{"id":41325,"date":"2016-10-07T23:28:13","date_gmt":"2016-10-08T04:28:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mt-13-47-53-parabola-de-la-red\/"},"modified":"2016-10-07T23:28:13","modified_gmt":"2016-10-08T04:28:13","slug":"mt-13-47-53-parabola-de-la-red","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mt-13-47-53-parabola-de-la-red\/","title":{"rendered":"Mt 13, 47-53: Par\u00e1bola de la red"},"content":{"rendered":"<div class=\"textoBiblia\">\n<p><span class=\"versiculo\">47<\/span> El reino de los cielos se parece tambi\u00e9n a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: <span class=\"versiculo\">48<\/span> cuando est\u00e1 llena, la arrastran a la orilla, se sientan y re\u00fanen los buenos en cestos y los malos los tiran. <span class=\"versiculo\">49<\/span> Lo mismo suceder\u00e1 al final de los tiempos: saldr\u00e1n los \u00e1ngeles, separar\u00e1n a los malos de los buenos <span class=\"versiculo\">50<\/span> y los echar\u00e1n al horno de fuego. All\u00ed ser\u00e1 el llanto y el rechinar de dientes.<br \/> <span class=\"versiculo\">51<\/span> \u00bfHab\u00e9is entendido todo esto?\u00bb. Ellos le responden: \u00abS\u00ed\u00bb. <span class=\"versiculo\">52<\/span> \u00c9l les dijo: \u00abPues bien, un escriba que se ha hecho disc\u00edpulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo\u00bb.<br \/> <span class=\"versiculo\">53<\/span> Cuando Jes\u00fas acab\u00f3 estas par\u00e1bolas, parti\u00f3 de all\u00ed. <\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: right; margin-right:25px; font-size: 0.8em;\"><a href=\"http:\/\/www.deiverbum.org\/biblias.html\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">Sagrada Biblia<\/a>, Versi\u00f3n oficial de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (2012)<\/p>\n<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Homilias_comentarios_meditaciones_desde_la_Tradicion_de_la_Iglesia\">Homil\u00edas, comentarios, meditaciones desde la Tradici\u00f3n de la Iglesia<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"San_Agustin_obispo\">San Agust\u00edn, obispo<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Sobre_la_fe_y_las_obras_Imitar_la_paciencia_del_Senor\">Sobre la fe y las obras: Imitar la paciencia del Se\u00f1or<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Cap\u00edtulos 3-5<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or ha sido un modelo incomparable de paciencia: ha soportado hasta su pasi\u00f3n a un \u00abdemonio\u00bb entre sus disc\u00edpulos (Jn 6, 70). Ha dicho: \u00abDejadlos crecer juntos hasta la siega, no sea que al arrancar la ciza\u00f1a, arranqu\u00e9is tambi\u00e9n el trigo\u00bb (Mt 13, 29). Para ser una figura de la Iglesia ha predicho que la red arrastrar\u00eda hasta la orilla, es decir, hasta el fin del mundo, toda clase de peces, buenos y malos. Ha hecho conocer de muchas otras maneras, ya sea hablando abiertamente, ya sea en par\u00e1bolas, que los buenos y los malos se mezclar\u00edan. Y, sin embargo, es necesario vigilar sobre la disciplina de la Iglesia, cuando dice: \u00abEstad atentos; si tu hermano peca, repr\u00e9ndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano\u00bb (Mt 18,15)&#8230;<\/p>\n<p>Pero hoy en d\u00eda vemos que hay hombres que s\u00f3lo toman en consideraci\u00f3n los preceptos rigurosos, que mandan reprimir a los perturbadores, de \u00abno dar lo santo a los perros\u00bb (Mt 7, 6), de tratar como publicano a aquel que menosprecia a la Iglesia (Mt 18,17), de arrancar del cuerpo a los miembros escandalosos (Mt 5,30). Su celo intempestivo, desorienta a la Iglesia, de manera que quisieran arrancar la ciza\u00f1a antes de tiempo, y su ceguera les convierte a ellos mismos en enemigos de la unidad de Jesucristo&#8230;<\/p>\n<p>Vigilemos de no dejar entrar en nuestro coraz\u00f3n esos presuntuosos pensamientos, de querer apartarnos de los pecadores para no ensuciarnos con su contacto, de querer formar como un reba\u00f1o de disc\u00edpulos puros y santos; bajo el pretexto de no juntarnos con los malos, no har\u00edamos otra cosa que romper la unidad. Sin bien al contrario, acord\u00e9monos de las par\u00e1bolas de la Escritura, de sus inspiradas palabras, de sus impresionantes ejemplos, en los cuales se nos ense\u00f1a que, en la Iglesia, los malos estar\u00e1n siempre mezclados con los buenos hasta el fin del mundo y el d\u00eda del juicio, sin que su participaci\u00f3n en los sacramentos sea da\u00f1ina para los buenos, dado que \u00e9stos no habr\u00e1n tenido parte en sus pecados.<\/p>\n<h2><span id=\"Santa_Catalina_de_Siena_virgen_y_doctora_de_la_Iglesia\">Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Dialogos_El_Juicio\">Di\u00e1logos: El Juicio<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Cap\u00edtulo 39<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00abEl final de los tiempos\u00bb (cf. Mt 13,49)<\/p>\n<p>[Santa Catalina oy\u00f3 que Dios dec\u00eda:] En el \u00faltimo d\u00eda del juicio, cuando el  Verbo, mi Hijo, revestido de mi majestad, vendr\u00e1 a juzgar al mundo con su poder  divino, no vendr\u00e1 como pobre y miserable tal como se present\u00f3 cuando naci\u00f3 del  seno de la Virgen, en un establo y en medio de animales, o tal como muri\u00f3, entre  dos ladrones. Entonces, en \u00e9l mi poder estaba escondido; como hombre le dej\u00e9  sufrir dolores y tormentos. No fue, en absoluto, que mi naturaleza divina se  separara de la naturaleza humana, sino que le dej\u00e9 sufrir como a hombre para  expiar vuestras faltas. No, no es as\u00ed que vendr\u00e1 en el momento supremo: vendr\u00e1  con todo su poder y con todo el esplendor de su propia persona&#8230; <\/p>\n<p>A los justos les inspirar\u00e1, al mismo tiempo que un temor respetuoso, un gran  j\u00fabilo. No es que su rostro cambie: su rostro, en virtud de su naturaleza divina, es  inmutable porque no es sino uno conmigo, y en virtud de la naturaleza humana su  rostro es igualmente inmutable porque tiene asumida la gloria de la resurrecci\u00f3n. A  los ojos de los r\u00e9probos, aparecer\u00e1 terrible, porque le ver\u00e1n con ese ojo de espanto  y turbaci\u00f3n que los pecadores llevan dentro de s\u00ed mismos.         \u00bfNo es lo mismo que ocurre con un ojo enfermo? Cuando brilla el sol no ve m\u00e1s  que tinieblas, mientras que el ojo sano ve la luz. No es que la luz tenga alg\u00fan  defecto; no es que el sol cambie. El defecto est\u00e1 en el ojo ciego. Es as\u00ed como los  r\u00e9probos ver\u00e1n a mi Hijo: en la tiniebla, el odio y la confusi\u00f3n. Ser\u00e1 por culpa de su  propia enfermedad y no a causa de la majestad divina con la que mi Hijo aparecer\u00e1  para juzgar al mundo.<\/p>\n<h2><span id=\"San_Juan_Pablo_II_papa\">San Juan Pablo II, papa<\/span><\/h2>\n<h3><span id=\"Homilia_15-11-1980\">Homil\u00eda (15-11-1980)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">Viaje Apost\u00f3lico a la Rep\u00fablica Federal de Alemania.<br \/>Homil\u00eda durante la Misa celebrada en el Estadio \u00abButzweiler Hof\u00bb de Colonia. S\u00e1bado 15 de noviembre de 1980<\/p>\n<p>1.\u00a0&#8220;El reino de Dios es semejante a una red&#8230;&#8221; (<i>Mt<\/i> 13, 47). Permitidme&#8230; que en esta celebraci\u00f3n eucar\u00edstica intente explicar<i> el significado de nuestro extraordinario encuentro en este d\u00eda con ayuda de esta par\u00e1bola, <\/i>con la ayuda de las palabras de Cristo, que siempre aclaraba y explicaba el Reino de Dios por medio de par\u00e1bolas, anunciando as\u00ed El la presencia de este Reino en medio del mundo.<\/p>\n<p><i>Tambi\u00e9n nosotros debemos encontrarnos en esta dimensi\u00f3n.<\/i>\u00a0[&#8230;] Nosotros, que ahora formamos la Iglesia de Cristo sobre la tierra, en este trozo de la tierra alemana, deber\u00edamos<i> encontrarnos en la dimensi\u00f3n de la verdad del Reino de Dios:<\/i> Cristo ha venido para revelar este Reino y para introducirlo en la tierra, en cada lugar de la tierra, en los hombres y entre los hombres.<\/p>\n<p>Este Reino de Dios se encuentra en medio de nosotros (cf.<i> Lc<\/i> 17, 21), del mismo modo como lo ha estado en todas las generaciones de vuestros padres y antepasados. Como ellos, tambi\u00e9n nosotros rezamos cada d\u00eda en el Padrenuestro: &#8220;Venga tu reino&#8221;. Estas palabras testimonian que el Reino de Dios est\u00e1 siempre delante de nosotros, que nosotros caminamos a su encuentro y que, por ello, vamos madurando en medio de ese camino intrincado, e incluso a veces errado, de nuestra existencia mundana. Nosotros testimoniamos con esas palabras que el Reino de Dios se va realizando y se nos va acercando constantemente, aun cuando con tanta frecuencia lo perdamos de vista y ya no percibamos la figura concreta que de \u00e9l nos presenta el Evangelio. A menudo parece como si la \u00fanica y exclusiva dimensi\u00f3n de nuestra existencia fuera &#8220;este mundo&#8221;, &#8220;el reino de este mundo&#8221; con su figura visible, con su sofocante progreso en ciencia y t\u00e9cnica, en cultura y econom\u00eda&#8230;, sofocante y no pocas veces exasperante. Sin embargo, cuando cada d\u00eda o al menos de vez en cuando nos hincamos de rodillas para rezar, siempre repetimos, en medio de esa atm\u00f3sfera en que vivimos, las mismas palabras: &#8220;Venga a nosotros tu reino&#8221;.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas: Estas horas en las que aqu\u00ed se desarrolla nuestro encuentro, este tiempo que yo puedo pasar entre vosotros, gracias a vuestra invitaci\u00f3n y hospitalidad, es<i> el tiempo del Reino de Dios:<\/i> del reino que ya &#8220;est\u00e1 aqu\u00ed&#8221; y a la vez de ese reino que todav\u00eda &#8220;viene&#8221;. Por ello, todo lo esencial de esta visita tenemos que explicarlo con la ayuda de esa par\u00e1bola que en el Evangelio de hoy hemos escuchado: &#8220;El reino de Dios es semejante&#8230;&#8221;.<\/p>\n<p>2.\u00a0\u00bfA qui\u00e9n se asemeja?<\/p>\n<p>Seg\u00fan las palabras de Jes\u00fas, tal c\u00f3mo nos las han transmitido los cuatro Evangelistas, este Reino de Dios viene esclarecido a trav\u00e9s de m\u00faltiples par\u00e1bolas y comparaciones. La comparaci\u00f3n de hoy es una de ellas. Nos parece unida de un modo singularmente estrecho a aquel trabajo que desempe\u00f1aban los Ap\u00f3stoles de Cristo, entre ellos Pedro, y muchos de sus oyentes a la orilla del mar de Genesaret. Cristo dice: el reino de los cielos es semejante &#8220;a una red barredera, que se echa en el mar y recoge peces de toda suerte&#8221; (<i>Mt<\/i> 13, 47). Estas sencillas palabras transforman por completo la imagen del mundo,<i> <\/i> la imagen de nuestro mundo de hombres, tal como nosotros lo forjamos con nuestra experiencia y nuestra ciencia. Pero experiencia y ciencia no pueden traspasar en modo alguno esas fronteras inherentes al &#8220;mundo&#8221; y a la existencia humana, esas fronteras necesariamente unidas al &#8220;mar del tiempo&#8221;, las fronteras de un mundo en el que el hombre nace y muere, de acuerdo con las palabras del G\u00e9nesis: &#8220;polvo eres, y al polvo volver\u00e1s&#8221; (<i>G\u00e9n<\/i> 3, 19). La comparaci\u00f3n de Cristo habla, por el contrario, del<i> traspaso del hombre a un &#8220;mundo&#8221; distinto, a una nueva dimensi\u00f3n de su existencia. <\/i>El Reino de los cielos es precisamente esa nueva dimensi\u00f3n que se abre sobre el &#8220;mar del tiempo&#8221; y es, simult\u00e1neamente, la &#8220;red&#8221; que act\u00faa en ese mar para conseguir el definitivo destino del hombre y de todos los hombres en Dios.<\/p>\n<p>Nuestra par\u00e1bola de hoy nos invita a reconocer el Reino de los cielos como la<i> definitiva realizaci\u00f3n<\/i> de esa<i> justicia <\/i>a la que el hombre aspira con el incesante deseo que el Se\u00f1or ha puesto en su coraz\u00f3n, de esa justicia que el mismo Jes\u00fas obr\u00f3 y anunci\u00f3, de esa justicia, por fin, que Cristo sell\u00f3 con su propia sangre en la cruz.<\/p>\n<p>En el Reino de los cielos, el &#8220;reino de la justicia, del amor y la paz&#8221; (Prefacio de la fiesta de Cristo Rey), el hombre<i> se encontrar\u00e1<\/i> tambi\u00e9n<i> a s\u00ed mismo realizado,<\/i> pues el hombre es el ser que, surgiendo de la profundidad de Dios, esconde en s\u00ed una profundidad tal que s\u00f3lo Dios puede colmar. El, el hombre, es con todo su ser una imagen y semejanza de Dios.<\/p>\n<p>3. Jes\u00fas ha fundamentado su Iglesia sobre los doce Ap\u00f3stoles, de los que la mayor\u00eda eran pescadores. La imagen de la red les era bien familiar. Jes\u00fas quer\u00eda hacerlos pescadores de hombres. Tambi\u00e9n la Iglesia es una red, una red ensamblada por el Esp\u00edritu, entretejida por la misi\u00f3n apost\u00f3lica, operante por la unidad en la fe, vida y amor.<\/p>\n<p>Pienso en estos momentos en la espaciosa red de toda la Iglesia universal. Ante mis ojos est\u00e1 al mismo tiempo cada una de las Iglesias de vuestro pa\u00eds, especialmente la gran Iglesia en Colonia y los obispados circundantes. Ante mis ojos tengo, finalmente,<i> la m\u00e1s peque\u00f1a de las Iglesias,<\/i> la &#8220;Ecclesiola&#8221;, la iglesia dom\u00e9stica, a la que el reciente S\u00ednodo de los Obispos en Roma ha prestado tan profunda atenci\u00f3n en el tema sobr\u00e9 la &#8221; Misi\u00f3n de la familia cristiana&#8221;.<\/p>\n<p><i>La familia:<\/i>\u00a0Iglesia dom\u00e9stica, comunidad \u00fanica e irreemplazable de personas, sobre la que San Pablo nos hablaba en la segunda lectura de hoy. El tiene presente, naturalmente, el aspecto de la familia cristiana de su tiempo; lo que \u00e9l dice tenemos, pues, que aplicarlo nosotros a los intereses de las familias en nuestro tiempo: lo que dice a los maridos, lo que dice a las mujeres, a los hijos, a los padres y, finalmente, lo que \u00e9l nos dice a todos: &#8220;Vosotros, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revest\u00edos de entra\u00f1as de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y longanimidad, soport\u00e1ndoos y perdon\u00e1ndoos mutuamente&#8230; Pero por encima de todo esto, vest\u00edos de la caridad, que es v\u00ednculo de perfecci\u00f3n. Y la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella hab\u00e9is sido llamados en un solo cuerpo. Sed agradecidos&#8221; (<i>Col<\/i> 3, 12-15); <i>\u00a1Qu\u00e9 gran lecci\u00f3n para la espiritualidad matrimonial y familiar!<\/i><\/p>\n<p>Nosotros, sin embargo, no debemos cerrar los ojos al otro aspecto; los padres sinodales se han ocupado de \u00e9l muy en serio: estoy pensando en las dificultades que hoy supone el alto ideal de la comprensi\u00f3n y del comportamiento cristiano de la familia. La moderna sociedad industrial ha modificado b\u00e1sicamente las condiciones de vida del matrimonio y de la familia. Matrimonio y familia eran antes no s\u00f3lo comunidad de vida, sino tambi\u00e9n comunidad de producci\u00f3n y econom\u00eda. Viv\u00edan desplazados de las m\u00faltiples funciones p\u00fablicas. El clima de hoy, abierto al exterior, no siempre resulta acogedor para el matrimonio y la familia. En nuestra an\u00f3nima civilizaci\u00f3n de masas, ellos aparecen sin embargo como el lugar de refugio ante la b\u00fasqueda constante de seguridad y felicidad. Matrimonio y familia son hoy, pues, m\u00e1s importantes que nunca: c\u00e9lula germinal para la renovaci\u00f3n de la sociedad; fuente de energ\u00eda por la que la vida se hace m\u00e1s humana y, tomando de nuevo la imagen, red que da firmeza y unidad, emergiendo de las corrientes del abismo.<\/p>\n<p>No permitamos que esta red se destroce. El Estado y la sociedad inician su propia ruina en el momento en que no promuevan ya activamente el matrimonio y la familia, en el momento en que no los protejan, equipar\u00e1ndolos a otras comunidades de vida no matrimoniales. Todos los hombres de buena voluntad, especialmente nosotros, los cristianos, estamos llamados a descubrir de nuevo la dignidad y el valor del matrimonio y de la familia, viviendo ante los dem\u00e1s de una manera que convenza. La Iglesia ofrece desde la luz de la fe su consejo y su servicio espiritual.<\/p>\n<p>5. El matrimonio y la familia est\u00e1n profundamente, vinculados a la dignidad personal del hombre. Nacen no s\u00f3lo del impulso instintivo y la pasi\u00f3n, no s\u00f3lo del afecto; nacen ante todo de una<i> libre decisi\u00f3n de voluntad,<\/i> de un amor personal, por el que los c\u00f3nyuges llegan a ser no s\u00f3lo una misma carne, sino tambi\u00e9n un \u00fanico coraz\u00f3n y una sola alma. La uni\u00f3n corporal y sexual es algo grande y hermoso. Pero solamente es digna del hombre si ella es integrada en una vinculaci\u00f3n personal, reconocida por la sociedad civil y eclesi\u00e1stica. Toda uni\u00f3n carnal entre hombre y mujer tiene, por tanto, su leg\u00edtimo lugar s\u00f3lo dentro del<i> recinto de fidelidad personal,<\/i> exclusiva y definitiva,<i> en el matrimonio.<\/i> El car\u00e1cter definitivo de la fidelidad matrimonial, que muchos hoy parecen no comprender ya, es igualmente una expresi\u00f3n de la dignidad incondicional del hombre. No se puede vivir solamente de prueba; no se puede morir solamente de prueba.<\/p>\n<p>No se puede amar s\u00f3lo de prueba, aceptar a una persona s\u00f3lo de prueba y por un tiempo determinado.<\/p>\n<p>6. As\u00ed, pues, el matrimonio est\u00e1 orientado hacia la permanencia, hacia el futuro. Mira siempre hacia adelante. Es el \u00fanico lugar adecuado para la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijos.<i> El amor cristiano est\u00e1,<\/i> por tanto,<i> orientado esencialmente tambi\u00e9n a la fecundidad. <\/i>En esta tarea de transmitir la vida humana, los esposos son colaboradores del amor de Dios creador. Yo s\u00e9 que tambi\u00e9n aqu\u00ed las dificultades son grandes en la sociedad actual. Cargas sobre todo para la mujer, viviendas reducidas, problemas econ\u00f3micos e higi\u00e9nicos, inconvenientes que se crean, a veces ex profeso, a las familias numerosas, todo esto constituye un obst\u00e1culo para un mayor n\u00famero de hijos. Yo apelo a todos los que tienen responsabilidad y poder en la sociedad: haced cuanto sea posible para crear recursos. Pero apelo sobre todo a vuestra propia conciencia y a vuestra responsabilidad personal, queridos hermanos y hermanas. En vuestra conciencia ten\u00e9is que tomar la decisi\u00f3n ante Dios sobre el n\u00famero de vuestros hijos.<\/p>\n<p>Como esposos, est\u00e1is llamados a una paternidad responsable. Pero esto significa que vuestra planificaci\u00f3n familiar debe ser tal que respete las normas y criterios \u00e9ticos. Es lo que ha subrayado el \u00faltimo S\u00ednodo de los Obispos. Con gran vehemencia quisiera recordaros hoy especialmente, dentro de este contexto, las siguientes palabras:<i> Eliminar una vida que a\u00fan est\u00e1 por nacer, no es un medio legitimo de planificaci\u00f3n familiar.<\/i> Os repito<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/homilies\/1980\/documents\/hf_jp-ii_hom_19800531_lavoratori-francia_sp.html\"> lo que dije a los trabajadores<\/a>, el 31 de mayo del presente a\u00f1o, en el suburbio parisiense de Saint-Denis: &#8220;El primer derecho del hombre es el derecho a la vida. Hemos de defender este derecho y este valor. De lo contrario, toda la l\u00f3gica de la fe en el hombre, todo el programa del progreso verdaderamente humano, se tambalear\u00e1 y se vendr\u00e1 abajo&#8221;. Se trata, en efecto, de servir a la vida <i>(L&#8217;Osservatore Romano,<\/i> Edici\u00f3n en Lengua Espa\u00f1ola, 8 de junio de 1980, p\u00e1g. 7).<\/p>\n<p>7. Queridos hermanos y hermanas: Sobre la base y el presupuesto indispensable de lo dicho hasta aqu\u00ed tornemos ahora al profundo misterio del matrimonio y la familia. El matrimonio es, en la perspectiva de nuestra fe, un<i> sacramento de<\/i> Jesucristo. El amor y la fidelidad matrimonial son<i> protegidos<\/i> y <i> encauzados por el amor y la fidelidad de Dios<\/i> en Jesucristo. La fuerza de su cruz y su resurrecci\u00f3n gu\u00eda y santifica el matrimonio cristiano.<\/p>\n<p>Como ha puesto de relieve el reciente S\u00ednodo de los Obispos en su <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/synod\/documents\/rc_synod_doc_19801025_message-synod_sp.html\">mensaje a las familias cristianas<\/a> en el mundo contempor\u00e1neo, la familia cristiana est\u00e1 llamada de un modo singular a colaborar en el plan salv\u00edfico de Dios ayudando a sus miembros &#8220;a ser, a su vez, agentes de la historia de la salvaci\u00f3n y signos vivos del plan amoroso de Dios sobre el mundo&#8221; (<i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>Edici\u00f3n en Lengua Espa\u00f1ola, 2 de noviembre de 1980, p\u00e1g. 10).<\/p>\n<p>El matrimonio y la familia, constituidos por el sacramento en una &#8220;iglesia en peque\u00f1o&#8221; o iglesia dom\u00e9stica, tienen que ser una escuela de fe y un lugar de oraci\u00f3n com\u00fan. Yo confiero precisamente una gran importancia a la oraci\u00f3n en la familia. Ella da fortaleza para superar los m\u00faltiples problemas y dificultades. En el matrimonio y la familia tienen que crecer y madurar las principales virtudes humanas y cristianas, sin las cuales no puede subsistir ni la Iglesia ni la sociedad. Aqu\u00ed se encuentra el primer espacio del apostolado laico-cristiano y del sacerdocio com\u00fan de todos los bautizados. Tales matrimonios y familias, impregnados de esp\u00edritu cristiano, son tambi\u00e9n los aut\u00e9nticos seminarios, es decir, el lugar donde se siembra la llamada espiritual al estado sacerdotal y religioso.<\/p>\n<p>Queridos esposos y padres, queridas familias: En este encuentro eucar\u00edstico de hoy, \u00a1nada podr\u00eda desearos yo con m\u00e1s afecto que el<i> que todos vosotros y todas y cada una de las familias form\u00e9is una &#8220;iglesia dom\u00e9stica&#8221; de esa \u00edndole,<\/i> una iglesia en peque\u00f1o; que se realice en vosotros la par\u00e1bola del Reino de Dios; que experiment\u00e9is la presencia del Reino de Dios, siendo vosotros mismos una &#8220;red&#8221; viva que unifica, que lleva y que da seguridad \u2014seguridad para vosotros y para cuantos se encuentren en vuestro entorno\u2014!<\/p>\n<p>Esta es<i> mi bendici\u00f3n,<\/i> la bendici\u00f3n que yo os expreso como vuestro invitado y peregrino, como servidor de vuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>8. Y ahora permitidme que, al final de estas b\u00e1sicas consideraciones sobre el Reino de Dios y la familia cristiana, me refiera una vez m\u00e1s a<i> San Alberto Magno.<\/i> La festividad de su VII centenario me ha conducido a vuestra ciudad, donde se encuentra la tumba de este hijo ilustre de vuestro pa\u00eds. Nacido en Lauingen, fue un gran hombre de ciencia a lo largo de toda su vida, un hijo espiritual de Santo Domingo y, al mismo tiempo, el maestro de Santo Tom\u00e1s de Aquino. Siendo uno de los hombres m\u00e1s grandes de esp\u00edritu del siglo XIII, como ning\u00fan otro supo entretejer la red, trabando unitariamente fe y raz\u00f3n, sabidur\u00eda de Dios y sabidur\u00eda del mundo. Hoy visitar\u00e9 tambi\u00e9n su ciudad natal, al menos en esp\u00edritu, cuando aqu\u00ed en Colonia permanezca junto a su tumba y medite con vosotros las palabras con las que la liturgia de hoy le elogia: &#8220;Si le place al Se\u00f1or soberano, le llenar\u00e1 el esp\u00edritu de inteligencia&#8230; Dirige su voluntad y su inteligencia a meditar los misterios de Dios. Publica las ense\u00f1anzas de su doctrina y se gloriar\u00e1 en conocer la Ley y la divina alianza. De muchos ser\u00e1 alabada su inteligencia y jam\u00e1s ser\u00e1 echado en olvido. No se borrar\u00e1 su memoria, y su nombre vivir\u00e1 de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Los pueblos cantar\u00e1n su sabidur\u00eda y la asamblea pregonar\u00e1 sus alabanzas&#8221;<i> (Sir<\/i> 39, 8-14).<\/p>\n<p><i>Nada es necesario a\u00f1adir a estas palabras del sabio Jes\u00fas Sirach.<\/i>\u00a0Pero nada tampoco se debe omitir. Ellas describen perfectamente la figura de este hombre, a quien vuestra patria y vuestra ciudad alaba, de este hombre que es motivo de gozo para toda la Iglesia. Alberto Magno, doctor universal; Alberto Magno, hombre de un saber ampl\u00edsimo: un verdadero &#8220;disc\u00edpulo del Reino de Dios&#8221;.<\/p>\n<p>Habiendo reflexionado hoy juntos sobre la vocaci\u00f3n de la familia cristiana<b> a <\/b>la construcci\u00f3n del Reino de Dios sobre la tierra, las palabras de la par\u00e1bola de Cristo nos deben dar tambi\u00e9n la m\u00e1s profunda significaci\u00f3n de este santo a quien hoy solemnemente recordamos. En efecto, Cristo dice: &#8220;Todo escriba instruido en la doctrina del reino de los cielos es como el amo de casa, que de su tesoro saca lo nuevo y lo a\u00f1ejo&#8221;<i> (Mt<\/i> 13, 52).<\/p>\n<p>A un tal amo de casa se asemeja tambi\u00e9n San Alberto. Que su ejemplo y su intercesi\u00f3n me acompa\u00f1en cuando en mi peregrinaje por vuestro pa\u00eds intente, como pescador de hombres, hacer m\u00e1s tupida la red y arrojarla una y otra vez para que llegue el Reino de Dios. Am\u00e9n.<\/p>\n<h3><span id=\"Catequesis_Audiencia_General_18-03-1987\">Catequesis, Audiencia General (18-03-1987)<\/span><\/h3>\n<p class=\"refHomilia\">nn. 3-6.8-9<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Jesucristo, inauguraci\u00f3n y cumplimiento del Reino de Dios<\/p>\n<p>3. Frente a la experiencia dolorosa de los l\u00edmites humanos y del pecado, los <i>Profetas<\/i> anuncian una nueva Alianza, en la que el Se\u00f1or mismo ser\u00e1 el gu\u00eda salv\u00edfico y real de su pueblo renovado (cf<i>. Jer<\/i> 31, 31-34; <i>Ez<\/i> 34, 7-16; 36, 24-28).<\/p>\n<p>En este contexto surge la expectaci\u00f3n de un nuevo David, que el Se\u00f1or suscitar\u00e1 para que sea el instrumento del \u00e9xodo, de la liberaci\u00f3n, de la salvaci\u00f3n (<i>Ez<\/i> 34, 23-25; cf. <i>Jer <\/i>23, 5-6). Desde ese momento la figura del Mes\u00edas aparece en relaci\u00f3n \u00edntima con la manifestaci\u00f3n de la realeza plena de Dios.<\/p>\n<p>Tras el exilio, a\u00fan cuando la instituci\u00f3n de la monarqu\u00eda decayera en Israel, se continu\u00f3 profundizando la fe en la realeza que Dios ejerce sobre su pueblo y que se extender\u00e1 hasta \u201clos confines de la tierra\u201d. Los Salmos que cantan al Se\u00f1or rey constituyen el testimonio m\u00e1s significativo de esta esperanza (cf. <i>Sal <\/i>95\/96 &#8211; 98\/99).<\/p>\n<p>Esta esperanza alcanza su grado m\u00e1ximo de intensidad cuando la mirada de la fe, dirigi\u00e9ndose m\u00e1s all\u00e1 del tiempo de la historia humana, llegar\u00e1 a comprender que s\u00f3lo en la eternidad futura se establecer\u00e1 el reino de Dios en todo su poder: entonces, mediante la resurrecci\u00f3n, los redimidos se encontrar\u00e1n en la plena comuni\u00f3n de vida y de amor con el Se\u00f1or (cf. <i>Dan<\/i> 7, 9-10; 12, 2-3).<\/p>\n<p>4. <i>Jes\u00fas alude a esta esperanza del Antiguo Testamento y proclama su cumplimiento<\/i>. El reino de Dios constituye el tema central de su predicaci\u00f3n, como lo demuestran sobre todo las <i>par\u00e1bolas.<\/i><\/p>\n<p>La par\u00e1bola del sembrador (<i>Mt <\/i>13, 3-8) proclama que el reino de <i>Dios est\u00e1 ya actuando<\/i> en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas; al mismo tiempo invita a contemplar a abundancia de frutos que constituir\u00e1n la riqueza sobreabundante del reino al final de los tiempos. La par\u00e1bola de la semilla que crece por s\u00ed sola (<i>Mc<\/i> 4, 26-29) subraya que el reino no es obra humana, sino \u00fanicamente don del amor de Dios que act\u00faa en el coraz\u00f3n de los creyentes y gu\u00eda la historia humana hacia su realizaci\u00f3n definitiva en la comuni\u00f3n eterna con el Se\u00f1or. La par\u00e1bola de la ciza\u00f1a en medio del trigo (<i>Mt<\/i> 13, 24-30) y la de la <strong>red para pescar (<i>Mt<\/i> 13, 47-52) se refieren, sobre todo, a la presencia, ya operante, de la salvaci\u00f3n de Dios.<\/strong> Pero, junto a los \u201chijos del reino\u201d, se hallan tambi\u00e9n los \u201chijos del maligno\u201d, los que realizan la iniquidad: s\u00f3lo al final de la historia ser\u00e1n destruidas las potencias del mal, y quien hay cogido el reino estar\u00e1 para siempre con el Se\u00f1or. Finalmente, las par\u00e1bolas del tesoro escondido y de la perla preciosa (<i>Mt<\/i> 13, 44-46), expresan el valor supremo y absoluto del reino de Dios: quien lo percibe, est\u00e1 dispuesto a afrontar cualquier sacrificio y renuncia para entrar en \u00e9l.<\/p>\n<p>5. De la ense\u00f1anza de Jes\u00fas nace una riqueza muy iluminadora. <i>El reino de Dios<\/i>, en su plena y total realizaci\u00f3n, es ciertamente futuro, <i>\u201cdebe venir\u201d<\/i> (cf. <i>Mc<\/i> 9, 1; <i>Lc<\/i> 22, 18); la oraci\u00f3n del Padrenuestro ense\u00f1a a pedir su venida: \u201cVenga a nosotros tu reino\u201d (<i>Mt<\/i> 6, 10).<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo, Jes\u00fas afirma que el reino de Dios \u201cya ha venido\u201d (<i>Mt <\/i>12, 28), \u201cest\u00e1 dentro de vosotros\u201d (<i>Lc<\/i> 17, 21) mediante la predicaci\u00f3n y las obras, de Jes\u00fas. Por otra parte, de todo el Nuevo Testamento se deduce que la Iglesia, fundada por Jes\u00fas, es el lugar donde la realeza de Dios se hace presente, en Cristo, como don de salvaci\u00f3n en la fe, de vida nueva en el Esp\u00edritu, de comuni\u00f3n en la caridad.<\/p>\n<p>Se ve as\u00ed la relaci\u00f3n \u00edntima entre el reino y Jes\u00fas, una relaci\u00f3n tan estrecha que el reino de Dios puede llamarse tambi\u00e9n \u201creino de Jes\u00fas\u201d (<i>Ef <\/i>5, 5; <i> 2 Pe<\/i> 1, 11), como afirma, por lo dem\u00e1s, el mismo Jes\u00fas ante Pilato al decir que \u201csu\u201d reino no es de este mundo (cf. 18, 36).<\/p>\n<p>6. Desde esta perspectiva podemos comprender las condiciones indicadas por Jes\u00fas para entrar en el reino se pueden resumir en la palabra \u201cconversi\u00f3n\u201d. Mediante la conversi\u00f3n el hombre se abre al don de Dios (cf. <i>Lc<\/i> 12, 32), que llama \u201ca su reino y a su gloria\u201d (<i>1 Tes<\/i> 2, 12); acoge como un ni\u00f1o el reino (<i>Mc<\/i> 10, 15) y est\u00e1 dispuesto a todo tipo de renuncias para poder entrar en \u00e9l (cf<i>. Lc<\/i> 18, 29; <i>Mt <\/i>19, 29; <i>Mc <\/i>10, 29)<\/p>\n<p>El reino de Dios exige una \u201cjusticia\u201d profunda o nueva (Mt 5, 20); requiere empe\u00f1o en el cumplimiento de la \u201cvoluntad de Dios\u201d (<i>Mt <\/i>7, 21), implica sencillez interior \u201ccomo los ni\u00f1os\u201d (<i>Mt<\/i> 18, 3; <i>Mc<\/i> 10, 15); comporta la superaci\u00f3n del obst\u00e1culo constituido por las riquezas (cf. <i>Mc<\/i> 10, 23-24).<\/p>\n<p>8. La ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre el reino de Dios es testimoniada por la Iglesia del Nuevo Testamento, que vivi\u00f3 esta ense\u00f1anza con a alegr\u00eda de su fe pascual. La Iglesia es la comunidad de los \u201cpeque\u00f1os\u201d que el Padre \u201cha liberado del poder de las tinieblas y ha trasladado al reino del Hijo de su amor\u201d (<i>Col<\/i> 1, 13); es la comunidad de los que viven \u201cen Cristo\u201d, dej\u00e1ndose guiar por el Esp\u00edritu en el camino de la paz (<i>Lc<\/i> 1, 79), y que luchan para no \u201ccaer en la tentaci\u00f3n\u201d y evitar la obras de la \u201ccarne\u201d, sabiendo muy bien que \u201cquienes tales cosas hacen no heredar\u00e1n el reino de Dios\u201d (<i>G\u00e1l<\/i> 5, 21). La Iglesia es la comunidad de quienes anuncian, con su vida y con sus palabras, el mismo mensaje de Jes\u00fas: \u201cEl reino de Dios est\u00e1 cerca de vosotros\u201d (<i>Lc<\/i> 10, 9).<\/p>\n<p>9. La Iglesia, que \u201ccamina a trav\u00e9s de los siglos incesantemente a la plenitud de la verdad divina hasta que se cumpla en ella las palabras de Dios\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\">Dei Verbum<\/a><\/i>, 8), pide al Padre en cada una de las celebraciones de la Eucarist\u00eda que \u201cvenga su reino\u201d. Vive esperando ardientemente la venida gloriosa del Se\u00f1or y Salvador Jes\u00fas, que ofrecer\u00e1 a la Majestad Divina \u201cun reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor la paz\u201d (<i>Prefacio de la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo<\/i>).<\/p>\n<p>Esta espera del Se\u00f1or es fuente incesante de confianza de energ\u00eda. Estimula a los bautizados, hechos part\u00edcipes de la dignidad real de Cristo, a vivir d\u00eda tras d\u00eda \u201cen el reino del Hijo de su amor\u201d, a testimoniar y anunciar la presencia del reino con las mismas obras de Jes\u00fas (cf. <i>Jn<\/i> 14, 12). En virtud de este testimonio de fe y de amor, ense\u00f1a el Concilio, el mundo se impregnar\u00e1 del Esp\u00edritu de Cristo y alcanzar\u00e1 con mayor eficacia su fin en la justicia, en la caridad y en la paz (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 36).<\/p>\n<hr class=\"cambio-seccion\">\n<h1><span id=\"Comentarios_exegeticos\">Comentarios exeg\u00e9ticos<\/span><\/h1>\n<h2><span id=\"Comentarios_a_la_Biblia_Liturgica_NT_El_verdadero_apostol\">Comentarios a la Biblia Lit\u00fargica (NT): El verdadero ap\u00f3stol<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">Paulinas-PPC-Regina-Verbo Divino (1990), pp. 1020-1021<\/p>\n<p>Esta secci\u00f3n reproduce la par\u00e1bola de la red echada en el mar. El comentario correspondiente lo hicimos en la secci\u00f3n anterior. En \u00e9sta nos centramos en una imagen parab\u00f3lica con la que se cierra este tercer discurso del evangelio de Mateo, cuyo centro lo constituye el reino de los cielos.\u00a0<\/p>\n<p>El disc\u00edpulo del Reino \u2014quien ha descubierto el tesoro escondido en el campo o se ha tropezado con la perla m\u00e1s preciosa que pudiera imaginar\u2014 no puede permanecer inactivo. Su excepcional alegr\u00eda debe transparentarse a trav\u00e9s de su vida realizada en plenitud. El bien tiende por su misma naturaleza a comunicarse. De la misma naturaleza del Reino nace la necesidad del trabajo apost\u00f3lico. Lo afirma Jes\u00fas en una comparaci\u00f3n bastante conocida aunque, en general, torpemente interpretada: &#8220;as\u00ed todo escriba instruido en la doctrina del reino de los cielos es como el amo de casa que, de su tesoro, saca lo nuevo y lo viejo&#8221;.\u00a0<\/p>\n<p>El texto evang\u00e9lico que acabamos de citar deber\u00eda leerse, m\u00e1s bien, de este modo: &#8220;todo escriba que se ha hecho disc\u00edpulo del reino de los cielos&#8221; (en lugar de &#8220;instruido&#8221; en el reino de los cielos). Y la palabra &#8220;escriba&#8221; debe ampliarse a todo aqu\u00e9l que -viniendo del juda\u00edsmo, del conocimiento de la ley\u2014 acepta la doctrina del Reino. A sus conocimientos antiguos a\u00f1adir\u00e1 los nuevos. Mateo, sin embargo, ha invertido el orden. Menciona, en primer lugar, lo nuevo y, despu\u00e9s, lo viejo. El orden es, sin duda, intencionado. Mateo pretende establecer siempre la relaci\u00f3n estrecha entre lo nuevo (la manifestaci\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas y su ense\u00f1anza) y lo viejo (las promesas del Antiguo Testamento).\u00a0<\/p>\n<p>El nuevo disc\u00edpulo del Reino puede ser comparado con un due\u00f1o de casa, bien acomodado, que abre su bien provista despensa no s\u00f3lo para dar a conocer sus provisiones sino para hacer part\u00edcipes de ellas a sus hu\u00e9spedes. Lo nuevo que posee es el conocimiento del misterio del Reino, la vida misma del Reino, el evangelio. Lo antiguo hace referencia al Antiguo Testamento, que contiene tambi\u00e9n la revelaci\u00f3n divina. Y esta acumulaci\u00f3n de riquezas no debe servirle solamente a \u00e9l. Porque los disc\u00edpulos son llamados para ser dispensadores de los misterios de Dios (1Cor 4,1). Los disc\u00edpulos deben ense\u00f1ar a otros el camino del Reino, introducirles en \u00e9l.\u00a0<\/p>\n<h2><span id=\"Bastin-Pinckers-Teheux_Dios_cada_dia_Al_ritmo_de_su_paso\">Bastin-Pinckers-Teheux, Dios cada d\u00eda: Al ritmo de su paso<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">Siguiendo el Leccionario Ferial (4). Semanas X-XXI T.O. Evangelio de Mateo.<br \/>\nSal Terrae (1990), pp. 154-156.<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">\u00c9xodo 40, 16-21. 34-38.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 40 resume las tradiciones sacerdotales, a veces divergentes, concernientes a la construcci\u00f3n del santuario y a la manera de concebir la presencia de Dios. El papel de Mois\u00e9s \u2014un papel sacerdotal\u2014 est\u00e1 claramente marcado, lo mismo que su obediencia y sumisi\u00f3n a las \u00f3rdenes de Yahv\u00e9. As\u00ed, la construcci\u00f3n del tabern\u00e1culo no aparece como iniciativa humana, sino como simple ejecuci\u00f3n de las consignas divinas. El templo se construye sobre el modelo del templo celeste.\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfVivienda o tienda de Reuni\u00f3n? Ambos conceptos denuncian teolog\u00edas diferentes y denotan la diferencia entre la tienda del desierto y el templo definitivo. La gloria de Dios est\u00e1 ligada a la noci\u00f3n de presencia permanente; evoca al templo de Jerusal\u00e9n y refuerza su car\u00e1cter sagrado. Mois\u00e9s no puede entrar en \u00e9l. Por el contrario, la nube es el signo de la venida de Dios, y este Dios es el que Mois\u00e9s puede encontrar en la tienda de Reuni\u00f3n. El v. 35 es un intento algo torpe de conjugar los dos conceptos. As\u00ed, &#8220;el misterio de la presencia de Dios, al que el hombre no puede aproximarse, pero que puede, no obstante, encontrar para recibir su palabra, se expresa en una especie de dial\u00e9ctica entre la nube y la gloria&#8221; (E Micha\u00e9li).\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Salmo 83.<\/p>\n<p>El salmo 83 mezcla el canto del peregrino, que expresa a los servidores del templo su alegr\u00eda por encontrarse en la ciudad santa, con las palabras de acogida que los sacerdotes le devuelven, tanto a \u00e9l como a sus compa\u00f1eros de ruta.\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Mateo 13, 47-53.<\/p>\n<p>La orilla, el mar: el lector encuentra aqu\u00ed de nuevo el marco de la ense\u00f1anza por medio de par\u00e1bolas. En efecto, para dirigirse a la multitud que estaba en la orilla, Jes\u00fas se hab\u00eda sentado al borde del lago. La conclusi\u00f3n del discurso resume la ense\u00f1anza que se ha ido desprendiendo progresivamente de la lectura de las par\u00e1bolas. Jes\u00fas ha proclamado el Reino, y cada hombre es ahora llamado a situarse con respecto a \u00e9l. Es invitado a &#8220;comprender&#8221;, es decir, no solamente a prestar atenci\u00f3n a la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, sino a comprometerse profundamente a una obediencia filial. Es normal que el Reino desconcierte; se asemeja a un tesoro que contiene lo viejo y lo nuevo. Las palabras de Jes\u00fas no desmienten la ense\u00f1anza tradicional de los jud\u00edos; la renuevan de arriba a abajo, revelan la novedad que se esconde entre los viejos tejidos. Pero la misi\u00f3n terrestre de Jes\u00fas ha encarnado el juicio final: quien no toma partido por El, est\u00e1 contra El.\u00a0<\/p>\n<p>De todas formas, la par\u00e1bola de la red, como la de la ciza\u00f1a, insiste en el hecho de que Jes\u00fas no desea de momento depurar en el grupo de disc\u00edpulos los elementos indeseables. La selecci\u00f3n se har\u00e1 en los \u00faltimos tiempos. La explicaci\u00f3n, muy aleg\u00f3rica, repite, con t\u00e9rminos que provienen de la explicaci\u00f3n de la par\u00e1bola de la ciza\u00f1a, la amenaza contra &#8220;todo lo que no vale nada&#8221;. Es una invitaci\u00f3n a tomar muy en serio la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, pero tambi\u00e9n a optar por la alegr\u00eda m\u00e1s que por el llanto.\u00a0<\/p>\n<p>Finalmente, hay que se\u00f1alar que el discurso parab\u00f3lico ha mostrado que los disc\u00edpulos pertenecen a un grupo distinto del de la multitud. Su misi\u00f3n apost\u00f3lica es as\u00ed confirmada. Son los escribas del Reino, los ense\u00f1antes de la Iglesia.\u00a0<\/p>\n<p>Hubo un tiempo en que los hombres pensaban que Dios habitaba en las monta\u00f1as; luego le levantaron tabern\u00e1culos, tiendas o templos. Pero todo el mundo sab\u00eda que Dios habita en el cielo; lo dem\u00e1s no era mas que residencia secundaria o sede social transitoria&#8230; No importa, se necesita tiempo para creer que Dios no se deja encerrar en ninguna parte. El tiempo del \u00c9xodo&#8230;\u00a0<\/p>\n<p>En el desierto, el habit\u00e1culo de Dios es una tienda de n\u00f3mada; Dios habita en el coraz\u00f3n de su pueblo y vive al ritmo de su historia. El Arca de la Alianza est\u00e1 en medio de las caravanas y el templo de Dios es un refugio provisional. Pues Dios no se queda fijo en ninguna parte; no es perceptible m\u00e1s que a trav\u00e9s de las huellas de su paso; El mismo es el camino que lleva de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida y de la sombra a la luz.\u00a0<\/p>\n<p>De este modo, la historia del pueblo de Israel, como la de Jes\u00fas de Nazaret, son el lugar en el que podemos interpretar nuestra propia vida. Evidentemente, nuestra marcha, reemprendida una y otra vez para superar de alg\u00fan modo los determinismos que nos aprisionan, es una experiencia de \u00e9xodo. Y tambi\u00e9n es un \u00e9xodo nuestro paso de la muerte a la vida, que hay que reconquistar sin cesar luchando contra los poderes de la nada.\u00a0<\/p>\n<p>El hombre que no ha realizado en s\u00ed mismo esta experiencia de la luz que vacila en medio de las tinieblas, de la laboriosa victoria de la unidad sobre los factores de desintegraci\u00f3n, del retorno exigido sin cesar por el amor para no ser vencido por la inercia, \u00bfc\u00f3mo va a poder recibir dentro de \u00e9l, como una palabra de libertad, la vida del Testigo de Dios, la vida de este hombre que nos anuncia, m\u00e1s a\u00fan por sus actos que por su palabra, que en El la luz ha vencido definitivamente a las tinieblas, la unidad a la divisi\u00f3n, la libertad a la esclavitud, el amor a la desesperanza, en una palabra, la vida a la muerte?\u00a0<\/p>\n<p>Si bien el \u00c9xodo es, pues, el lugar donde se aclara el sentido de nuestra aventura humana, tambi\u00e9n nos revela que Dios no es ajeno a ello. \u00a1La Tienda est\u00e1 en medio de la caravana! De la vida de un pueblo y de la vida de un hombre, en las que reconocemos nuestra propia historia, se desprende como por incandescencia esta Buena Noticia: nuestro \u00e9xodo saldr\u00e1 adelante, puesto que es Dios quien nos marca el paso.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Oh Dios, Dios nuestro,<br \/>\nno queremos m\u00e1s dios que T\u00fa!\u00a0<\/p>\n<p>Tu nombre, que repite como un eco secular<br \/>\nla memoria de todos los creyentes,<br \/>\nilumina nuestra historia y gu\u00eda nuestra b\u00fasqueda.\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Bendito seas por todos esos testigos<br \/>\nque hacen a tu palabra eternamente joven!\u00a0<\/p>\n<p>Bendito seas, Dios de Abraham:<br \/>\nal igual que a \u00e9l, tambi\u00e9n a nosotros<br \/>\nnos impulsa tu Palabra a partir de nuevo.\u00a0<\/p>\n<p>Bendito seas, Dios de Mois\u00e9s:<br \/>\nal igual que \u00e9l, tambi\u00e9n nosotros<br \/>\nhemos sido llamados a liberar a nuestros hermanos,\u00a0<br \/>\ny a arrancarlos de la tierra de servidumbre.\u00a0<\/p>\n<p>Bendito seas, Dios de Josu\u00e9:<br \/>\nal igual que \u00e9l tambi\u00e9n nosotros reconocemos haber recibido<br \/>\nla tierra en la que se establece tu pueblo.<\/p>\n<h2><span id=\"Biblia_Nacar-Colunga_Comentada\">Biblia N\u00e1car-Colunga Comentada<\/span><\/h2>\n<p class=\"subTitulo\">Par\u00e1bola de la red, 13:47-50.<\/p>\n<p>Propia de Mt. La descripci\u00f3n es una escena realista en el lago de Genesaret. Un \u00edndice de este realismo es el \u201csentarse\u201d para el recuento y clasificaci\u00f3n de los peces. Se calculan en el lago de Genesaret unas treinta especies distintas de peces; aunque de calidad distinta, todas comestibles. S\u00f3lo estaba prohibida una sola variante de la especie <i>Sil\u00farides: <\/i>el <i>da\u00f1as macracanthus; <\/i>los jud\u00edos lo consideran legalmente impuro; en cambio, era sumamente apreciado por los paganos de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>La comparaci\u00f3n parab\u00f3lica es global: esta separaci\u00f3n de \u201cmalos\u201d y \u201cjustos\u201d suceder\u00e1 tambi\u00e9n al fin del mundo, destac\u00e1ndose m\u00e1s la obra sobre los \u201cmalos.\u201d La suerte de los buenos est\u00e1 de sobra supuesta en la comparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sobre el \u201chorno de fuego\u201d y el \u201cllanto y crujir de dientes,\u201d se remite a la par\u00e1bola de la ciza\u00f1a (Mt 13:42), donde se valoran. E igualmente se acepta aqu\u00ed lo que all\u00ed se dijo sobre el valor y primitivo sentido de la par\u00e1bola. Modificado y adaptado posteriormente por la Iglesia primitiva, concretamente por Mt, acaso tambi\u00e9n en orden a preocupaci\u00f3n de su Iglesia. A la hora de la Iglesia primitiva, con mezcla de \u201cf\u00edeles\u201d y herejes y \u201cpecadores,\u201d se hace ver la perspectiva de la discriminaci\u00f3n en el juicio. Mientras, \u00a1paciencia!\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Conclusi\u00f3n de las par\u00e1bolas, 13:51-52.<\/p>\n<p>Mt es el \u00fanico que trae este pasaje. La pregunta debe de dirigirse a los \u201cdisc\u00edpulos,\u201d que son los que en la perspectiva de Mt est\u00e1n en situaci\u00f3n. La palabra de este \u201cescriba\u201d <i>instruido <\/i>en el reino de los cielos es un doctor o disc\u00edpulo, pues ambas cosas pueden significar la palabra griega \u03bc\u03b1\u03b8\u03b7\u03c4\u03b5\u03c5\u03b8\u03b5\u0390\u03c2 usada. Dalman ha propuesto como substrato judeo-aramaico: \u201cTodo escriba que <b>vino a ser <i>disc\u00edpulo <\/i>del reino\u201d de los cielos<\/b>, que es tambi\u00e9n la versi\u00f3n sir\u00edaca Peshitta: <i>mettalmad, <\/i>\u201checho disc\u00edpulo.\u201d<\/p>\n<p>Sin embargo, no parece que el texto se refiera a un escriba jud\u00edo que se haga disc\u00edpulo del Reino, aunque en absoluto no se excluya. Pues Cristo mismo, en Mt, dice que <i>env\u00eda <\/i>\u201cprofetas, sabios, y <i>escribas<\/i>.\u201d<i> <\/i>a Israel (Mt 23:34), y los afrentar\u00e1n y matar\u00e1n. El contexto parece indicar que se refiere a los ap\u00f3stoles, que con la preparaci\u00f3n que reciben quedar\u00e1n habilitados como verdaderos doctores o \u201cescribas\u201d del Evangelio.<\/p>\n<p>Y para que vean lo que esto significa, les pone una comparaci\u00f3n. La expresi\u00f3n \u201ctesoro\u201d \u03b2\u03b7\u03c3\u03b1\u03c5\u03c1\u03cc\u03c2) que se usa, se refiere mejor a un arc\u00f3n donde se guardan las cosas mejores o necesarias al hogar, excepto las alimenticias.<\/p>\n<p>El hombre rico provisto no s\u00f3lo guarda en sus arcas las cosas viejas y heredadas, aunque de valor, sino que se surte y repone con las cosas nuevas: se halla perfectamente provisto.<\/p>\n<p>De igual manera, el \u201cescriba instruido en el Reino\u201d saca del tesoro de la doctrina \u201ccosas nuevas y viejas\u201d; expresi\u00f3n que no parece estar con valor aleg\u00f3rico, sino para expresar, globalmente, la riqueza doctrinal que posee.<\/p>\n<p>Acaso pudiera verse en su trasfondo una alusi\u00f3n a la armon\u00eda que debe haber entre el A.T. y el \u039d. \u03a4. No es destrucci\u00f3n de la Ley (Mt 5:17). El \u201cesp\u00edritu\u201d de \u00e9sta ha de ser valorado con la portada del \u039d. \u03a4. As\u00ed este \u201cescriba\u201d tendr\u00e1 <b>la riqueza del plan de Dios sobre el Reino.<\/b><\/p>\n<h2><span id=\"W_Trilling_El_Nuevo_Testamento_y_su_Mensaje_Mt_Parabola_de_la_red_barredera\">W. Trilling, El Nuevo Testamento y su Mensaje (Mt): Par\u00e1bola de la red barredera<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">Herder (1980), Tomo II, pp. 47-51<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Par\u00e1bola de la red barredera (13,47-50).\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo2\">vv. 47-48<\/p>\n<p>Las dos \u00faltimas par\u00e1bolas hablaban del tiempo presente, de la oferta que ahora obtiene el hombre, y de la puesta que ahora debe hacer. Esta par\u00e1bola de la red habla del <i>tiempo futuro. <\/i>Se echa al lago una red barredera y recoge muchos peces de diferente clase y calidad.\u00a0<\/p>\n<p>La red tiene que ser extendida entre dos barcas y arrastrada sobre el lago. Cuando los pescadores est\u00e1n en tierra, sacan despacio la red con el hervidero multicolor, ponen los peces en la orilla y los clasifican. S\u00f3lo se clasifican en dos grupos, buenos y malos, aprovechables y sin valor. Los buenos se recogen en cubos, y los malos se echan afuera.\n<\/p>\n<p>Antes se emple\u00f3 la met\u00e1fora de la siega, en la que se separan el trigo y la ciza\u00f1a. Aqu\u00ed es una pesca de peces, en la que se recoge sin distinci\u00f3n todo lo que la red barre, y luego es clasificado. Al fin, tiene lugar la verdadera separaci\u00f3n. Aqu\u00ed ahora no est\u00e1n separados, sino juntos, y la mirada del hombre est\u00e1 oscurecida para llevar a cabo la separaci\u00f3n; sobre todo no tiene derecho ni poder para efectuarla. La separaci\u00f3n s\u00f3lo es de la incumbencia de Dios, \u00e9l es el gran pescador, que ha echado la red y nadie se escapa de ella. Entonces se har\u00e1 justicia, de acuerdo con el valor de cada uno.\u00a0<\/p>\n<p>La par\u00e1bola habla de <i>Dios <\/i>como del Se\u00f1or del juicio. San Mateo tambi\u00e9n conoce que Dios ha traspasado el juicio al Hijo: \u00abPorque el Hijo del hombre vendr\u00e1 en la gloria de su Padre con sus \u00e1ngeles, y entonces dar\u00e1 a cada uno conforme a su conducta\u00bb (16,27). El Hijo del hombre ejercer\u00e1 el juicio de Dios, \u00absu gloria\u00bb (cf. 25,31) ser\u00e1 la gloria del Padre&#8230;\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo2\">vv. 49-50<\/p>\n<p>La aplicaci\u00f3n est\u00e1 estrechamente ligada con la anterior explicaci\u00f3n de la par\u00e1bola de la ciza\u00f1a. La doctrina es la misma, tambi\u00e9n se describen los mismos sucesos, aunque con una forma mucho m\u00e1s breve y primitiva. Al fin del mundo los \u00e1ngeles saldr\u00e1n y separar\u00e1n a los malos de entre los justos y ser\u00e1n echados al horno del fuego, al infierno. Nada m\u00e1s se dice de la suerte de los \u00abjustos\u00bb (cf. 13,43: \u00abresplandecer\u00e1n como el sol\u00bb). Las palabras deben hacer resaltar el juicio, suscitar el <i>temor de la reprobaci\u00f3n. <\/i>Aunque en la vida de un hombre en el mundo no salga a luz lo malo cuando tiene \u00e9xito y prestigio, cuando es estimado, cuando exteriormente aparece intachable y excelente, sin embargo no perdamos de vista que el d\u00eda del juicio sacar\u00e1 a luz la verdadera calidad. Todos debemos pensar en eso, especialmente los cristianos que un d\u00eda han encontrado la perla preciosa y el tesoro en el campo. Tambi\u00e9n ellos pueden encubrir su propia vida bajo la m\u00e1scara de la piedad. Interiormente pueden ser \u00abmalos\u00bb, cuando no buscan a Dios, sino a s\u00ed mismos.\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Conclusi\u00f3n del discurso de las par\u00e1bolas (13,51-52).\u00a0<\/p>\n<p>No solamente importa o\u00edr, sino <i>entender. <\/i>La pregunta del Se\u00f1or se refiere a si los disc\u00edpulos han entendido el verdadero tema y sentido de las par\u00e1bolas. Esta comprensi\u00f3n es lo que importa. Los disc\u00edpulos obtienen la ayuda de las explicaciones circunstanciadas, que deben traducir un lenguaje metaf\u00f3rico al sentido que se intentaba. La <i>acci\u00f3n <\/i>depende de la adecuada inteligencia. S\u00f3lo quien interiormente acepta lo que se ha proclamado, puede proceder debidamente gui\u00e1ndose por este conocimiento. Puedo o\u00edr la par\u00e1bola del tesoro en el campo, y no quedar afectado por ella, a lo sumo considerarla como saludable o necesaria para otros. Si me esfuerzo por entender esta par\u00e1bola, entonces noto que se refiere a m\u00ed y que no puedo desviarme de lo que ella reclama. El hecho de entender <i>lo <\/i>que aprovecha a mi persona, deja libre el camino para la acci\u00f3n conforme con la palabra.<\/p>\n<p>La respuesta de los disc\u00edpulos no solamente es importante para su salvaci\u00f3n personal, sino tambi\u00e9n para su posterior <i>tarea en la Iglesia. <\/i>Deben aprender lo que han o\u00eddo. S\u00f3lo pueden ense\u00f1ar con el mismo derecho que Jes\u00fas, si han entendido, si se han identificado con lo que oyeron, si han cre\u00eddo.\u00a0<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo de las par\u00e1bolas tambi\u00e9n es una <i>parte did\u00e1ctica. <\/i>El evangelista lo ha concebido as\u00ed, y al final lo dice claramente una vez m\u00e1s (13,52). El que quiere ense\u00f1ar, tiene que estar bien instruido. El que quiere anunciar el reino de Dios, tiene que haber aprendido la verdad sobre este reino. El cap\u00edtulo de las par\u00e1bolas tambi\u00e9n debe servir para aprender esta verdad. Dice a los predicadores y catequistas c\u00f3mo debe expresarse la verdad del reino de Dios y c\u00f3mo se puede mostrar el camino que conduce a la aut\u00e9ntica comprensi\u00f3n. Es un modelo para la ense\u00f1anza de la Iglesia.<\/p>\n<p>En el seno del nuevo pueblo de Dios se forma una nueva categor\u00eda de <i>escribas. <\/i>En Israel hay escribas a los que est\u00e1 confiada la palabra de Dios, para que la expongan y hagan aplicaciones. Pero no han acertado el verdadero sentido y no han conocido la verdadera voluntad de Dios. Ahora habr\u00e1 verdaderos escribas, a quienes se concede la conveniente comprensi\u00f3n. Tambi\u00e9n habr\u00e1 una nueva \u00abSagrada Escritura\u00bb, la recopilaci\u00f3n de las palabras y acciones de Jes\u00fas, que ponen por escrito los primeros heraldos. Se debe aprender y estudiar, exponer y aplicar esta Escritura. Cada uno de los te\u00f3logos es primeramente y en el fondo int\u00e9rprete de la Escritura, cada uno de los te\u00f3logos instruidos debe ser un escriba. Aqu\u00ed hay que descubrir \u2014 en medio del Evangelio \u2014 una de las fuentes de la teolog\u00eda y de su configuraci\u00f3n cient\u00edfica.\u00a0<\/p>\n<p>El maestro de la Iglesia debe estar <i>en la comunidad, <\/i>como <i>padre de familia, <\/i>as\u00ed como un padre de familia cuida de los suyos, da a los que viven en la casa lo que necesitan, y lo da en la medida y de la manera como lo necesitan. Saca lo nuevo y lo viejo del arca de su tesoro. No solamente lo nuevo, lo atractivo y actual, lo moderno y chocante sino tambi\u00e9n lo viejo, lo transmitido y acreditado, que debe unirse con lo nuevo. Jes\u00fas no ha suprimido la ley del Antiguo Testamento ni en su lugar ha colocado una ley nueva. Ha conservado lo viejo con profundo respeto, pero lo ha perfeccionado con lo nuevo .\u00a0<\/p>\n<p>As\u00ed tambi\u00e9n en el cap\u00edtulo de las par\u00e1bolas est\u00e1n aunados lo viejo y lo nuevo. Lo antiguo es el gran tema del reino de Dios, desde que Dios empez\u00f3 la historia con Israel. Lo nuevo es la \u00faltima perfecci\u00f3n de lo viejo mediante la venida y el mensaje de Jes\u00fas. Dios no quiere la ruptura radical con el tiempo pasado, sino la unidad del tiempo pasado, presente y futuro. As\u00ed debe ense\u00f1arse en la Iglesia, as\u00ed se debe proceder en ella. Lo viejo siempre es actual en la tradici\u00f3n a trav\u00e9s de las generaciones, pero siempre ha pretendido una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda, un conocimiento de causa m\u00e1s perfecto, una realizaci\u00f3n mejor.\u00a0<\/p>\n<h2><span id=\"S_Carrillo_El_evangelio_segun_san_Mateo_Parabola_de_la_red\">S. Carrillo, El evangelio seg\u00fan san Mateo: Par\u00e1bola de la red<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">Verbo Divino (2010), pp. 190-192<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Par\u00e1bola de la red (13,47-50)\u00a0<\/p>\n<p>La par\u00e1bola nos transporta f\u00e1cilmente a orillas del lago Genesaret, donde Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 tantas veces y donde llam\u00f3 a sus primeros disc\u00edpulos. Todav\u00eda hoy, los pescadores lanzan sus redes al agua en busca de peces. La gran red, arrastrada hasta la orilla, trae toda suerte de peces: comestibles y no comestibles, puros e impuros (Lv 11,9-12). De esta forma, es necesaria una selecci\u00f3n: los buenos ser\u00e1n puestos aparte y los malos ser\u00e1n arrojados fuera.\u00a0<\/p>\n<p>Lo mismo pasa con el Reino de los Cielos. La comparaci\u00f3n no est\u00e1 tanto en la red, que contiene peces buenos y malos, cuanto en el momento de la selecci\u00f3n \u00faltima. La par\u00e1bola es, pues, de car\u00e1cter escatol\u00f3gico. En el Reino de los Cielos, en su fase terrestre, habr\u00e1 buenos y malos, pero al fin tendr\u00e1 que haber una separaci\u00f3n. Es m\u00e1s o menos el tema desarrollado en la par\u00e1bola del trigo y la ciza\u00f1a.\u00a0<\/p>\n<p>Los vv. 49-50 se presentan como una r\u00e9plica de la explicaci\u00f3n de la par\u00e1bola del trigo y la ciza\u00f1a (vv. 41-42). Esto aparece claro en el hecho de que el verbo \u201csaldr\u00e1n\u201d es aplicable a los segadores, pero no a los pescadores, y en que el \u201carrojar al horno de fuego\u201d puede convenir a la ciza\u00f1a, pero no a los peces. Ahora bien, si en aquella par\u00e1bola esos vers\u00edculos eran una aplicaci\u00f3n aleg\u00f3rica, obra del evangelista Mateo o de la Iglesia antigua, lo mismo hay que decir aqu\u00ed: se trata de una interpretaci\u00f3n aleg\u00f3rica de la par\u00e1bola primitiva. La Iglesia primitiva (y Mateo nos lo ha comunicado) quiso imprimir en la par\u00e1bola de Jes\u00fas un valor exhortativo, con el fin de hacer vivir con integridad la doctrina moral cristiana y eliminar, con el recuerdo del juicio final, la falsa seguridad que pod\u00edan sentir algunos cristianos apegados a sus vicios (cf. 1 Cor 6,9-11.12-20; G\u00e1l 5,19-21; Ef 4,17-24).\u00a0<\/p>\n<p class=\"subTitulo\">Conclusi\u00f3n (13,51-52)\u00a0<\/p>\n<p>La perfecta estructuraci\u00f3n del evangelio de Mateo y sus alusiones constantes al AT ponen de manifiesto que el evangelista era un hombre versado en las Escrituras; en otros t\u00e9rminos, un escriba que, habiendo abrazado la nueva fe, se hab\u00eda hecho disc\u00edpulo del Reino. Su nueva condici\u00f3n no le hab\u00eda obligado a deshacerse de su antigua riqueza religiosa; antes bien, su caudal se hab\u00eda aumentado.\u00a0<\/p>\n<p>Siendo as\u00ed, puede sacar de su cofre, como joyas valiosas, las cosas que hab\u00eda aprendido antes y los conocimientos nuevos que ha adquirido al hacerse ciudadano del nuevo Reino. El \u00faltimo vers\u00edculo del discurso de las par\u00e1bolas podr\u00eda ser la firma discreta del evangelista Mateo.\u00a0<\/p>\n<h2><span id=\"A_Trobajo_Las_Parabolas_de_la_Iglesia_La_red_barredera\">A. Trobajo, Las Par\u00e1bolas de la Iglesia: La red barredera<\/span><\/h2>\n<p class=\"refHomilia\">BAC 2000, Madrid (1997)<\/p>\n<p>La Iglesia de Cristo tiene su arquetipo perfecto en el Reino de Dios.  A la identidad del reinado de los cielos debe buscar parecerse esta  Iglesia terrena, aunque sea \u00abel Reino que a\u00fan peregrina y est\u00e1  crucificado\u00bb (CHARLES JOURNET). <\/p>\n<p>Es verdad que este parecido, mientras dura la peregrinaci\u00f3n, lo ser\u00e1  s\u00f3lo en una medida imperfecta y provisional. Pero, de alg\u00fan modo, la  Iglesia anticipa, aqu\u00ed y ahora, en un ya previo, lo que habr\u00e1 de ser la  plenitud de los planes de Dios. La Iglesia vivir\u00e1, a la vez, en tensi\u00f3n y  en certidumbre, agit\u00e1ndose entre un \u00abya\u00bb creciente y un \u00abtodav\u00eda no\u00bb  menguante.<\/p>\n<p>Por ello, es leg\u00edtimo aplicar tambi\u00e9n a la Iglesia la breve par\u00e1bola de  la red barredera (Cf. Mt 13,47-50). Ya hemos contemplado c\u00f3mo la pesca de la  evangelizaci\u00f3n s\u00f3lo puede hacerse en nombre del Se\u00f1or. Nuestras  faenas humanas est\u00e1n, si se fian de s\u00ed mismas, condenadas al fracaso  y a la frustraci\u00f3n; pero con la fuerza del Se\u00f1or ser\u00e1 posible romper la  l\u00f3gica de lo que parecen determinantes naturales (Cf. Lc 5,5).<\/p>\n<p>Sin embargo, Dios quiere ayudarse, en esta tarea de la pesca  evang\u00e9lica, de las manos humanas, de las artes de los pescadores de  hombres. Sin ellas, la voluntad salvadora de Dios quedar\u00e1 reducida en  sus capacidades, no por la importancia y por la calidad de los  instrumentos humanos de que se quiere \u00c9l servir, sino porque \u00c9l mismo  ha supeditado la extensi\u00f3n de su Reino a la cooperaci\u00f3n de unos  humildes pescadores.<\/p>\n<p>Negarle a Dios nuestra humilde aportaci\u00f3n es tanto como poner  freno a la acci\u00f3n salvadora que redime a los seres humanos de su  condici\u00f3n pecadora y limitada.<\/p>\n<p>El ejercicio de la pesca tiene sus gozos y sus fracasos, como los  tiene la obra evangelizadora de la Iglesia. Habr\u00e1 ocasiones y tiempos  en los que parezca absolutamente in\u00fatil el faenar en la alta mar de la  incidencia; existir\u00e1n momentos de escasos frutos, por mucho que se  esmeren los pescadores; aparecer\u00e1n etapas de hondo malestar en la  dotaci\u00f3n del barco eclesial cuando se proceda a evaluar los escasos  resultados de la faena de arrastre.<\/p>\n<p>Sin embargo, estas frustraciones no podr\u00e1n adue\u00f1arse del alma de  los disc\u00edpulos, porque la escasez de algunas redadas no ser\u00e1 m\u00e1s que  la v\u00edspera de satisfacciones que nadie podr\u00e1 arrebatar. El Se\u00f1or ser\u00e1  el que dirija la mano y la maestr\u00eda de quien echa la red en su nombre.  Su Palabra har\u00e1 el milagro de dar \u00e9xito a quienes ya s\u00f3lo esperaban  una amargura m\u00e1s en la faena de la pen\u00faltima hora.<\/p>\n<p>En otro sentido, la red arrojada al mar consigue un copo de toda  clase de peces. Todos, de cualquier medida y de cualquier especie,  tienen en la red de la Iglesia su lugar de acogida. Nadie est\u00e1 excluido,  por principio, de poder pertenecer a la comunidad de disc\u00edpulos del  Se\u00f1or; a nadie se le exigen, de antemano, m\u00e9ritos especiales ni t\u00edtulos  que lo avalen. Su incorporaci\u00f3n a la Iglesia solamente depende de que,  armados de buena voluntad, est\u00e9n abiertos a la b\u00fasqueda de la verdad  y se dejen seducir, cuando la gracia creada los inunde, por la fe en el  Se\u00f1or, representada en la red. <\/p>\n<p>La Iglesia no es quien para realizar las preselecciones y los  descartes de nadie; todos los seres humanos tienen la posibilidad de  disponerse a hacer el obsequio de su persona a la voluntad de Cristo.<\/p>\n<p>No es la Iglesia un grupo de predestinados, de selectos, de  perfectos. Es s\u00f3lo el pescador asalariado y humilde que, desde el  barco oxidado de su singladura terrena, arroja la red, una y otra vez, al  mar, con trabajo incansable. <\/p>\n<p>La red eclesial ni puede ni quiere establecer diferencias entre  quienes se acercan a ella con la esperanza de encontrar, en ella y por  ella, el sentido de su vida y la liberaci\u00f3n de Dios. <\/p>\n<p>La selecci\u00f3n \u00faltima, si atendemos a la par\u00e1bola, la realizar\u00e1n los  \u00e1ngeles de Dios cuando este mundo pierda su apariencia (Cf. Mt 13,24 30.36-43.49). Hasta  aquel momento, cuando el Se\u00f1or vuelva a rendir cuentas con sus  aparceros y con los criados a los que dej\u00f3 sus recursos para negociar  (Cf. Mt 25,15ss y par; Mc 12,1ss y par), la Iglesia deber\u00e1 abstenerse de condenar al abandono o al  desprecio a quienes no parecen dar la medida exigible. Habr\u00e1 de huir  de la emisi\u00f3n de juicios inapelables acerca de la dignidad de las  personas. Evitar\u00e1 proceder a enunciar maldiciones definitivas sobre  quienes a\u00fan van haciendo camino. Estas sentencias judiciales s\u00f3lo  pertenecen a la misericordia de Dios.<\/p>\n<p>Es Cristo quien, desde la sombra, sigue dirigiendo rumbos y  redadas. La Iglesia, barca humilde, pescador delegado, red barredera,  no tiene m\u00e1s encomienda que navegar mar adentro y poner en acci\u00f3n,  con paciencia y con reiteraci\u00f3n, las artes de pesca aprendidas en la  escuela del mejor Patr\u00f3n. <\/p>\n<p>Lo suyo es echar las redes, de conformidad con las orientaciones del  Maestro, primer evangelizador, con toda la destreza que se quiera,  repitiendo y repitiendo la faena, a tiempo y a destiempo -como le ped\u00eda  Pablo a Timoteo (Cf. 1 Tim 4,16; 2 Tim 4,2)-, y, ante todo, con la infinita esperanza de que sea  Dios mismo quien haga que la pesca sea abundante, cuando as\u00ed figure  en sus providenciales designios. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>47 El reino de los cielos se parece tambi\u00e9n a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: 48 cuando est\u00e1 llena, la arrastran a la orilla, se sientan y re\u00fanen los buenos en cestos y los malos los tiran. 49 Lo mismo suceder\u00e1 al final de los tiempos: saldr\u00e1n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mt-13-47-53-parabola-de-la-red\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMt 13, 47-53: Par\u00e1bola de la red\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41325","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41325","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41325"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41325\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41325"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41325"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41325"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}