{"id":41214,"date":"2016-10-06T15:31:35","date_gmt":"2016-10-06T20:31:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-paraguay-santa-misa-en-el-campo-grande-de-n%cc%83u-guazu-asuncion-12-de-julio-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:31:35","modified_gmt":"2016-10-06T20:31:35","slug":"viaje-apostolico-paraguay-santa-misa-en-el-campo-grande-de-n%cc%83u-guazu-asuncion-12-de-julio-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-paraguay-santa-misa-en-el-campo-grande-de-n%cc%83u-guazu-asuncion-12-de-julio-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Viaje apost\u00f3lico &#8211; Paraguay: Santa Misa en el campo grande de N\u0303u Guaz\u00fa (Asunci\u00f3n, 12 de julio de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/travels\/2015\/outside\/documents\/papa-francesco-ecuador-bolivia-paraguay-2015.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DEL SANTO PADRE FRANCISCO <br \/> A ECUADOR, BOLIVIA Y PARAGUAY<\/a> <br \/> (5-13 DE JULIO DE 2015)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE <\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Campo grande de N&#x303;u Guaz&uacute;, Asunci&oacute;n<br \/> Domingo 12 de julio de 2015<\/font><\/i><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><b> [<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/7\/12\/nuguazuomelia.html\">Multimedia<\/a>]<\/b><\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" dir=\"ltr\" \/> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;El Se&ntilde;or nos dar&aacute; la lluvia y nuestra tierra dar&aacute; su fruto&raquo;, as&iacute; dice el Salmo (84,13). Esto estamos invitados a celebrar, esa misteriosa comuni&oacute;n entre Dios y su Pueblo, entre Dios y nosotros. La lluvia es signo de su presencia en la tierra trabajada por nuestras manos. Una comuni&oacute;n que siempre da fruto, que siempre da vida. Esta confianza brota de la fe, saber que contamos con su gracia, que siempre transformar&aacute; y regar&aacute; nuestra tierra.<\/p>\n<p>Una confianza que se aprende, que se educa. Una confianza que se va gestando en el seno de una comunidad, en la vida de una familia. Una confianza que se vuelve testimonio en los rostros de tantos que nos estimulan a seguir a Jes&uacute;s, a ser disc&iacute;pulos de Aquel que no decepciona jam&aacute;s. El disc&iacute;pulo se siente invitado a confiar, se siente invitado por Jes&uacute;s a ser amigo, a compartir su suerte, a compartir su vida. &laquo;A ustedes no los llamo siervos, los llamo amigos porque les di a conocer todo lo que sab&iacute;a de mi Padre&raquo; (<i>Jn<\/i> 15,15). Los disc&iacute;pulos son aquellos que aprenden a vivir en la confianza de la amistad de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>Y el Evangelio nos habla de este discipulado. Nos presenta la c&eacute;dula de identidad del cristiano. Su carta de presentaci&oacute;n, su credencial.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s llama a sus disc&iacute;pulos y los env&iacute;a d&aacute;ndoles reglas claras, precisas. Los desaf&iacute;a con una serie de actitudes, comportamientos que deben tener. Y no son pocas las veces que nos pueden parecer exageradas o absurdas; actitudes que ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil leerlas simb&oacute;licamente o &laquo;espiritualmente&raquo;. Pero Jes&uacute;s es bien claro. No les dice: &laquo;Hagan como que\u2026&raquo; o &laquo;hagan lo que puedan&raquo;.<\/p>\n<p> Recordemos juntos esas recomendaciones: &laquo;No lleven para el camino m&aacute;s que un bast&oacute;n; ni pan, ni alforja, ni dinero&#8230; permanezcan en la casa donde les den alojamiento&raquo; (cf. <i>Mc<\/i> 6,8-11). Parecer&iacute;a algo imposible.<\/p>\n<p>Podr&iacute;amos concentrarnos en las palabras: &laquo;pan&raquo;, &laquo;dinero&raquo;, &laquo;alforja&raquo;, &laquo;bast&oacute;n&raquo;, &laquo;sandalias&raquo;, &laquo;t&uacute;nica&raquo;. Y es l&iacute;cito. Pero me parece que hay una palabra clave, que podr&iacute;a pasar desapercibida frente a la contundencia de las que acabo de enumerar. Una palabra central en la espiritualidad cristiana, en la experiencia del discipulado: hospitalidad. Jes&uacute;s como buen maestro, pedagogo, los env&iacute;a a vivir la hospitalidad. Les dice: &laquo;Permanezcan donde les den alojamiento&raquo;. Los env&iacute;a a aprender una de las caracter&iacute;sticas fundamentales de la comunidad creyente. Podr&iacute;amos decir que cristiano es aquel que aprendi&oacute; a hospedar, que aprendi&oacute; a alojar. <\/p>\n<p>Jes&uacute;s no los env&iacute;a como poderosos, como due&ntilde;os, jefes o cargados de leyes, normas; por el contrario, les muestra que el camino del cristiano es simplemente transformar el coraz&oacute;n. El suyo, y ayudar a transformar el de los dem&aacute;s. Aprender a vivir de otra manera, con otra ley, bajo otra norma. Es pasar de la l&oacute;gica del ego&iacute;smo, de la clausura, de la lucha, de la divisi&oacute;n, de la superioridad, a la l&oacute;gica de la vida, de la gratuidad, del amor. De la l&oacute;gica del dominio, del aplastar, manipular, a la l&oacute;gica del acoger, recibir y cuidar.<\/p>\n<p>Son dos las l&oacute;gicas que est&aacute;n en juego, dos maneras de afrontar la vida y de afrontar la misi&oacute;n. <\/p>\n<p>Cu&aacute;ntas veces pensamos la misi&oacute;n en base a proyectos o programas. Cu&aacute;ntas veces imaginamos la evangelizaci&oacute;n en torno a miles de estrategias, t&aacute;cticas, maniobras, artima&ntilde;as, buscando que las personas se conviertan en base a nuestros argumentos. Hoy el Se&ntilde;or nos lo dice muy claramente: en la l&oacute;gica del Evangelio no se convence con los argumentos, con las estrategias, con las t&aacute;cticas, sino simplemente aprendiendo a alojar, a hospedar.<\/p>\n<p>La Iglesia es madre de coraz&oacute;n abierto que sabe acoger, recibir, especialmente a quien tiene necesidad de mayor cuidado, que est&aacute; en mayor dificultad. La Iglesia, como la quer&iacute;a Jes&uacute;s, es la casa de la hospitalidad. Y cu&aacute;nto bien podemos hacer si nos animamos a aprender este lenguaje de la hospitalidad, este lenguaje de recibir, de acoger. Cu&aacute;ntas heridas, cu&aacute;nta desesperanza se puede curar en un hogar donde uno se pueda sentir recibido. Para eso hay que tener las puertas abiertas, sobre todo las puertas del coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Hospitalidad con el hambriento, con el sediento, con el forastero, con el desnudo, con el enfermo, con el preso (cf. <i>Mt<\/i> 25,34-37), con el leproso, con el paral&iacute;tico. Hospitalidad con el que no piensa como nosotros, con el que no tiene fe o la ha perdido. Y, a veces, por culpa nuestra. Hospitalidad con el perseguido, con el desempleado. Hospitalidad con las culturas diferentes, de las cuales esta tierra paraguaya es tan rica. Hospitalidad con el pecador, porque cada uno de nosotros tambi&eacute;n lo es.<\/p>\n<p>Tantas veces nos olvidamos que hay un mal que precede a nuestros pecados, que viene antes. Hay una ra&iacute;z que causa tanto, pero tanto, da&ntilde;o, y que destruye silenciosamente tantas vidas. Hay un mal que, poco a poco, va haciendo nido en nuestro coraz&oacute;n y &laquo;comiendo&raquo; nuestra vitalidad: la soledad. Soledad que puede tener muchas causas, muchos motivos. Cu&aacute;nto destruye la vida y cu&aacute;nto mal nos hace. Nos va apartando de los dem&aacute;s, de Dios, de la comunidad. Nos va encerrando en nosotros mismos. De ah&iacute; que lo propio de la Iglesia, de esta madre, no sea principalmente gestionar cosas, proyectos, sino aprender la fraternidad con los dem&aacute;s. Es la fraternidad acogedora, el mejor testimonio que Dios es Padre, porque &laquo;de esto sabr&aacute;n todos que ustedes son mis disc&iacute;pulos, si se aman los unos a los otros&raquo; (<i>Jn<\/i> 13,35).<\/p>\n<p>De esta manera, Jes&uacute;s nos abre a una nueva l&oacute;gica. Un horizonte lleno de vida, de belleza, de verdad, de plenitud.<\/p>\n<p>Dios nunca cierra horizontes, Dios nunca es pasivo a la vida, nunca es pasivo al sufrimiento de sus hijos. Dios nunca se deja ganar en generosidad. Por eso nos env&iacute;a a su Hijo, lo dona, lo entrega, lo comparte; para que aprendamos el camino de la fraternidad, el camino del don. Es definitivamente un nuevo horizonte, es una nueva palabra, para tantas situaciones de exclusi&oacute;n, disgregaci&oacute;n, encierro, aislamiento. Es una palabra que rompe el silencio de la soledad.<\/p>\n<p>Y cuando estemos cansados, o se nos haga pesada la tarea de evangelizar, es bueno recordar que la vida que Jes&uacute;s nos propone responde a las necesidades m&aacute;s hondas de las personas, porque todos hemos sido creados para la amistad con Jes&uacute;s y para el amor fraterno (cf. <i> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_exhortations\/documents\/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html\">Evangelii gaudium<\/a><\/i>, 265).<\/p>\n<p>Hay algo que es cierto<s>,<\/s>: no podemos obligar a nadie a recibirnos, a hospedarnos; es cierto y es parte de nuestra pobreza y de nuestra libertad. Pero tambi&eacute;n es cierto que nadie puede obligarnos a no ser acogedores, hospederos de la vida de nuestro Pueblo. Nadie puede pedirnos que no recibamos y abracemos la vida de nuestros hermanos, especialmente la vida de los que han perdido la esperanza y el gusto por vivir. Qu&eacute; lindo es imaginarnos nuestras parroquias, comunidades, capillas, donde est&aacute;n los cristianos, no con las puertas cerradas sino como verdaderos centros de encuentro entre nosotros y con Dios. Como lugares de hospitalidad y de acogida.<\/p>\n<p>La Iglesia es madre, como Mar&iacute;a. En ella tenemos un modelo. Alojar como Mar&iacute;a, que no domin&oacute; ni se adue&ntilde;&oacute; de la Palabra de Dios sino que, por el contrario, la hosped&oacute;, la gest&oacute;, y la entreg&oacute;. <\/p>\n<p>Alojar como la tierra, que no domina la semilla, sino que la recibe, la nutre y la germina.<\/p>\n<p>As&iacute; queremos ser los cristianos, as&iacute; queremos vivir la fe en este suelo paraguayo, como Mar&iacute;a, alojando la vida de Dios en nuestros hermanos con la confianza, con la certeza que &laquo;el Se&ntilde;or nos dar&aacute; la lluvia y nuestra tierra dar&aacute; su fruto&raquo;. Que as&iacute; sea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A ECUADOR, BOLIVIA Y PARAGUAY (5-13 DE JULIO DE 2015) SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE Campo grande de N&#x303;u Guaz&uacute;, Asunci&oacute;n Domingo 12 de julio de 2015 [Multimedia] &nbsp; &laquo;El Se&ntilde;or nos dar&aacute; la lluvia y nuestra tierra dar&aacute; su fruto&raquo;, as&iacute; dice el Salmo (84,13). 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