{"id":41194,"date":"2016-10-06T15:31:11","date_gmt":"2016-10-06T20:31:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/visita-pastoral-florencia-santa-misa-en-el-estadio-municipal-artemio-franchi-10-de-noviembre-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:31:11","modified_gmt":"2016-10-06T20:31:11","slug":"visita-pastoral-florencia-santa-misa-en-el-estadio-municipal-artemio-franchi-10-de-noviembre-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/visita-pastoral-florencia-santa-misa-en-el-estadio-municipal-artemio-franchi-10-de-noviembre-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Visita pastoral &#8211; Florencia: Santa Misa en el estadio municipal Artemio Franchi (10 de noviembre de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/travels\/2015\/inside\/documents\/papa-francesco-prato-firenze_2015.html\"> <font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL DEL SANTO PADRE FRANCESCO<br \/> A PRATO Y FLORENCIA<\/font><\/a><font color=\"#663300\"><br \/> (10 DE NOVIEMBRE DE 2015)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/font><i><b><font size=\"4\" color=\"#663300\"> DEL SANTO PADRE<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Estadio municipal Artemio Franchi, Florencia <br \/> Martes 10 de noviembre de 2015<\/i><\/font><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> [<b><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/11\/10\/firenzemessa.html\">Multimedia<\/a><\/b>]<\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" \/> <\/font> &nbsp;<\/p>\n<p>En el Evangelio de hoy Jes&uacute;s plantea dos preguntas a sus disc&iacute;pulos. La primera: &laquo;<i>La gente<\/i>, &iquest;qui&eacute;n dice que es el Hijo del hombre?&raquo; (<i>Mt <\/i>16, 13) es una pregunta que demuestra en qu&eacute; medida el coraz&oacute;n y la mirada de Jes&uacute;s est&aacute;n abiertos a todos. A Jes&uacute;s le interesa lo que piensa la gente no para complacerla, sino para poder entrar en comunicaci&oacute;n en ella. Sin saber lo que la gente piensa, el disc&iacute;pulo se a&iacute;sla y empieza a juzgar a la gente seg&uacute;n sus pensamientos y convicciones. Mantener un sano contacto con la realidad, con lo que la gente vive, con sus l&aacute;grimas y sus alegr&iacute;as, es la &uacute;nica forma de poder ayudarle, de poder formarla y comunicar con ella. Es el &uacute;nico modo de hablar al coraz&oacute;n de las personas tocando su experiencia cotidiana: el trabajo, la familia, los problemas de salud, el tr&aacute;fico, la escuela, los servicios sanitarios, etc&#8230; Es el &uacute;nico modo de abrir su coraz&oacute;n a la escucha de Dios. En realidad, cuando Dios quiso hablar con nosotros se encarn&oacute;. Los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s nunca deben olvidar de d&oacute;nde fueron elegidos, es decir de entre la gente, y nunca deben caer en la tentaci&oacute;n de asumir actitudes distantes, como si lo que la gente piensa y vive no les afectase y no fuese importante para ellos.<\/p>\n<p>Esto es v&aacute;lido tambi&eacute;n para nosotros. Y el hecho de que hoy nos hayamos reunido para celebrar la santa misa en un estadio deportivo nos lo recuerda. La Iglesia, como Jes&uacute;s, vive en medio de la gente y para la gente. Por ello la Iglesia, en toda su historia, siempre ha llevado con ella la misma pregunta: <i>&iquest;qui&eacute;n es Jes&uacute;s para los hombres y las mujeres de hoy<\/i>?<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n el santo Papa Le&oacute;n Magno, originario de la regi&oacute;n de Toscana, de quien hoy celebramos la memoria, llevaba en su coraz&oacute;n esta pregunta, esta inquietud apost&oacute;lica de que todos pudiesen conocer a Jes&uacute;s, y conocerlo por lo que verdaderamente es, no una imagen suya distorsionada por las filosof&iacute;as o las ideolog&iacute;as de la &eacute;poca.<\/p>\n<p>Por esto es necesario madurar una <i>fe personal en &Eacute;l. <\/i>Y he aqu&iacute;, entonces, la segunda pregunta que Jes&uacute;s plantea a los disc&iacute;pulos: &laquo;<i>Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?<\/i>&raquo; (<i>Mt<\/i> 16, 15). Pregunta que resuena a&uacute;n hoy en nuestra conciencia, la de sus disc&iacute;pulos, y es decisiva para nuestra identidad y nuestra misi&oacute;n. S&oacute;lo si reconocemos a Jes&uacute;s en su verdad, seremos capaces de mirar la verdad de nuestra condici&oacute;n humana, y podremos dar nuestra aportaci&oacute;n para la <i>plena humanizaci&oacute;n de la sociedad<\/i>. <\/p>\n<p>Custodiar y anunciar la <i>recta fe en Jesucristo es el coraz&oacute;n de nuestra identidad cristiana, <\/i>porque al reconocer el misterio del Hijo de Dios hecho hombre por nosotros podremos penetrar <i>en el misterio de Dios y en el misterio del hombre.<\/i><\/p>\n<p>A la pregunta de Jes&uacute;s responde Sim&oacute;n: &laquo;<i>T&uacute; eres el Mes&iacute;as, el Hijo del Dios vivo<\/i>&raquo; (v. 16). Esta respuesta encierra toda la misi&oacute;n de Pedro y resume lo que llegar&iacute;a a ser para la Iglesia el <i> ministerio petrino<\/i>, es decir custodiar y proclamar la verdad de la fe; defender y promover la comuni&oacute;n entre todas las Iglesias; conservar la disciplina de la Iglesia. El Papa Le&oacute;n fue y sigue siendo, en esta misi&oacute;n, un modelo ejemplar, tanto por sus luminosas ense&ntilde;anzas como por sus gestos llenos de mansedumbre, de la compasi&oacute;n y la fuerza de Dios.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n hoy, queridos hermanos y hermanas, nuestra alegr&iacute;a es compartir esta fe y responder juntos al Se&ntilde;or Jes&uacute;s: &laquo;<i>T&uacute; eres para nosotros el Cristo, el Hijo del Dios vivo<\/i>&raquo;. Nuestra alegr&iacute;a tambi&eacute;n es ir a contracorriente e ir m&aacute;s all&aacute; de la opini&oacute;n corriente, que, como entonces, no logra ver en Jes&uacute;s m&aacute;s que a un profeta o un maestro. Nuestra alegr&iacute;a es reconocer en &Eacute;l la presencia de Dios, el enviado del Padre, el Hijo que vino para ser instrumento de salvaci&oacute;n para la humanidad. Esta profesi&oacute;n de fe proclamada por Sim&oacute;n Pedro es tambi&eacute;n para nosotros. La misma no representa s&oacute;lo el fundamento de nuestra salvaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n <i> el camino<\/i> a trav&eacute;s del cual ella se realiza y <i>la meta <\/i>a la cual tiende.<\/p>\n<p>En la ra&iacute;z del misterio de la salvaci&oacute;n est&aacute;, en efecto, la voluntad de un <i>Dios misericordioso<\/i>, que no se quiere rendir ante la incomprensi&oacute;n, la culpa y la miseria del hombre, sino que se dona a &eacute;l <i>hasta llegar a ser &Eacute;l mismo hombre<\/i> para ir al encuentro de cada persona en su condici&oacute;n concreta. Este amor misericordioso de Dios es lo que Sim&oacute;n Pedro reconoce en el rostro de Jes&uacute;s. El mismo rostro que nosotros estamos llamados a reconocer en las formas en las que el Se&ntilde;or nos ha asegurado su presencia en medio de nosotros: en su Palabra, que ilumina las oscuridades de nuestra mente y de nuestro coraz&oacute;n; en sus Sacramentos, que, de cada una de nuestras muertes, nos vuelven a engendrar a una vida nueva; en la comuni&oacute;n fraterna, que el Esp&iacute;ritu Santo da vida entre sus disc&iacute;pulos; en el amor sin l&iacute;mites, que se hace servicio generoso y atento hacia todos; en el pobre, que nos recuerda c&oacute;mo Jes&uacute;s quiso que su suprema revelaci&oacute;n de s&iacute; y del Padre tuviese la imagen del humillado y crucificado.<\/p>\n<p>Esta <i>verdad de la fe es una verdad que escandaliza<\/i>, porque pide creer en Jes&uacute;s, quien, incluso siendo Dios, se anonad&oacute;, se abaj&oacute; a la condici&oacute;n de siervo, hasta la muerte en la cruz, y por esto Dios lo hizo Se&ntilde;or del universo (cf. <i>Flp<\/i> 2, 6-11). Es la verdad que a&uacute;n hoy escandaliza a quien no tolera el misterio de Dios impreso en el rostro de Cristo. Es la verdad que no podemos rozar y abrazar sin entrar, como dice san Pablo, <i>en el misterio de Jesucristo<\/i>, y sin hacer nuestros sus mismos sentimientos (cf. <i> Flp<\/i> 2, 5). S&oacute;lo a partir del Coraz&oacute;n de Cristo podemos comprender, profesar y vivir su verdad.<\/p>\n<p>En realidad, <i>la comuni&oacute;n entre divino y humano, realizada plenamente en Jes&uacute;s, es nuestra meta<\/i>, el punto de llegada de la historia humana seg&uacute;n el designio del Padre. Es la dicha del encuentro entre nuestra debilidad y Su grandeza, entre nuestra peque&ntilde;ez y Su misericordia que colmar&aacute; cada uno de nuestros l&iacute;mites. Pero esa meta no es s&oacute;lo el horizonte que ilumina nuestro camino sino que es lo que nos atrae con su fuerza suave; es lo que se comienza a pregustar y vivir aqu&iacute; y se construye d&iacute;a a d&iacute;a con todo tipo de bien que sembramos a nuestro alrededor. Son estas las semillas que contribuyen en la creaci&oacute;n de <i>una humanidad nueva, renovada<\/i>, donde nadie es dejado de lado o descartado; donde quien sirve es el m&aacute;s grande; donde los peque&ntilde;os y los pobres son acogidos y ayudados.<\/p>\n<p>Dios y el hombre no son dos extremos de una oposici&oacute;n: ellos se buscan desde siempre, porque Dios reconoce en el hombre su imagen y el hombre se reconoce s&oacute;lo mirando a Dios. Esta es la verdadera sabidur&iacute;a, que el Libro del Sir&aacute;cida indica como caracter&iacute;stica de quien sigue al Se&ntilde;or. Es la sabidur&iacute;a de san Le&oacute;n Magno, fruto de la convergencia de viarios elementos: palabra, inteligencia, oraci&oacute;n, ense&ntilde;anza, memoria. Pero san Le&oacute;n nos recuerda tambi&eacute;n que s&oacute;lo puede existir verdadera sabidur&iacute;a en la uni&oacute;n con Cristo y en el servicio a la Iglesia. Es este el camino en el que nos cruzamos con la humanidad y donde podemos encontrarla con el esp&iacute;ritu del <i>buen samaritano<\/i>. No sin motivo <i>el humanismo<\/i>, del cual Florencia fue testigo en sus momentos m&aacute;s creativos, <i>tuvo siempre el rostro de la caridad. <\/i>Que esta herencia sea fecunda con un nuevo humanismo para esta ciudad y para toda Italia.<\/p>\n<p align=\"center\"><i>* * *<\/i><\/p>\n<p>Quiero agradeceros esta c&aacute;lida acogida, durante toda la jornada. Doy las gracias al se&ntilde;or cardenal arzobispo, a los cardenales y obispos de la Conferencia episcopal italiana, con su presidente. Todo lo que hab&eacute;is hecho hoy por m&iacute;, es un testimonio. Un agradecimiento para cada uno de vosotros. <\/p>\n<p>Pero especialmente quiero decir gracias a los detenidos, que hicieron este altar, al que hoy vino Jes&uacute;s. Gracias por haber hecho esto para Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL DEL SANTO PADRE FRANCESCO A PRATO Y FLORENCIA (10 DE NOVIEMBRE DE 2015) SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE Estadio municipal Artemio Franchi, Florencia Martes 10 de noviembre de 2015 [Multimedia] &nbsp; En el Evangelio de hoy Jes&uacute;s plantea dos preguntas a sus disc&iacute;pulos. 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