{"id":41232,"date":"2016-10-06T15:32:04","date_gmt":"2016-10-06T20:32:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vigilia-pascual-en-la-noche-santa-4-de-abril-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:32:04","modified_gmt":"2016-10-06T20:32:04","slug":"vigilia-pascual-en-la-noche-santa-4-de-abril-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vigilia-pascual-en-la-noche-santa-4-de-abril-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Vigilia pascual en la noche santa (4 de abril de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2015\/20150405-libretto-pasqua.pdf\">VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> S&aacute;bado Santo 4 de abril de 2015<\/i><\/font><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><b> [<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/4\/4\/vegliapasqua.html\">Multimedia<\/a>]<\/b><\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" dir=\"ltr\" \/> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta noche es noche de vigilia.<\/p>\n<p>El Se&ntilde;or no duerme, vela el guardi&aacute;n de su pueblo (cf. <i>Sal<\/i> 121,4), para sacarlo de la esclavitud y para abrirle el camino de la libertad.<\/p>\n<p>El Se&ntilde;or vela y, con la fuerza de su amor, hace pasar al pueblo a trav&eacute;s del Mar Rojo; y hace pasar a Jes&uacute;s a trav&eacute;s del abismo de la muerte y de los infiernos.<\/p>\n<p>Esta fue una noche de vela para los disc&iacute;pulos y las disc&iacute;pulas de Jes&uacute;s. Noche de dolor y de temor. Los hombres permanecieron cerrados en el Cen&aacute;culo. Las mujeres, sin embargo, al alba del d&iacute;a siguiente al s&aacute;bado, fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jes&uacute;s. Sus corazones estaban llenos de emoci&oacute;n y se preguntaban: &laquo;&iquest;C&oacute;mo haremos para entrar?, &iquest;qui&eacute;n nos remover&aacute; la piedra de la tumba?&#8230;&raquo;. Pero he aqu&iacute; el primer signo del Acontecimiento: la gran piedra <i>ya hab&iacute;a sido removida<\/i>, y la tumba estaba abierta.<\/p>\n<p>&laquo;Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco&raquo; (<i>Mc<\/i> 16,5). Las mujeres fueron las primeras que vieron este gran signo: el sepulcro vac&iacute;o; y fueron las primeras en entrar.<\/p>\n<p>&laquo;Entraron en el sepulcro&raquo;. En esta noche de vigilia, nos viene bien detenernos a reflexionar sobre la experiencia de las disc&iacute;pulas de Jes&uacute;s, que tambi&eacute;n nos interpela a nosotros. Efectivamente, para eso estamos aqu&iacute;: para entrar, para <i>entrar en el misterio<\/i> que Dios ha realizado con su vigilia de amor.<\/p>\n<p>No se puede vivir la Pascua sin entrar en el misterio. No es un hecho intelectual, no es s&oacute;lo conocer, leer&#8230; Es m&aacute;s, es mucho m&aacute;s.<\/p>\n<p>&laquo;Entrar en el misterio&raquo; significa capacidad de asombro, de contemplaci&oacute;n; capacidad de escuchar el silencio y sentir el susurro de ese hilo de silencio sonoro en el que Dios nos habla (cf. <i>1 Re<\/i> 19,12).<\/p>\n<p>Entrar en el misterio nos exige no tener miedo de la realidad: no cerrarse en s&iacute; mismos, no huir ante lo que no entendemos, no cerrar los ojos frente a los problemas, no negarlos, no eliminar los interrogantes&#8230;<\/p>\n<p>Entrar en el misterio significa ir m&aacute;s all&aacute; de las c&oacute;modas certezas, m&aacute;s all&aacute; de la pereza y la indiferencia que nos frenan, y ponerse en busca de la verdad, la belleza y el amor, buscar un sentido no ya descontado, una respuesta no trivial a las cuestiones que ponen en crisis nuestra fe, nuestra fidelidad y nuestra raz&oacute;n.<\/p>\n<p>Para entrar en el misterio se necesita humildad, la humildad de abajarse, de apearse del pedestal de nuestro yo, tan orgulloso, de nuestra presunci&oacute;n; la humildad para redimensionar la propia estima, reconociendo lo que realmente somos: criaturas con virtudes y defectos, pecadores necesitados de perd&oacute;n. Para entrar en el misterio hace falta este abajamiento, que es impotencia, vaciamiento&nbsp; de las propias idolatr&iacute;as&#8230; adoraci&oacute;n. Sin adorar no se puede entrar en el misterio.<\/p>\n<p>Todo esto nos ense&ntilde;an las mujeres disc&iacute;pulas de Jes&uacute;s. Velaron aquella noche, junto a la Madre. Y ella, la Virgen Madre, les ayud&oacute; a no perder la fe y la esperanza. As&iacute;, no permanecieron prisioneras del miedo y del dolor, sino que salieron con las primeras luces del alba, llevando en las manos sus ung&uuml;entos y con el coraz&oacute;n ungido de amor. Salieron y encontraron la tumba abierta. Y entraron. Velaron, salieron y entraron en el misterio. Aprendamos de ellas a velar con Dios y con Mar&iacute;a, nuestra Madre, para entrar en el misterio que nos hace pasar de la muerte a la vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica Vaticana S&aacute;bado Santo 4 de abril de 2015 [Multimedia] &nbsp; Esta noche es noche de vigilia. El Se&ntilde;or no duerme, vela el guardi&aacute;n de su pueblo (cf. Sal 121,4), para sacarlo de la esclavitud y para abrirle el camino de la libertad. 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