{"id":41198,"date":"2016-10-06T15:31:14","date_gmt":"2016-10-06T20:31:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-de-clausura-de-la-xiv-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-25-de-octubre-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:31:14","modified_gmt":"2016-10-06T20:31:14","slug":"santa-misa-de-clausura-de-la-xiv-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-25-de-octubre-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-de-clausura-de-la-xiv-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-25-de-octubre-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Santa Misa de clausura de la XIV Asamblea General Ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos (25 de octubre de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2015\/20151025-libretto-chiusura-sinodo.pdf\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA DE CLAUSURA <br \/> DE LA XIV ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/font><\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCESCO<\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> XXX Domingo del Tiempo Ordinario, 25 de octubre de 2015<\/i><\/font><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> [<b><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/10\/25\/chiusurasinodo.html\">Multimedia<\/a><\/b>]<\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" \/> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las tres lecturas de este domingo nos presentan la compasi&oacute;n de Dios, su paternidad, que se revela definitivamente en Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>El profeta Jerem&iacute;as, en pleno desastre nacional, mientras el pueblo estaba deportado por los enemigos, anuncia que &laquo;el Se&ntilde;or ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel&raquo; (31,7). Y &iquest;por qu&eacute; lo hizo? Porque &eacute;l es Padre (cf. v. 9); y como el Padre cuida de sus hijos, los acompa&ntilde;a en el camino, sostiene a los &laquo;ciegos y cojos, lo mismo pre&ntilde;adas que paridas&raquo; (31,8). Su paternidad les abre una v&iacute;a accesible, una forma de consolaci&oacute;n despu&eacute;s de tantas l&aacute;grimas y tantas amarguras. Si el pueblo permanece fiel, si persevera en buscar a Dios incluso en una tierra extranjera, Dios cambiar&aacute; su cautiverio en libertad, su soledad en comuni&oacute;n: lo que hoy siembra el pueblo con l&aacute;grimas, ma&ntilde;ana lo cosechar&aacute; con la alegr&iacute;a (cf. <i>Sal<\/i> 125,6 ).<\/p>\n<p>Con el Salmo, tambi&eacute;n nosotros hemos expresado la alegr&iacute;a, que es fruto de la salvaci&oacute;n del Se&ntilde;or: &laquo;La boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares&raquo; (v. 2). El creyente es una persona que ha experimentado la acci&oacute;n salv&iacute;fica de Dios en la propia vida. Y nosotros, los pastores, hemos experimentado lo que significa sembrar con fatiga, a veces llorando, y alegrarnos por la gracia de una cosecha que siempre va m&aacute;s all&aacute; de nuestras fuerzas y de nuestras capacidades.<\/p>\n<p>El pasaje de la Carta a los Hebreos nos ha presentado la compasi&oacute;n de Jes&uacute;s. Tambi&eacute;n &eacute;l &laquo;est&aacute; envuelto en debilidades&raquo; (5,2), para sentir compasi&oacute;n por quienes yacen en la ignorancia y en el error. Jes&uacute;s es el Sumo Sacerdote grande, santo, inocente, pero al mismo tiempo es el Sumo Sacerdote que ha compartido nuestras debilidades y ha sido puesto a prueba en todo como nosotros, menos en el pecado (cf. 4,15). Por eso es el mediador de la nueva y definitiva alianza que nos da salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El Evangelio de hoy nos remite directamente a la primera Lectura: as&iacute; como el pueblo de Israel fue liberado gracias a la paternidad de Dios, tambi&eacute;n Bartimeo fue liberado gracias a la compasi&oacute;n de Jes&uacute;s que acababa de salir de Jeric&oacute;. A pesar de que apenas hab&iacute;a emprendido el camino m&aacute;s importante, el que va hacia Jerusal&eacute;n, se detiene para responder al grito de Bartimeo. Se deja interpelar por su petici&oacute;n, se deja implicar en su situaci&oacute;n. No se contenta con darle limosna, sino que quiere encontrarlo personalmente. No le da indicaciones ni respuestas, pero hace una pregunta: &laquo;&iquest;Qu&eacute; quieres que haga por ti&raquo;? (<i>Mc<\/i> 10,51). Podr&iacute;a parecer una petici&oacute;n in&uacute;til: &iquest;Qu&eacute; puede desear un ciego si no es la vista? Sin embargo, con esta pregunta, hecha &laquo;de t&uacute; a t&uacute;&raquo;, directa pero respetuosa, Jes&uacute;s muestra que desea escuchar nuestras necesidades. Quiere un coloquio con cada uno de nosotros sobre la vida, las situaciones reales, que no excluya nada ante Dios. Despu&eacute;s de la curaci&oacute;n, el Se&ntilde;or dice a aquel hombre: &laquo;Tu fe te ha salvado&raquo; (v. 52). Es hermoso ver c&oacute;mo Cristo admira la fe de Bartimeo, confiando en &eacute;l. &Eacute;l cree en nosotros m&aacute;s de lo que nosotros creemos en nosotros mismos.<\/p>\n<p>Hay un detalle interesante. Jes&uacute;s pide a sus disc&iacute;pulos que vayan y llamen a Bartimeo. Ellos se dirigen al ciego con dos expresiones, que s&oacute;lo Jes&uacute;s utiliza en el resto del Evangelio. Primero le dicen: &laquo;&iexcl;&Aacute;nimo!&raquo;, una palabra que literalmente significa &laquo;ten confianza, an&iacute;mate&raquo;. En efecto, s&oacute;lo el encuentro con Jes&uacute;s da al hombre la fuerza para afrontar las situaciones m&aacute;s graves. La segunda expresi&oacute;n es &laquo;&iexcl;lev&aacute;ntate!&raquo;, como Jes&uacute;s hab&iacute;a dicho a tantos enfermos, llev&aacute;ndolos de la mano y cur&aacute;ndolos. Los suyos no hacen m&aacute;s que repetir las palabras alentadoras y liberadoras de Jes&uacute;s, guiando hacia &eacute;l directamente, sin sermones. Los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s est&aacute;n llamados a esto, tambi&eacute;n hoy, especialmente hoy: a poner al hombre en contacto con la misericordia compasiva que salva. Cuando el grito de la humanidad, como el de Bartimeo, se repite a&uacute;n m&aacute;s fuerte, no hay otra respuesta que hacer nuestras las palabras de Jes&uacute;s y sobre todo imitar su coraz&oacute;n. Las situaciones de miseria y de conflicto son para Dios ocasiones de misericordia. Hoy es tiempo de misericordia.<\/p>\n<p>Pero hay algunas tentaciones para los que siguen a Jes&uacute;s. El Evangelio de hoy destaca al menos dos. Ninguno de los disc&iacute;pulos se para, como hace Jes&uacute;s. Siguen caminando, pasan de largo como si nada hubiera sucedido. Si Bartimeo era ciego, ellos son sordos: aquel problema no es problema suyo. Este puede ser nuestro riesgo: ante continuos apuros, es mejor seguir adelante, sin preocuparse. De esta manera, estamos con Jes&uacute;s como aquellos disc&iacute;pulos, pero no pensamos como Jes&uacute;s. Se est&aacute; en su grupo, pero se pierde la apertura del coraz&oacute;n, se pierde la maravilla, la gratitud y el entusiasmo, y se corre el peligro de convertirse en &laquo;habituales de la gracia&raquo;. Podemos hablar de &eacute;l y trabajar para &eacute;l, pero vivir lejos de su coraz&oacute;n, que est&aacute; orientado a quien est&aacute; herido. Esta es la tentaci&oacute;n: una &laquo;espiritualidad del espejismo&raquo;. Podemos caminar a trav&eacute;s de los desiertos de la humanidad sin ver lo que realmente hay, sino lo que a nosotros nos gustar&iacute;a ver; somos capaces de construir visiones del mundo, pero no aceptamos lo que el Se&ntilde;or pone delante de nuestros ojos. Una fe que no sabe radicarse en la vida de la gente permanece &aacute;rida y, en lugar oasis, crea otros desiertos.<\/p>\n<p>Hay una segunda tentaci&oacute;n, la de caer en una &laquo;fe de mapa&raquo;. Podemos caminar con el pueblo de Dios, pero tenemos nuestra hoja de ruta, donde entra todo: sabemos d&oacute;nde ir y cu&aacute;nto tiempo se tarda; todos deben respetar nuestro ritmo y cualquier inconveniente nos molesta. Corremos el riesgo de hacernos como aquellos &laquo;muchos&raquo; del Evangelio, que pierden la paciencia y reprochan a Bartimeo. Poco antes hab&iacute;an reprendido a los ni&ntilde;os (cf. 10,13), ahora al mendigo ciego: quien molesta o no tiene categor&iacute;a, ha de ser excluido. Jes&uacute;s, por el contrario, quiere incluir, especialmente a quienes est&aacute;n relegados al margen y le gritan. Estos, como Bartimeo, tienen fe, porque saberse necesitados de salvaci&oacute;n es el mejor modo para encontrar a Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Y, al final,&nbsp;Bartimeo se puso a seguir a Jes&uacute;s en el camino (cf. v. 52). No s&oacute;lo recupera la vista, sino que se une a la comunidad de los que caminan con Jes&uacute;s. Queridos hermanos sinodales, hemos caminado juntos. Les doy las gracias por el camino que hemos compartido con la mirada puesta en el Se&ntilde;or y en los hermanos, en busca de las sendas que el Evangelio indica a nuestro tiempo para anunciar el misterio de amor de la familia. Sigamos por el camino que el Se&ntilde;or desea. Pid&aacute;mosle a &eacute;l una mirada sana y salvada, que sabe difundir luz porque recuerda el esplendor que la ha iluminado. Sin dejarnos ofuscar nunca por el pesimismo y por el pecado, busquemos y veamos la gloria de Dios que resplandece en el hombre viviente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA DE CLAUSURA DE LA XIV ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCESCO Bas&iacute;lica Vaticana XXX Domingo del Tiempo Ordinario, 25 de octubre de 2015 [Multimedia] &nbsp; Las tres lecturas de este domingo nos presentan la compasi&oacute;n de Dios, su paternidad, que se revela definitivamente en Jes&uacute;s. 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