{"id":41171,"date":"2016-10-06T15:30:17","date_gmt":"2016-10-06T20:30:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2014-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:30:17","modified_gmt":"2016-10-06T20:30:17","slug":"1-de-enero-de-2014-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2014-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-video\/","title":{"rendered":"1 de enero de 2014: Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2014\/20140101-libretto-maria-madre-di-dio.pdf\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS<\/a><br \/> XLVII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i> <font color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i> Bas&iacute;lica Vaticana<br \/><\/i> <em>Mi&eacute;rcoles 1 de enero de 2014<\/em><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_3BRJR8GT\">V&iacute;deo<\/a><\/font><\/b><br \/> <i> <b> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/celebrazioni-liturgiche\/madre-di-dio1gen2014.html\"> Fotogaler&iacute;a<\/a><\/b><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> La primera lectura que hemos escuchado nos propone una vez m&aacute;s las antiguas palabras de bendici&oacute;n que Dios sugiri&oacute; a Mois&eacute;s para que las ense&ntilde;ara a Aar&oacute;n y a sus hijos: &laquo;Que el Se&ntilde;or te bendiga y te proteja. Que el Se&ntilde;or haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Se&ntilde;or te descubra su rostro y te conceda la paz&raquo; (<i>Nm <\/i>6,24-25). Es muy significativo escuchar de nuevo esta bendici&oacute;n precisamente al comienzo del nuevo a&ntilde;o: ella acompa&ntilde;ar&aacute; nuestro camino durante el tiempo que ahora nos espera. Son palabras de fuerza, de valor, de esperanza. No de una esperanza ilusoria, basada en fr&aacute;giles promesas humanas; ni tampoco de una esperanza ingenua, que imagina un futuro mejor s&oacute;lo porque es futuro. Esta esperanza tiene su raz&oacute;n de ser precisamente en la bendici&oacute;n de Dios, una bendici&oacute;n que contiene el mejor de los deseos, el deseo de la Iglesia para todos nosotros, impregnado de la protecci&oacute;n amorosa del Se&ntilde;or, de su ayuda providente. <\/p>\n<p> El deseo contenido en esta bendici&oacute;n se ha realizado plenamente en una mujer, Mar&iacute;a, por haber sido destinada a ser la Madre de Dios, y se ha cumplido en ella antes que en ninguna otra criatura. <\/p>\n<p> Madre de Dios. Este es el t&iacute;tulo principal y esencial de la Virgen Mar&iacute;a. Es una cualidad, un cometido, que la fe del pueblo cristiano siempre ha experimentado, en su tierna y genuina devoci&oacute;n por nuestra madre celestial. <\/p>\n<p> Recordemos aquel gran momento de la historia de la Iglesia antigua, el Concilio de &Eacute;feso, en el que fue definida con autoridad la divina maternidad de la Virgen. La verdad sobre la divina maternidad de Mar&iacute;a encontr&oacute; eco en Roma, donde poco despu&eacute;s se construy&oacute; la Bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a &laquo;la Mayor&raquo;, primer santuario mariano de Roma y de todo occidente, y en el cual se venera la imagen de la Madre de Dios \u2014la <i>Theotokos<\/i>\u2014<i> <\/i>con el t&iacute;tulo de <i>Salus populi romani<\/i>. Se dice que, durante el Concilio, los habitantes de &Eacute;feso se congregaban a ambos lados de la puerta de la bas&iacute;lica donde se reun&iacute;an los Obispos, gritando: &laquo;&iexcl;Madre de Dios!&raquo;. Los fieles, al pedir que se definiera oficialmente este t&iacute;tulo mariano, demostraban reconocer ya la divina maternidad. Es la actitud espont&aacute;nea y sincera de los hijos, que conocen bien a su madre, porque la aman con inmensa ternura. Pero es algo m&aacute;s: es el <i>sensus fidei<\/i> del santo pueblo fiel de Dios, que nunca, en su unidad, nunca se equivoca.<\/p>\n<p> Mar&iacute;a est&aacute; desde siempre presente en el coraz&oacute;n, en la devoci&oacute;n y, sobre todo, en el camino de fe del pueblo cristiano. &laquo;La Iglesia\u2026 camina en el tiempo\u2026 Pero en este camino \u2014deseo destacarlo enseguida\u2014 procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen Mar&iacute;a&raquo; (Juan Pablo II, Enc. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031987_redemptoris-mater_sp.html\">Redemptoris Mater<\/a><\/i>, 2). Nuestro itinerario de fe es igual al de Mar&iacute;a, y por eso la sentimos particularmente cercana a nosotros. Por lo que respecta a la fe, que es el quicio de la vida cristiana, la Madre de Dios ha compartido nuestra condici&oacute;n, ha debido caminar por los mismos caminos que recorremos nosotros, a veces dif&iacute;ciles y oscuros, ha debido avanzar en &laquo;la peregrinaci&oacute;n de la fe&raquo; (Conc. Ecum. Vat. II, Const. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 58).<\/p>\n<p> Nuestro camino de fe est&aacute; unido de manera indisoluble a Mar&iacute;a desde el momento en que Jes&uacute;s, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre diciendo: &laquo;He ah&iacute; a tu madre&raquo; (<i>Jn <\/i>19,27). Estas palabras tienen un valor de testamento y dan al mundo una Madre. Desde ese momento, la Madre de Dios se ha convertido tambi&eacute;n en nuestra Madre. En aquella hora en la que la fe de los disc&iacute;pulos se agrietaba por tantas dificultades e incertidumbres, Jes&uacute;s les confi&oacute; a aquella que fue la primera en creer, y cuya fe no decaer&iacute;a jam&aacute;s. Y la &laquo;mujer&raquo; se convierte en nuestra Madre en el momento en el que pierde al Hijo divino. Y su coraz&oacute;n herido se ensancha para acoger a todos los hombres, buenos y malos, a todos, y los ama como los amaba Jes&uacute;s. La mujer que en las bodas de Can&aacute; de Galilea hab&iacute;a cooperado con su fe a la manifestaci&oacute;n de las maravillas de Dios en el mundo, en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrecci&oacute;n de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los dem&aacute;s. Mar&iacute;a se convierte as&iacute; en fuente de esperanza y de verdadera alegr&iacute;a.<\/p>\n<p> La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocaci&oacute;n y en la misi&oacute;n. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras. De este modo nuestra misi&oacute;n ser&aacute; fecunda, porque est&aacute; modelada sobre la maternidad de Mar&iacute;a. A ella confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro coraz&oacute;n, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz y de Dios; y la invocamos todos juntos<br \/>\n   <s>:<\/s>, y os invito a invocarla tres veces, imitando a aquellos hermanos de &Eacute;feso, dici&eacute;ndole: &iexcl;Madre de Dios! &iexcl;Madre de Dios! &iexcl;Madre de Dios! &iexcl;Madre de Dios! Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS XLVII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica Vaticana Mi&eacute;rcoles 1 de enero de 2014 V&iacute;deo Fotogaler&iacute;a &nbsp; La primera lectura que hemos escuchado nos propone una vez m&aacute;s las antiguas palabras de bendici&oacute;n que Dios sugiri&oacute; a Mois&eacute;s para &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2014-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de enero de 2014: Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41171","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41171","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41171"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41171\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41171"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41171"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41171"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}