{"id":41252,"date":"2016-10-06T15:32:38","date_gmt":"2016-10-06T20:32:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-1-de-enero-de-2015-video\/"},"modified":"2016-10-06T15:32:38","modified_gmt":"2016-10-06T20:32:38","slug":"solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-1-de-enero-de-2015-video","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-1-de-enero-de-2015-video\/","title":{"rendered":"Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios (1 de enero de 2015) (V\u00eddeo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2015\/20150101-libretto-maria-madre-di-dio.pdf\"> SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS<br \/> XLVII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> <em>Jueves<\/em><\/i><em> 1 de enero de 201<\/em><\/font><em><font color=\"#663300\">5<\/font><\/em><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> [<b><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/events\/event.dir.html\/content\/vaticanevents\/es\/2015\/1\/1\/santamessa.html\">Multimedia<\/a><\/b>]<\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"30%\" size=\"1\" \/> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Vuelven hoy a la mente las palabras con las que Isabel pronunci&oacute; su <i>bendici&oacute;n sobre la Virgen Santa<\/i>: &laquo;&iexcl;Bendita t&uacute; entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! &iquest;Qui&eacute;n soy yo para que me visite la madre de mi Se&ntilde;or?&raquo; (<i>Lc<\/i> 1,42-43).<\/p>\n<p>Esta bendici&oacute;n est&aacute; <i>en continuidad con la bendici&oacute;n sacerdotal<\/i> que Dios hab&iacute;a sugerido a Mois&eacute;s para que la transmitiese a Aar&oacute;n y a todo el pueblo: &laquo;El Se&ntilde;or te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Se&ntilde;or te muestre su rostro y te conceda la paz&raquo; (<i>Nm<\/i> 6,24-26). Con la celebraci&oacute;n de la solemnidad de Mar&iacute;a, la Santa Madre de Dios, la Iglesia nos recuerda que Mar&iacute;a es la primera destinataria de esta bendici&oacute;n. Se cumple en ella, pues ninguna otra criatura ha visto brillar sobre ella el rostro de Dios como Mar&iacute;a, que dio un rostro humano al Verbo eterno, para que todos lo puedan contemplar.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s de contemplar el rostro de Dios, tambi&eacute;n podemos alabarlo y glorificarlo como los pastores, que volvieron de Bel&eacute;n con un canto de acci&oacute;n de gracias despu&eacute;s de ver al ni&ntilde;o y a su joven madre (cf. <i>Lc<\/i> 2,16). Ambos estaban juntos, como lo estuvieron en el Calvario, porque <i>Cristo y su Madre son inseparables<\/i>: entre ellos hay una estrecha relaci&oacute;n, como la hay entre cada ni&ntilde;o y su madre. La carne de Cristo, que es el eje de la salvaci&oacute;n (Tertuliano), se ha tejido en el vientre de Mar&iacute;a (cf. <i>Sal<\/i> 139,13). Esa inseparabilidad encuentra tambi&eacute;n su expresi&oacute;n en el hecho de que Mar&iacute;a, elegida para ser la Madre del Redentor, ha compartido &iacute;ntimamente toda su misi&oacute;n, permaneciendo junto a su hijo hasta el final, en el Calvario.<\/p>\n<p>Mar&iacute;a est&aacute; tan unida a Jes&uacute;s porque &eacute;l le ha dado el conocimiento del coraz&oacute;n, el conocimiento de la fe, alimentada por la experiencia materna y el v&iacute;nculo &iacute;ntimo con su Hijo. La Sant&iacute;sima Virgen es la mujer de fe que dej&oacute; entrar a Dios en su coraz&oacute;n, en sus proyectos; es la creyente capaz de percibir en el don del Hijo el advenimiento de la &laquo;plenitud de los tiempos&raquo; (<i>Ga<\/i> 4,4), en el que Dios, eligiendo la v&iacute;a humilde de la existencia humana, entr&oacute; personalmente en el surco de la historia de la salvaci&oacute;n. Por eso no se puede entender a Jes&uacute;s sin su Madre.<\/p>\n<p><i>Cristo y la Iglesia<\/i> son igualmente inseparables, porque la Iglesia y Mar&iacute;a est&aacute;n siempre unidas y &eacute;ste es precisamente el misterio de la mujer en la comunidad eclesial, y no se puede entender la salvaci&oacute;n realizada por Jes&uacute;s sin considerar la maternidad de la Iglesia. Separar a Jes&uacute;s de la Iglesia ser&iacute;a introducir una &laquo;<i>dicotom&iacute;a absurda<\/i>&raquo;, como escribi&oacute; el beato <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/index_sp.htm\">Pablo VI<\/a> (cf. Exhort. ap. N. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/paul_vi\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 16). No se puede &laquo;amar a Cristo pero sin la Iglesia, escuchar a Cristo pero no a la Iglesia, estar en Cristo pero al margen de la Iglesia&raquo; (<i>ib&iacute;d<\/i>.). En efecto, la Iglesia, la gran familia de Dios, es la que nos lleva a Cristo. Nuestra fe no es una idea abstracta o una filosof&iacute;a, sino la relaci&oacute;n vital y plena con una persona: Jesucristo, el Hijo &uacute;nico de Dios que se hizo hombre, muri&oacute; y resucit&oacute; para salvarnos y vive entre nosotros. &iquest;D&oacute;nde lo podemos encontrar? Lo encontramos en la Iglesia, en nuestra Santa Madre Iglesia Jer&aacute;rquica. Es la Iglesia la que dice hoy: &laquo;Este es el Cordero de Dios&raquo;; es la Iglesia quien lo anuncia; es en la Iglesia donde Jes&uacute;s sigue haciendo sus gestos de gracia que son los sacramentos.<\/p>\n<p>Esta acci&oacute;n y la misi&oacute;n de la Iglesia expresa su <i>maternidad<\/i>. Ella es como una madre que custodia a Jes&uacute;s con ternura y lo da a todos con alegr&iacute;a y generosidad. Ninguna manifestaci&oacute;n de Cristo, ni siquiera la m&aacute;s m&iacute;stica, puede separarse de la carne y la sangre de la Iglesia, de la concreci&oacute;n hist&oacute;rica del Cuerpo de Cristo. Sin la Iglesia, Jesucristo queda reducido a una idea, una moral, un sentimiento. Sin la Iglesia, nuestra relaci&oacute;n con Cristo estar&iacute;a a merced de nuestra imaginaci&oacute;n, de nuestras interpretaciones, de nuestro estado de &aacute;nimo.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas. <i>Jesucristo es la bendici&oacute;n<\/i> para todo hombre y para toda la humanidad. La Iglesia, al darnos a Jes&uacute;s, nos da la plenitud de la bendici&oacute;n del Se&ntilde;or. Esta es precisamente la misi&oacute;n del Pueblo de Dios: irradiar sobre todos los pueblos la bendici&oacute;n de Dios encarnada en Jesucristo. Y Mar&iacute;a, la primera y perfecta disc&iacute;pula de Jes&uacute;s, la primera y perfecta creyente, modelo de la Iglesia en camino, es la que abre esta v&iacute;a de la <i>maternidad de la Iglesia<\/i> y sostiene siempre su misi&oacute;n materna dirigida a todos los hombres. Su testimonio materno y discreto camina con la Iglesia desde el principio. Ella, la Madre de Dios, es tambi&eacute;n Madre de la Iglesia y, a trav&eacute;s de la Iglesia, es Madre de todos los hombres y de todos los pueblos.<\/p>\n<p>Que esta madre dulce y premurosa nos obtenga la bendici&oacute;n del Se&ntilde;or para toda la familia humana. De manera especial hoy, Jornada Mundial de la Paz, invocamos su intercesi&oacute;n para que el Se&ntilde;or <i>nos de la paz en nuestros d&iacute;as<\/i>: paz en nuestros corazones, paz en las familias, paz entre las naciones. Este a&ntilde;o, en concreto, el <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/messages\/peace\/documents\/papa-francesco_20141208_messaggio-xlviii-giornata-mondiale-pace-2015.html\">mensaje para la Jornada Mundial de la Paz<\/a> lleva por t&iacute;tulo: &laquo;<i>No m&aacute;s esclavos, sino hermanos<\/i>&raquo;. Todos estamos llamados a ser libres, todos a ser hijos y, cada uno de acuerdo con su responsabilidad, a luchar contra las formas modernas de esclavitud. Desde todo pueblo, cultura y religi&oacute;n, unamos nuestras fuerzas. Que nos gu&iacute;e y sostenga Aquel que para hacernos a todos hermanos se hizo nuestro servidor.<\/p>\n<p>Miremos a Mar&iacute;a, contemplemos a la Santa Madre de Dios. Os propongo que juntos la saludemos como hizo aquel pueblo valiente de &Eacute;feso, que gritaba cuando sus pastores entraban en la Iglesia: &laquo;&iexcl;Santa Madre de Dios!&raquo;. Qu&eacute; bonito saludo para nuestra Madre\u2026 Hay una historia que dice, no s&eacute; si es verdadera, que algunos de ellos llevaban bastones en sus manos, tal vez para dar a entender a los obispos lo que les podr&iacute;a pasar si no ten&iacute;an el valor de proclamar a Mar&iacute;a como &laquo;Madre de Dios&raquo;. Os invito a todos, sin bastones, a poneros en pie y saludarla tres veces con este saludo de la primitiva Iglesia: &laquo;&iexcl;Santa Madre de Dios!&raquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS XLVII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE FRANCISCO Bas&iacute;lica Vaticana Jueves 1 de enero de 2015 [Multimedia] &nbsp; Vuelven hoy a la mente las palabras con las que Isabel pronunci&oacute; su bendici&oacute;n sobre la Virgen Santa: &laquo;&iexcl;Bendita t&uacute; entre las mujeres, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-1-de-enero-de-2015-video\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSolemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios (1 de enero de 2015) (V\u00eddeo)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41252","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41252","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41252"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41252\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41252"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41252"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41252"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}