{"id":41242,"date":"2016-10-06T15:32:18","date_gmt":"2016-10-06T20:32:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/consistorio-ordinario-publico-para-la-creacion-de-nuevos-cardenales-14-de-febrero-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:32:18","modified_gmt":"2016-10-06T20:32:18","slug":"consistorio-ordinario-publico-para-la-creacion-de-nuevos-cardenales-14-de-febrero-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/consistorio-ordinario-publico-para-la-creacion-de-nuevos-cardenales-14-de-febrero-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Consistorio Ordinario P\u00fablico para la creaci\u00f3n de nuevos cardenales (14 de febrero de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2015\/20150214-libretto-concistoro-creazione.pdf\">CONSISTORIO ORDINARIO P&Uacute;BLICO PARA LA CREACI&Oacute;N DE NUEVOS CARDENALES<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">CAPILLA PAPAL<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> S&aacute;bado 14 de febrero de 2015<\/i><\/font><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><b> [<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/2\/14\/concistoro.html\">Multimedia<\/a>]<\/b><\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" dir=\"ltr\" \/> <\/font><\/p>\n<p align=\"left\" dir=\"ltr\"><font color=\"#663300\"><\/font><\/p>\n<p><i>Queridos hermanos cardenales<\/i><\/p>\n<p>El cardenalato ciertamente es una dignidad, pero no una distinci&oacute;n honor&iacute;fica. Ya el mismo nombre de &laquo;cardenal&raquo;, que remite a la palabra latina &laquo;<i>cardo &#8211; <\/i>quicio&raquo;, nos lleva a pensar, no en algo accesorio o decorativo, como una condecoraci&oacute;n, sino en un perno, un punto de apoyo y un eje esencial para la vida de la comunidad. Sois &laquo;quicios&raquo; y est&aacute;is <i>incardinados<\/i> en la Iglesia de Roma, que &laquo;<i>preside toda la comunidad de la caridad&raquo; <\/i>(Conc. Ecum. Vat. II, Const. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 13; cf. Ign. Ant., <i>Ad Rom.<\/i>, Pr&oacute;logo).<\/p>\n<p>En la Iglesia, toda presidencia proviene de la caridad, se desarrolla en la caridad y tiene como fin la caridad. La Iglesia que est&aacute; en Roma tiene tambi&eacute;n en esto un papel ejemplar: al igual que ella preside en la caridad, toda Iglesia particular, en su &aacute;mbito, est&aacute; llamada a presidir en la caridad.<\/p>\n<p>Por eso creo que el &laquo;himno a la caridad&raquo;, de la primera carta de san Pablo a los Corintios, puede servir de pauta para esta celebraci&oacute;n y para vuestro ministerio, especialmente para los que desde este momento entran a formar parte del Colegio Cardenalicio. Ser&aacute; bueno que todos, yo en primer lugar y vosotros conmigo, nos dejemos guiar por las palabras inspiradas del ap&oacute;stol Pablo, en particular aquellas con las que describe las caracter&iacute;sticas de la caridad. Que Mar&iacute;a nuestra Madre nos ayude en esta escucha. Ella dio al mundo a Aquel que es &laquo;el camino m&aacute;s excelente&raquo; (cf. <i>1 Co<\/i> 12,31): Jes&uacute;s, caridad encarnada; que nos ayude a acoger esta Palabra y a seguir siempre este camino. Que nos ayude con su actitud humilde y tierna de madre, porque la caridad, don de Dios, crece donde hay humildad y ternura.<\/p>\n<p>En primer lugar, san Pablo nos dice que la caridad es &laquo;<i>magn&aacute;nima<\/i>&raquo; y &laquo;<i>benevolente<\/i>&raquo;. Cuanto m&aacute;s crece la responsabilidad en el servicio de la Iglesia, tanto m&aacute;s hay que ensanchar el coraz&oacute;n, dilatarlo seg&uacute;n la medida del Coraz&oacute;n de Cristo. La <i> magnanimidad<\/i> es, en cierto sentido, sin&oacute;nimo de catolicidad: es saber amar sin l&iacute;mites, pero al mismo tiempo con fidelidad a las situaciones particulares y con gestos concretos. Amar lo que es grande, sin descuidar lo que es peque&ntilde;o; amar las cosas peque&ntilde;as en el horizonte de las grandes, porque &laquo;<i>non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo divinum est<\/i>&raquo;. Saber amar con gestos de bondad. La <i>benevolencia<\/i> es la intenci&oacute;n firme y constante de querer el bien, siempre y para todos, incluso para los que no nos aman.<\/p>\n<p>A continuaci&oacute;n, el ap&oacute;stol dice que la caridad &laquo;<i>no tiene envidia; no presume; no se engr&iacute;e<\/i>&raquo;. Esto es realmente un milagro de la caridad, porque los seres humanos \u2013todos, y en todas las etapas de la vida\u2013 tendemos a la envidia y al orgullo a causa de nuestra naturaleza herida por el pecado. Tampoco las dignidades eclesi&aacute;sticas est&aacute;n inmunes a esta tentaci&oacute;n. Pero precisamente por eso, queridos hermanos, puede resaltar todav&iacute;a m&aacute;s en nosotros la fuerza divina de la caridad, que transforma el coraz&oacute;n, de modo que ya no eres t&uacute; el que vive, sino que Cristo vive en ti. Y Jes&uacute;s es todo amor.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s, la caridad &laquo;<i>no es mal educada ni ego&iacute;sta<\/i>&raquo;. Estos dos rasgos revelan que quien vive en la caridad est&aacute; des-centrado de s&iacute; mismo. El que est&aacute; auto-centrado carece de respeto, y muchas veces ni siquiera lo advierte, porque el &laquo;respeto&raquo; es la capacidad de tener en cuenta al otro, su dignidad, su condici&oacute;n, sus necesidades. El que est&aacute; auto-centrado busca inevitablemente su propio inter&eacute;s, y cree que esto es normal, casi un deber. Este &laquo;inter&eacute;s&raquo; puede estar cubierto de nobles apariencias, pero en el fondo se trata siempre de &laquo;inter&eacute;s personal&raquo;. En cambio, la caridad te des-centra y te pone en el verdadero centro, que es s&oacute;lo Cristo. Entonces s&iacute;, ser&aacute;s una persona respetuosa y preocupada por el bien de los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>La caridad, dice Pablo, &laquo;<i>no se irrita; no lleva cuentas del mal<\/i>&raquo;. Al pastor que vive en contacto con la gente no le faltan ocasiones para enojarse. Y tal vez entre nosotros, hermanos sacerdotes, que tenemos menos disculpa, el peligro de enojarnos sea mayor. Tambi&eacute;n de esto es la caridad, y s&oacute;lo ella, la que nos libra. Nos libra del peligro de reaccionar impulsivamente, de decir y hacer cosas que no est&aacute;n bien; y sobre todo nos libra del peligro mortal de la ira acumulada, &laquo;alimentada&raquo; dentro de ti, que te hace llevar cuentas del mal recibido. No. Esto no es aceptable en un hombre de Iglesia. Aunque es posible entender un enfado moment&aacute;neo que pasa r&aacute;pido, no as&iacute; el rencor. Que Dios nos proteja y libre de ello.<\/p>\n<p>La caridad, a&ntilde;ade el Ap&oacute;stol, &laquo;<i>no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad<\/i>&raquo;. El que est&aacute; llamado al servicio de gobierno en la Iglesia debe tener un fuerte sentido de la justicia, de modo que no acepte ninguna injusticia, ni siquiera la que podr&iacute;a ser beneficiosa para &eacute;l o para la Iglesia. Al mismo tiempo, &laquo;goza con la verdad&raquo;: &iexcl;Qu&eacute; hermosa es esta expresi&oacute;n! El hombre de Dios es aquel que est&aacute; fascinado por la verdad y la encuentra plenamente en la Palabra y en la Carne de Jesucristo. &Eacute;l es la fuente inagotable de nuestra alegr&iacute;a. Que el Pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad.<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, la caridad &laquo;<i>disculpa sin l&iacute;mites, cree sin l&iacute;mites, espera sin l&iacute;mites, aguanta sin l&iacute;mites<\/i>&raquo;. Aqu&iacute; hay, en cuatro palabras, todo un programa de vida espiritual y pastoral. El amor de Cristo, derramado en nuestros corazones por el Esp&iacute;ritu Santo, nos permite vivir as&iacute;, ser as&iacute;: personas capaces de perdonar siempre; de dar siempre confianza, porque estamos llenos de fe en Dios; capaces de infundir siempre esperanza, porque estamos llenos de esperanza en Dios; personas que saben soportar con paciencia toda situaci&oacute;n y a todo hermano y hermana, en uni&oacute;n con Jes&uacute;s, que llev&oacute; con amor el peso de todos nuestros pecados.<\/p>\n<p>Queridos hermanos, todo esto no viene de nosotros, sino de Dios. <i>Dios es amor<\/i> y lleva a cabo todo esto si somos d&oacute;ciles a la acci&oacute;n de su Santo Esp&iacute;ritu. Por tanto, as&iacute; es como tenemos que ser: <i>incardinados<\/i> y <i> d&oacute;ciles<\/i>. Cuanto m&aacute;s incardinados estamos en la Iglesia que est&aacute; en Roma, m&aacute;s d&oacute;ciles tenemos que ser al Esp&iacute;ritu, para que la caridad pueda dar forma y sentido a todo lo que somos y hacemos. Incardinados en la Iglesia que preside en la caridad, d&oacute;ciles al Esp&iacute;ritu Santo que derrama en nuestros corazones el amor de Dios (cf. <i>Rm<\/i> 5,5). Que as&iacute; sea.<\/p>\n<p align=\"left\" dir=\"ltr\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONSISTORIO ORDINARIO P&Uacute;BLICO PARA LA CREACI&Oacute;N DE NUEVOS CARDENALES CAPILLA PAPAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica Vaticana S&aacute;bado 14 de febrero de 2015 [Multimedia] Queridos hermanos cardenales El cardenalato ciertamente es una dignidad, pero no una distinci&oacute;n honor&iacute;fica. 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