{"id":41230,"date":"2016-10-06T15:32:01","date_gmt":"2016-10-06T20:32:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-para-los-fieles-de-rito-armenio-12-de-abril-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:32:01","modified_gmt":"2016-10-06T20:32:01","slug":"santa-misa-para-los-fieles-de-rito-armenio-12-de-abril-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-para-los-fieles-de-rito-armenio-12-de-abril-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Santa Misa para los fieles de rito armenio (12 de abril de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2015\/20150412-libretto-messa-armeni.pdf\">SANTA MISA PARA LOS FIELES DE RITO ARMENIO<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> II Domingo de Pascua (o de la Divina Misericordia), 12 de abril de 2015<\/i><\/font><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> [<b><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/4\/12\/divinamisericordia.html\">Multimedia<\/a><\/b>]<\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" \/> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\" color=\"#663300\">SALUDO DEL SANTO PADRE AL INICIO DE LA SANTA MISA <\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas armenios, <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>En varias ocasiones he definido este tiempo como un tiempo de guerra, como una tercera guerra mundial \u201cpor partes\u201d, en la que asistimos cotidianamente a cr&iacute;menes atroces, a sangrientas masacres y a la locura de la destrucci&oacute;n. Desgraciadamente todav&iacute;a hoy o&iacute;mos el grito angustiado y desamparado de muchos hermanos y hermanas indefensos, que a causa de su fe en Cristo o de su etnia son p&uacute;blica y cruelmente asesinados \u2013decapitados, crucificados, quemados vivos\u2013, o bien obligados a abandonar su tierra.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n hoy estamos viviendo una especie de genocidio causado por la indiferencia general y colectiva, por el silencio c&oacute;mplice de Ca&iacute;n que clama: &laquo;&iquest;A m&iacute; qu&eacute; me importa?&raquo;, &laquo;&iquest;Soy yo el guardi&aacute;n de mi hermano?&raquo; (<i>Gn<\/i> 4,9; <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2014\/documents\/papa-francesco_20140913_omelia-sacrario-militare-redipuglia.html\"> <i> Homil&iacute;a en Redipuglia<\/i>, 13 de septiembre de 2014<\/a>).<\/p>\n<p>La humanidad conoci&oacute; en el siglo pasado tres grandes tragedias inauditas: la primera, que generalmente es considerada como &laquo;el primer genocidio del siglo XX&raquo; (Juan Pablo II y Karekin II, <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/2001\/september\/documents\/hf_jp-ii_spe_20010927_decl-jp-ii-karekin-ii.html\"> <i>Declaraci&oacute;n conjunta, <\/i>Etchmiazin, 27 de septiembre de 2001<\/a>), afligi&oacute; a vuestro pueblo armenio \u2013primera naci&oacute;n cristiana\u2013, junto a los sirios cat&oacute;licos y ortodoxos, los asirios, los caldeos y los griegos. Fueron asesinados obispos, sacerdotes, religiosos, mujeres, hombres, ancianos e incluso ni&ntilde;os y enfermos indefensos. Las otras dos fueron perpetradas por el nazismo y el estalinismo. Y m&aacute;s recientemente ha habido otros exterminios masivos, como los de Camboya, Ruanda, Burundi, Bosnia. Y, sin embargo, parece que la humanidad no consigue dejar de derramar sangre inocente. Parece que el entusiasmo que surgi&oacute; al final de la segunda guerra mundial est&aacute; desapareciendo y disolvi&eacute;ndose. Da la impresi&oacute;n de que la familia humana no quiere aprender de sus errores, causados por la ley del terror; y as&iacute; a&uacute;n hoy hay quien intenta acabar con sus semejantes, con la colaboraci&oacute;n de algunos y con el silencio c&oacute;mplice de otros que se convierten en espectadores. No hemos aprendido todav&iacute;a que &laquo;la guerra es una locura, una masacre in&uacute;til&raquo; (cf. <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/homilies\/2014\/documents\/papa-francesco_20140913_omelia-sacrario-militare-redipuglia.html\"> <i>Homil&iacute;a en Redipuglia<\/i>, 13 de septiembre de 2014<\/a>).<\/p>\n<p>Queridos fieles armenios, hoy recordamos, con el coraz&oacute;n traspasado de dolor, pero lleno de esperanza en el Se&ntilde;or Resucitado, el centenario de aquel tr&aacute;gico hecho, de aquel exterminio terrible y sin sentido, que vuestros antepasados padecieron cruelmente. Es necesario recordarlos, es m&aacute;s, es obligado recordarlos, porque donde se pierde la <i>memoria<\/i> quiere decir que el mal mantiene a&uacute;n la herida abierta; esconder o negar el mal es como dejar que una herida siga sangrando sin curarla.<\/p>\n<p>Os saludo con afecto y os agradezco vuestro testimonio.<\/p>\n<p>Saludo y agradezco la presencia del se&ntilde;or Ser\u017e Sargsyan, Presidente de la Rep&uacute;blica de Armenia. <\/p>\n<p>Saludo cordialmente tambi&eacute;n a mis hermanos Patriarcas y Obispos: Su Santidad Karekin II, Patriarca supremo y Catolic&oacute;s de todos los armenios; Su Santidad Aram I, Catolic&oacute;s de la Gran Casa de Cilicia; Su Beatitud Nerses Bedros XIX, Patriarca de Cilicia de los Armenios Cat&oacute;licos; los dos Catolicosados de la Iglesia Apost&oacute;lica Armenia y el Patriarcado de la Iglesia Armenio-Cat&oacute;lica. <\/p>\n<p>Con la firme certeza de que el mal nunca proviene de Dios, infinitamente Bueno, y firmes en la fe, profesamos que la crueldad nunca puede ser atribuida a la obra de Dios y, adem&aacute;s, no debe encontrar, en ning&uacute;n modo, en su santo Nombre justificaci&oacute;n alguna. Vivamos juntos esta celebraci&oacute;n con los ojos fijos en Jesucristo Resucitado, Vencedor de la muerte y del mal.<\/p>\n<p><font color=\"#663300\"> <\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" \/> <\/font> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>San Juan, que estaba presente en el Cen&aacute;culo con los otros disc&iacute;pulos al anochecer del primer d&iacute;a de la semana, cuenta c&oacute;mo Jes&uacute;s entr&oacute;, se puso en medio y les dijo: &laquo;Paz a vosotros&raquo;, y &laquo;les ense&ntilde;&oacute; las manos y el costado&raquo; (20,19-20), les mostr&oacute; sus llagas. As&iacute; ellos se dieron cuenta de que no era una visi&oacute;n, era &Eacute;l, el Se&ntilde;or, y se llenaron de alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>Ocho d&iacute;as despu&eacute;s, Jes&uacute;s entr&oacute; de nuevo en el Cen&aacute;culo y mostr&oacute; las llagas a Tom&aacute;s, para que las tocase como &eacute;l quer&iacute;a, para que creyese y se convirtiese en testigo de la Resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n a nosotros, hoy, en este Domingo que san Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, el Se&ntilde;or nos muestra, por medio del Evangelio, sus llagas. Son <i>llagas<\/i> <i>de<\/i> <i>misericordia<\/i>. Es verdad: las llagas de Jes&uacute;s son llagas de misericordia. &laquo;Por sus llagas fuimos sanados&raquo; (<i>Is<\/i> 53,5).<\/p>\n<p>Jes&uacute;s nos invita a mirar sus llagas, nos invita a tocarlas, como a Tom&aacute;s, para sanar nuestra incredulidad. Nos invita, sobre todo, a entrar en el misterio de sus llagas, que es el misterio de su amor misericordioso.<\/p>\n<p>A trav&eacute;s de ellas, como por una brecha luminosa, podemos ver todo el misterio de Cristo y de Dios: su Pasi&oacute;n, su vida terrena \u2013llena de compasi&oacute;n por los m&aacute;s peque&ntilde;os y los enfermos\u2013, su encarnaci&oacute;n en el seno de Mar&iacute;a. Y podemos recorrer hasta sus or&iacute;genes toda la historia de la salvaci&oacute;n: las profec&iacute;as \u2013especialmente la del Siervo de Yahv&eacute;\u2013, los Salmos, la Ley y la alianza, hasta la liberaci&oacute;n de Egipto, la primera pascua y la sangre de los corderos sacrificados; e incluso hasta los patriarcas Abrah&aacute;n, y luego, en la noche de los tiempos, hasta Abel y su sangre que grita desde la tierra. Todo esto lo podemos verlo a trav&eacute;s de las llagas de Jes&uacute;s Crucificado y Resucitado y, como Mar&iacute;a en el <i>Magnificat<\/i>, podemos reconocer que &laquo;su misericordia llega a sus fieles de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n&raquo; (<i>Lc<\/i> 1,50).<\/p>\n<p>Ante los tr&aacute;gicos acontecimientos de la historia humana, nos sentimos a veces abatidos, y nos preguntamos: &laquo;&iquest;Por qu&eacute;?&raquo;. La maldad humana puede abrir en el mundo abismos, grandes vac&iacute;os: vac&iacute;os de amor, vac&iacute;os de bien, vac&iacute;os de vida. Y nos preguntamos: &iquest;C&oacute;mo podemos salvar estos abismos? Para nosotros es imposible; s&oacute;lo Dios puede colmar estos vac&iacute;os que el mal abre en nuestro coraz&oacute;n y en nuestra historia. Es Jes&uacute;s, que se hizo hombre y muri&oacute; en la cruz, quien llena el abismo del pecado con el abismo de su misericordia.<\/p>\n<p>San Bernardo, en su comentario al Cantar de los Cantares (Disc. 61,3-5; <i>Opera omnia <\/i>2,150-151), se detiene justamente en el misterio de las llagas del Se&ntilde;or, usando expresiones fuertes, atrevidas, que nos hace bien recordar hoy. Dice &eacute;l que &laquo;las heridas que su cuerpo recibi&oacute; nos dejan ver los secretos de su coraz&oacute;n; nos dejan ver el gran misterio de piedad, nos dejan ver la entra&ntilde;able misericordia de nuestro Dios&raquo;.<\/p>\n<p>Es este, hermanos y hermanas, el camino que Dios nos ha abierto para que podamos salir, finalmente, de la esclavitud del mal y de la muerte, y entrar en la tierra de la vida y de la paz. Este Camino es &Eacute;l, Jes&uacute;s, Crucificado y Resucitado, y especialmente lo son sus llagas llenas de misericordia.<\/p>\n<p>Los Santos nos ense&ntilde;an que el mundo se cambia a partir de la conversi&oacute;n de nuestros corazones, y esto es posible gracias a la misericordia de Dios. Por eso, ante mis pecados o ante las grandes tragedias del mundo, &laquo;me remorder&aacute; mi conciencia, pero no perder&eacute; la paz, porque me acordar&eacute; de las llagas del Se&ntilde;or. &Eacute;l, en efecto, \u201cfue traspasado por nuestras rebeliones\u201d (<i>Is<\/i> 53,5). &iquest;Qu&eacute; hay tan mort&iacute;fero que no haya sido destruido por la muerte de Cristo?&raquo; (<i>ib&iacute;d<\/i>.).<\/p>\n<p>Con los ojos fijos en las llagas de Jes&uacute;s Resucitado, cantemos con la Iglesia: &laquo;Eterna es su misericordia&raquo; (<i>Sal<\/i> 117,2). Y con estas palabras impresas en el coraz&oacute;n, recorramos los caminos de la historia, de la mano de nuestro Se&ntilde;or y Salvador, nuestra vida y nuestra esperanza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA LOS FIELES DE RITO ARMENIO Bas&iacute;lica Vaticana II Domingo de Pascua (o de la Divina Misericordia), 12 de abril de 2015 [Multimedia] &nbsp; SALUDO DEL SANTO PADRE AL INICIO DE LA SANTA MISA &nbsp; Queridos hermanos y hermanas armenios, queridos hermanos y hermanas: En varias ocasiones he definido este tiempo como un &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/santa-misa-para-los-fieles-de-rito-armenio-12-de-abril-de-2015-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSanta Misa para los fieles de rito armenio (12 de abril de 2015) (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41230","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41230","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41230"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41230\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41230"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41230"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41230"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}