{"id":41245,"date":"2016-10-06T15:32:22","date_gmt":"2016-10-06T20:32:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solemnidad-de-la-conversion-de-san-pablo-celebracion-de-las-visperas-25-de-enero-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:32:22","modified_gmt":"2016-10-06T20:32:22","slug":"solemnidad-de-la-conversion-de-san-pablo-celebracion-de-las-visperas-25-de-enero-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solemnidad-de-la-conversion-de-san-pablo-celebracion-de-las-visperas-25-de-enero-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Solemnidad de la Conversi\u00f3n de San Pablo &#8211; Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas (25 de enero de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2015\/20150125-libretto-conversione-sanpaolo.pdf\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS EN LA SOLEMNIDAD<br \/> DE LA CONVERSI&Oacute;N DE SAN PABLO AP&Oacute;STOL<\/font><\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de San Pablo Extramuros<br \/> Domingo 25 de enero de 2015<\/i><\/font><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"><b> [<a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/1\/25\/secondivespri.html\">Multimedia<\/a>]<\/b><\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" dir=\"ltr\" \/> <\/font>&nbsp;<\/p>\n<p>En viaje desde Judea a&nbsp;Galilea, Jes&uacute;s pas&oacute; por Samar&iacute;a. &Eacute;l no tiene ninguna dificultad en encontrarse con los samaritanos, considerados herejes, cism&aacute;ticos, separados de los jud&iacute;os. Su actitud nos da a entender que confrontarse con los que son diferentes de nosotros puede hacernos crecer. Jes&uacute;s, cansado del viaje, no duda en pedir de beber a la mujer samaritana. Su sed, lo sabemos, va mucho m&aacute;s all&aacute; de la sed f&iacute;sica: es tambi&eacute;n sed de encuentro, deseo de entablar un di&aacute;logo con aquella mujer, ofreci&eacute;ndole as&iacute; la posibilidad de un camino de conversi&oacute;n interior. Jes&uacute;s es paciente, respeta a la persona que tiene ante &eacute;l, se revela a ella gradualmente. Su ejemplo alienta&nbsp;a buscar una confrontaci&oacute;n pac&iacute;fica con el otro. Para entenderse y crecer en la caridad y en la verdad, es preciso&nbsp;detenerse, acogerse&nbsp;y escucharse. De este modo, se comienza ya a experimentar la unidad. La unidad se hace en el camino, nunca se queda parada. La unidad se hace caminando.<\/p>\n<p>La mujer&nbsp;de Sicar pregunta a Jes&uacute;s sobre el verdadero lugar de adoraci&oacute;n a Dios. Jes&uacute;s no toma partido en&nbsp;favor del monte o del templo, sino que va m&aacute;s all&aacute;, va a lo esencial, derribando todo muro de separaci&oacute;n. &Eacute;l se refiere a la verdad de la adoraci&oacute;n: &laquo;Dios es esp&iacute;ritu, y los que adoran deben hacerlo en esp&iacute;ritu y en verdad&raquo; (<i>Jn<\/i> 4,24). Muchas&nbsp;controversias entre los cristianos, heredadas del pasado, pueden superarse dejando de lado cualquier actitud pol&eacute;mica o apolog&eacute;tica, &nbsp;y tratando de comprender juntos en profundidad lo que nos une, es decir, la llamada a&nbsp;participar en el misterio del amor del Padre, revelado por el Hijo a trav&eacute;s del Esp&iacute;ritu Santo. La unidad de los cristianos \u2013estamos convencidos\u2013 no ser&aacute; el resultado de refinadas discusiones te&oacute;ricas, en las que cada uno tratar&aacute; de convencer al otro del fundamento de las propias opiniones. Vendr&aacute; el Hijo del hombre y todav&iacute;a nos encontrar&aacute; discutiendo. Debemos reconocer que, para llegar a las profundidades&nbsp;del misterio de Dios, nos necesitamos unos a otros, necesitamos encontrarnos y confrontarnos bajo la gu&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo, que armoniza la diversidad y supera los conflictos, reconcilia las diversidades.<\/p>\n<p>Poco a poco, la mujer samaritana entiende que quien le ha pedido de beber, puede saciarla. Jes&uacute;s se le presenta como la fuente de la que brota el agua viva que apaga para siempre su sed (cf. <i>Jn<\/i> 4,13-14). La existencia humana revela aspiraciones ilimitadas:&nbsp;la b&uacute;squeda de la verdad, la sed de amor, de justicia y libertad. Son&nbsp;deseos satisfechos s&oacute;lo en parte, porque desde lo m&aacute;s profundo de su ser el hombre se mueve hacia un &laquo;m&aacute;s&raquo;, un absoluto capaz de satisfacer su sed de manera definitiva. La respuesta a estas aspiraciones la da&nbsp;Dios en Jesucristo, en su misterio pascual. Del costado traspasado de Jes&uacute;s fluy&oacute; sangre y agua (cf. <i>Jn<\/i> 19,34): &Eacute;l es la fuente de la que brota el agua del Esp&iacute;ritu Santo, es decir, &laquo;el amor de Dios derramado en nuestros corazones&raquo; (<i>Rm<\/i> 5,5) el d&iacute;a del Bautismo. Por obra del Esp&iacute;ritu, nos hemos convertido en uno con Cristo, hijos en el Hijo, verdaderos adoradores del Padre. Este misterio de amor es la raz&oacute;n m&aacute;s profunda de unidad que une a todos los cristianos, y que es mucho m&aacute;s grande que las divisiones que se han producido a lo largo de la historia. Por esta raz&oacute;n, en la medida en que nos acercamos con humildad al Se&ntilde;or Jesucristo, nos acercamos tambi&eacute;n entre nosotros.<\/p>\n<p>El encuentro con&nbsp;Jes&uacute;s transforma a la mujer samaritana en una misionera. Al haber recibido un don m&aacute;s grande e importante que el agua del pozo, la mujer deja all&iacute; su c&aacute;ntaro (cf. <i>Jn<\/i> 4,28) y corre a decir a sus conciudadanos que ha encontrado al Cristo (cf. <i>Jn<\/i> 4,29). El encuentro con &eacute;l le ha devuelto&nbsp;el sentido y la alegr&iacute;a de vivir, y ella siente el deseo de comunicarlo. Hoy existe una multitud de hombres y mujeres cansados y sedientos, que nos piden a los cristianos que les demos de beber. Es una petici&oacute;n a la que no podemos sustraernos. En la llamada a&nbsp;ser evangelizadores, todas las Iglesias y Comunidades eclesiales encuentran un &aacute;mbito fundamental para una colaboraci&oacute;n m&aacute;s estrecha. Para llevar a cabo este cometido con eficacia, se ha de evitar cerrarse en los propios particularismos y exclusivismos, as&iacute; como imponer uniformidad seg&uacute;n los planes meramente humanos (cf. Exhort. ap., <i> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_exhortations\/documents\/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html\">Evangelii gaudium<\/a><\/i>, 131). El compromiso com&uacute;n de anunciar el Evangelio permite superar toda forma de proselitismo y la tentaci&oacute;n de la competici&oacute;n. Todos estamos al servicio del &uacute;nico y mismo Evangelio.<\/p>\n<p>En este momento de oraci&oacute;n por la unidad, quisiera recordar a nuestros m&aacute;rtires de hoy. Ellos dan testimonio de Jesucristo y son perseguidos y ejecutados por ser cristianos, sin que los persecutores hagan distinci&oacute;n entre las confesiones a las que pertenecen. Son cristianos, y por eso perseguidos. Esto es, hermanos y hermanas, el ecumenismo de la sangre.<\/p>\n<p>Con el recuerdo de este testimonio de nuestros m&aacute;rtires de hoy, y con&nbsp;esta gozosa certeza, dirijo mi saludo cordial y fraterno a Su Eminencia el Metropolita Gennadios, representante del Patriarcado Ecum&eacute;nico, a Su Gracia David Moxon, representante personal en Roma del Arzobispo de Canterbury, y a todos los representantes de las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales reunidos aqu&iacute; en la Fiesta de la Conversi&oacute;n de San&nbsp;Pablo. Adem&aacute;s, me complace saludar a los miembros de la Comisi&oacute;n Mixta para el di&aacute;logo teol&oacute;gico entre la Iglesia cat&oacute;lica y las Iglesias ortodoxas orientales, a quienes deseo un trabajo fruct&iacute;fero para la sesi&oacute;n plenaria que tendr&aacute; lugar los pr&oacute;ximos d&iacute;as en Roma. Saludo tambi&eacute;n a los estudiantes del <i>Ecumenical Institute of Bossey<\/i> y a los j&oacute;venes que se benefician de las becas ofrecidas por el Comit&eacute; de Colaboraci&oacute;n Cultural con las Iglesias ortodoxas, que act&uacute;a en el Consejo para la Promoci&oacute;n de la Unidad de los Cristianos.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n est&aacute;n hoy presentes aqu&iacute;&nbsp;religiosos y religiosas pertenecientes a diferentes Iglesias y Comunidades eclesiales, que han participado estos d&iacute;as en un encuentro ecum&eacute;nico, organizado por la Congregaci&oacute;n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost&oacute;lica, en colaboraci&oacute;n con el Consejo Pontificio para la Promoci&oacute;n de la Unidad de los Cristianos, con&nbsp;ocasi&oacute;n del A&ntilde;o de la vida consagrada. La vida religiosa, como profec&iacute;a del mundo futuro, est&aacute; llamada a ofrecer en nuestro tiempo el testimonio de esa&nbsp;comuni&oacute;n en Cristo que va m&aacute;s all&aacute; de toda diferencia, y que est&aacute; hecha de decisiones concretas de acogida y de di&aacute;logo. En consecuencia, la b&uacute;squeda de la unidad de los cristianos no puede ser prerrogativa s&oacute;lo de alguna persona o comunidad religiosa particularmente sensible a esta problem&aacute;tica. El conocimiento mutuo de las diferentes tradiciones de vida consagrada, y un fecundo intercambio de experiencias, puede ser &uacute;til para la vitalidad de todas las formas de vida religiosa en las diversas Iglesias y Comunidades eclesiales.<\/p>\n<p>Queridos&nbsp;hermanos y hermanas, hoy nosotros, que estamos sedientos de paz y fraternidad, invocamos con coraz&oacute;n confiado que el&nbsp;Padre celestial, por medio de Jesucristo, &uacute;nico Sacerdote y mediador, y por la intercesi&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, el ap&oacute;stol Pablo y todos los santos, nos d&eacute; el don de la plena comuni&oacute;n de todos los cristianos, para que pueda brillar &laquo;el sagrado misterio de la unidad de la Iglesia&raquo; (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, &nbsp;sobre el ecumenismo, 2), como signo e instrumento de reconciliaci&oacute;n para el mundo entero. As&iacute; sea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS EN LA SOLEMNIDAD DE LA CONVERSI&Oacute;N DE SAN PABLO AP&Oacute;STOL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica de San Pablo Extramuros Domingo 25 de enero de 2015 [Multimedia] &nbsp; En viaje desde Judea a&nbsp;Galilea, Jes&uacute;s pas&oacute; por Samar&iacute;a. &Eacute;l no tiene ninguna dificultad en encontrarse con los samaritanos, considerados herejes, cism&aacute;ticos, separados &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solemnidad-de-la-conversion-de-san-pablo-celebracion-de-las-visperas-25-de-enero-de-2015-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSolemnidad de la Conversi\u00f3n de San Pablo &#8211; Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas (25 de enero de 2015) (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41245","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41245","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41245"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41245\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41245"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41245"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41245"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}