{"id":41186,"date":"2016-10-06T15:31:03","date_gmt":"2016-10-06T20:31:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-republica-centroafricana-santa-misa-en-el-estadio-del-complejo-deportivo-barthelemy-boganda-bangui-30-de-noviembre-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:31:03","modified_gmt":"2016-10-06T20:31:03","slug":"viaje-apostolico-republica-centroafricana-santa-misa-en-el-estadio-del-complejo-deportivo-barthelemy-boganda-bangui-30-de-noviembre-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-republica-centroafricana-santa-misa-en-el-estadio-del-complejo-deportivo-barthelemy-boganda-bangui-30-de-noviembre-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Viaje apost\u00f3lico &#8211; Rep\u00fablica Centroafricana: Santa Misa en el Estadio del Complejo deportivo Barth\u00e9l\u00e9my Boganda (Bangui, 30 de noviembre de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/travels\/2015\/outside\/documents\/papa-francesco-africa-2015.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DEL SANTO PADRE FRANCISCO <br \/> A KENIA, UGANDA Y REP&Uacute;BLICA CENTROAFRICANA<\/a><br \/> (25-30 DE NOVIEMBRE DE 2015)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">SANTA MISA <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"> <font color=\"#663300\"><i>Estadio del Complejo deportivo Barth&eacute;l&eacute;my Boganda, Bangui (Rep&uacute;blica Centroafricana)<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"><br \/> Lunes 30 de noviembre de 2015<\/font><\/i><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><b> [<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/11\/30\/repcentrafricanastadio.html\">Multimedia<\/a>]<\/b><\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" dir=\"ltr\" \/> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No deja de asombrarnos, al leer la primer lectura, el entusiasmo y el dinamismo misionero del Ap&oacute;stol Pablo. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!&raquo; (<i>Rm <\/i>10,15). Es una invitaci&oacute;n a agradecer el don de la fe que estos mensajeros nos han transmitido. Nos invita tambi&eacute;n a maravillarnos por la labor misionera que \u2013no hace mucho tiempo\u2013 trajo por primera vez la alegr&iacute;a del Evangelio a esta amada tierra de Centro&aacute;frica. Es bueno, sobre todo en tiempos dif&iacute;ciles, cuando abundan las pruebas y los sufrimientos, cuando el futuro es incierto y nos sentimos cansados, con miedo de no poder m&aacute;s, reunirse alrededor del Se&ntilde;or, como hacemos hoy, para gozar de su presencia, de su vida nueva y de la salvaci&oacute;n que nos propone, como esa <i>otra orilla<\/i> hacia la que debemos dirigirnos.<\/p>\n<p> La <i>otra orilla<\/i> es, sin duda, la vida eterna, el Cielo que nos espera. Esta mirada tendida hacia el mundo futuro ha fortalecido siempre el &aacute;nimo de los cristianos, de los m&aacute;s pobres, de los m&aacute;s peque&ntilde;os, en su peregrinaci&oacute;n terrena. La vida eterna no es una ilusi&oacute;n, no es una fuga del mundo, sino una poderosa realidad que nos llama y compromete a perseverar en la fe y en el amor.<\/p>\n<p> Pero esa <i>otra orilla<\/i> m&aacute;s inmediata que buscamos alcanzar, la salvaci&oacute;n que la fe nos obtiene y de la que nos habla san Pablo, es una realidad que transforma ya desde ahora nuestra vida presente y el mundo en que vivimos: &laquo;El que cree con el coraz&oacute;n alcanza la justicia&raquo; (cf. <i>Rm <\/i>10,10). Recibe la misma vida de Cristo que lo hace capaz de amar a Dios y a los hermanos de un modo nuevo, hasta el punto de dar a luz un mundo renovado por el amor.<\/p>\n<p> Demos gracias al Se&ntilde;or por su presencia y por la fuerza que nos comunica en nuestra vida diaria, cuando experimentamos el sufrimiento f&iacute;sico o moral, la pena, el luto; por los gestos de solidaridad y de generosidad que nos ayuda a realizar; por las alegr&iacute;as y el amor que hace resplandecer en nuestras familias, en nuestras comunidades, a pesar de la miseria, la violencia que, a veces, nos rodea o del miedo al futuro; por el deseo que pone en nuestras almas de querer tejer lazos de amistad, de dialogar con el que es diferente, de perdonar al que nos ha hecho da&ntilde;o, de comprometernos a construir una sociedad m&aacute;s justa y fraterna en la que ninguno se sienta abandonado. En todo esto, Cristo resucitado nos toma de la mano y nos lleva a seguirlo. Quiero agradecer con ustedes al Se&ntilde;or de la misericordia todo lo que de hermoso, generoso y valeroso les ha permitido realizar en sus familias y comunidades, durante las vicisitudes que su pa&iacute;s ha sufrido desde hace muchos a&ntilde;os.<\/p>\n<p> Es verdad, sin embargo, que todav&iacute;a no hemos llegado a la meta, estamos como a mitad del r&iacute;o y, con renovado empe&ntilde;o misionero, tenemos que decidirnos a <i>pasar a la otra orilla<\/i>. Todo bautizado ha de romper continuamente con lo que a&uacute;n tiene del hombre viejo, del hombre pecador, siempre inclinado a ceder a la tentaci&oacute;n del demonio \u2013y cu&aacute;nto act&uacute;a en nuestro mundo y en estos momentos de conflicto, de odio y de guerra\u2013, que lo lleva al ego&iacute;smo, a encerrarse en s&iacute; mismo y a la desconfianza, a la violencia y al instinto de destrucci&oacute;n, a la venganza, al abandono y a la explotaci&oacute;n de los m&aacute;s d&eacute;biles\u2026<\/p>\n<p> Sabemos tambi&eacute;n que a nuestras comunidades cristianas, llamadas a la santidad, les queda todav&iacute;a un largo camino por recorrer. Es evidente que todos tenemos que pedir perd&oacute;n al Se&ntilde;or por nuestras excesivas resistencias y demoras en dar testimonio del Evangelio. Ojal&aacute; que el A&ntilde;o Jubilar de la Misericordia, que acabamos de empezar en su Pa&iacute;s, nos ayude a ello. Ustedes, queridos centroafricanos, deben mirar sobre todo al futuro y, apoy&aacute;ndose en el camino ya recorrido, decidirse con determinaci&oacute;n a abrir una nueva etapa en la historia cristiana de su Pa&iacute;s, a lanzarse hacia nuevos horizontes, a ir mar adentro, a aguas profundas. El Ap&oacute;stol Andr&eacute;s, con su hermano Pedro, al llamado de Jes&uacute;s, no dudaron ni un instante en dejarlo todo y seguirlo: &laquo;Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron&raquo; (<i>Mt <\/i>4,20). Tambi&eacute;n aqu&iacute; nos asombra el entusiasmo de los Ap&oacute;stoles que, atra&iacute;dos de tal manera por Cristo, se sienten capaces de emprender cualquier cosa y de atreverse, con &Eacute;l, a todo. <\/p>\n<p> Cada uno en su coraz&oacute;n puede preguntarse sobre su relaci&oacute;n personal con Jes&uacute;s, y examinar lo que ya ha aceptado \u2013o tal vez rechazado\u2013 para poder responder a su llamado a seguirlo m&aacute;s de cerca. El grito de los mensajeros resuena hoy m&aacute;s que nunca en nuestros o&iacute;dos, sobre todo en tiempos dif&iacute;ciles; aquel grito que resuena por &laquo;toda la tierra [\u2026] y hasta los confines del orbe&raquo; (cf. <i>Rm <\/i>10,18; <i>Sal <\/i>18,5). Y resuena tambi&eacute;n hoy aqu&iacute;, en esta tierra de Centro&aacute;frica; resuena en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestras parroquias, all&aacute; donde quiera que vivamos, y nos invita a perseverar con entusiasmo en la misi&oacute;n, una misi&oacute;n que necesita de nuevos mensajeros, m&aacute;s numerosos todav&iacute;a, m&aacute;s generosos, m&aacute;s alegres, m&aacute;s santos. Todos y cada uno de nosotros estamos llamados a ser este mensajero que nuestro hermano, de cualquier etnia, religi&oacute;n y cultura, espera a menudo sin saberlo. En efecto, &iquest;c&oacute;mo podr&aacute; este hermano \u2013se pregunta san Pablo\u2013 creer en Cristo si no oye ni se le anuncia la Palabra?<\/p>\n<p> A ejemplo del Ap&oacute;stol, tambi&eacute;n nosotros tenemos que estar llenos de esperanza y de entusiasmo ante el futuro. La <i>otra orilla<\/i> est&aacute; al alcance de la mano, y Jes&uacute;s atraviesa el r&iacute;o con nosotros. &Eacute;l ha resucitado de entre los muertos; desde entonces, las dificultades y sufrimientos que padecemos son ocasiones que nos abren a un futuro nuevo, si nos adherimos a su Persona. Cristianos de Centro&aacute;frica, cada uno de ustedes est&aacute; llamado a ser, con la perseverancia de su fe y de su compromiso misionero, art&iacute;fice de la renovaci&oacute;n humana y espiritual de su Pa&iacute;s. Subrayo, art&iacute;fice de la renovaci&oacute;n humana y espiritual.<\/p>\n<p> Que la Virgen Mar&iacute;a, quien despu&eacute;s de haber compartido el sufrimiento de la pasi&oacute;n comparte ahora la alegr&iacute;a perfecta con su Hijo, los proteja y los fortalezca en este camino de esperanza. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A KENIA, UGANDA Y REP&Uacute;BLICA CENTROAFRICANA (25-30 DE NOVIEMBRE DE 2015) SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE Estadio del Complejo deportivo Barth&eacute;l&eacute;my Boganda, Bangui (Rep&uacute;blica Centroafricana) Lunes 30 de noviembre de 2015 [Multimedia] &nbsp; No deja de asombrarnos, al leer la primer lectura, el entusiasmo y el dinamismo misionero &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-republica-centroafricana-santa-misa-en-el-estadio-del-complejo-deportivo-barthelemy-boganda-bangui-30-de-noviembre-de-2015-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje apost\u00f3lico &#8211; Rep\u00fablica Centroafricana: Santa Misa en el Estadio del Complejo deportivo Barth\u00e9l\u00e9my Boganda (Bangui, 30 de noviembre de 2015) (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41186","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41186","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41186"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41186\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41186"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41186"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41186"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}