{"id":41219,"date":"2016-10-06T15:31:42","date_gmt":"2016-10-06T20:31:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-y-bendicion-de-los-palios-para-los-nuevos-metropolitanos-en-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-29-de-junio-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:31:42","modified_gmt":"2016-10-06T20:31:42","slug":"santa-misa-y-bendicion-de-los-palios-para-los-nuevos-metropolitanos-en-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-29-de-junio-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-y-bendicion-de-los-palios-para-los-nuevos-metropolitanos-en-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-29-de-junio-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Santa Misa y bendici\u00f3n de los palios para los nuevos metropolitanos en la solemnidad de san Pedro y san Pablo (29 de junio de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2015\/20150629-libretto-sant-petro-paolo.pdf\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA Y BENDICI&Oacute;N DE LOS PALIOS <br \/> PARA LOS NUEVOS METROPOLITANOS <br \/> EN LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO<\/font><\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Lunes 29 de junio de 2015<\/i><\/font><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> [<b><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/6\/29\/santamessa.html\">Multimedia<\/a><\/b>]<\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" \/> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La lectura tomada de los Hechos de los Ap&oacute;stoles nos habla de la primera comunidad cristiana acosada por la persecuci&oacute;n. Una comunidad duramente perseguida por Herodes que &laquo;hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan&raquo; y &laquo;decidi&oacute; detener a Pedro\u2026 Mand&oacute; prenderlo y meterlo en la c&aacute;rcel&raquo; (12,2-4).<\/p>\n<p>Sin embargo, no quisiera detenerme en las atroces, inhumanas e inexplicables persecuciones, que desgraciadamente perduran todav&iacute;a hoy en muchas partes del mundo, a menudo bajo la mirada y el silencio de todos. En cambio, hoy quisiera venerar la valent&iacute;a de los Ap&oacute;stoles y de la primera comunidad cristiana, la valent&iacute;a para llevar adelante la obra de la evangelizaci&oacute;n, sin miedo a la muerte y al martirio, en el contexto social del imperio pagano; venerar su vida cristiana que para nosotros creyentes de hoy constituye <i>una fuerte llamada a la oraci&oacute;n, a la fe y al testimonio.<\/i><\/p>\n<p><i>Una llamada a la oraci&oacute;n<\/i>. La comunidad era una Iglesia en oraci&oacute;n: &laquo;Mientras Pedro estaba en la c&aacute;rcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por &eacute;l&raquo; (<i>Hch<\/i> 12,5). Y si pensamos en Roma, las catacumbas no eran lugares donde huir de las persecuciones sino, sobre todo, lugares de oraci&oacute;n, donde santificar el domingo y elevar, desde el seno de la tierra, una adoraci&oacute;n a Dios que no olvida nunca a sus hijos.<\/p>\n<p>La comunidad de Pedro y de Pablo nos ense&ntilde;a que una Iglesia en oraci&oacute;n es una iglesia en pie, s&oacute;lida, en camino. Un cristiano que reza es un cristiano protegido, custodiado y sostenido, pero sobre todo no est&aacute; solo.<\/p>\n<p>Y sigue la primera lectura: &laquo;Estaba Pedro durmiendo\u2026 Los centinelas hac&iacute;an guardia a la puerta de la c&aacute;rcel. De repente, se present&oacute; el &aacute;ngel del Se&ntilde;or, y se ilumin&oacute; la celda. Toc&oacute; a Pedro en el hombro\u2026 Las cadenas se le cayeron de las manos&raquo; (<i>Hch <\/i>12,6-7).<\/p>\n<p>&iquest;Pensamos en cu&aacute;ntas veces ha escuchado el Se&ntilde;or nuestra oraci&oacute;n envi&aacute;ndonos <i> un &Aacute;ngel?<\/i> Ese &Aacute;ngel que inesperadamente nos sale al encuentro para sacarnos de situaciones complicadas, para arrancarnos del poder de la muerte y del maligno, para indicarnos el camino cuando nos extraviamos, para volver a encender en nosotros la llama de la esperanza, para hacernos una caricia, para consolar nuestro coraz&oacute;n destrozado, para despertarnos del sue&ntilde;o existencial, o simplemente para decirnos: &laquo;No est&aacute;s solo&raquo;.<\/p>\n<p>&iexcl;Cu&aacute;ntos &aacute;ngeles pone el Se&ntilde;or en nuestro camino! Pero nosotros, por miedo, incredulidad o incluso por euforia, los dejamos fuera, como le sucedi&oacute; a Pedro cuando llam&oacute; a la puerta de una casa y una sirvienta llamada Rosa, al reconocer su voz, se alegr&oacute; tanto, que no le abri&oacute; la puerta (cf. <i>Hch <\/i>12,13-14).<\/p>\n<p>Ninguna comunidad cristiana puede ir adelante sin el apoyo de la oraci&oacute;n perseverante, la oraci&oacute;n que es el encuentro con Dios, con Dios que nunca falla, con Dios fiel a su palabra, con Dios que no abandona a sus hijos. Jes&uacute;s se preguntaba: &laquo;Dios, &iquest;no har&aacute; justicia a sus elegidos que le gritan d&iacute;a y noche?&raquo; (<i>Lc <\/i>18,7). En la oraci&oacute;n, el creyente expresa su fe, su confianza, y Dios expresa su cercan&iacute;a, tambi&eacute;n mediante el don de los &Aacute;ngeles, sus mensajeros.<\/p>\n<p><i>Una llamada a la fe<\/i>. En la segunda lectura, San Pablo escribe a Timoteo: &laquo;Pero el Se&ntilde;or me ayud&oacute; y me dio fuerzas para anunciar &iacute;ntegro el mensaje\u2026 &Eacute;l me libr&oacute; de la boca del le&oacute;n. El Se&ntilde;or seguir&aacute; libr&aacute;ndome de todo mal, me salvar&aacute; y me llevar&aacute; a su reino del cielo&raquo; (<i>2 Tm <\/i>4,17-18). Dios no saca a sus hijos del mundo o del mal, sino que les da fuerza para vencerlos. Solamente quien cree puede decir de verdad: &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor, nada me falta&raquo; (<i>Sal <\/i>23,1).<\/p>\n<p>Cu&aacute;ntas fuerzas, a lo largo de la historia, ha intentado \u2013y siguen intentando\u2013 acabar con la Iglesia, desde fuera y desde dentro, pero todas ellas pasan y la Iglesia sigue viva y fecunda, inexplicablemente a salvo para que, como dice san Pablo, pueda aclamar: &laquo;A &Eacute;l la gloria por los siglos de los siglos&raquo; (<i>2 Tm <\/i> 4,18).<\/p>\n<p>Todo pasa, solo Dios permanece. Han pasado reinos, pueblos, culturas, naciones, ideolog&iacute;as, potencias, pero la Iglesia, fundada sobre Cristo, a trav&eacute;s de tantas tempestades y a pesar de nuestros muchos pecados, permanece fiel al dep&oacute;sito de la fe en el servicio, porque la Iglesia no es de los Papas, de los obispos, de los sacerdotes y tampoco de los fieles, es &uacute;nica y exclusivamente de Cristo. Solo quien vive en Cristo promueve y defiende a la Iglesia con la santidad de vida, a ejemplo de Pedro y Pablo.<\/p>\n<p>Los creyentes en el nombre de Cristo han resucitado a muertos, han curado enfermos, han amado a sus perseguidores, han demostrado que no existe fuerza capaz de derrotar a quien tiene la fuerza de la fe.<\/p>\n<p><i>Una llamada al testimonio<\/i>. Pedro y Pablo, como todos los Ap&oacute;stoles de Cristo que en su vida terrena han hecho fecunda a la Iglesia con su sangre, han bebido el c&aacute;liz del Se&ntilde;or, y se han hecho amigos de Dios.<\/p>\n<p>Pablo, con un tono conmovedor, escribe a Timoteo: &laquo;Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Se&ntilde;or, juez justo, me premiar&aacute; en aquel d&iacute;a; y no s&oacute;lo a m&iacute;, sino a todos los que tienen amor a su venida&raquo; (<i>2 Tm <\/i>4,6-8). <\/p>\n<p>Una Iglesia o un cristiano sin testimonio es est&eacute;ril, un muerto que cree estar vivo, un &aacute;rbol seco que no da fruto, un pozo seco que no tiene agua. La Iglesia ha vencido al mal gracias al testimonio valiente, concreto y humilde de sus hijos. Ha vencido al mal gracias a la proclamaci&oacute;n convencida de Pedro: &laquo;T&uacute; eres el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios vivo&raquo;, y a la promesa eterna de Jes&uacute;s (cf. <i>Mt <\/i> 16,13-18).<\/p>\n<p>Queridos Arzobispos, el palio que hoy recib&iacute;s es un signo que representa la oveja que el pastor lleva sobre sus hombros como Cristo, Buen Pastor, y por tanto es un s&iacute;mbolo de vuestra tarea pastoral, es un &laquo;signo lit&uacute;rgico de la comuni&oacute;n que une a la Sede de Pedro y su Sucesor con los metropolitanos y, a trav&eacute;s de ellos, con los dem&aacute;s obispos del mundo&raquo; &nbsp;(Benedicto XVI, <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/angelus\/2005\/documents\/hf_ben-xvi_ang_20050629_sts-peter-paul.html\"> <i>Angelus,<\/i> 29 junio 2005<\/a>).<\/p>\n<p>Hoy, junto con el palio, quisiera confiaros esta llamada a la oraci&oacute;n, a la fe y al testimonio.<\/p>\n<p>La Iglesia os quiere hombres de oraci&oacute;n, maestros de oraci&oacute;n, que ense&ntilde;&eacute;is al pueblo que os ha sido confiado por el Se&ntilde;or que la liberaci&oacute;n de toda cautividad es solamente obra de Dios y fruto de la oraci&oacute;n, que Dios, en el momento oportuno, env&iacute;a a su &aacute;ngel para salvarnos de las muchas esclavitudes y de las innumerables cadenas mundanas. Tambi&eacute;n vosotros sed &aacute;ngeles y mensajeros de caridad para los m&aacute;s necesitados.<\/p>\n<p>La Iglesia os quiere hombres de fe, maestros de fe, que ense&ntilde;&eacute;is a los fieles a no tener miedo de los muchos Herodes que los afligen con persecuciones, con cruces de todo tipo. Ning&uacute;n Herodes es capaz de apagar la luz de la esperanza, de la fe y de la caridad de quien cree en Cristo.<\/p>\n<p>La Iglesia os quiere hombres de testimonio. Dec&iacute;a san Francisco a sus hermanos: <i>Predicad siempre el Evangelio y, si fuera necesario, tambi&eacute;n con las palabras <\/i>(cf. <i>Fuentes franciscanas<\/i>, 43). No hay testimonio sin una vida coherente. Hoy no se necesita tanto maestros, sino testigos valientes, convencidos y convincentes, testigos que no se averg&uuml;encen del Nombre de Cristo y de su Cruz ni ante leones rugientes ni ante las potencias de este mundo, a ejemplo de Pedro y Pablo y de tantos otros testigos a lo largo de toda la historia de la Iglesia, testigos que, aun perteneciendo a diversas confesiones cristianas, han contribuido a manifestar y a hacer crecer el &uacute;nico Cuerpo de Cristo. Me complace subrayarlo en la presencia \u2013que siempre acogemos con mucho agrado\u2013 de la Delegaci&oacute;n del Patriarcado Ecum&eacute;nico de Constantinopla, enviada por el querido hermano Bartolom&eacute; I.<\/p>\n<p>Es muy sencillo: porque el testimonio m&aacute;s eficaz y m&aacute;s aut&eacute;ntico consiste en no contradecir con el comportamiento y con la vida lo que se predica con la palabra y lo que se ense&ntilde;a a los otros.<\/p>\n<p><i>Ense&ntilde;ad a rezar rezando, anunciad la fe creyendo, dad testimonio con la vida.<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA Y BENDICI&Oacute;N DE LOS PALIOS PARA LOS NUEVOS METROPOLITANOS EN LA SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica Vaticana Lunes 29 de junio de 2015 [Multimedia] &nbsp; La lectura tomada de los Hechos de los Ap&oacute;stoles nos habla de la primera comunidad cristiana acosada por la persecuci&oacute;n. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-y-bendicion-de-los-palios-para-los-nuevos-metropolitanos-en-la-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-29-de-junio-de-2015-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSanta Misa y bendici\u00f3n de los palios para los nuevos metropolitanos en la solemnidad de san Pedro y san Pablo (29 de junio de 2015) (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41219","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41219","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41219"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41219\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41219"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41219"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41219"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}