laquo;desear lo que es esencial y originario, es decir, que el primer lugar se deje a la solicitud perfecta de encontrar a Dios nuestro Se&ntilde;or&raquo; (<i>Memorial<\/i>, 63). Fabro experimenta el deseo de &laquo;dejar que Cristo ocupe el centro del coraz&oacute;n&raquo; (<i>Memorial<\/i>, 68). S&oacute;lo si se est&aacute; centrado en Dios es posible ir hacia las periferias del mundo. Y Fabro viaj&oacute; sin descanso incluso a las fronteras geogr&aacute;ficas, que se dec&iacute;a de &eacute;l: &laquo;Parece que naci&oacute; para no estar quieto en ninguna parte&raquo; (mi, <i>Epistolae<\/i> i, 362). A Fabro le devoraba el intenso deseo de comunicar al Se&ntilde;or. Si nosotros no tenemos su mismo deseo entonces necesitamos detenernos en oraci&oacute;n y, con fervor silencioso, pedir al Se&ntilde;or, por intercesi&oacute;n de nuestro hermano Pedro, que vuelva a fascinarnos: esa fascinaci&oacute;n por el Se&ntilde;or que llevaba a Pedro a todas estas &laquo;locuras&raquo; apost&oacute;licas. <\/p>\n<p>Nosotros somos hombres en tensi&oacute;n, somos tambi&eacute;n hombres contradictorios e incoherentes, pecadores, todos. Pero hombres que quieren caminar bajo la mirada de Jes&uacute;s. Somos peque&ntilde;os, somos pecadores, pero queremos militar bajo el estandarte de la Cruz en la Compa&ntilde;&iacute;a galardonada con el nombre de Jes&uacute;s. Nosotros, que somos ego&iacute;stas, queremos tambi&eacute;n vivir una vida agitada por grandes deseos. Renovemos as&iacute; nuestra oblaci&oacute;n al Eterno Se&ntilde;or del universo para que con la ayuda de su Madre gloriosa podamos querer, desear y vivir los sentimientos de Cristo que se despoj&oacute; de s&iacute; mismo. Como escrib&iacute;a Pedro Fabro, &laquo;no busquemos nunca en esta vida un nombre que no se relacione con el de Jes&uacute;s&raquo; (<i>Memorial<\/i>, 205). Y pidamos a la Virgen ser puestos con su Hijo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN EL D&Iacute;A DEL SANT&Iacute;SIMO NOMBRE DE JES&Uacute;S HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Iglesia del Ges&ugrave;, Roma Viernes 3 de enero de 2014 V&iacute;deo &nbsp; San Pablo nos dice, lo hemos escuchado: &laquo;Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo Jes&uacute;s. 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