{"id":41215,"date":"2016-10-06T15:31:37","date_gmt":"2016-10-06T20:31:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-paraguay-santa-misa-en-la-explanada-del-santuario-mariano-de-caacupe-11-de-julio-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:31:37","modified_gmt":"2016-10-06T20:31:37","slug":"viaje-apostolico-paraguay-santa-misa-en-la-explanada-del-santuario-mariano-de-caacupe-11-de-julio-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-paraguay-santa-misa-en-la-explanada-del-santuario-mariano-de-caacupe-11-de-julio-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Viaje apost\u00f3lico &#8211; Paraguay: Santa Misa en la explanada del Santuario mariano de Caacup\u00e9 (11 de julio de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/travels\/2015\/outside\/documents\/papa-francesco-ecuador-bolivia-paraguay-2015.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO DEL SANTO PADRE FRANCISCO <br \/> A ECUADOR, BOLIVIA Y PARAGUAY<\/a> <br \/> (5-13 DE JULIO DE 2015)<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE <\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Explanada<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> del Santuario mariano de Caacup&eacute;, Paraguay<br \/> S&aacute;bado 11 de julio de 2015<\/font><\/i><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><b> [<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/7\/11\/caacupeomelia.html\">Multimedia<\/a>]<\/b><\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" dir=\"ltr\" \/> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Estar aqu&iacute; con ustedes es sentirme en casa, a los pies de nuestra Madre, la Virgen de los Milagros de Caacup&eacute;. En un santuario los hijos nos encontramos con nuestra Madre y entre nosotros recordamos que somos hermanos. Es un lugar de fiesta, de encuentro, de familia. Venimos a presentar nuestras necesidades, venimos a agradecer, a pedir perd&oacute;n y a volver a empezar. Cu&aacute;ntos bautismos, cu&aacute;ntas vocaciones sacerdotales y religiosas, cu&aacute;ntos noviazgos y matrimonios nacieron a los pies de nuestra Madre. Cu&aacute;ntas l&aacute;grimas y despedidas. Venimos siempre con nuestra vida, porque ac&aacute; se est&aacute; en casa y lo mejor es saber que alguien nos espera. <\/p>\n<p>Como tantas otras veces, hemos venido porque queremos renovar nuestras ganas de vivir la alegr&iacute;a del Evangelio. <\/p>\n<p>C&oacute;mo no reconocer que este Santuario es parte vital del pueblo paraguayo, de ustedes. As&iacute; lo sienten, as&iacute; lo rezan, as&iacute; lo cantan: &laquo;En tu Ed&eacute;n de Caacup&eacute;, es tu pueblo Virgen pura que te da su amor y fe&raquo;. Y estamos hoy, como el Pueblo de Dios, a los pies de nuestra Madre a darle nuestro amor y fe. <\/p>\n<p>En el Evangelio acabamos de escuchar el anuncio del &Aacute;ngel a Mar&iacute;a que le dice: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia. El Se&ntilde;or est&aacute; contigo&raquo;. Al&eacute;grate, Mar&iacute;a, al&eacute;grate. Frente a este saludo, ella qued&oacute; desconcertada y se preguntaba qu&eacute; quer&iacute;a decir. No entend&iacute;a mucho lo que estaba sucediendo. Pero supo que ven&iacute;a de Dios y dijo &laquo;s&iacute;&raquo;. Mar&iacute;a es la madre del &laquo;s&iacute;&raquo;. S&iacute;, al sue&ntilde;o de Dios; s&iacute;, al proyecto de Dios; s&iacute;, a la voluntad de Dios. <\/p>\n<p>Un &laquo;s&iacute;&raquo; que, como sabemos, no fue nada f&aacute;cil de vivir. Un &laquo;s&iacute;&raquo; que no la llen&oacute; de privilegios o diferencias, sino que, como le dir&aacute; Sime&oacute;n en su profec&iacute;a: &laquo;A ti una espada te va a atravesar el coraz&oacute;n&raquo; (<i>Lc<\/i> 2,35). &iexcl;Y vaya que se lo atraves&oacute;! Por eso la queremos tanto y encontramos en ella una verdadera Madre que nos ayuda a mantener viva la fe y la esperanza en medio de situaciones complicadas. Siguiendo la profec&iacute;a de Sime&oacute;n nos har&aacute; bien repasar brevemente tres momentos dif&iacute;ciles en la vida de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>1. Primero: el nacimiento de Jes&uacute;s. &laquo;No hab&iacute;a un lugar para ellos&raquo; (<i>Lc<\/i> 2,7). No ten&iacute;an una casa, una habitaci&oacute;n para recibir a su hijo. No hab&iacute;a espacio para que pudiera dar a luz. Tampoco familia cercana: estaban solos. El &uacute;nico lugar disponible era una cueva de animales. Y en su memoria seguramente resonaban las palabras del &Aacute;ngel: &laquo;Al&eacute;grate Mar&iacute;a, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&raquo;. Y Ella podr&iacute;a haberse preguntado: &laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; ahora?&raquo;.<\/p>\n<p>2. Segundo momento: la huida a Egipto. Tuvieron que irse, exiliarse. Ah&iacute; no solo no ten&iacute;an un espacio, ni familia, sino que incluso sus vidas corr&iacute;an peligro. Tuvieron que marcharse a tierra extranjera. Fueron migrantes perseguidos por la codicia y la avaricia del emperador. Y ah&iacute; ella tambi&eacute;n podr&iacute;a haberse preguntado: &laquo;&iquest;Y d&oacute;nde est&aacute; lo que me dijo el &Aacute;ngel?&raquo;.<\/p>\n<p>3. Tercer momento: la muerte en la cruz. No debe existir una situaci&oacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil para una madre que acompa&ntilde;ar la muerte de su hijo. Son momentos desgarradores. Ah&iacute; vemos a Mar&iacute;a, al pie de la cruz, como toda madre, firme, sin abandonar, acompa&ntilde;ando a su Hijo hasta el extremo de la muerte y muerte de cruz. Y all&iacute; tambi&eacute;n podr&iacute;a haberse preguntado: &iquest;D&oacute;nde est&aacute; lo que me dijo el &Aacute;ngel? Luego la vemos conteniendo y sosteniendo a los disc&iacute;pulos.<\/p>\n<p>Contemplamos su vida, y nos sentimos comprendidos, entendidos. Podemos sentarnos a rezar y usar un lenguaje com&uacute;n frente a un sinf&iacute;n de situaciones que vivimos a diario. Nos podemos identificar en muchas situaciones de su vida. Contarle de nuestras realidades porque ella las comprende.<\/p>\n<p>Ella es mujer de fe, es la Madre de la Iglesia, ella crey&oacute;. Su vida es testimonio de que Dios no defrauda, que Dios no abandona a su Pueblo, aunque existan momentos o situaciones en que parece que &Eacute;l no est&aacute;. Ella fue la primera disc&iacute;pula que acompa&ntilde;&oacute; a su Hijo y sostuvo la esperanza de los ap&oacute;stoles en los momentos dif&iacute;ciles. Estaban encerrados con no s&eacute; cu&aacute;ntas llaves, de miedo, en el cen&aacute;culo. Fue la mujer que estuvo atenta y supo decir \u2013cuando parec&iacute;a que la fiesta y la alegr&iacute;a terminaba\u2013: &laquo;mir&aacute; no tienen vino&raquo; (<i>Jn<\/i> 2,3). Fue la mujer que supo ir y estar con su prima &laquo;unos tres meses&raquo; (<i>Lc<\/i> 1,56), para que no estuviera sola en su parto. Esa es nuestra madre, as&iacute; de buena, as&iacute; de generosa, as&iacute; de acompa&ntilde;adora en nuestra vida. <\/p>\n<p>Y todo esto lo sabemos por el Evangelio, pero tambi&eacute;n sabemos que, en esta tierra, es la Madre que ha estado a nuestro lado en tantas situaciones dif&iacute;ciles. Este Santuario, guarda, atesora, la memoria de un pueblo que sabe que Mar&iacute;a es Madre y que ha estado y est&aacute; al lado de sus hijos.<\/p>\n<p>Ha estado y est&aacute; en nuestros hospitales, en nuestras escuelas, en nuestras casas. Ha estado y est&aacute; en nuestros trabajos y en nuestros caminos. Ha estado y est&aacute; en las mesas de cada hogar. Ha estado y est&aacute; en la formaci&oacute;n de la patria, haci&eacute;ndonos naci&oacute;n. Siempre con una presencia discreta y silenciosa. En la mirada de una imagen, una estampita o una medalla. Bajo el signo de un rosario sabemos que no vamos solos, que Ella nos acompa&ntilde;a. <\/p>\n<p>Y, &iquest;por qu&eacute;? Porque Mar&iacute;a simplemente quiso estar en medio de su Pueblo, con sus hijos, con su familia. Siguiendo siempre a Jes&uacute;s, desde la muchedumbre. Como buena madre no abandon&oacute; a los suyos, sino por el contrario, siempre se meti&oacute; donde un hijo pudiera estar necesitando de ella. Tan solo porque es Madre.<\/p>\n<p>Una Madre que aprendi&oacute; a escuchar y a vivir en medio de tantas dificultades de aquel &laquo;no temas, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&raquo; (cf. <i>Lc<\/i> 1,30). Una madre que contin&uacute;a dici&eacute;ndonos: &laquo;Hagan lo que &Eacute;l les diga&raquo; (<i>Jn<\/i> 2,5). Es su invitaci&oacute;n constante y continua: &laquo;Hagan lo que &Eacute;l les diga&raquo;. No tiene un programa propio, no viene a decirnos nada nuevo; m&aacute;s bien, le gusta estar callada, tan solo su fe acompa&ntilde;a nuestra fe. <\/p>\n<p>Y ustedes lo saben, han hecho experiencia de esto que estamos compartiendo. Todos ustedes, todos los paraguayos, tienen la memoria viva de un Pueblo que ha hecho carne estas palabras del Evangelio. Y quisiera referirme de modo especial a ustedes mujeres y madres paraguayas que, con gran valor y abnegaci&oacute;n, han sabido levantar un Pa&iacute;s derrotado, hundido, sumergido por una guerra inicua. <\/p>\n<p>Ustedes tienen la memoria, ustedes tienen la gen&eacute;tica de aquellas que reconstruyeron la vida, la fe, la dignidad de su Pueblo, junto a Mar&iacute;a. Han vivido situaciones muy pero muy dif&iacute;ciles, que desde una l&oacute;gica com&uacute;n ser&iacute;a contraria a toda fe. Ustedes al contrario, impulsadas y sostenidas por la Virgen, siguieron creyentes, inclusive &laquo;esperando contra toda esperanza&raquo; (<i>Rm<\/i> 4,18). Y cuando todo parec&iacute;a derrumbarse, junto a Mar&iacute;a se dec&iacute;an: No temamos, el Se&ntilde;or est&aacute; con nosotros, est&aacute; con nuestro Pueblo, con nuestras familias, hagamos lo que &Eacute;l nos diga. Y all&iacute; encontraron ayer y encuentran hoy la fuerza para no dejar que esta tierra se desmadre. Dios bendiga ese tes&oacute;n, Dios bendiga y aliente&nbsp; la fe de ustedes, Dios bendiga a la mujer paraguaya, la m&aacute;s gloriosa de Am&eacute;rica. <\/p>\n<p>Como Pueblo, hemos venido a nuestra casa, a la casa de la Patria paraguaya, a escuchar una vez m&aacute;s esas palabras que tanto bien nos hacen: &laquo;Al&eacute;grate, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&raquo;. Es un llamado a no perder la memoria, a no perder las ra&iacute;ces, los muchos testimonios que han recibido de pueblo creyente y jugado por sus luchas. Una fe que se ha hecho vida, una vida que se ha hecho esperanza y una esperanza que las lleva a primerear en la caridad. S&iacute;, al igual que Jes&uacute;s, sigan primereando en el amor. Sean ustedes los portadores de esta fe, de esta vida, de esta esperanza. Ustedes, paraguayos, sean forjadores de este hoy y ma&ntilde;ana.<\/p>\n<p>Volviendo a mirar la imagen de Mar&iacute;a los invito a decir juntos: &laquo;En tu Ed&eacute;n de Caacup&eacute;, es tu pueblo Virgen pura que te da su amor y fe&raquo;. Todos juntos: &laquo;En tu Ed&eacute;n de Caacup&eacute;, es tu pueblo Virgen pura que te da su amor y fe&raquo;. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A ECUADOR, BOLIVIA Y PARAGUAY (5-13 DE JULIO DE 2015) SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE Explanada del Santuario mariano de Caacup&eacute;, Paraguay S&aacute;bado 11 de julio de 2015 [Multimedia] &nbsp; Estar aqu&iacute; con ustedes es sentirme en casa, a los pies de nuestra Madre, la Virgen de los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-paraguay-santa-misa-en-la-explanada-del-santuario-mariano-de-caacupe-11-de-julio-de-2015-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje apost\u00f3lico &#8211; Paraguay: Santa Misa en la explanada del Santuario mariano de Caacup\u00e9 (11 de julio de 2015) (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41215","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41215","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41215"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41215\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41215"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41215"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41215"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}