{"id":41190,"date":"2016-10-06T15:31:07","date_gmt":"2016-10-06T20:31:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-uganda-santa-misa-por-los-martires-de-uganda-santuario-de-namugongo-28-de-noviembre-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:31:07","modified_gmt":"2016-10-06T20:31:07","slug":"viaje-apostolico-uganda-santa-misa-por-los-martires-de-uganda-santuario-de-namugongo-28-de-noviembre-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-uganda-santa-misa-por-los-martires-de-uganda-santuario-de-namugongo-28-de-noviembre-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Viaje apost\u00f3lico &#8211; Uganda: Santa Misa por los m\u00e1rtires de Uganda (Santuario de Namugongo, 28 de noviembre de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/travels\/2015\/outside\/documents\/papa-francesco-africa-2015.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DEL SANTO PADRE FRANCISCO <br \/> A KENIA, UGANDA Y REP&Uacute;BLICA CENTROAFRICANA<\/a><br \/> (25-30 DE NOVIEMBRE DE 2015)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">SANTA MISA POR LOS M&Aacute;RTIRES DE UGANDA<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"> <b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"> <font color=\"#663300\"><i>Santuario de los m&aacute;rtires de Uganda, Namugongo<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"><br \/> S&aacute;bado, 28 de noviembre de 2015<\/font><\/i><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><b> [<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/11\/28\/ugandamartiri.html\">Multimedia<\/a>]<\/b><\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" dir=\"ltr\" \/> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;Recibir&aacute;n la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo que descender&aacute; sobre ustedes, y ser&aacute;n mis testigos en Jerusal&eacute;n, en toda Judea y Samar&iacute;a, y hasta los confines de la tierra&raquo; (<i>Hch<\/i> 1,8).<\/p>\n<p> Desde la &eacute;poca Apost&oacute;lica hasta nuestros d&iacute;as, ha surgido un gran n&uacute;mero de testigos para proclamar a Jes&uacute;s y manifestar el poder del Esp&iacute;ritu Santo. Hoy, recordamos con gratitud el sacrificio de los m&aacute;rtires ugandeses, cuyo testimonio de amor por Cristo y su Iglesia ha alcanzado precisamente &laquo;los extremos confines de la tierra&raquo;. Recordamos tambi&eacute;n a los m&aacute;rtires anglicanos, su muerte por Cristo testimonia el ecumenismo de la sangre. Todos estos testigos han cultivado el don del Esp&iacute;ritu Santo en sus vidas y han dado libremente testimonio de su fe en Jesucristo, aun a costa de su vida, y muchos de ellos a muy temprana edad.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n nosotros hemos recibido el don del Esp&iacute;ritu, que nos hace hijos e hijas de Dios, y tambi&eacute;n para dar testimonio de Jes&uacute;s y hacer que lo conozcan y amen en todas partes. Hemos recibido el Esp&iacute;ritu cuando renacimos por el bautismo, y cuando fuimos fortalecidos con sus dones en la Confirmaci&oacute;n. Cada d&iacute;a estamos llamados a intensificar la presencia del Esp&iacute;ritu Santo en nuestra vida, a &laquo;reavivar&raquo; el don de su amor divino para convertirnos en fuente de sabidur&iacute;a y fuerza para los dem&aacute;s.<\/p>\n<p> El don del Esp&iacute;ritu Santo se da para ser compartido. Nos une mutuamente como fieles y miembros vivos del Cuerpo m&iacute;stico de Cristo. No recibimos el don del Esp&iacute;ritu s&oacute;lo para nosotros, sino para edificarnos los unos a los otros en la fe, en la esperanza y en el amor. Pienso en los santos Jos&eacute; Mkasa y Carlos Lwanga que, despu&eacute;s de haber sido instruidos por otros en la fe, han querido transmitir el don que hab&iacute;an recibido. Lo hicieron en tiempos dif&iacute;ciles. No estaba amenazada solamente su vida, sino tambi&eacute;n la de los muchachos m&aacute;s j&oacute;venes confiados a sus cuidados. Dado que ellos hab&iacute;an cultivado la propia fe y hab&iacute;an crecido en el amor de Cristo, no tuvieron miedo de llevar a Cristo a los dem&aacute;s, aun a precio de la propia vida. Su fe se convirti&oacute; en testimonio; venerados como m&aacute;rtires, su ejemplo sigue inspirando hoy a tantas personas en el mundo. Ellos siguen proclamando a Jesucristo y el poder de la cruz.<\/p>\n<p> Si, a semejanza de los m&aacute;rtires, reavivamos cotidianamente el don del Esp&iacute;ritu Santo que habita en nuestros corazones, entonces llegaremos a ser de verdad los disc&iacute;pulos misioneros que Cristo quiere que seamos. Sin duda, lo seremos para nuestras familias y nuestros amigos, pero tambi&eacute;n para los que no conocemos, especialmente para quienes podr&iacute;an ser poco ben&eacute;volos e incluso hostiles con nosotros. Esta apertura hacia los dem&aacute;s comienza en la familia, en nuestras casas, donde se aprende a conocer la misericordia y el amor de Dios. Y se expresa tambi&eacute;n en el cuidado de los ancianos y de los pobres, de las viudas y de los hu&eacute;rfanos.<\/p>\n<p> El testimonio de los m&aacute;rtires nuestra, a todos los que han conocido su historia, entonces y hoy, que los placeres mundanos y el poder terreno no dan alegr&iacute;a ni paz duradera. Es m&aacute;s, la fidelidad a Dios, la honradez y la integridad de la vida, as&iacute; como la genuina preocupaci&oacute;n por el bien de los otros, nos llevan a esa paz que el mundo no puede ofrecer. Esto no disminuye nuestra preocupaci&oacute;n por las cosas de este mundo, como si mir&aacute;semos solamente a la vida futura. Al contrario, nos ofrece un objetivo para la vida en este mundo y nos ayuda a acercarnos a los necesitados, a cooperar con los otros por el bien com&uacute;n y a construir, sin excluir a nadie, una sociedad m&aacute;s justa, que promueva la dignidad humana, defienda la vida, don de Dios, y proteja las maravillas de la naturaleza, la creaci&oacute;n, nuestra casa com&uacute;n. <\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, esta es la herencia que han recibido de los m&aacute;rtires ugandeses: vidas marcadas por la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, vidas que tambi&eacute;n ahora siguen dando testimonio del poder transformador del Evangelio de Jesucristo. Esta herencia no la hacemos nuestra como un recuerdo circunstancial o conserv&aacute;ndola en un museo como si fuese una joya preciosa. En cambio, la honramos verdaderamente, y a todos los santos, cuando llevamos su testimonio de Cristo a nuestras casas y a nuestros pr&oacute;jimos, a los lugares de trabajo y a la sociedad civil, tanto si nos quedamos en nuestras propias casas como si vamos hasta los m&aacute;s remotos confines del mundo.<\/p>\n<p> Que los m&aacute;rtires ugandeses, junto con Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia, intercedan por nosotros, y que el Esp&iacute;ritu Santo encienda en nosotros el fuego del amor divino.<\/p>\n<p> Omukama abawe omukisa. (Que Dios los bendiga).<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A KENIA, UGANDA Y REP&Uacute;BLICA CENTROAFRICANA (25-30 DE NOVIEMBRE DE 2015) SANTA MISA POR LOS M&Aacute;RTIRES DE UGANDA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE Santuario de los m&aacute;rtires de Uganda, Namugongo S&aacute;bado, 28 de noviembre de 2015 [Multimedia] &nbsp; &laquo;Recibir&aacute;n la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo que descender&aacute; sobre ustedes, y ser&aacute;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-uganda-santa-misa-por-los-martires-de-uganda-santuario-de-namugongo-28-de-noviembre-de-2015-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje apost\u00f3lico &#8211; Uganda: Santa Misa por los m\u00e1rtires de Uganda (Santuario de Namugongo, 28 de noviembre de 2015) (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41190","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41190","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41190"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41190\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41190"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41190"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41190"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}